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Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago |
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BIBLIOGRAFÍAEl Departamento de Latín y Griego de la Universidad de Santiago de Compostela ha querido plasmar en un libro su homenaje al Catedrático emérito de Filología Latina Dr. D. Manuel C. Díaz y Díaz. El volumen, de casi setecientas páginas, recoge cuarenta y siete colaboraciones, debidas, todas ellas, a alumnas y alumnos del citado Profesor. Don Manuel Díaz, nacido en Mugardos, tiene un hermano Sacerdote, miembro del Presbiterio Diocesano, ejerciendo, desde hace muchos años, su apostolado en Solivia, concretamente en la diócesis de Potosí. Él, por su parte, ha consagrado una buena parte de su actividad investigadora al hecho jacobeo y a la literatura suscitada por el culto y la peregrinación al santuario apostólico. Forma parte, además, del consejo de redacción, en la sección de Estudios Jacobeos, de «Compostellanum». Serían éstos suficientes méritos para que nos hagamos eco en estas páginas del libro-homenaje; pero, por otra parte, en esta obra hay una docena de trabajos que tienen que ver con Compostela o con temas religiosos, que nos mueven a hacer una reseña breve de ellos. La obra se divide en cuatro partes: Filología Griega, Filología Latina-Latín Clásico, Filología Latina-Latín Medieval y Varia. Es en estas dos últimas secciones donde encontramos los artículos que requieren mención en el BOA. No vamos a hacer, prácticamente, más que la referencia bibliográfica, para que el lector que esté interesado vea la manera de leer esas aportaciones. La primera de ellas, del profesor lisboeta Paulo F. Alberto, se titula «Venancio Fortunato en la Hispania visigótica». Los «Carmina» de este poeta están documentados en España en el siglo VII y se puede probar la relación epistolar de Venancio con los ambientes intelectuales del Noroeste peninsular. Aunque no hubiera leído directamente las obras de Fortunato, se advierte su influencia en Eugenio de Toledo. Versos de Fortunato están presentes en la Hispania visigótica. Sin duda Eugenio conoció el poema dedicado al abad de Asan. José Miguel Andrade Cernadas se ocupa de «Algunos apuntes sobre la Vita Rudesindi y los documentos del Tumbo de Celanova». La vida de San Rosendo fue escrita por el monje celanovense Ordoño antes de 1172, y el scriptorium del mencionado monasterio acomete en el mismo siglo XII la tarea de transcripción de documentos y la elaboración de proyectos cartoriales que darían lugar al Tumbo o Cartulario de Celanova. El autor de la colaboración se propone investigar la relación existente entre ambas fuentes, la hagiográfico-literaria y la documental. Hace una feliz hipótesis sobre la personalidad del abad Pedro González, a quien la infanta Elvira sitúa al frente del monasterio celanovense, después de imponer el abandono del cenobio a su rector Pelayo I. La coordinadora de la obra en homenaje al profesor Díaz, Manuela Domínguez, escribe sobre Baquiario, monje que fue acusado de priscilianista y, según la profesora Domínguez, posiblemente lo fue en algún momento, o, cuando menos, simpatizante. Tal presunción le obligó a exiliarse durante algún tiempo, y una de las cuatro obras que se le atribuyen, el «Libellus de fide», parece una profesión de fe para demostrar que es contrario a la desviación doctrinal que se le atribuye. Vive entre los siglos IV y V y es, con Egeria, uno de los monjes viajeros, que nos informan de los contactos antre Galicia, África y el Oriente Medio. Se le supone natural de la Gallaecia; pero se sabe muy poco de él. No sólo le atribuyen naturaleza gallega, sino que algunos lo hacen irlandés. Algunos lo identifican con el Peregrinus, que editó los «Cánones» de Prisciliano. Su «Epístula ad lanuarium» nos enseña cómo debe comportarse una comunidad ante un miembro suyo caído en pecado. Y su «Cena Cipriani» es, como escribe la profesora Domínguez, un tratado humorístico, atacando a Juliano el Apóstata. El latinista y catedrático de la materia en el Instituto Arzobispo Gelmírez», de tan grato recuerdo para quien escribe este comentario, nos habla del «Líber