Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago

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BIBLIOGRAFÍA

CARLOS GARCÍA CORTÉS. La parroquia coruñesa de San Jorge.
Historia de una institución y de una comunidad. LA CORUÑA, 2001

La parroquia herculina de San Jorge ya tiene su biografía. Es obra de un sacerdote coruñés, que fue bautizado en la iglesia de San Jorge y en ella recibió años después la ordenación sacerdotal. Don Carlos García Cortés viene acreditado en el campo de la Historia por otras publicaciones, como son, por citar sus dos libros inmediatamente anteriores al que ahora comentamos, «Don José Sardina Muiños (1898-1988). La persona y la época, el Sacerdote y su obra» y « La ciudad del Apóstol». Profesor Ordinario en el Instituto Teológico Compostelano, ha firmado artículos en prestigiosas publicaciones, mostrando preferencia en sus temas por los ámbitos teológico, pastoral, ecumenista e histórico.

Ahora, en este mismo año, ha querido rendir a la parroquia en la que entró a formar parte de la Iglesia el tributo de su reconocimiento. San Jorge, parroquia de la zona de la Pescadería coruñesa, una de las dos en que se dividía antiguamente la capital de la provincia, tiene ya siete siglos de existencia, o, tal vez, algo más, si bien no contamos con fuentes suficientes para alcanzar el momento en el que se erige esta nueva feligresía, que, con el paso del tiempo, a medida que A Coruña iba creciendo, hubo de compartir su territorio con feligresías de nueva creación, la primera de ellas, la de Santa Lucía.

La precariedad de noticias documentales ha sido uno de los escollos con los que ha tropezado el autor. Pero, gracias a su diligencia y paciencia, perfectamente combinadas, ha podido hacer hipótesis cuando los textos escaseaban y llevar así adelante su proyecto. Nos advierte el profesor García Cortés que no pretende ser exhaustivo, sino abrir un primer surco en la historia de San Jorge; pero, tras la lectura del libro, tenemos la seguridad de que no será posible encontrar nuevos datos que vayan a aportar algo que no se haya incluido en este libro. Tenemos la seguridad, y esta convicción la avala el prólogo del Arzobispo, también historiador, de que D. Carlos ha realizado una tarea completa. Monseñor Barrio alaba el trabajo y destaca su trascendencia : « En esta publicación el lector encontrará recreada la vida parroquial a través de una visión histórica que nunca es un baúl de añejos recuerdos, sino una realidad, fruto de la providencia de Dios y del quehacer en el tiempo».

Precisamente porque la parroquia, toda parroquia, no es sólo una familia de fe y una realidad jurídica, sino que en todo tiempo tiene un componente humano, García Cortés ha añadido al título de su obra el complemento < historia de una institución y de una comunidad». Y el lado humano tiene relevante presencia en el libro. Comienza éste con la situación de San Jorge de A Coruña en el organigrama de la diócesis de Santiago de Compostela. Estuvo ubicada en el arciprestazgo de Faro en todo momento, incluso ahora después de la creación de nuevos arciprestazgos en la ciudad herculina. Hay constancia de que la parroquia de San Jorge existía ya con normalidad plena en el siglo XIV. De ella hay noticia en el tumbo rojo del arzobispo D. Lope de Mendoza, en el año 1435. En el año 1399 otorga testamento el Párroco de San Nicolás y anota la existencia de uno terrenos «en freguesía de San Jurjo».

¿De donde procede el título de San Jorge, a quien se tiene desde siempre como Patrono? Sospecha García Cortés que habrá que buscar el origen del culto a este santo oriental, como, tal vez, el de S. Nicolás, y el de Sto. Tomás, en el «trasiego de navegantes y viajeros, que habrían traído esta devoción a la población de Burgo de Faro». Y el autor sospecha que, antes ya de la existencia de esta parroquia, habría una capilla dedicada al culto a este santo, al que en Oriente conocen como el Gran Mártir. A ese supuesto primer templo habría sucedido el que durante cuatro siglos precedió al actual. Las vicisitudes padecidas por la fábrica de aquella iglesia, sobre todo como consecuencia de la invasión de Drake, en 1589, y el nuevo ataque inglés en 1596 habrán hecho necesaria una nueva construcción, tal vez mejor que la reparación total del anterior local.

