|
Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago |
||
BIBLIOGRAFÍACONCEPCIÓN PRESAS BARROSA. La Sede Episcopal Compostelana (1923-1949). El Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago. Consellería de Cultura, Comunicación Social e Turismo de la Xunta de Galicia. SANTIAGO DE COMPOSTELA, 2001 En una tercera entrega, el tercer volumen de esta obra, la profesora de Derecho Eclesiástico de la Facultad de Derecho de la Universidad Compostelana Dra. Concepción Presas Barrosa, hace historia de veintiséis años de la Iglesia en Compostela y pone de manifiesto la utilidad de los Boletines Oficiales de los Obispados como fuente de enriquecimiento histórico. No sólo sirven para oficializar nombramientos, juicios y acontecimientos y para informar a los lectores, sino también para reconstruir el pasado desde una óptica eclesial. Muchas veces estas publicaciones diocesanas trascienden el ámbito al que se dirigen directamente, porque muchos acontecimientos mundiales de repercusión humana y cristiana y, siempre, las decisiones y el magisterio del Papa encuentran en sus páginas el espacio obligado. Lo que se refiere al Sumo Pontífice es obligado, porque la comunión se muestra en la comunicación en la fe, en la obediencia y en el amor, y todo ello requiere una sintonía en el conocimiento. Dos Papas gobiernan la Iglesia Universal en el tiempo de un poco más de un cuarto de siglo que comprenden los límites cronológicos que se ha impuesto en este volumen la profesora Presas. Son Pío XI y Pío XII. Las encíclicas de los Sumos Pontífices aparecen, como es obligado, en las páginas del BOAS y todas ellas encuentran el eco merecido en una circular del Prelado santiagués, especialmente aquellas que implican una disposición concreta del Arzobispado. Dos conmemoraciones importantes tuvieron su presencia en escritos pontificios: el Año Santo Romano de 1925 y el XIX Centenario de la Redención en 1931. Por su condición de religioso agustino, el arzobispo Fray Zacarías Martínez Núñez respondió con una carta pastoral a la encíclica que Pío XI escribió con motivo del XV Centenario de S. Agustín. Aunque en aquella fecha ya no había presencia de comunidades agustinas en la Diócesis, no hay que echar en olvido las que recuerdan el pasado agustino en Cayón, Pontedeume, Arzúa, A Coruña y Santiago de Compostela. Hechos civiles con evidente repercusión religiosa tuvieron lugar en España y en otras naciones en el decurso de esos veintiséis años. En España, la República y la Guerra Civil. En los últimos tiempos de aquélla se produjeron los asesinatos de dos Sacerdotes diocesanos y numerosos atropellos al derecho a la vocación y a la confesión religiosa. La autora recoge, en síntesis, en las páginas 323 a 331 de su obra, una relación sobrecogedora de iglesias incendiadas, de profanaciones, de vejámenes a Sacerdotes, de allanamientos de casas rectorales, de incautaciones y de robos en templos y en casas parroquiales. Después vendría la guerra civil y, con el nuevo régimen, las restauraciones de la obligatoriedad de la formación religiosa en los centros de educación, del Crucifijo en las escuelas y de la Ofrenda Nacional, al mismo tiempo que la declaración de Fiesta Nacional para el día 25 de julio. Esta contienda trajo consigo un hecho nuevo, la procesión por la paz en las rúas compostelanas, llevando las reliquias del Apóstol y de sus discípulos Atanasio y Teodoro. El general Aranda puso su bastón de mando en la mano de la imagen pétrea de Santiago que preside el altar mayor catedralicio. Por concesión especial de la Santa Sede se prorrogó el Año Santo Compostelano de 1937 a 1938, con el fin de que los soldados en campaña tuvieran la oportunidad de ganar las gracias jubilares. Un acontecimiento de mayores dimensiones por el número de países implicados, y de la repercusión que tuvo en los no directamente beligerantes, fue la Guerra de 1939. Tuvo su presencia en la preocupación por los muertos y heridos y en la invitación a orar por la paz. En países hermanos se imponía una dominación persecutoria. Tal es el caso de Méjico, sobre cuyos problemas para la mayoría católica escribió Pío XI una encíclica que fue seguida de una pastoral del Arzobispo. También Cuba requirió la solicitud fraterna de los diocesanos compostelanos. A nivel diocesano se registran los Años Jubilares de 1926, 1937, el extraordinario de 1938, y los ordinarios de 1943 y 1948. Se organizan con tiempo y se dan a conocer al Mundo por medio de cartas a los Obispos de diócesis importantes. El Cuerpo de Correos y Telégrafos ofrenda al Apóstol una lámpara votiva, que es presentada por su Director General. Como la República había suprimido la Ofrenda Nacional, durante el tiempo que duró este régimen, la