Boletin Oficial del Arzobispado de Santiago

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BIBLIOGRAFÍA

C. PRESAS BARROSA. De García Cuesta a Guisasola Rodriguez (1862-1888)
 SANTIAGO DE COMPOSTELA, 1999.
Y Martín de Herrera  (1889-1922). SANTIAGO DE COMPOSTELA, 2000.

 La profesora de la Facultad de Derecho dé la Universidad compostelana Doctora Concepción Presas Barrosa ha acometido una empresa, cuyos primeros resultados se presentan en estos dos volúmenes, editados por la Consellería de Cultura, Comunicación Social y Turismo de la Xunta de Galicia, que merece la alabanza de quienes tengan acceso a ellos. Se trata de una valiosa aportación a la Historia de la Iglesia Compostelana en los tiempos no incluidos en la gran obra del canónigo López Ferreiro, que sería necesario completar.

Algunos investigadores como los profesores Barreiro Fernández y García Cortés se han ocupado de llenar en parte esos vacíos informativos de la Iglesia en la diócesis compostelana. A ellos se une ahora la profesora Presas Barrosa con estos dos volúmenes, que esperamos tendrán continuación en el futuro. Su fuente de información básica ha sido el «Boletín Oficial del Arzobispado», cuyo origen, tardío por lo que se refiere a las diócesis radicadas en Galicia, se produce en ese año 1862 que marca el punto de partida del primero de los dos tomos.

A lo largo de las páginas del «Boletín Oficial del Arzobispado» se puede ir contemplando la realidad eclesial en diversas dimensiones: en primer lugar la diocesana, a la que los Arzobispos dirigen sus documentos pastorales; pero también se palpa el pulso a nivel nacional en las referencias, con frecuencia directas, a problemas de esas dimensiones; y, por supuesto, en el aspecto universal, porque la publicación diocesana recoge el magisterio pontificio ejercido en documentos de rangos jurídicos diversos y se hace eco de los problemas que preocupan a la Cristiandad.
Son cuatro los Arzobispos que rigen la sede apostólica compostelana en esos sesenta años historiados en estos dos volúmenes, dos de ellos de pontificados dilatados: García Cuesta, veintidós años; Martín de Herrera, treinta y tres; Payá, once; y Guisasola, sólo dos. García Cuesta ya era Cardenal cuando fundó el «Boletín». De cada uno de los Arzobispos se incluye en el «Boletín» la correspondiente biografía.

La autora va estudiando año por año y, al comienzo de cada capítulo anual, lleva a cabo una valoración de los contenidos. Éstos son resumidos para no alargar mucho la oferta -aun así nos encontramos ante mil doscientas páginas de texto- y comprenden documentos vaticanos, pastorales de los Prelados, crónica sintetizando el movimiento y el acontecer diocesano y otras noticias que van apareciendo junto a las secciones fijas de la publicación oficial del Arzobispado.

Un lugar relevante lo ocupan las invocaciones y las respuestas de los Prelados en los días de Ofrenda Nacional, las dos fiestas principales en honor del Apóstol, el 25 de Julio y el 30 de diciembre. Aunque todas estas intervenciones, en las que dialogan la autoridad civil -en algunos casos ese menester lo desempeñaron obispos delegados por la Casa Real- y la eclesiástica, tienen un esquema común que se va repitiendo, en cada una de ellas hay referencias a problemas muy concreto del momento, cuyo recuerdo nos permite apreciar el pulso del País y lo que preocupa a sus ciudadanos. Pongamos como ejemplos ilustrativos las guerras de Cuba y de Marruecos.

Noticias singulares de ese período relacionadas con el culto al Apóstol son el reencuentro de los restos de Santiago, escondidos en el siglo XVI por el Arzobispo Sanclemente para defenderlos de Drake, y el descubrimiento, en el curso de las excavaciones patrocinadas por el Arzobispo Payá, con la consiguiente ubicación en la cripta. El acomodo de los restos apostólicos en este lugar exigió unas obras de adaptación, de las que se da cumplida noticia.

Nueve fueron los Años Santos que tuvieron lugar en el espacio cronológico comprendido en estos dos tomos de historia. Uno de esos Años Jubilares fue el extraordinario de 1886, concedido por el Papa para facilitar a más personas la visita a la tumba apostólica, vuelta de nuevo a la contemplación directa de los fieles. Como saben los lectores, el Papa León XIII firmó la bula « Deus Omnipotens», identificadora de las reliquias y completada con la investigación pontificia a peregrinar. De ella se ofrece también la obligada noticia, ya que, por lo que se refiere al culto apostólico es lo más llamativo del siglo XIX. Se asiste también al incremento de la peregrinación, gracias al impulso del Cardenal Martín de Herrera, cuyo empuje quiso agradecer la ciudad compostelana con el busto en bronce del Prelado esculpido por el artista Mariano Benlliure.

