DELEGACIÓN DIOCESANA DE PASTORAL DE LA SALUD

"EN FAVOR DE LA VIDA"

SECCIONES

Epistolas

Escudo del Arzobispado de Compostela

Arzobispado de Compostela.

"EN FAVOR DE LA VIDA"

No se nos oculta el relativismo ético que caracteriza en muchos aspectos a la cultura contemporánea, haciendo cada vez más difícil ver con claridad el sentido del hombre, de sus derechos y deberes. En este horizonte sociocultural y político, los criterios del "Evangelio de la vida" ofrecen luz para discernir la actitud adecuada ante determinadas leyes con las que se está configurando el ordenamiento jurídico de nuestra convivencia social. En este contexto hay que recordar que no todo lo que es legal es moral. El sistema democrático que hemos de fortalecer cada vez más, no pude mitificarse convirtiéndolo en un susituto de la moralidad pues "fundamentalmente es un ordenamiento y, como tal, un instrumento y no un fin, Su carácter moral no es auomático, sino que depende de su conformidad con la ley moral a la como cualquier otro comportamiento humano debe someterse... El valor de la democracia se mantiene o cae con los valores que encarna y promueve: fundamentales e imprescindibles son ciertamente la dignidad de cada persona humana, el respeto de sus derechos inviolables e inanielables, así como considerar el bien común como fin y criterio regulador de la vida política " (Evangelium Vitae 70).

La ley moral objetiva en cuanto "ley natural" es referencia normativa de la misma ley civil. Con frecuencia se piensa que el hombre puede hacer todo lo que sabe hacer. Pero si este saber hacer no encuentra su medida en una norma moral, puede convertirse en un poder de destrucción como encontramos pruebas fehacientes en la historia. "¿Podemos decir que porque el hombre sabe hacer la bomba atómica ha de utilizarla?" ¿Que porque sabe clonar, ha de clonar? ¿Que porque sabe hacer del embrión un dispensario de órganos, ha de hacerlo?" El progreso del hombre se ha cimentado siempre sobre el respeto a la vida y su indecible tutela, considerándosele el bien jurídico el máximo e intangible. Realmente no hay nada más progresistaque acoger, proteger y respetar la vida. No se trata de imponer la moralidad católica a una sociedad secular. Es una cuestión de verdades esenciales para el bien de la persona y de la sociedad, saliendo al paso de esa especie de actitud prometeica del hombre que se cree señor de la vida y de la muerte porque puede decidir sobre ellas.

En esta perspectiva me refiero al proyecto de Ley de técnicas de Reproducción Asistida, en fase de tramitación, que posibilitaría la producción de niños con determinados fines terapéuticos, y de embriones humanos como mero material de investigación y, en su caso, de comercialización. Son los expertos en bioética, los profesionales de la medicina y los legisladores quienes podrán valorar los aspectos tecnicos de este proceso y ofrecer la legislación pertinente respetando la dignidad humana. Desde los presupuestos de la antropología cristiana hay que indicar que la ciencia ha de estar siempre al servicio del hombre, sin dejarse seducir por el deslumbramiento del cientificismo o por los intereses económicos, y que nunca los fines justifican los medios. En este convencimiento, la Iglesia no tiene otra preocupación que defender la vida humana desde el instante de su concepción hasta la muerte natural, convencida de que el cristianismo consiste en la visión del hombre como persona y de que "todo ser humano, con independencia de us edad, de su saludo de cualquier otra circusntancia temporal, está dotado de una dignidad inviolable".

En las premisas de estas conclusiones está la condición d persona. Nunca pensaremos suficientemente que cada uno de nosotros somos alguien inconfundible. El oscurecimiento de la perspectiva cristiana está llevando a la descristianización, y a la eliminación de la dimensión religiosa del hombre. "Este proceso se realiza paralela o convergentemente con la despersonalización" pues, como escribía Julián Marías, "se lleva mucho tiempo intentando que los hombres pierdan de vista su condición única de personas, que se vean como organismos reducidos a las otras formas de realidad que existen en el mundo; a última hora reducibles a lo inorgánico, mera realidad sin ninguna 'irrealidad' inseparable e intrínseca en forma de proyecto, de futuro. Por supuesto, sin libertad, sometidos a las leyes naturales -físicas, biológicas, sociales, psíquicas, económicas-, susceptibles de toda manipulación desde todas esas instancias".

A este aspecto Romano Guardini consideraba con clarividencia que "el hombre no es tan intangible por el hecho de que vive. De este derecho sería titular también un animal en cuanto vive. La vida del hombre permanece inviolable porque es una persona. El ser persona no es un dato de la naturaleza psicológica, sino existencial: fundamentalmente no depende ni de la edad, ni de la condición psicológica, ni de los dones de la naturaleza de la que el sujeto esté provisto. La personalidad puede permanecer bajo el umbral dela conciencia como cuando uno duerme, y sin embargo permanece y a ella hay que referirnos. [...] Y en fin, la personalidad puede permanecer escondida como el embrión; pero está es dada desde el principio en él y tiene sus derechos".

Es la verdad del hombre al que Dios ama desde el instante de sus concepción. Cuando en su conciencia aquel piede el respeto por la vida humana como realidad sagrada, inevitablemente termina por perder también su propia identidad. Los derechos que tantas veces se invocan, no pueden ejercerse en detrimento de la vida de un ser humano inocente cuyos derechos no se toman ni siquiera en consideración. "Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante" (Evangelium Vitae 57).

Comprendo que, dadas las lamentables y dolorosas situaciones personales o familiares que están viviendo algunas personas y de las que no podemos sentirnos ajenos, es dificil no ceder compromisos de convivencia o a la tentación de autoengaño. Pero ninguna intervención, aún buscando fines legítimos, destinada a eliminar o a utilizar el embrión humano como "material biológico" o como abastecedor de órganos o tejidos para transplantar en el tratamiento de lagunas enfermedades, puede ser justificada. La Iglesia apuesta por la cultura de la vida, fruto de la verdad y del amor, animando a los investigadores de la medicina a colaborar con ella y persistir en el empeño par encontrar los remedios cada vez más eficaces para la vida naciente y para las personas, niños, jovenes, adultos o ancianos, afectadas por enfermedades en fase aguda o terminal.

Escudo del Azobispado de Compostela Firma de Julián Barrio

 


+Julián Barrio Barrio, Arzobispo de Santiago de Compostela
Santiago de Compostela, 9 de marzo de 2006

XHTML conforme a la normativa del W3C CSS2 conforme a la normativa del W3C Conformidad con criterios de accesibilidad