Archicofradía del Apóstol asumió generosamente la representación del pueblo español, comprometido con su Evangelizador y Patrono. Fueron oferentes distinguidas personalidades compostelanas vinculadas a la hermandad jacobea, como Fabeiro, en dos ocasiones, Pintos, en otras dos, y Mosquera. En otras celebraciones invitó la Archicofradía a personas famosas como García Sanchiz, el obispo Prior de las órdenes Militares, Mons. Esténega, y Gómez Arroyo, Presidente de la Hermandad del Pilar de Zaragoza. En fiestas de tiempos de normalidad política representaron a la Nación prestigiosos militares o civiles, siempre presentes éstos en la tarea política. Recordaremos, a modo de muestrario, al general Primo de Rivera, y, posteriormente, a Ministros como Martínez Anido, Galo Ponte, Estrada, Vallellano, Serrano Súñer, Ibánez Martín y los almirantes Moreu, Regalado y Moreno. La ciudad de Compostela, agradecida al Apóstol, le hizo entrega de la Medalla de Oro. No faltó, en los Años Santos, la contribución de Correos con sellos jacobeos. Fueron cuatro los Arzobispos que rigieron la sede compostelana en estos años. El primero de ellos, D. Manuel Lago González, quien, en la alocución del día de su toma de posesión, deja constancia de su galleguidad con palabras como éstas: «el título de gallego, con que Dios quiso adornarme». Le sucede D. Julián de Diego y García de Alcolea, que había estudiado y vivido en su infancia y adolescencia en Mondoñedo. Tras un pontificado breve, aunque menos que el de Lago, le sucedió Fray Zacarías Martínez Núñez, un intelectual que había formado varias generaciones en El Escorial. Y, a continuación, el jurista D. Tomás Muniz Pablos, antiguo auditor de la Rota Española y Obispo de Pamplona. A su muerte, se designó a D. Carmelo Ballester Nieto, que, por enfermedad, no llegó a tomar posesión. En 1949 sería designado D. Fernando Quiroga Palacios, en cuya espera se cierra el volumen que comentamos. En los tiempos de vacante de la Diócesis, y todas éstas lo fueron por fallecimiento del Arzobispo, otras personas rigieron provisionalmente la Diócesis. Hubo cuatro Vicarios Capitulares y un Administrador Apostólico. El primero de aquéllos fue D. Justo Rivas, antiguo canónigo compostelano y, a la sazón, obispo titular de Priene, designado Auxiliar del Cardenal Martín Herrera, sin llegar a ejercer en este cargo por defunción del Arzobispo. Luego sería nombrado Obispo de Plasencia. En la vacante siguiente sería Vicario Capitular el canónigo Arcipreste D. Cándido García González. Al morir el arzobispo Alcolea, el Cabildo eligió Vicario Capitular al polígrafo D. Ángel Amor Ruibal. Cuando falleció Fray Zacarías Martínez, la Nunciatura designó Administrador Apostólico de la Diócesis al Obispo de Tu¡, D. Antonio García. De nuevo hubo Vicario Capitular en la vacante que produjo el fallecimiento de Mons. Muniz Pablos. Recayó el nombramiento del Cabildo catedralicio en la persona del Obispo titular de Elusa y Auxiliar que había sido del Dr. Muniz, D. José Souto Vizoso, que marcharía a la diócesis de Palencia cuando tomó posesión Mons. Quiroga Palacios. Muchas más noticias recogen los Boletines de aquellos años y de ellas nos da exacta cuenta la profesora Presas. Algunas son las siguientes: la coronación de la imagen de la Virgen de los Dolores en la capilla aneja a la iglesia coruñesa de S. Nicolás; la preocupación arzobispal por el cuidado y defensa del patrimonio artístico en los templos de la Diócesis, la convocatoria de un Sínodo por Mons. Muniz, la preocupación por dejar constancia, en los Archivos parroquiales, de los soldados fallecidos en el campo de batalla y, por supuesto, los primeros acuerdos del Estado Español con la Santa Sede, prólogo del Concordato que habría de firmarse posteriormente con el Gobierno presidido por el General Franco. También tenemos información acerca de los Prelados que fueron invitados para responder a las invocaciones-ofrenda durante la vacante de la Sede santiaguesa y en períodos de enfermedad de los Prelados compostelanos. Y una decisión importantísima, la creación del Instituto de Cultura Religiosa Superior. Esperamos que pronto nos ofrezca la profesora Presas el siguiente tomo de su obra, la época fecunda del pontificado de Mons. Quiroga y el Vaticano II como novedad dentro de la Iglesia Universal, así como las actividades pastorales de los tres siguientes Arzobispos. Dos puntos valiosísimos hemos de destacar en esta obra: el exacto resumen de las informaciones y la valoración acertada de los documentos. No tenemos en estos volúmenes una simple reseña, sino una fuente orientadora para futuros investigadores, al mismo tiempo que la revaloración de las publicaciones diocesanas oficiales, desconocidas de tanta gente. J.P.L.
