Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago

Retroceder        Continuar

6. CARTA PASTORAL DEL DÍA DEL DOMUND. OCTUBRE.2001

TEXTO CASTELLANO

Hace sesenta y cinco años el Papa Pío XI instituía la Jornada del Domund. Desde entonces esta Jornada Misionera Mundial es una ocasión propicia para recordarnos que «la misión atañe a todos los cristianos, a todas las Diócesis y parroquias, a las instituciones y asociaciones eclesiales» (RMi 2). Este año orienta nuestra reflexión y motiva nuestro compromiso cristiano el lema:«Misioneros, comprometidos por un mundo mejor».

Iglesia para la misión

Como bautizados en Cristo formamos parte de la Iglesia que existe para la misión y no se puede replegar sobre sí misma pues tiene conciencia de que aunque parezca un pequeño rebaño, «sin embargo es un germen muy seguro de unidad, de esperanza y de salvación para todo el género humano, Cristo hizo de él una comunión de vida, de amor y de unidad, lo asume como instrumento de redención universal y lo envía a todo el universo como luz del mundo y sal de la tierra (cfr. Mt 5, 13-16)» (LG 9). La Iglesia en cuanto comunidad de salvación en Cristo y comunidad inserta en la historia entre la ascensión y la venida gloriosa está llamada toda ella a ser misionera, a cumplir el mandato del Señor. El dinamismo misionero es manifestación y realización del plan de Dios en el mundo y en la historia, y por medio de esta actividad eclesial se realiza abiertamente la historia de la salvación, prolongando en el tiempo el mensaje se Jesús.

En este nuevo milenio «abierto a la luz de Cristo», la Iglesia no puede sustraerse a la actividad misionera hacia los pueblos, siendo una tarea prioritaria anunciar a Cristo, «Camino, Verdad y Vida», «Hijo de Dios, Señor y único Salvador, que en su evento de encarnación, muerte y resurrección ha llevado a cumplimiento la historia de la salvación que tiene en él su plenitud y su centro» (Declaración Dominus lesus 13). Este compromiso hace que nuestra fe se robustezca, evitando la languidez y el enmohecimiento de la misma, pues « la misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola!» (RM 2).

Los laicos y la actividad misionera

Nuestra peregrinación en el quehacer de la vida de cada día conforme a la vocación a la que el Señor nos ha llamado, ha de ser una «manifestación de fe». Un subrayado especial quiero hacer en el compromiso de los fieles laicos en la actividad misionera de llevar el Evangelio a cuantos desconocen a Cristo en nuestro propio contexto sociocultural. « La misión es de todo el pueblo de Dios: aunque la fundación de una nueva Iglesia requiere la Eucaristía, y consiguientemente, el ministerio sacerdotal, sin embargo la misión, que se desarrolla de diversas formas, es tarea de todos los fieles» (RMi 7 1). Todos estamos llamados a ir a trabajar en la viña del Señor, saliendo del desinterés y de la indiferencia porque todos somos responsables del don de la fe que hemos recibido. Esta colaboración no es cuestión de eficacia sino un deber y derecho fundamentado en el bautismo. Todo laico cristiano debe ser portador del mensaje divino de salvación para que Jesucristo sea conocido. «Los hombres de nuestro tiempo, quizás, no siempre conscientes, piden a los creyentes de hoy no sólo hablar de Cristo, sino en cierto modo hacérselo ver. ¿Y no es quizá cometido de la Iglesia reflejar la luz de Cristo en cada época de la historia y hacer resplandecer también su rostro ante las generaciones del nuevo milenio?» (NMI 16).

La caridad y la misión

El proceso de descristianización que está padeciendo nuestra sociedad hace urgente esa preocupación misionera en todos los que formamos esta Iglesia diocesana. Hay que hablar de una misión también necesaria para nuestras comunidades parroquiales. La fe está disminuyendo entre nosotros de forma que el ámbito de la misión está entre nosotros. Es urgente crear comunidades de cristianos en medio de una sociedad de bautizados, reavivando la fe y el bautismo olvidado. «La vocación cristiana es por su naturaleza vocación al apostolado» (AA 2). De aquí surge la necesidad de fieles laicos misioneros que den signos de esperanza cristiana en su atención a los pobres, a los marginados, a los que sufren, con su trabajo por la paz, la justicia y los derechos humanos, y con su preocupación por el desarrollo integral de la persona, ofreciéndonos un testimonio claro del Evangelio. «Las obras de caridad son las que atestiguan el espíritu de toda actividad misionera: El amor que es y sigue siendo la fuerza de la misión, y es también el único criterio
según el cual todo debe hacerse, cambiarse y no cambiarse. Es el principio que debe dirigir toda acción y el fin al que debe tender. Actuando con caridad e inspirados por la caridad, nada es disconforme y todo es bueno» (RMi 60d). La caridad es siempre fuente y criterio de toda actividad misionera y nos ayuda a construir un mundo mejor.

Exhortación final

También en esta Jornada consideremos las necesidades de los misioneros y misioneras, sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos, que como dice el Papa, «han hecho de la misión de anunciar a Cristo a todos los pueblos, de fundar comunidades y hacer crecer la Iglesia hasta su completa madurez la razón de su existencia», respondiendo con la oración y con nuestra aportación económica. Demos gracias a Dios por las maravillas que ha realizado por nosotros, mirando adelante con fe y esperanza.

Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,

> Julián Barrio barrio

Arzobispo de Santiago de Compostela