Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago

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BIBLIOGRAFÍA

LUIS QUINTEIRO FIUZA. Jesucristo ayer; hoy y siempre.
Fundación «Pedro Barrié de la Maza». A CORUÑA 2001

Como ya se anunció en el momento oportuno, Mons. Quinteíro fue este año el en cargado de pronunciar las Conferencias Cuaresmales que, organizadas por la parroquia coruñesa de San Jorge, tienen lugar desde hace unos años en la sede de la Fundación «Pedro Barrié de la Maza». Y ha sido la misma fundación la que se ha encargado de editar los textos de las conferencias en un tomo de 84 páginas.

Recordamos a nuestros lectores los temas desarrollados por Mons. Quinteiro y re cogidos en esta publicación. Son éstos: «Jesucristo, revelación definitiva del plan histórico-salvífico de Dios para la Humanidad»; «La espiritualidad cristiana, respuesta adecuada al proyecto antropológico requerido por la historia para los tiempos nuevos»; y <(Testigos del amor: la apasionante misión del cristiano de todos los tiempos urgida hoy». El autor antepone un prólogo y pospone un epílogo a los textos dados a conocer en el salón de actos de la Fundación.

Hilo conductor de las tres conferencias ha sido el mensaje enviado a la Humanidad por el Papa Juan Pablo II en su carta apostólica «Tertio Millennio Ineunte», sugiriendo el cauce y los tonos que la vida de los creyentes ha de adoptar en el comienzo del tercer milenio del Cristianismo. Pero, como es natural, ha tenido muy presente todo el magisterio de Su Santidad y también los documentos del Concilio Vaticano II, fundándolo todo en abundantes citas de la Sagrada Escritura. Este libro es un testimonio de la historia de las conferencias cuaresmales de la feligresía de San Jorge y memoria de una interpretación de la renovación cristiana que viene urgiéndonos el Papa con esa idea suya, que se ve tan necesaria, por otra parte, de la nueva evangelización.

J.P.L.

FRANCISCO CANTELAR RODRÍGUEZ. Ediciones antiguas de los Sínodos de Mondoñedo. Separata de Revista Española de Derecho Canónico, vol. 56. Universidad Pontificia. SALAMANCA, 2001.

El historiador del Derecho Canónico Dr. D. Francisco Cantelar Rodríguez, que tan extensa y profunda labor viene haciendo en la publicación de los Sínodos de las diócesis españolas en esa colección conocida como «Synodicon Hispanicum», que di ge el profesor Antonio García, OFM, firma este trabajo sobre ediciones antiguas de sí nodos celebrados en la diócesis de Mondoñedo. Remite al autor a dos ediciones, la del tomo primero del «Synodicon Hispanicum», y otra, en la que sólo se habla de algunos de ellos y que fue publicada en el año 1854.

Ninguna de las dos es completa, porque la más reciente comprende las reuniones tenidas entre l 1563, y, por lo que respecta ala otra la del siglo XIX, ya queda dicho que es una relación histórica parcial por lo que se refiere a su contenido. El trabajo del Dr. Cantelar parte del sínodo convocado por el obispo Pedro Pacheco, luego Cardenal y obispo de Jaén e importante figura en el Concilio de Trento, sínodo mindoniense celebrado en el año 1534, para terminar con el convocado por el obispo Navarrete Ladrón de Guevara en el 1703.
Hay, pues, en el trabajo de investigación del Dr. Cantelar, por un lado, información de sínodos no recogidos en ninguna de las dos publicaciones más recientes referidas arriba; por otro, datos acerca de los no editados y pistas para encontrar las ediciones aquellos que fueron llevados a la imprenta, pero de los cuales es difícil encontrar ahora copias, porque son pocas las que se conservan. Por cierto que de algunos de ellos algunas de las pocas constancias que existen se encuentran en Santiago de Compostela: la Biblioteca del Instituto Teológico y el Archivo de la Catedral santiaguesa, honor que, en algún caso comparten con la ciudad de Mondoñedo.