A ello se aprestaron los miembros de la Compañía de Jesús, que establecieron su Colegio en esta zona de A Coruña. Sesenta y cinco años estuvieron entregados a esta labor educativa hasta la disposición de Carlos III por la que disolvía la Compañía de Jesús en España, expulsando a todos sus miembros. Fue el Colegio el lugar de concentración de todos los destinados en Galicia antes de su salida del País. A los Jesuitas les sucederían en el uso de las instalaciones los Agustinos, que dejaban Cayón como consecuencia de la despoblación del lugar a causa de las condiciones económicas desfavorables para los habitantes, atribuibles a la caída de la captura de ballenas. De la presencia jesuítica en el templo quedan las imágenes de San Ignacio, San Francisco Javier y San Francisco de Borja. En 1838 se demolió la antigua iglesia parroquial de San Jorge para construir un teatro público en su solar y entonces la parroquia tuvo su sede en la antigua iglesia de los Agustinos. Es el momento en el que la feligresía de San Jorge tiene una mayor densidad de población.
En las obras de este templo participaron las mayores figuras del Barroco compostelano. Desde el comienzo, en 1693, hasta la terminación de las obras figuran interviniendo, de una u otra manera, el ceense Domingo Antonio de Andrade, Fernando de Casas y Nóvoa, Clemente Fernández Sarela y Simón Rodríguez. Entre 1928 y 2000 se ha pretendido hermosear el lienzo exterior y para ello se ha encargado proyectos a los arquitectos Bescansa, Tenreiro Brochón, Rey Hombre y Freire Corzo. Las imágenes de la fachada posiblemente hayan sido esculpidas por los coruñeses hijos de Escudero. Representan a San Jorge, Santa Margarita y Santa Lucía, titulares ahora de otras parroquias coruñesas, desgajadas de la de San Jorge.

Desde sus primeros tiempos fue la parroquia pródiga en Cofradías, lo que demuestra la piedad profunda de sus muchos feligreses. En 1770 se contaban diez. A la iglesia de San Jorge se adscribió, desde 1589, fecha de la llegada de Drake, la Función del Voto coruñés, tradición que perdura en nuestros días. Esta intensidad de culto requería la presencia de numerosos sacerdotes. A su memoria dedica unas páginas de su libro el profesor García Cortés, que da cuenta detallada, en cuanto es posible, de los clérigos que sirvieron a la comunidad hasta nuestros días. A propósito de esto, no deja el autor de ofrecernos información biográfica de todos ellos, algunos de los cuales pasaron luego a desempeñar canonjías en la Catedral compostelana o en la Colegiata coruñesa. Alguno de los sacerdotes tuvo serios problemas económicos, a los que atendieron los Prelados, a sugerencia del Párroco del momento. Una nota curiosa la ofrece la consignación de una partida económica, en el año 1800, para la manutención de un gato, necesario para la limpieza de la plaga de ratones en la iglesia.

Como las Visitas Pastorales dejan constancia de las deficiencias observadas y de las recomendaciones de los Prelados, el profesor García Cortés hace memoria de las llevadas a cabo por Obispos o por delegados de los Arzobispos compostelanos en estas siete centurias de la historia de la parroquia coruñesa de San Jorge. Se refiere también a las confirmaciones. Ordenación sacerdotal, que se sepa, sólo tuvo lugar una, bajo el episcopado del Cardenal Quiroga Palacios. En la pila bautismal recibieron las aguas de la regeneración cristiana miles de coruñeses, algunos de ellos muy representativos en diversos sectores de la vida. De los principales feligreses de San Jorge, algunos no nacidos en la feligresía, nos ofrece referencia cumplida el autor de este libro. Hubo literatos, artistas, políticos, militares, industriales y comerciantes. De los que recibieron la vocación sacerdotal uno llegó al Episcopado. Fue D. José Antonio Vázquez Jaspe, que pasó a la historia con los apellidos maternos: Jaspe Montenegro. Colegial de Fonseca, fue canónigo de la Catedral santiaguesa y consagrado Obispo auxiliar del arzobispo Fray Antonio de Monroy, en el año 1705.

Esta obra del profesor García Cortés se detiene algo más en la presentación de la feligresía en la actualidad, porque, si bien el pasado interesa mucho, lo que quiere destacar es que San Jorge de A Coruña es una parroquia que sigue teniendo vitalidad en estos inicios de un nuevo siglo que, además, abre el tercer milenio de la era cristiana. Un importante complemento de esta comunidad parroquial es la Escuela de Teología, en la que vienen formándose en su fe feligreses y feligresas de la parroquia y de otras de la capital provincial desde hace años.