BELVÍS. Seminario Menor de la Asunción. El último número de la revista del Seminario Menor de la Asunción ha llegado recientemente a nuestras manos como una crónica sintética de las actividades desarrolladas en el centro de formación fundado por el Cardenal Quiroga Palacios. Le sirve de título el topónimo del barrio elegido por el difunto Arzobispo para esta obra, que contribuyó a promocionar la zona en la que en la Edad Media erigieron su convento las Dominicas. Una proximidad que es, sin duda, apoyo espiritual para los alumnos de Humanidades del Seminario. Esta revista es, a la vez, programa, calendario y memoria. En su brevedad nos informa de un conjunto de actividades que no dejan fuera ninguno de los aspectos de la formación de gentes en esos años de la adolescencia y de la aproximación a la juventud, cuya finalidad es preparar a los muchachos que apuntan cierta inclinación al Sacerdocio y en todo caso, una educación integral con proyección cristiana. Dentro de una planificación de los estudios acorde con el «curriculum» oficial, se atiende en el Seminario Menor a todo lo que tiene que ver con las inquietudes del alumno. El cine, la televisión, la informática, la cultura regional gallega y los deportes tiene sus apartados especiales en el calendario de los cursos del Seminario Menor. Se fomenta la vida de piedad con una liturgia bien preparada y con atractivos suficientes; cada curso se organizan breves espacios de reflexión para que el alumno pueda revisar sus perspectivas vocacionales y se sintoniza con las vivencias de cada uno de los alumnos, acompañando en la plegaria y en la esperanza al que ha tenido una pérdida familiar y compartiendo la alegría de la llamada al formador que da nuevos pasos hacia la ordenación sacerdotal. Al mismo tiempo, como en todas las revistas escolares, el alumno que se siente con ganas encuentra en las páginas de «Belvís» un marco adecuado para sus primeras experiencias como entrevistador, cronista o creador literario. J.P.L. ANDRÉS DÍAZ DE RÁBAGO, SJ. Medio siglo de misionero en Extremo Oriente. A CORUÑA, 2001 El «Centro Fonseca», de la Compañía de Jesús en A Coruña, ha editado el texto de una conferencia del jesuita compostelano Dr. Andrés Díaz de Rábago, que este año ha celebrado sus Bodas de Oro sacerdotales y cumple sesenta y cuatro años de apostolado en Extremo Oriente. Conoció la China no comunista y la comunista, Filipinas, Timor y Taiwán, su actual país de residencia. Marchó con los estudios de Medicina terminados y el título le sirvió para ejercer en Universidades el magisterio en materias de Deontología Médica y la labor clínica en hospitales. En la Universidad filipina de Santo Tomás, de los Dominicos, fue uno de los dos primeros jesuitas que defendieron su tesis doctoral en Teología. Y fueron también los Dominicos los que brindaron a los estudiantes jesuitas la casa de verano para que pudieran reanudar las clases después de tener que abandonar China, perseguidos por los comunistas. La conferencia del P. Díaz de Rábago está escrita en tono coloquial, como si el conferenciante quisiera quitar importancia a la epopeya vivida a lo largo de toda su vida; pero tiene contenido profundo, como testimonio que es de una vida dedicada a la propagación del Evangelio, buscando en todo momento la inculturación desde el aprendizaje de las Lenguas habladas por los misionados y la incardinación en su cultura. La actividad misionera se hace en nuestros tiempos con la apertura plena a la colaboración con creyentes de otras religiones, cuando el bien de las gentes lo requiere. Tal es el caso de la ayuda prestada por los Jesuitas, con el P. Díaz de Rábago como médico, a los Budistas en una acción humanitaria. Costosa tuvo que ser la preparación de los misioneros en los primeros tiempos con el aprendizaje de la Lengua China, en la que, según el conferenciante, a la dificultad de los signos, tan enrevesados, hay que añadir el tono de muchas palabras que se prestan a decir algo muy distinto de lo que se pretende, si no se les da la modulación exigida. Cuenta el P. Andrés, a propósito de esto, un par de curiosas anécdotas. Como el nombre Mao, que significa pelo o gato, según la entonación. Pero también nos desvela secretos que en Occidente llegaron o tarde o con versiones parciales. Por ejemplo, que, cuando entre nosotros seguían algunos rindiendo culto al libro rojo de Mao, ya lo habían retirado porque el recopilador del mismo, Lin Piao, había caído en desgracia de Mao y éste lo había depurado. Otro dato, el de los ejecutados por ser contrarios a la revolución; se calcula que han sido nada menos que sesenta millones de chinos. Por cierto que la persecución ni encontró apóstatas, ni frenó la evangelización. De los tres millones de católicos en los inicios de la persecución se ha pasado a los 10 millones en la actualidad. Durante el tiempo en que el P. Díaz de Rábago estuvo en Timor, se encargó a los Jesuitas la dirección y orientación formativa del Seminario de Dili. El P. Andrés fue el segundo rector del centro y tuvo entre sus alumnos al actual Mons. Belo, Obispo que fue distinguido con el Premio Nobel de la Paz. La conferencia del misionero tuvo lugar en la Fundación «Pedro Barrié de la Maza», en A Coruña, en junio pasado. Aunque el folleto que recoge las palabras del conferenciante no está a la venta, nos ha parecido conveniente dar cuenta de su publicación en las páginas del BOA, porque se trata de un misionero nacido en la capital diocesana y, sobre todo, porque sus vivencias son muestra del espíritu inquebrantable de alguien que sintió la llamada del Señor en el año 1947 y que, a pesar de las dificultades, o, precisamente, gracias a ellas, salió llorando de China, de Filipinas, de Timor y algún día le pasará lo mismo, si tiene que abandonar su querida Taiwán. J.P.L.
