DELEGACIÓN DIOCESANA DE PASTORAL DE LA SALUD

"Carta Pastoral en la jornada del enfermo"

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Escudo del Arzobispado de Compostela

Arzobispado de Compostela.

    Carta pastoral en la Jornada del Enfermo. Pascua 2009.
            La Eucaristía y la Pastoral del Enfermo

Queridos diocesanos:
Los enfermos son el “Evangelio del dolor” que nos introduce en el misterio redentor del Señor Jesús que “pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo porque Dios estaba con él” (Hech 10,38), “tomó nuestras enfermedades y cargó con nuestras dolencias” (Mt 8,17), y “en lugar del gozo que se le proponía soportó la cruz” (Heb 12,2) dándonos ejemplo para vivir la caridad pastoral ante el hermano paciente y agobiado. En consecuencia, los cristianos miran todo sufrimiento a través de Jesucristo sintiéndose urgidos a cuidar a los enfermos y a compartir sus sentimientos, haciéndose en caridad “todo para todos” (1Cor 9, 22) con sus palabras y acciones, y preocupándose no sólo de las necesidades espirituales sino también de las materiales de cuantos esperan día a día la caridad operante de Cristo, que se hizo solidario de los que sufren y dejó a los suyos la misma ley: “alegrarse con los que se alegran y llorar con los que lloran” (Rom 12,15).
Llamada de atención a las personas sanas
La Jornada del Enfermo es una llamada de atención a todas las personas que gozan de salud y tienden a olvidar a los que no pueden participar como desearían en la vida de la comunidad debido a su enfermedad. En todo caso, las personas enfermas se han de sentir siempre acompañadas por la gracia y por la fuerza salvadora de Dios. Su amor no nos protege de todo sufrimiento pero nos acompaña en todo sufrimiento. A veces cuando la enfermedad nos visita, manifestamos a Dios la sensación de abandono para gritar nuestro dolor. Esta actitud es también una forma de oración confiada al Dios con nosotros. No hay que olvidar que los enfermos son personas que necesitan unos cuidados pero que también expresan su estado de ánimo en su debilidad, como nos lo muestra la narración de la curación milagrosa del ciego de Jericó. Éste,  sentado junto al camino, oyó que pasaba Jesús de Nazaret y comenzó a gritar: “¡Hijo de David, ten compasión de mí! Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más. Jesús se detuvo y dijo: Llamadle. Llaman al ciego diciéndole: ¡Animo, levántate! Te llama. Y él arrojando el manto, dio un brinco y vino donde Jesús quien dirigiéndose a él, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? El ciego le dijo: ¡Que vea! Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y al instante recuperó la vista y le seguía por el camino” (Mc 10,46-52). Las personas enfermas nos pertenecen y han de formar parte de nuestra vida sin temor a que disturben nuestra monotonía en los quehaceres de cada día. Los que seguían a Jesús y no consideraban adecuado que el ciego se acercara a él, son llamados a llevarle el mensaje: “levántate, que te llama”. Solamente cuando le llevan a Jesús, comprenden por fin que el Señor quiere que tengamos tiempo para encontrar al enfermo, escucharle y decirle qué desea y qué necesita.
Necesidad de la Eucaristía
         El lema de la Jornada en este año es: “Creer, celebrar y vivir la Eucaristía”, tratando de subrayar la necesidad de la Eucaristía en el cuidado pastoral de los enfermos al considerar la estrecha relación que existe entre el Misterio eucarístico y la realidad del dolor y del sufrimiento humano. El Papa nos recuerda que de la Eucaristía “la pastoral de la salud debe obtener la fuerza espiritual que necesita para socorrer eficazmente al hombre y ayudarlo a comprender el valor salvífico de su sufrimiento” , pues “es el don que el Padre hace al mundo de su Hijo unigénito, encarnado y crucificado. Es El que nos reúne alrededor de la mesa eucarística, suscitando en sus discípulos una amorosa solicitud por los que sufren y los enfermos en los cuales la comunidad cristiana reconoce el rostro de su Señor. [...] De este modo somos animados a comprometernos en primera persona para servir a los hermanos, especialmente a los que se encuentran en dificultad, ya que la vocación de cada cristiano es ser realmente, con Jesús, pan partido por la vida del mundo” . Asumiendo los objetivos propuestos por la Comisión Episcopal en esta Jornada, redescubramos el don de la Eucaristía, “verdadera consolación para los enfermos”, como luz y fuerza para vivir cristianamente la salud, la enfermedad, la curación, el dolor y el sufrimiento, el deterioro, la muerte, el duelo y la asistencia pastoral en todas estas realidades; ayudemos a los enfermos a comprender, celebrar y vivir la Eucaristía como fuente de salud y de vida; e intensifiquemos la práctica del Viático, sacramento del tránsito a la vida definitiva y gloriosa.
            Teniendo muy presentes con todo agradecimiento y afecto a las personas que acompañan y sirven de una u otra forma a los enfermos, nos unimos en oración diciendo: “Señor, escúchanos cuando te gritamos afligidos por el dolor y la enfermedad. Que los que gozan de salud, te den gracias y que puedan servir a los enfermos con disponibilidad y generosidad. Que todos comprendamos que tu providencia amorosa quiere lo mejor para nosotros, poniéndonos al amparo de la Virgen María, salud de los enfermos. Amén”.
Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

 

 

Escudo del Azobispado de Compostela Firma de Julián Barrio

 


+Julián Barrio Barrio, Arzobispo de Santiago de Compostela
Santiago de Compostela, abril de 2007.

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