El séptimo y último capítulo del libro recoge el texto de veinte documentos especialmente relacionados con la feligresía historiada, el último de los cuales es la declaración oficial del templo como monumento nacional. Me parece obligado destacar el que habla de la adscripción a la parroquia del que luego sería Arzobispo con el nombre de Alonso III de Fonseca, el obispo humanista que se carteó con Erasmo de Rotterdam; la llegada a A Coruña de la reina Mariana de Neobourg y la asistencia a la Misa de todo el Gobierno presidido por el general Primo de Rivera. Y, hablando de documentos, para que el lector de esta recensión se haga cargo del trabajo llevado a cabo por el profesor García Cortés, he de dejar constancia de que se informó en los siguientes Archivos: de la Colegiata de A Coruña, de la Catedral de Santiago de Compostela, de la Curia Diocesana, Archivo Histórico Diocesano, Histórico de Galicia, Municipal de A Coruña, Universitario de Santiago, Instituto Teológico Compostelano, Parroquial de San Jorge y de otras parroquias herculinas.

El libro ha contado con el respaldo de Caixa Galicia para su impresión y han prestado colaboración al autor los artistas Francisco Gutiérrez Alonso, con la acuarela de la portada, que representa la fachada del templo parroquial, y José Neira Romero « Pucho» , autor de las excelentes fotografías que ilustran la obra. Nuestros parabienes al autor de la misma y al Párroco de San Jorge, Rvdo. Dr. D. Antonio Roura Lenguas, que ha instado al profesor García Cortés a hacer este trabajo y ha asumido su edición, tarea que Xaniño-axencia gráfica ha llevado a cabo con primor. Nos unimos a la dedicatoria de García Cortés a sus padres y padrinos, porque lo incorporaron a la Iglesia por el bautismo, y al Cardenal Quiroga Palacios, con quien yo mismo tengo una perpetua deuda de gratitud, que fue quien ungió sacerdote a Carlos García Cortés en su parroquia natal el 12 de agosto de 1996.

J.P.L.

DANIEL CARLOS LORENZO SANTOS. La Reforma de las Curias
Diocesanas en España a partir del CIC 83.
Separata de «La Curia Diocesana.
La Función Administrativa». Universidad Pontificia de SALAMANCA, 2001.

El jurista compostelano, miembro del equipo de la Vicaría Judicial, que presta también su colaboración en la diócesis de Lugo y enseña Derecho Canónico en el Instituto Teológico Compostelano Rvdo. Sr. D. Daniel Carlos Lorenzo Santos tomó parte en un simposio organizado por la Universidad Pontificia salmanticense acerca de la reforma de las Curias. Aquel trabajo, un poco ampliado, ha encontrado su marco editorial en el libro que lleva el número 228 de la « Bibliotheca Salmanticensis».

Es un estudio fundamentalmente jurídico, pero, al mismo tiempo, histórico, porque se trata de «un recorrido somero por el proceso evolutivo sufrido por la Curia Diocesana desde el CIC de 1917 hasta la promulgación del Codex vigente», como advierte el autor. Desde nuestro punto de vista, tendríamos que retirar el adjetivo somero, porque, de hecho, la visión que nos ofrece el Dr. Lorenzo no es superficial, como la humildad del autor le sugiere a éste escribir.

El trabajo se divide en dos partes, la primera de las cuales hace reseña de la legislación y el estado de las Curias antes de la puesta en práctica de lo establecido en el canon 83 del Código de Derecho Canónico de 1983 y la aplicación de los remedios y los criterios sugeridos por el Concilio Vaticano II y las apuestas llevadas a cabo a la luz de la doctrina conciliar. Lo que se ha pretendido es, fundamentalmente, dar a la Curia función pastoral, acercarla al pueblo creyente a cuyo servicio tiene que estar y, por último, coordinar todos sus servicios. En muchas diócesis éstos eran muchos; pero no existía entre ellos la vinculación indispensable para la unidad de acción y la comunión de objetivos.

La primera parte arranca del Código de 1917, el cual, según el profesor Lamberto de Echevarría, «legisló con sobriedad acerca de la Curia Diocesana» y que hacía pivotar toda la Curia sobre dos figuras, la del Vicario General y la del Secretario-Canciller. Hubo intentos aislados de reestructuración de algunas Curias y, sobre todo, sugerencias y críticas que encontrarían en la ejecución del nuevo clima creado por el Vaticano II, que culminan en el número 27 del decreto « Christus Dominus», al que el profesor Aznar encuentra «abigarrado y confuso»; pero que, sin embargo, descubre en el mismo una importante novedad: que, junto a la función administrativa de la Curia, destaca su papel de organismo que ha de fomentar las obras de apostolado. Otros documentos irían ampliando el horizonte. Se trata del motu proprio « Ecclesiae Sanctae» ; de las constituciones «Regimini Ecclesiae Universae» y « Vicariae Potestatis» y del Directorio para el Ministerio de los Obispos. Antes del Nuevo Código se va reforzando esta dirección pastoral y se crean las zonas pastorales en diócesis extensas y una Curia Pastoral junto a la tradición Jurídica.