17° ENCONTRO DE MÚSICA RELIXIOSA.
Bajo la dirección del Párroco de la Basílica de Santa María la Mayor de Pontevedra, Rvdo. Sr. D. Jaime Vaamonde Souto, se ha celebrado el 17° Encontro de Música Relixiosa, reuniones creativas que el mismo Sacerdote inició y que siguen prestando un incalculable servicio al enriquecimiento litúrgico de las celebraciones en Lengua Gallega. Como en años anteriores, el Encontro tuvo lugar en la Casa de Espiritualidad «Raíña da Paz». Colaboraron con el coordinador el Secretariado de los «Encontros»; el Director Musical, D. Isauro García Ramos; el Asesor Literario, D. Xesús Portas Ferro; y el Secretario, D. José Luis Míguez Souto. La grabación de este año nos ofrece una docena de canciones, todas ellas en Gallego. La autoría de las mismas se debe a D. Isauro García Ramos, D. A. Fernández León, D. J. J. Rumbao Requejo, D. Carlos Otero Padín y D. Francisco Fernández. Hemos escuchado las canciones antes de escribir esta recensión y apreciamos la mejoría progresiva en las letras y en las melodías. En algunas de ellas a la lengua se une un sustrato musical gallego. Como se propusieron hace ya unos años, se quiere acrecentar las posibilidades de las celebraciones litúrgicas, proveyendo a los organizadores de las mismas del soporte musical adecuado. Para facilitar las tareas de los vocales de liturgia de las parroquias, con la explicación de cada una de las nuevas obras se ofrece una orientación sobre los marcos celebrativos en los que cada una de ellas resulta más útil. Con el fin de incrementar la variedad, se ha recomendado a todos los que aportaron composiciones que las estrofas fueran abundantes para que cada vez se pueda elegir alguna nueva. En esta ocasión es la celebración eucarística la referencia fundamental, como es lógico, pero hay composiciones para celebraciones vocacionales y de la confirmación especialmente. Hemos de destacar un dato que creemos muy importante: el trasfondo bíblico de todas las letras, incluso de aquellas que no se han tomado directamente de la Sagrada Escritura, como es el caso del Salmo 18, si bien no se ha musicado la totalidad del texto de esta composición que celebra la grandeza de la Ley de Dios. La composición «Onde hai caridade» es un bello juego musical en el que de vez en cuando se aprecia el eco del «Ubi cáritas», latino. Hemos de destacar el hecho de que los Encontros siguen pensando en que sea la asamblea cristiana, el pueblo de Dios, quien intervenga en la parte musical de las celebraciones. Muchas parroquias de las diócesis de la provincia eclesiástica compostelana y de las feligresías astorganas enclavadas en territorio gallego tienen ya su coro, muchos de ellos de excelente calidad, y todos, desde luego, con un gran mérito. Pero sus intervenciones no pueden suprimir la participación del pueblo en esa doble oración que es el canto, como escribió San Agustín. Coro y pueblo han de practicar una perfecta alternancia que evite la pasividad del pueblo creyente. La distribución, lo mismo que la edición, se hace desde la Casa Rectoral de Santa María. Avda. de Santa María, 24; 36002. Pontevedra. Teléfono 986-866185. J.P.L.