Unos cinco sínodos no fueron perpetuados a través de la impresión. El primero de ellos, el celebrado bajo el pontificado de Diego de Soto en 1547, del que existía una copia, según testifica el obispo Juan de Liermo de Hermosa, posteriormente efímero Arzobispo de Santiago de Compostela, donde es conocido como del Yermo, copia que el Prelado escribió que la había encontrado «en casa de un piadoso sacerdote». Ese texto, que existía en 1575, cuando lo vio de Liermo, se ha perdido y, con él, la memoria de los asuntos tratados en el sínodo y de las soluciones aprobadas

La misma suerte de la no impresión corrieron los documentos del Sínodo presidido por D. Juan de Liermo en el citado año 1575, aunque, por la lectura de la mejor copia manuscrita se intuye que había sido preparada para enviarla a la imprenta; pero ni lo editó el obispo convocante, ni su sucesor Isidro Caja de la Jara. Y éste, en cambio, preparó las constituciones del Sínodo de 1585 y 1586. El texto recogía las disposiciones de 1586, a los que se agregaron las del convocado en 1585. Pero fue, tal vez, tan es casa en ejemplares la edición, que se perdieron todos, incluso el que encontró, en Burgos, el obispo D. Pedro Fernández Zorrilla.

Gracias a Fernández Zorrilla, se hizo una reedición de las constituciones sino dales de 1586 dentro de los acuerdos del Sínodo por él mismo convocado en 1617 y llevado a la imprenta al año siguiente. Pero tampoco consta expresamente que el ejemplar hallado por Fernández Zorrilla en la capital burgalesa fuera un texto impreso. Tal vez estuviera copiado a mano y, según nos informa el obispo, lo descubrió por casualidad a sugerencia de alguien de su familia, que le dijo haberlo visto. Nada existe impreso del Sínodo congregado por el Obispo Diego González de Samaniego en el año 1606.

Cuatro Sínodos reunió el obispo trinitario de Mondoñedo Fray Rafael Díaz de Cabrera en los doce años que rigió la sede que tiene por referencia a San Rosendo. De todos ellos se hicieron ejemplares en la imprenta compostelana, en un taller o en un grupo familiar de talleres. Del de 1620 y del de 1621 hay, en Santiago de Compostela, dos ejemplares: uno que comprende los dos sínodos, en la Biblioteca del Instituto Teológico; otro, en el Archivo catedralicio, que sólo tiene el texto del sínodo de 1620.

Son muchos más los sínodos reseñados por el Dr. Cantelar, pues, en los ciento sesenta y nueve años que transcurren entre el primero, del obispo Pacheco, y el último, el del obispo Navarrete, del año 1703, fueron quince los prelados de Mondoñedo. Por cierto que del último sínodo historiado por Cantelar, el de 1703, tampoco se hicieron ejemplares impresos, como consta por dos fuentes, la más cercana a nosotros, la nota añadida al único ejemplar manuscrito de las constituciones mindoniense de 1703, que se guarda en el Archivo Capitular compostelano.

El trabajo de investigación del Dr. Cantelar contiene apreciables noticias y es, además, una contribución que presta a los que estén interesados en estudiar ese capítulo tan importante de la vida de la Iglesia en la diócesis de Mondoñedo. A través de los sí nodos, una realidad menos frecuente en nuestros tiempos porque marcan las líneas pastorales la Conferencia Episcopal y las reuniones de provincias eclesiásticas, se puede conocer el estado de los edificios, de la vivencia de la fe por parte de los diocesanos y todo lo referente a la disciplina clerical. Y a todo ello hay que añadir muchas otras aportaciones de las más diversas ramas historiográficas, como muy bien saben los que acuden a los sínodos para sus investigaciones sociales, económicas, disciplinares, topográficas, lingüísticas, etc. De estudios que a veces quedan en la oscuridad arrancan luego aportaciones de mucho mérito. Y lo tiene, y mucho, este breve pero sustancioso artículo del Dr. Cantelar, miembro de nuestro Presbiterio Diocesano.

MANUEL F. RODRÍGUEZ. Os Anos Santos Composteláns do século XX Unha mirada desde os xornáis santiagueses. Asociación de Periodistas e Estudiosos do Camiño de Santiago. LUGO, 2001

La Asociación de Periodistas del Camiño de Santiago y uno de sus miembros, el doctor de Ciencias de la Información y miembro del equipo de trabajo del Xacobeo D. Manuel F. Rodríguez, acaban de prestar un magnífico servicio a la historia de los Años Santos Compostelanos con esta exhaustiva revisión de la prensa compostelana en los años que van del 1909 al 1999. Son, en total, catorce Años Jubilares ordinarios, a los que hay que agregar el extraordinario de 1938, prolongación del anterior por privilegio de S. S. el Papa Pío XI en atención a los que, implicados en la guerra que afectaba entonces a España, no pudieron acudir a Compostela en 1937.

El estudio se centra en los periódicos compostelanos, que, en el alío 1909, eran tres: «El Eco de Santiago», «Diario de Galicia» y «Gaceta de Galicia». En el último Año Jubilar del siglo eran dos los periódicos editados en Santiago de Compostela, los de la Editorial Compostela, uno en Castellano, «El Correo Gallego», nacido en Ferrol, y el otro, en Gallego, «O Correo Galego». Los periódicos de comienzo de siglo tenían una media de cuatro páginas y en ellos las ilustraciones gráficas no tenían presencia alguna.