Hay referencias en el «Boletín» a hechos de carácter cultural, negativos unas veces y positivos otras. Entre los primeros hay que recordar la supresión de las facultades de Teología en las Universidades españolas, por consiguiente en la de Santiago, y el intento de eliminar la formación religiosa en todos los centros escolares. De la positivas la más llamativa fue el reforzamiento académico del Seminario santiagués y la creación de la Universidad Pontificia en la Ciudad del Apóstol. Enjuicia el Cardenal García Cuesta las referencias poco gratas a Compostela del historiador Juan Francisco Masdeu en su «Historia crítica de España y de la cultura española», en el año 1866. Ocho después, en el 1874, el Gobernador Eclesiástico y canónigo D. José María Canosa, muerto ya García Cuesta, recomienda el «Catecismo de Fundamentos de Religión», compuesto por el Arzobispo macoterano.

Para los compostelanos son, sin duda, interesantes algunas noticias más incluidas en los dos tomos de la profesora Presas. Por ejemplo, la idea de hacer el Viacrucis hasta la cima del monte Pedroso, y el traslado, en 1920, de la parroquia de San Fructuoso, hasta entonces dentro de la Catedral, como las parroquias de S. Juan y S. Andrés, a la hasta entonces capilla de la Angustia de Abajo, que quedó transformada en iglesia parroquial de la feligresía unida en aquel tiempo a la Santa Susana.

Sirvan estos datos de ilustración para comprender el valor que los tomos publicados por la profesora Presas tienen para conocer los cuatro pontificados reseñados, con todo lo que sobre España y el Mundo se refiere en las páginas del «Boletín Oficial del Arzobispado compostelano». Con trabajos como éstos se puede ir creando una base suficiente de datos para que alguien emprenda, en el futuro, la ambiciosa, no menos que laboriosa, tarea de dar continuidad a la obra de López Ferreiro, cuyo valor se apreciará aún más en el momento en el que salgan a la luz los índices de los once tomos escritos por el mejor historiador de la Iglesia en Compostela. A la profesora Presas, nuestra enhorabuena y nuestra gratitud.

J.P.L.

M.A. NOVOA. Una procesión barroca en la tarde del Viernes Santo.
La Cofradía del Rosario, de Santiago.
Separata de Archivo Dominicano
t. XXI. SALAMANCA, 2000.

La profesora universitara M. A. Novoa, cofrade de tradición familiar en la hermandad santiaguesa del Rosario, cofradía que el año pasado cumplió el quinto centenario de su fundación, continúa haciendo la historia de la misma. De su pluma es la reseña de los fondos documentales de la Cofradía, de la que ya dimos cuenta en estas páginas.

Ahora nos habla de algunas actividades religiosas de la Cofradía, concediendo mayor amplitud a la procesión de la Soledad, que se tuvo por vez primera en el año 1581. Progresivamente esta manifestación de devoción mariana y de acompañamiento de María entre el momento de la Crucifixión y el de la Resurrección de Jesús fue enriqueciéndose con nuevas aportaciones, de cuya aparición da cuenta exacta la autora.

Las obligaciones de los cofrades van anejas al honor de ser admitido en la hermandad, honra que destacan las autoridades de la misma cuando surge algún conflicto con miembros de la Cofradía que se resisten a cumplir la misión encomendada. No se trata de conflictos graves, sino de simples intentos de inhibición a la hora de asumir el papel que se les encomienda.

Son, por lo general, motivos económicos los que mueven a algunos cofrades a pretender liberarse de la tarea de las que se les responsabiliza. En otros casos, las razones de edad o de salud, o el hecho de haber satisfecho tal obligación en otras ocasiones y recomendar un reparto más equitativo de las cargas sociales.

Como la Cofradía estudiada sigue viva en nuestros días, el trabajo de la profesora Novoa no se limita a ilustrar algo ya pasado, sino que nos ayuda a tomar conciencia de las dificultades que la hermandad compostelana, como toda obra humana, ha tenido que superar para llegar a nuestros días con esa carga gratificante de tradición que testifica la devoción santiaguesa al quinto dolor de Nuestra Señora.

JPL