LITURXIA DAS HORAS, TEMPO
ORDINARIO. Con sorpresa atopámonos con este libro da Liturxia das Horas, «elaborado pola Comunidade Moraima», como iniciativa da «Asociación para a promoción social e cultural Chambo», que pretende presentar unha «edición en galego, que sexa asequible económicamente e pensada especialmente para cantos querer comparo-la súa oración coa Igrexa dende unha perspectiva militante»(p. 5). Parece que a tal Comunidade Moraima adquiriu con facilidade os «textos orixinais», gracias ás facilidades dun conocido relixioso e o seu equipo de colaboradores que elaboraron «a primeira edición oficial da Liturxia das Horas en galego» (p. 5). É de supor que se refinen ó «Diurnal», que tamén recensionamos reste mesuro número de Auriensia. A sorpresa e o asombro medra cardo na «presentación» (pp. 11-12) a Comunidade Moraima, coa menor das intencións de facer chega-la Liturxia das Horas ó mundo dos leigos, fai algunhas «consideracións á presente edición» (p. 11). Entre elas desexa facer unha edición o < máis pedagóxica posible»; dispor «dun libro que fose manexable e asequible económicamente» o cal nos parece razonable, anque posiblemente o sexa tanto o «Diurnal». Pero engaden que < fixemos un esforzo por respectar os textos litúrxicos tal e como veñen recollidos no Diurna] oficialmente aprobado». Sería de agradecer isto (que non cumpriron con fidelidade tal como pide a Igrexa), e, por ¡so, o resultado non é a Liturxia das Horas da Igrexa, senón un libro privado, por tanto devocional coma os moitos «Oficios pareos» que proliferaron na historia, cardo a Liturxia das Horas se rezaba en latín e non se entendía, sobre todo por parte de relixioxas e leigos. É importante clarificar que, para que un grupo, comunidade ou parroquia celebre a Liturxia das Horas, como culto de loubanza ó ritmo do tempo da Igrexa, débeo facer cos textos da Igrexa, segundo o sentir e pensar da Igrexa, no noso caso, conforme ó Rito Romano. É «conditio sine qua non» para que tal oración se poida dicir teolóxica e xurídicamente da Igrexa, que encarne, no aquí e agora, á Católica e poida ser refrendada por cantos forman parte dela. Do contrario insistimos será a oración dun grupo cristiano, unha oración colectiva ou privada, pero ó fin e ó cabo non aquela que está garantizada pola Igrexa, Corpo e sacramento de Cristo, conforme ó «cursus» (ritmo oracional) do día e da noite, en fidelidade ó mandado de Xesucristo: hai que orar sempre ser desanimarse (cfr. Le 18,1; cfr. 1 Tes 5,17; OGLH 10). A Igrexa, non exclusivamente, pero principalmente, respondeu a tal mandado do seu Mestre «coa Liturxia das Horas, que conforme a antigua tradición cristiana, ten como característica propia a de servir para santifica-lo curso enteiro do día e da noite» (OGLH 10; cfr. SC 83-84). Por iso o que engade a «presentación», a continuación, é de novo sorprendente: < Fixemos algunhas pequenas modificacións que debemos xustificar. Puxemos empeño en incorporar no texto o feminino explícito, porque nos parece que isto nos axuda a recoñecer e valoralo feminino como riqueza na Igrexa e no mundo. Fixemos tamén algunhas pequenas modificacións en textos non bíblicos de expresións, que, ó noso xuizo, nada teñen que ver coa espiritualidade cristiá, especialmente nos responsorios e nalgunhas peticións. Finalmente e, dada a rosa vocación de laicos, quixemos incorporar unha petición máis a cada Hora, de tal xeito que as preces nos expliciten oráis a realidade do mundo que estamos chamados a transformar» (p. 12). Insisto na boa vontade e intención que se reflexa ras palabras de quen escribe. Pero é preciso aclarar algúns principios que xa na Constitución «Sacrosanctum Concilium» quedaron moi claros e que, desgraciadamente, 38 anos despois se descoñecen. Un pregúntase inmediatamente ¿por culpa de quen? Pero, deixemos ¡so e aclaremos: 1. A confección dos libros litúrxicos é cometido exclusivo da Sé Apostólica e os organismos encargados para ¡so polo Papa. Eses organismos son: a Congregación para o culto divino e a disciplina dos sacramentos (para as edicións típicas, en latín) e as Conferencias de Bispos para as linguas vernáculas, co refrendo da Sé Apostólica. 2. Lóxicamente nin xiquera un bispo, por súa conta nin para a súa diócese, pode cambiar nada do texto litúrxico impreso. Moito menos un sacerdote, relixioso ou leigo. 