Dos capítulos preceden al estudio de los Jubileos. El primero de ellos se ocupa del comienzo de la historia Jubilar santiaguesa. El segundo, del auge de las peregrinaciones, un fenómeno progresivo a lo largo del siglo XX, que tiene dos claves explicativas. La primera de ellas, la más importante, es el redescubrimiento de los res tos del Apóstol en tiempos del arzobispo Payá y Rico. La segunda, complementaria de la primera, la actividad promotora del Cardenal Martín de Herrera, estímulo que agradeció la ciudad del Apóstol con el homenaje al purpurado y la placa que inmortaliza este papel arzobispal en la plaza de Platerías, obra del artista Mariano Beniliure. Un segundo promotor, ya con nuevas circunstancias muy favorables, como el aumento de los medios de comunicación social, fue el Cardenal D. Fernando Quiroga Palacios, cuya figura califica el autor como «compleja», supongo que en el sentido de que tuvo una personalidad rica y variada y no en el negativo de difícil, porque no lo fue.

Divide el autor estos cien años de Jubileos en cuatro ciclos: el primero llega hasta el año 1926; el segundo hasta 1954; el tercero va desde 1965 hasta 1982; y, el cuarto, desde 1993 a 1999. Se funda para esta división en datos objetivos que permiten diferenciar unos de otros. A cada Año Santo le dedica un capítulo, que consta invariable mente de cuatro epígrafes: un juicio sobre el año al que se refiere el apartado; la estructura formal con análisis de la repercusión del Jubileo en los medios impresos; el desarrollo cronológico informativo y los contenidos temáticos. Un proceso sobre el que nos previene en las páginas 42-43, en las que expone su metodología de trabajo. Al final de cada Año Santo aparece un cuadro esquemático, que sirve de resumen de la presencia del Jubileo en los periódicos.

Es un trabajo paciente y acomodado al método científico de la Historiografía moderna. Pero está salpicado de noticias, alguna de ellas curiosa, y, si no hay más pinceladas festivas, es porque los cronistas de la época no dijeron noticia de ellas en sus me dios informativos. Podríamos cerrar esta recensión valorando, habría que hacerlo muy positivamente, el libro de Manuel F. Rodríguez. Pero, sin duda, interesa al lector de esta información que le demos unos datos escuetos sobre los Años Jubilares estudia dos en la obra.

El primero, el de 1909, registra un número de peregrinos que hoy nos parecería insignificante; fueron 140.000. España tenía dos problemas, el más largo era la guerra de Marruecos; otro, sonado, pero menos largo, la Semana Trágica de Barcelona. El Arzobispo era Martín de Herrera todavía pletórico de fuerzas. Alfonso XIII fue el Oferente en las fiestas patronales. Hubo tres acontecimientos reseñables: Congreso Franciscano, Semana Social y Sínodo Diocesano. El de 1915, el del homenaje al Cardenal Martín de Herrera, se crea una Junta, que preside el Obispo Auxiliar D. Ramiro Fernández Valbuena, se acuña un sello especial, se ofrecen bonos para la comida en la Cocina Económica, se obtienen rebajas en los trenes y se recibe a los peregrinos en las paradas de los autobuses, y el empresario Praga promociona una película sobre la peregrinación de Lugo, que fue proyectada en el Campo de la Leña. El Jubileo de 1920 fue el último de Martín de Herrera. Es el año en el que se abre la Facultad de Medicina en su nueva sede, se inaugura la celebración del Día de Galicia, aparece el diario «El Compostelano» y la aristocracia veraneante en A Toxa hace una peregrinación a Compostela.

No pudo prepararse con tiempo el de 1926, porque no se había hecho antes el nombramiento del Arzobispo Alcolea. De todos modos, por vez primera hay una peregrinación con romeros procedentes de todas las provincias españolas, se hace una interesante labor promocional con guías y carteles y filmes, se construye la estación del Ferrocarril, se celebra el Congreso Eucarístico Nacional, Castromil inaugura su edificio y la Caballería hace su peregrinación al santuario del Patrono del Arma.

