Boletin Oficial del Arzobispado de Santiago

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3. Carta Pastoral en el Día del Corpus Christi. Junio 2001

Constantes en la caridad

Queridos diocesanos:

La solemnidad del Corpus Christi nos invita a contemplar con alabanza y agradecimiento la presencia real y verdadera de Cristo en la Eucaristía, signo elocuente de amor total, gratuito y libre que nos hace capaces de amar hasta el extremo.

Sedientos del amor de Dios

El hombre, que participa ya del bienestar material o que lo busca con denuedo, sigue sintiendo sed de Dios. Esta inquietud no es una maldición que nos hace ir como la Samaritana todos los días al pozo de nuestras ilusiones para sacar un agua que se acaba y no satisface la sed de nuestras más íntimas aspiraciones. Esa sed es el impulso que necesitamos para descubrir la fuente donde brota el agua que salta hasta la vida eterna. "Aquesta eterna fonte está escondida en este vivo pan por darnos vida, aunque es de noche", escribía San Juan de la Cruz. En medio de la oscuridad de nuestras noches y de los deslumbramientos de nuestros días sólo la fe nos alumbra para tomar conciencia de que "el Señor es el fin de la historia humana, punto de convergencia hacia el cual tienden los deseos de la Historia y de la civilización, centro de la Humanidad, gozo del corazón humano y plenitud total de sus aspiraciones"(GS 45). Ahondar en este misterio de nuestra fe nos ayudará a vivir intensamente-el-errcurntro eucarístico, recordando que hemos sido elegidos y amados en Cristo con la posibilidad de corresponder a su amor amando a los hermanos como queda reflejado cuando nos dice: "Cualquier cosa que hagáis a los demás, a mí me lo hacéis". Hemos sido llamados a una comunión de vida en el amor. El proyecto de Jesús es reunir en familia a todos alrededor de una gran mesa donde tengan un sitio, acojan el amor de Dios porque no pueden tener otros dioses delante de ellos y donde compartan la vida, los bienes, y los caminos abiertos a la fraternidad.

Consecuencia de la participación en la Eucaristía

Ha llegado la hora de adorar a Dios en espíritu y en verdad, de recuperar los valores religiosos, de vivir la religión y no utilizarla como a veces sucede en nuestras fiestas. La auténtica participación en la Eucaristía, Cuerpo entregado y Sangre derramada, genera amor fraterno ya sea en cada creyente ya sea en toda la comunidad eclesial y recuerda que el amor es el único mandamiento en el que se resumen los demás. La Eucaristía es la raíz de toda acción caritativa y social, y la fuerza para motivarla y sostenerla. En ella nos sentimos amados por Cristo y sabemos que podemos amar y esta experiencia exige ser testimoniada en el servicio de amor a los hermanos. No es casual por tanto que hoy celebremos el día de la Caridad que ha de tener siempre en cuenta las necesidades de todos los hombres porque "no debe olvidarse ciertamente que nadie debe quedarse excluido de nuestro amor desde el momento que con la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a cada hombre"(Al comienzo del nuevo milenio 49). Esta conciencia nos proyecta "hacia la práctica de un amor activo y concreto con cada ser humano", siendo necesario dejarnos llevar por el Espíritu porque donde está el Espíritu encontramos la libertad, la alegría y el amor (Rom 5,5).

Caminos de la nueva civilización

Toda la Iglesia está llamada al servicio de la caridad que "en efecto anima y sostiene una activa solidaridad atenta a todas las necesidades del ser humano"(ChL 41). Por la solidaridad y la fraternidad se marcan los caminos que nos llevan a la fuente que calmará nuestra sed. Acercarse al que lo necesita, visitar al enfermo y al anciano, ser responsables en el trabajo, ofrecer servicios de acogida a los inmigrantes, a los drogadictos, a los alcohólicos, a las mujeres maltratadas y marginadas, defender los derechos de los niños, compartir algo más de lo que nos sobra, denunciar toda opresión y combatir toda injusticia son signos de búsqueda y de encuentro. A las pobrezas de ayer, vigentes hoy, hay que añadir las que va generando la civilización actual que no siempre tiene en cuenta la dignidad de la persona. También hoy es necesario recordar que la historia se c.~str,.2ye ernp•,do y que el amor con que hacemos las obras, es lo que va a permanecer. "Se trata, como escribe el Papa, de continuar una tradición de caridad que ya ha tenido muchísimas manifestaciones en los dos milenios pasados, pero que hoy quizás requiere mayor creatividad. Es la hora de una nueva imaginación de la caridad que promueva no tanto y no sólo la eficacia de las ayudas prestadas, sino la capacidad de hacerse cercanos y solidarios con quien sufre, para que el gesto de ayuda sea sentido no como limosna humillante, sino como un compartir fraterno"(Al comienzo del... 50).

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

Arzobispo de Santiago de Compostela