3. Todo cambio que se estimase pastoralmente conveniente no texto escrito nos libros litúrxicos, podería ser suxerido á Conferencia dos bispos e ésta presenta-lo á Sé Apostólica en orden a ser estudiado para cambia-lo ou non. Todo isto dimana de SC 22 e aplicouse e segue a aplicarse escrupulosamente por parte dos organismos da Igrexa, na confección dos libros litúrxicos. Pode comprobarse nos «praenotanda» (introduccións) dos libros ó falar do xeito de confeciona-los, sexa por parte da Congregación do Culto, sexa por parte das Conferencias dos bispos (cfr. CDC, cn. 838). Con isto queda claro -espero- que non cabe facer cambios ras edicións dos libros litúrxicos, orais claro non se pode alterar na imprenta ningún texto oficial. Pero hai nutro problema de fondo no feito apuntado. É o seguirte: ¿A quén pertence o texto ou os textos litúrxicos oficiais? ¿Pode un grupo ou unha persoa privada, coa mellor vontade editar un libro litúrxico? ¿Quen ten que refrenda-la autenticidade eclesial, con plena autoridade, dun libro litúrxico? ¿Pode un grupo de Igrexa ou unha persona privada apropiarse dos textos da Igrexa para edita-los, mesmo facendoo con toda fidelidade ó texto, pero sen consentimento da Igrexa? ¿Cómo se chamaría iso no mundo civil e de fronte o dereito de autores? Todas estas preguntas apuntan a algo que xa expuxemos. So pode edita-los libros litúrxicos con plena autoridade aquel a quen lle pertencen. É dicir: A Santa Sé (os latinos) e as Conferencias dos bispos (a Española para os casteláns) e os bispos galegos, co refrendo da Santa Sé, para os galegos (cfr. CDC, cn 838, 3). Logo queda claro que non é ningún grupo nin persoa privada, por moho celo que teña en rezar, quen pode editar un libro litúrxico. Si pode e quizais debe urxir, reste eido, ós bispos para que o Pagan. Pero, no caso que nos ocupa, xa existe un «Diurnal» e a esixencia da Congregación do Culto de que se prepare a publicación completa de toda a Liturxia das Horas en galego. Ademais, reste feito da edición deste libro «privado», amósase algo oráis significativo e que é digno de ter en corta. Lexos de min o pensar que ha¡ mala vontade ou só un desexo de correxi-la liturxia da Igrexa por alonxada ou non adecuada á realidade. É de alabar o desexo de orar e mesturarse no mundo levando o compromiso do Evanxeo e de Xesucristo ós honres. Pero, se ¡so é verdade, ha de engadirse tamén que Cristo actúa, vive, serte, celebra, cre e esforzase a través do seu Corpo e sacramento que é a Igrexa. Onde non está a Gran Igrexa, tampouco está o Espírito Santo, sobre todo na oración litúrxica. Entendo a Igrexa como o poto de Deus, formado por tódolos bautizados, presidido polos seus pastores, e coa comuñón do Espíritu Santo, que se expresa na comuñón coa Igrexa católica e a misión do seu Mestre, enviado do Pai (SC 41; 42; 47; 26; 28; LG cap. II). Cardo este «sensus Ecclesiae» se da nunha comunidade e ras persoas, respétense as fórmulas litúrxicas como expresivas do ser mistérico (sacramental, memorial e celebrativo) da mesura Igrexa (SC 26; 41-42; LG 42; 83; 2). Esas fórmulas expresan a súa fe e gardan a gran Tradición que nos conecta tos Apóstolos e con Cristo (DV 8; SC 2; 7; 26; 24; 33; 42; 83; 90; OE 1; LG 20-21;). Isto é precisamente o que distingue unha acción litúrxica e, en concreto, a oración litúrxica eclesial doutro tipo de oración, respetable e valiosa, pero non igualable pola súa eficacia «co mesuro título e no mesuro gran» (SC 7). Non se pode esquecer que, en mohos casos, restas fórmulas oracionais que pertencen á eucoloxía litúrxica, van unidos comidos fondos da tradición orarte eclesial, que corren o perigo de perderse polo prurito de cambiar determinados textos. Finalmente os cambios que tratan de xustificar os autores da «presentación> lévanme a destacar clarificando dúas cousas: a primeira, na liturxia o máis importante é o que di e jai Deus, frente ó que pensamos, dicimos e facemos os honres. Na liturxia a iniciativa tena Deus a gracia, o misterio que irrumpe da eternidade no tempo, pola celebración-memorial, que a Igrexa realiza en obediencia ó Kyrios da gloria. Dígoo a propósito da mentalidade que subxace nas expresións: «nos parece», «nos axuda a»; «ó noso xuízo», < quixemos»... (p. 12). Desde o punto de vista antropolóxico non ha¡ nada que dicir, pero na liturxia ha¡ que mirar, primeiro e antes que nada, ó que Deus pensa, di, quera e realiza. E ¡so ha¡ que acepta-lo primeiro desde unha actitude de fe obediente e profunda humildade. Nesta época subxectivista e marcada po-los dereitos humáns, pola autonomía e libertade como imperativos categóricos, tamén nos resulta case natural aplica-lo unívocamente ó eido litúrxico. Pero neste, a primacía tena Deus e a súa gracia, a liturxia é primeiro acción do Pai, Fillo e Espíritu Santo; nela o visible está ordenado ó invisible, o hummano ó divino, a acción á contemplación e o presente á cidade futura que buscamos (cfr. SC 2 ) e que non a construimos nós, entre todos e todas, aquí na tema, todo máis axudamos a que Deus con nós, vais suscitando o desexo de pol-as actitudes que a preparan. Pero só será realidade máis alá da morte, certamente será un don gratuito de Deus, unido ó esforzo dos honres. E a segunda causa é a propósito da adaptación, creatividade e inculturación á que fan referencia os cambios ou modificacións, ós que se retire a «introducción». Xa dixemos que no texto impreso, a adaptación non compete a ningún grupo nin persoa individual. Neste senso, inda que a mohos lle pareza xa superado, é válido 0 que