Prisciliano y Santiago

Juan José Cebrián Franco

El año 1900 el eminente hagiógrafo, Mons. Louis Duchesne, publicaba en la revista de Toulouse Annales du Midí un artículo bajo el título Saint Jacques en Galice, con el propósito de afrontar el estudio de dos tradiciones españolas: La predicación del Apóstol Santiago en España y su sepulcro en Compostela. El éxito que obtuvo entre los estudiosos puede ser considerado sorprendente, si atendemos a la solidez histórica de sus argumentos. No todo lo que publican los grandes genios es genial. Cae fuera de nuestro propósito analizarlo aquí. Más bien lo rememoramos porque en él se encuentra la insinuación que ha inspirado a muchos para relacionar a Prisciliano con Santiago.

En las página 160-162 se ocupa de este asunto partiendo de la afirmación de que al final de la época romana Galicia se nos presenta como la tierra bendita del priscilianismo (terre beni); va después desgranando la historia y conflictos habidos aquí con los seguidores del heresiarca y concluye: "Si los católicos en esta región no han tenido santos locales, otra fue la suerte de los priscilianistas. Entre ellos el jefe de la secta obtuvo gran honor. Se sabe que fue ejecutado en Tréveris el año 385 junto a dos de sus clérigos, Felicísmo y Armenio. Otros cuatro, Latroniano, Eucrocia, Asarbo y Aurelio, estos dos últimos diáconos, fueron también decapitados. Mas estos suplicios no sirvieron más que para exaltar el entusiasmo de sus partidarios. Los siete cadáveres fueron trasladados a España, enterrados con grande pompa y honrados como mártires. 1

¿Dónde fueron celebrados sus funerales? Prisciliano era obispo de Avila en Lusitania; pero es poco probable que su culto haya florecido en esta región, que volvió en seguida a la ortodoxia. No existe ningún texto, ni indicio que permita creer que los llamados santos del priscilianismo hayan recibido sepultura en Galicia, pero es de notar, como se ha visto, que fue en este país donde conservaron por más largo tiempo la simpatía del pueblo".

De la lectura de esta larga cita resulta evidente, a pesar de lo escrito por muchos, que Duchesne no afirma nada. Se limita a insinuar una idea que sin duda debió parecerle feliz, pero la ausencia del mínimo apoyo documental o indicial impidió a su honradez científica hacer ninguna afirmación. Los que no tuvieron escrúpulos en hacerlo fueron, en primer lugar, escritores amigos de novedades provocativas; después políticos anticlericales o antirreligiosos que vieron en esta identificación la forma de destruir uno de los símbolos de la fe del pueblo gallego y español; por último, se ha convertido en bandera de pretendidos eruditos y charlatanes con fácil acceso a medios de comunicación, que la proclaman como tesis demostrada.
 

Prisciliano y Galicia.

La falta de claridad sobre la personalidad de Prisciliano afecta también a uno de los datos que sobre ella se suele dar como más seguro: su condición de gallego. En ella se han basado muchos para explotar su figura como una gloria nacional víctima de su rebeldía contra el poder. Sin embargo ni es seguro, ni siquiera probable que fuese gallego. Cierto que Próspero de Aquitania lo presenta como Princilianus epíscopus ex Gallætia (Cronicón, pars secunda), poco puede decir esto a los gallegos de hoy si sabemos que nuestra Galicia es una mínima parte del territorio de la Gallætia romana. Desde la creación de Diocleciano, Galicia llegaba hasta el actual Euzkadi, comprendiendo pues Cantabria, Burgos, Palencia, Valladolid, hasta la Cordillera Ibérica y Somosierra. Limitaba por el Sur por los ríos Eresma y Duero. De hecho la vida conocida de Prisciliano discurrió en el Sur, fue Obispo de Avila y probablemente jamás pisó el territorio actual de Galicia.

Aunque la sagacidad que se ve en sus escritos de defensa podría tomarse como típica del carácter gallego, no tenemos en absoluto seguridad de que el estereotipo de "gallego" de los últimos siglos fuese aplicable a los del siglo IV. Lo que sí tiende a disuadirnos de su condición galaica es su doctrina, claramente emparentada con las corrientes gnósticas que se desarrollan en Egipto en los comienzos de la andadura cristiana.

No obstante es indudable que en el territorio de nuestra Galicia fue donde más persistieron sus adeptos tras su muerte. Esto encuentra fácil explicación en el apoyo militante que los Obispos de Astorga y Braga les prestaron hasta el año 400, fecha en que fueron condenados en el Concilio de Toledo. La adjuración de éstos redujo al priscilianismo a la parte más occidental de Galicia. A mediados del siglo V la presión de estos grupos tiene fuerza suficiente para obligar al exilio al Obispo de Celenes (Caldas de Reis), lo que parece suponer que fue por esta zona donde más arraigo consiguió. Ciertamente los restos de priscilianismo debían aún persistir en el siglo VI (Concilios I y II de Braga, años 561 y 572) si atendemos a los anatemas contra proposiciones priscilianistas que en ellos se contienen, lo que no obsta para que el II afirme que en Galicia ya nadie se aparta de la recta doctrina.

