CAMPAÑA DEL ENFERMO 2011 – LITURGIA
Carta pastoral en la Jornada del Enfermo. Pascua 2011.
Los jóvenes y la salud
Queridos diocesanos:
No seremos servidores de Cristo si no lo somos de los hombres en sus esperanzas y sufrimientos. Benedicto XVI nos ha recordado en Santiago que Cristo es el Mesías, el Hijo del Dios vivo, que ha venido a servir y no a ser servido. Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios. La liberación que se pregona en las avenidas de nuestra sociedad menospreciando la abnegación y olvidando a los que padecen la experiencia del abandono y del sufrimiento, nos encarcela en lo más inhumano de nosotros mismos. El Misterio de la Iglesia se desvanecería y perdería su sal si aspirase a ser una institución más entre otras, buscando entre las cosas que son del César las riquezas que se apolillan y corroen por la herrumbre (Cf. Mt 6, 19). “La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. Esto es válido tanto para el individuo como para la sociedad. Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana” .
Los jóvenes y la salud
La celebración de la Pascua del Enfermo nos llama a considerar este año la situación de los jóvenes en relación con la salud. Se trata de acercarse a los que sufren en su cuerpo y/o en su espíritu; ayudarles a afrontar esa realidad y a vivirla como posibilidad de crecimiento y de maduración; reconocer y avivar su sensibilidad y solidaridad hacia las personas enfermas mayores; y celebrar lo que dan y lo que reciben. “Conviene que la juventud sea un «crecimiento» que lleve consigo la acumulación gradual de todo lo que es verdadero, bueno y bello, incluso cuando ella esté unida «desde fuera» a los sufrimientos, a la pérdida de personas queridas y a toda la experiencia del mal, que incesantemente se hace sentir en el mundo en que vivimos” .
Los jóvenes también sufren y, probablemente, más de lo que las apariencias ante su plenitud vital y alegría desbordante pudieran sugerir. Sufren en su cuerpo y sobre todo en su espíritu. Transitan “por la tierra sagrada del dolor”, viviendo esta experiencia en su persona o en la de otros jóvenes. La enfermedad es una experiencia dolorosa y da origen a diversos tipos de sufrimiento. Resquebraja el dolor físico pero también el sufrimiento espiritual, es decir, verse limitado y frágil, tener que depender de los demás, hacer sufrir a sus familiares, sentir la propia vida amenazada, sufrir sin saber por qué, para qué y hasta cuándo. Mirar estas realidades a la luz de Cristo, ayuda a los jóvenes a vivir más plenamente la vida, a valorarla como un don que han de vivir en actitud de agradecimiento y alabanza, y a combatir lo que aquí y ahora genera dolor y muerte.
“La vida es hermosa, desde luego, pero no porque sea fácil. Y nuestro esfuerzo debería estar en descubrir que no deja de ser hermosa porque sea difícil”. Cada uno debe asumir la idea del sufrimiento y de la muerte en su existencia, porque normalmente tendemos a pensar que esto le pasa a los otros. “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (Col 2,7), los jóvenes pueden encontrar el sentido a la vida entera, vivirla de manera sana y gratificante y ser portadores de los valores del Evangelio. Enfermedad, dolor y sufrimiento son experiencias personales, cargadas siempre de misterio, un misterio difícil de aceptar y de sobrellevar, difícil de expresar con palabras. La salud de muchos jóvenes se ve afectada por la pobreza, la marginación, el estrés mental, el abuso del alcohol, las drogas, la frivolización de la sexualidad, y una alimentación inadecuada. Es necesario descubrir con los jóvenes, enfermos y sanos, la luz y la fuerza que les ofrece el Evangelio para vivir la etapa de la juventud de manera sana y saludable e invitarles a crear puentes de amor y solidaridad, a fin de que ninguno se sienta solo, sino formando parte de la gran familia de los hijos de Dios, como refiere Benedicto XVI en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2011.
Constante agradecimiento
A veces en nuestra sociedad se vive de espaldas a los enfermos y a los que sufren. Existe la impresión de que los enfermos complican nuestra vida, nos plantean interrogantes muy hondos y nos recuerdan cosas que nos cuesta mucho aceptar. Por eso, tendemos a desentendernos de ellos. Jesús no pasó de largo ante los enfermos. Se acercó a ellos, se conmovió ante su situación, les dedicó una atención preferente y les libró de la soledad y abandono en que se encontraban reintegrándolos a la comunidad. Ahora nos dice a sus seguidores que debemos comportarnos como Él, atendiendo al que sufre, parándose junto a él, compadeciéndose, ayudándole, vendando sus heridas y acompañándole a quien pueda curar su enfermedad (Lc 10,29-37). En la visita pastoral visitando enfermos, he tenido el gozo de comprobar la abnegación y la generosidad de padres, hijos o familiares cuidando a sus seres queridos enfermos, mayores o jóvenes. Para esas personas mi recuerdo con gratitud unido a mi oración, pidiendo que el Señor les siga bendiciendo. La Iglesia agradece de corazón a quienes cada día, desde la misión encomendada, realizan serena y atentamente el cuidado de los enfermos y de los que sufren.
Os saluda con afecto y bendice en el Señor,
+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.