di SC 22, 3: «Polo mesuro, que nadie, anque sexa sacerdote, añada, quite ou cambie causa algunha por iniciativa propia na liturxia». A forza do principio e a superación do inmovilismo e, por tanto a posibilidade e realidade da creatividade, presente xa nos libros litúrxicos, reside na expresión «por iniciativa propia». Está a indicar que a Liturxia non se rexe por criterios de subxectividade (paréceme/nos; ó meu/noso xuízo; creo ou penso/pensamos, Togo actuamos de tal ou cal xeito). Os cambios deben responder a criterios obxectivos, que xurden da naturaleza da mesura liturxia e do ben común e espiritual dos fieis. Pero tales cambios xa sexan de adpatación, por creatividade e, mesuro de inculturación, ou os cambios chamados radicais ou oráis fondos (SC 37-40), deben estudiarse por expertos y despoiss dunha investigación seria (SC 23; 40, 3) as Conferencias dos bispos pódenos propor á Santa Se. Así proceden a Igrexa no campo litúrxico ó longo dos séculos e así o establecen tanto no Concilio Vaticano II (sobre todo SC), nos documentos seguintes da reforma e así aparece aplicado e esixido nos libros litúrxicos, froito da mesura reforma. E polo que se refire a adaptación, creatividade e inculturación hai un documento explicito da Congregación do Culto Divino, a < IV Instrucción para aplicar debidamente a Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium (nn. 37-40), "Varietates legitimae" (Roma 25-I-1994), en castelán "La Liturgia romana y la inculturación"» (Ciudad del Vaticano 1994). Este documento é como a carta magna, en orden os cambios lexítimos e desexables tanto nos libros litúrxicos, como a partir dos mesmos, como daqueles que previamente preparados axudan ós membros dunha comunidade celebrante a participar máis activa e fructuosamente. O que os autores do libro deberían saber é que na adaptación, creatividade e inculturación, en moitos casos lícita e desexable, o primeiro é coñecer as posibilidades que ofrece a OXLH, pero sabendo distinguir ben as competencias: que corresponde as Conferencias dos bispos, ó Bispo da diócese, moderador nato e primeiro da liturxia da súa Igrexa local, ó sacerdote co libro nas máns e que ós distintos ministros e asamblea. Tendo isto claro e sabendo interpretar ben os principios e criterios, todo o que esta Comunidade «xustifica» (sin xustifica-lo) como feito na edición do libro, podería fase-lo con criterio pastoral sano, co libro propio da Igrexa (o Diurnal) nas máns e buscando unha creatividade e adaptación á súa situación, marcada polo amor pastoral ás xentes e o desexo de ofrecer ó Pai o culto en Espíritu e verdade, unido a toda a Igrexa que se extende de Oriente a Occidente. Á fin deste comentario e suxerencias, a propósito deste libro, é preciso dicir que non é un libro que conteña a Liturxia das Horas da Igrexa que vive en Galicia; é máis ben un libro «para-litúrgico> ou unha iniciativa «privada» que se apropia dos textos da Igrexa, pero que por correxi-lo que cre que «non lles serve», deixa de ser da Igrexa para ser o libro dunha Comunidade muy concreta. Seguro que mohos fieis de Galicia e doutras partes, que se senten membros da Católica, cando lean ou sintan algunhas preces de laudes ou vísperas (por por un exemplo), engadidas pola Comunidade Moraima, non podarán dicir no profundo do seu corazón o «amén» que desexarían, porque alí non descubren o verdadeiro espirito e senso da Igrexa enteira, na súa oración litúrxica. É ben coñecido a quen estudia a eucoloxía litúrxica dos libros oráis antiguos da Liturxia romana (Sacramentarlo Veronense, Gelasiano, etc.) e análogamente os recollidos pola Igrexa no Misal actual e outros libros litúrxicos, que nas oracións da Igrexa ten prevalencia o misterio de Cristo, que se concreta na comunidade eclesial celebrante, pero prescindindo sustancialmente das vicisitudes e alternancias puntuais da comunidade. A algún puidera resultarlle estrano. Podería acusar a esta eucoloxia de falta de encarnación e compromiso co mundo no que vive. Nada oráis falso, ¡so está presente na memoria e no corazón de asamblea e ministros, forma parte da vida que ven á celebración, preséntase ó Señor nos intres e espacios adecuados (silencios, homilía, oración < no segredo» do corazón, monicións, comentarios), pero o que aparece nas oracións eucolóxicas da Eucaristía sobre todo (o escrito nos libros) é o que di referencia á Igrexa enteira, extendida de Oriente a Occidente, o que pode e é rubricado polo «amén» de tódolos membros do pobo de Deus, en comuñón co Bispo de Roma e os bispos de todo o mundo en comuñón con él. Só, en contadas ocasións, se pode entrever a través dos textos eucolóxicos dirixidos ó Pai, por Cristo, no Espirito Santo a preocupación fonda que suxace nunha comunidade por motivos graves e puntuais (perigo de invasión do inimigo, persecución, perigo de guerra, etc.). Nunha época na que os textos compúñaos o que presidía (referímonos ó IV- V século) é importante