El nuevo Código de 1983 coloca en primer lugar la tarea pastoral de la Curia y, al lado de ella, la función administrativa y la función judicial; prevé la temporalidad de los cargos, supeditada, como es natural, a la efectividad pastoral y resalta la unidad de acción bajo la dirección del Obispo. Se prevé un Moderador de la Curia y el mismo texto jurídico fundamental pone límite explícito a la potestad del Vicario General. Aparecen los organismos de consulta: Consejo Presbiteral, Colegio de Consultores y Consejo Pastoral. Los dos primeros suplen la función que venía ejerciendo el Cabildo de Canónigos. A1 margen del trabajo del profesor Lorenzo, que no vivió otros tiempos que no sean los postconciliares, hemos de decir que la suplencia de los Cabildos en España, que en otros países no se ha producido, sirvió para ralentizar ciertos expedientes, cuya resolución ha de esperar a la reunión del grupo respectivo.

La segunda parte de este estudio es una descripción de lo que debe ser una Curia después de la promulgación del Código. Se apoya el autor en la doctrina de los Sínodos Diocesanos, valiosos en cuanto a crítica positiva de la experiencia secular y, al mismo tiempo, fuente de sugerencias mirando al futuro. También encuentra iniciativas en los proyectos de reorganización de la Curia de algunas diócesis que trabajaron más que otras en esta línea innovadora, fijándose más en la funcionalidad que en la novedad. Van apareciendo los Vicarios Pastorales, los de Vida Consagrada, los especialistas en Economía, la asesoría jurídica y otras funciones. Algunas diócesis redactaron estatutos y reglamentos para la Curia, destacando el elaborado en la diócesis de Toledo y el de la de Valencia, en el que encontramos la figura del Vicario de Evangelización en consonancia con el fin misionero de la Iglesia y, por consiguiente, también de cada parcela diocesana. El Reglamento de la de Madrid incluye dos Vicarías Personales, la del Clero y la de la Vida Consagrada, departamentos que, en otras diócesis, como es el caso de la compostelana, están a cargo de sendos Delegados.

Terminado este pormenorizado análisis de lo que se ha hecho, a lo largo del cual va incluyendo el Dr. Lorenzo sus propios juicios de valor, ofrece, a modo de conclusión, su opinión personal, que podemos resumir de esta manera: está por la redacción de una norma de derecho particular de acuerdo con las necesidades de cada una de las diócesis, la adaptación de cada Curia a las necesidades de los tiempos, que son cambiantes; que la Curia coopere estrechamente en la tarea evangelizadora bajo la dirección del obispo; que el criterio para la creación de departamentos sea el requerido por la acción pastoral y evangelizadora; que se haga delegación de funciones en aras de una mayor efectividad, teniendo en cuenta «la facultad de delegación de la potestad ejecutiva ordinaria que el ordenamiento universal de la Iglesia permita»; finalmente, que la Curia tenga una buena dotación de medios materiales, en los que prevé costos que no están al alcance de todas las diócesis, y humanos altamente cualificados. No se olvida de las carencias de muchos Tribunales Diocesanos, el campo sobre el que escribió el Vicario Judicial compostelano en un novedoso trabajo del que nos hemos hecho eco en estas páginas en el momento de su publicación.

Creemos del máximo interés el trabajo de investigación del Dr. Lorenzo y esta impresión no es sólo nuestra. La Universidad Pontificia de Salamanca la refrenda incluyendo el artículo en un libró de tanta trascendencia. Ha sido justo con las mejores fuentes, tanto antiguas como contemporáneas. Por razones obvias, agradecemos las que se refieren a ese gran canonista que fue el Arzobispo Muniz y la gratitud que muestra al historiador compostelano del Derecho Canónico Dr. Francisco Cantelar, pues en el agradecimiento va incluido el reconocimiento de su ingente labor, no suficientemente conocida por todos. Tenemos la esperanza de que la juventud del doctor Lorenzo le permita escribir páginas tan instructivas y tan fecundas como las que ahora hemos leído.

J.P.L.