Señor Jesús, buen samaritano,
salido de las entrañas del Padre
a recorrer los caminos
del sufrimiento humano.
Amigo cercano,
que amaste sin límites
y con tu amor irradiaste
vida y esperanzada por doquier.
Infunde en nosotros
tus sentimientos y actitudes,
para que salgamos a diario
al encuentro del que sufre,
sin pasar de largo.
Educa nuestros ojos,
muestra mente y corazón,
afina nuestra sensibilidad,
vuelve atento nuestro oído
para que contagiemos
aliento en la aflicción,
alivio en todo sufrimiento,
vida en la muerte.
Amén.
Día del Enfermo 1995. Pastoral de la salud.