Es precisamente esta persistencia lo que parece sugerir que fue aquí adonde Prisciliano y sus compañeros fueron trasladados, sepultados y venerados como mártires.

Tampoco resiste a un análisis detenido la afirmación de que la religiosidad popular gallega es una pervivencia priscilianista. Nada de lo que constituye el contenido religioso y las creencias rurales tiene que ver con esta doctrina, más que de ésto se trata de un catolicismo captado desde los parámetros de una sociedad rural arcaica.
 

El Sepulcro de Prisciliano no está en Santiago.

La insinuación de Duchesne fue convertida sin fundamento alguno en afirmación tajante, según la cual el sepulcro sobre el que se asienta la Catedral Compostelana es en su origen el de Prisciliano. ¿Qué fundamento puede tener esto? ¡Absolutamente ninguno! Aquí si que podemos hablar con seguridad basándonos en datos contrastados y claros. El sepulcro de Compostela ciertamente no es el de Prisciliano. Dos razones nos apoyan:

1.- Los sepulcros descubiertos en el subsuelo de la Catedral son únicamente tres y los esqueletos contenidos en ellos pertenecen a tres varones. Tal fue el dictamen de los doctores Antonio Casares, Francisco Freire Barreiro y Don Timoteo Sánchez Freire, tras detenidos estudios y exhaustivos exámenes. Prisciliano y los compañeros fueron siete y de ellos una mujer, trasladados a España sin duda alguna cinco, probablemente todos. No hay pues la mínima coincidencia.

2.- El sepulcro central, atruibuido desde siempre al Apóstol fue cubierto con un mosaico de mármol que llegó hasta el siglo XIX. Este mosaico ha sido estudiado de forma seria exhaustiva y, a juzgar por el asentimiento obtenido, terminante por el profesor Don Isidoro Millán González-Pardo.2 Según este estudio pertenece a la segunda mitad del siglo II (175/230 p. C). Prisciliano vive, muere y es sepultado en el siglo IV (385) unos doscientos años después! Cuando esto ocurre el sepulcro de Compostela existía ya, y llevaba dos siglo cerrado y adornado con el mencionado mosaico.

Estas dos razones son suficientes para dejar zanjada la cuestión artificial que unos cuantos irresponsables no dejan de airear sin el mínimo contraste con los hechos gozándose en su feliz ocurrencia.
 

¿Hay algún indicio del lugar de su sepultura?

La única razón para fijar en nuestras latitudes la tumba del heresiarca y sus compañeros es la persistencia de adeptos aquí. Mons. Guerra Campos indica la existencia de un lugar altamente sugerente en sus proximidades: Os Martores, perteneciente a la parroquia de San Miguel de Valga.3 Aquí hay una ermita, dedicada a San Mamed, en cuyo interior han aparecido sarcófagos antropoideos tallados en piedra que bien pudieran pertenecer al siglo IV, al menos son semejantes a los de Tines. El nombre de Os Martores se ve claro que es una evolución popular de Os Mártires.

Hemos de notar que, tras examinar todos los topónimos existentes en Galicia, no he encontrado ninguno que se pareciera a este. Está situado en territorio que por toda lógica debía pertenecer a la diócesis de Caldas de Reis (Aquæ Celenes) donde, como hemos indicado, en el siglo V los priscilianistas tenían fuerza suficiente para constreñir al exilio a su Obispo, Ceponio.

El que la ermita esté hoy dedicada a San Mamed no hace más que sugerirnos la existencia de una de las tácticas de cristianizar, en este caso sería "ortodoxizar", un lugar consistente en substituir el culto combatido por otro ortodoxo. Este santo es un mártir de los primeros siglos del cristianismo muy venerado en el territorio de lo que fue la Gallætia Romana.
 

A modo de conclusión.

Creo que se puede concluir de lo dicho que lo más claro que tenemos sobre Prisciliano y su movimiento es que no tiene nada que ver con Santiago y el hecho jacobeo. Me uno aquí a la petición de que de una vez se le estudie e investigue por lo que realmente fue y que no se le utilice irresponsablemente como parásito de la cuestión jacobea.


Nota 1: Aunque no lo cita, Duchesne se refiere a la noticia de Sulpicio Severo sobre la muerte y sepultura de Prisciliano en su Cronica, 50.
Nota 2: Millán González Pardo, Isidoro. El mosaico del Pavimento superior del edículo de Santiago y su motivo floral. En COMPOSTELLLANUM Volumen XXVIII, nº 3-4. Julio-Diciembre de 1983.
Nota 3: Guerra Campos, José. Exploraciones Arqueológicas en trono al Sepulcro del Apóstol Santiago. Santiago. Cabildo Metropolitano, 1982.
 


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