En 1937 regía la sede santiaguesa Mons. Muniz Pablos y colabora eficazmente a la celebración del Jubileo la Archicofradía del Apóstol. La devoción a Santiago se ve respaldada por restauraciones de celebraciones y de títulos que había suprimido la Re pública. Ese año no se cerró la Puerta Santa para dar paso al Jubileo extraordinario de 1938, en el que la información gráfica conoce un avance, se crea una Junta Nacional para el Año Santo, y el presbítero y arqueólogo D. Jesús Carro hace de contador del número de peregrinos que acuden a la Basílica para ofrecer al final del año una esta dística muy aproximada. El de 1943 recoge toda una serie de peregrinaciones sectoriales del Régimen, una de ellas la nacional de la Falange. El de 1948 se caracteriza por tres hechos: fallecimiento de Mons. Muniz, a quien sucede interiormente su Obispo

Auxiliar, Mons. Souto; la primera Ofrenda hecha personalmente por el General Franco y la Peregrinación Mundial de las Juventudes de Acción Católica.

Con el de 1954 se procede a la proyección ecuménica de los Jubileos compostelanos, se celebran varios Congresos religiosos y científicos, los periodistas hacen una peregrinación de quinientas personas y se inauguran el Hostal de los Reyes Católicos y el Hospital Clínico. Once años después, en 1965, el Año Santo se presenta en el Club Internacional de Prensa, en Madrid, y el Ministro Fraga hace que su noticia llegue a todos los rincones del mundo, implicándose la Administración en la infraestructura necesaria para atender a los romeros. Surge entonces el Burgo de las Naciones. Los Festivales de España cubren la oferta complementaria y los altos cargos del Ministerio de Información y Turismo peregrinan, con su titular Fraga a la cabeza, a la tumba del Apóstol.

El de 1971 es el último Año Santo del Cardenal Quiroga y el último también ene! que D. Francisco Franco hace la Ofrenda. Las gracias espirituales del Año Santo las acomoda la Santa Sede a la nueva disciplina sobre indulgencias y nace la Ciudad de La Lona para los jóvenes peregrinos que, provincia a provincia, van pasando por Compostela. El futuro Rey de España preside la peregrinación de cinco mil militares y se advierte un creciente número de peregrinos a pie.

En 1976 se estrena como Oferente el Rey D. Juan Carlos, el Papa Pablo VI envía un mensaje, se ofrece a los Reyes un concierto en San Francisco de Valdediós y se inaugura el Museo de las Peregrinaciones. En 1982 un Papa, Juan Pablo II, peregrina por vez primera a Compostela, y el Consejo de Europa entrega a la Ciudad la bande ra de Europa. Llama el autora! Año Santo de 1993 «o Ano do cambio», porque se ad vierte una colaboración muy eficaz de la Administración autonómica con la Iglesia. Se vuelve a reunir el apagado Patronato de Santiago, un Pórtico de la Gloria restaurado da la bienvenida a los peregrinos y se amplía el programa cultural complementario. Ye! de 1999 es el cierre digno del siglo y del milenio con un Camino Francés recuperado y dotado por las Comunidades de paso, merced a las gestiones de la Xunta de Galicia.

En este oportuno libro, que se inscribe en el preámbulo del Año Jubilar de 2004, vemos cómo todo va a más. De una preocupación primera por la escasa capacidad hotelera de Santiago de Compostela llegamos a un ofrecimiento amplio de lugares de acogida (salido el libro, se anuncia la creación de un Refugio para peregrinos necesitados a cargo de la Xunta de Galicia). Se ha ido acentuando, con exquisito cuidado de no invasión de competencias. la colaboración civil con la religiosa. Y se aumenta el programa de oferta cultural para los visitantes. En ella tiene un amplio espacio el con junto de restauraciones de monumentos religiosos y de las guías correspondientes y los programas de acontecimientos musicales y teatrales, que ayudan a que los peregrinos tomen con más detenimiento la visita a la Ciudad del Apóstol. Ya no causan la extrañeza de los primeros tiempos los visitantes extranjeros, porque la ciudad es ecuménica, ni siquiera las características personales de alguno, como el enano norteamericano de 1909, del que se contraponen su estatura, de un metro, y su conocimiento de diversas lenguas.

Nuestra enhorabuena al autor y a la Asociación editora. El hecho de que los peno- distas se hayan asociado para conocer mejor el Camino y ofrecer noticias de él es de agradecer. Esperamos con optimismo que se haga realidad el anuncio de D. Cristóbal Ramírez, Presidente de la Asociación, de que «este libro é o primeiro dunha colección que intenta pescudar no Camiño de Santiago». Y no vale la humilde confesión del autor acerca de la supuesta escasez de datos de su libro. Él ha hecho el esfuerzo de recoger y de sistematizar las raras informaciones de sus intrépidos colegas de antaño, que carecían de medios y no fueron capaces de intuir lo que sería con el tiempo la peregrinación jacobea.

J.P.L.