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Carta pastoral en el Día de la Iglesia Diocesana.
Noviembre 2001.
Queridos
Diocesanos:
El Día de la Iglesia Diocesana ha de ser un acontecimiento "familiar"
que nos dé la. oportunidad de considerar lo que significa para los
fieles cristianos este don de Dios en Cristo. "Quienes hemos sido
incorporados a Cristo por el bautismo, nos integramos en el pueblo de
Dios y, hechos partícipes a su modo por esta razón de la función
sacerdotal, profética y real de Cristo, cada uno según la propia
condición, somos llamados a desempeñar la misión que Dios nos encomendó
cumplir a la Iglesia en el mundo"(Cf. CDC 204, 1). En la Iglesia
Diocesana descubrimos la igual dignidad de todos los bautizados,
miembros de Cristo y templos del Espíritu Santo como nos recuerda el
apóstol san Pablo cuando nos dice: "Glorificad y llevad a Dios en
vuestro cuerpo". La comunión de bautizados con sus dones cuya
interrelación y fecundidad tejen la unidad, comporta vivir "con un solo
corazón y una sola alma" e implica necesariamente la realización de la
propia vocación ya sea al ministerio sacerdotal, a la vida consagrada o
a la vida laical.
Compromiso
pastoral de los laicos
En esta ocasión me refiero al compromiso de los laicos en la vida de la
Iglesia diocesana. Somos conscientes de que "la misión de la Iglesia no
consiste sólo en ofrecer a los hombres el mensaje y la gracia de Cristo,
sino también en impregnar y perfeccionar con el espíritu evangélico el
orden de las realidades temporales. Por consiguiente los laicos,
cumpliendo esta misión de la Iglesia, ejercen su apostolado tanto en la
Iglesia como en el mundo, tanto en el orden espiritual como en el
temporal; estos órdenes aunque distintos, están de tal manera unidos en
el plan divino, que Dios mismo busca, en Cristo, reasumir el mundo
entero en una nueva creación, incoativamente aquí en la tierra,
plenamente en el último día. En ambos órdenes, el laico, que es al mismo
tiempo fiel y ciudadano, debe guiarse siempre por una única conciencia
cristiana"(AA 5). Los laicos cristianos como enseña el Concilio Vaticano
II, deben cultivar sin cesar la conciencia de pertenecer a la diócesis,
siempre dispuestos a aportar su contribución a los proyectos diocesanos,
siguiendo la invitación de su pastor.
Para vivir
la fe
En la clave de esta doctrina conciliar, interpretamos el lema que nos
presenta este año el Día de la Iglesia Diocesana: "Para vivir la Fe.
Participa en la Iglesia y colabora a su sostenimiento económico". La fe
conlleva aceptar al Dios revelado en Cristo y asumir su proyecto sobre
la humanidad, un proyecto que tenemos que hacer realidad en nuestro
contexto histórico. En este sentido la verdadera fe implica un amor
profundo a cada persona, un amor operativo que nos hace evangelizadores
y promotores de una auténtica solidaridad humana. Todos los diocesanos,
de diferentes forma, estamos llamados a participar en la misión de la
Iglesia, y a colaborar en el sostenimiento económico para que las
actividades educativas, sociales, culturales y asistenciales que la
Iglesia diocesana está realizando, puedan seguir siendo una realidad, y
todos somos responsables en esa preocupación de trabajar pastoralmente y
colaborar económicamente a favor de las necesidades de los demás.
Cauces de
ayuda económica a la Iglesia
Mucho se ha hablado y escrito en estos días sobre los recursos
económicos de la Iglesia. En este sentido hay que recordar que la ayuda
económica que se le confía a la Iglesia está destinada al culto, al
sostenimiento del clero, a las actividades caritativas, a la catequesis
o a los fines expresados en las Fundaciones que los fieles hacen. Es
preciso insistir una vez más que el conjunto de recursos económicos de
la Iglesia, administrados concienzudamente con transparencia y
responsabilidad, nunca se orientan al enriquecimiento personal, sino que
con su administración se busca garantizar el cumplimiento de los
objetivos que los propios fieles determinan en sus donaciones.
Los donativos, la cuota periódica (mensual, trimestral o anual), y las
colectas son la base fundamental del sostenimiento de la Iglesia y los
cauces a través de cuales podemos canalizar nuestra aportación
económica. Sé que las necesidades económicas de la Archidiócesis no son
pocas, pues son muchas las personas a las que hay que atender en sus
diferentes pobrezas. Tengo también constancia de vuestra generosidad,
reconociendo que "es un deber y un honor para los cristianos devolver a
Dios parte de los bienes que de El reciben". Colaborad en la medida de
vuestras posibilidades, sabiendo que el sostenimiento de la Iglesia
depende de nosotros.
Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

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Julián Barrio Barrio
Arzobispo
de Santiago de Compostela |
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