destacar a dificultade de identificar ós autores, precisamente porque, cundo compuñan os textos litúrxicos, o seu < eu», o seu «creo», «penso», «actúo» sometíase gozosa e fielmente ó «sensus Ecclesiae», á comuñón creada polo Espirito Santo entre tódolos que polo Bautismo eran un en Cristo e, polo mesuro Espirito, sentían e pensaban o mesuro. Dito isto, non deixo de recoñecer neste libro o desexo fondo de mohos cristiáns de alimenta-la súa fe coa Palabra de Deus e a oración litúrxica de Igrexa, para poder contribuir á nova evanxelización. Anque ¡le pureza lento o camiño, a historia da reforma litúrxica amosa cómo mohos intentos de reforma sincera non chegaron a porto precisamente polas impaciencias e desexo de chegar < a toda costa». O exemplo máis claro foi o do Sínodo de Pistoia. Monas das cousas pedidas enton eran xustas e sinceras, pero era preciso saber ter prudencia no xeito de face-las cousas. Polo que se refine á Liturxia das Horas en galego contamos co suficinte neste momento, para os leigos. Temos o Diurnal. É asequible no precio e responde as aspiracións das comunidades eclesiais que viven en Galicia. Se é preciso ofrecer < porcións» desta liturxia, máis manexables (folletos con laudes só, vísperas só, a hora intermedia só, etc.), pídaselle os bispos que fugan estas edicións; pídase a súa autorización e aprobación para editar estas «porcións». Logo cos libros, segundo a edición da Igrexa, caben máis adaptacións e creatividade, tamén segundo o que determinan os prenotandos dos libros litúrxicos correspondentes. E unha última cousa, por favor á Liturxia das Horas da Igrexa que vive en Galicia, non deben pórselle «adxetivos» innecesarios, que a fan non da Igrexa, senón dun grupo particular. Nese senso o subtítulo do libro «Contemplativos na liberación» xa idealoxiza esta oración. ¿Pode se-lo libro dos que son contemplativos na libertade? ¿Pode se-la oración de aqueles a quen o término liberación lle trae resonancias persoáis e comunitarias enfrentadas coa Igrexa de Xesús Cristo? ¿Rezarían os mesmos cun libro nas máns que puxera «contemplativos na revolución» ou «contemplativos na cruzada»? A oración da Igrexa inclúe a todos en tódalas posibles instancias, por ¡so non se pode «privatizan» nin restrinxir. Por iso o libro da Liturxia das Horas da Igrexa non precisa nin lle convén subtítulos que, daigún xeito, «'deoloxicen' un comido que non é ideoloxía, senón 'leitourgia'»: celebración trinitaria e do honre, en comuñón con toda a humanidade, desde a redención de Cristo, momo, resucitado e glorificado sobre toda a creación, en camiño cara «os ceos novos e a tema nova». A liturxia só admite os calificativos que xurden da súa mesura natureza e nunca son restrictivos. Dentre eles destacamos estas: é de Cristo, inserta no seo da Trinidade, é da Igrexa e para a salvación de tódolos honres. Ramiro González
V. PÉREZ PRIETO, A Romaxe de crentes galegos O libro sustancialmente recolle os textos das 20 romaxes organizadas por un grupo de persoas que se autodefinen como crentes-galegos. Conocíamos sustancialmente o contido e «ideoloxía» que alimenta os textos e obxectivos previamente trazados por quen idearon e levaron a cabo tales manifestacións relixiosas e folklóricas. O autor do libro amplía minuciosamente os datos tanto relativos os textos, como á súa execución, preparativos, deficiencias e éxitos. É a segunda parte do libro. Na primeira fai a súa interpretación de tales manifestacións, que desde o punto de mira antropolóxico, cultural, folklórico e sociolóxico supón valores. Desde o punto de mira litúrxico o xuízo que cremos debe facerse de tal libro é o que fixemos fai anos xa, no Boletín Oficial del Obispado de Orense (1988) septiembre, pp. 518-529 e que, máis tarde asumiu o Secretariado Nacional de Liturxia como resposta ó feito, que se daba en Galicia e que pode verse na revista Pastoral litúrgica 191-192 (1990) 34-47, órgano oficial do Secretariado Nacional. O autor do libro parece descoñece-la publicación de tal resposta na citada revista. Por outra parte, o libro ofrecendo máis textos (moitos deles asombrosamente pobres, inadecuados ó estilo celebrativo, e non en moitos aspectos lamentables) e datos que naquel intre non se coñecían (por escrito), non supón nada que cambie o sustancial dos feitos e a ideoloxía que os impulsa. Ben é verdade que no estilo e xeito de presenta-los o autor parece haber asimilado aspectos da Liturxia da Igrexa, que antes non aceptaba. Digamos tamén que o seu estilo nas formas que non na tese de fondo ten apariencia de máis moderado e, nas palabras, quere amosarse máis «conciliador». Sentimos profundamente que o fenómeno das «romaxe de crentes galegos», tal como se presenta nos seus textos, e sobre todo coa Eucaristía, é moi difícil poder encuadra-lo no xenuíno concepto de Liturxia e moito menos da Gran Igrexa. Trátase como moito dun feito «relixioso» de naturaleza moi complexa e ambigua. Ramiro González |