Regularum» y del «Codex Regularum», dos obras normativas del monacato prebenedictino. El profesor Freiré Camaniel, que es el autor de este trabajo, un verdadero experto en documentos monacales, no habla de estas obras, de sus semejanzas y diferencias. Analiza las opiniones de los más significados estudiosos de la materia, como Díaz, Linage y Pérez de Urbel. Su opinión es que el «Codex Regularum» es el compendio de las Reglas de los Santos Padres, cuyo contenido debía conocer el que era elegido abad de un monasterio, a quien, sobre tal fundamento de preparación, el obispo entregaba el «Liber Regularum» en el día de su bendición como abad, para que le sirviera de pauta en el gobierno de la comunidad. Fernando González Muñoz escribe acerca del conocimiento del Corán por parte de los mozárabes españoles. Llega a la conclusión de que no existía mucha familiaridad de los polemistas mozárabes con el libro fundamental del Islamismo, si hacemos excepción de Paulo Álbaro, en el que pueden hallarse ciertos indicios de acercamiento a los contenidos, al menos a algunos, de la obra atribuida a Mahoma. lacobus de Benedeto escribió el «Viridiarium consolationis», una obra que no fue impresa hasta 1880, en la que se contienen sentencias de muchos autores. Uno de los que más veces son citados, un total de 75, es S. Isidoro. Pero hay otras sentencias isidorianas que no aparecen bajo el nombre de Isidoro, con lo que es el obispo hispalense el que se lleva la palma en esta obra. María Elisa Lage Cotos se pronuncia por conciencia del parentesco temático entre las «Sentencias» de S. Isidoro y el «Viridiarium». De la mano de Antonio Linage Conde nos acercamos a la tarea de recuperación del canto gregoriano, el popular eclesiástico de la Edad Media, en los siglos XIX y XX, fundamentalmente por obra de monjes benedictinos. No faltaron discordias en esta materia, como la que se dio entre los ecualistas, que defendían el ritmo libre, y los mensuralistas, partidarios del ritmo medio. Con cierto deje de tristeza constata el profesor Linage, y compartimos su sentimiento, que el Gregoriano ha pasado a ser hoy «una curiosidad estimada en las discotecas». Dos investigadores, María Cruz Herrero y Enrique Montero Cartelle, han intentado descubrir las fuentes médicas del «Líber Sancti lacobi», información de los enfermos de las más diversas dolencias que acudían en peregrinación a Compostela en busca de curación. Están convencidos de que no hubo una fuente de información única en esa lista de enfermedades y de remedios. Es verdad que se hace referencia a un tal Tullius, que los profesores citados sospechan que es confusión con Plinius o con Rufus, sin que se pueda llegar una conclusión. Lo que es cierto es que el autor tenía conocimiento de obras de autores de la Escuela de Salermo. El catedrático de la Universidad de Vigo Celso Rodríguez Fernández estudia detalladamente el himno «Ave verum», que viene a ser como una confesión de fe agradecida en la Eucarustía con una introducción, un cuerpo con los argumentos probativos de la fe en la presencia de Cristo en su don eucarístico y de un final como aspiración e invitación a tomar parte en el sacrificio y en el sacramento eucarísticos. Al análisis teológico se añade un profundo estudio de la medida poética y rítmica. El autor nos llama la atención sobre la presencia de María en los versos, lo que le lleva a calificar la composición, con acierto, como un himno eucarístico-mariano. María Dolores Verdejo Sánchez, tomando como base de su estudio el libro de Job, busca las glosas tomadas de la Vetus Latina, la versión, o versiones, de la Biblia al Latín anteriores a S. Jerónimo, en el Texto latino de éste en manuscritos españoles. Un fenómeno que no es extraño, ya que la circulación simultánea de ambas versiones produjo no pocos fenómenos de mezcla, especialmente fáciles por la memorización de la Sagrada Escritura en aquellos tiempos. Mercedes Brea se centra en uno de los milagros atribuidos al apóstol Santiago en el Códice Calixtino. Nos habla la profesora compostelana de la costumbre que existía en el siglo XII de hacer listas de hechos extraordinarios para prestigiar los santuarios. El que ella somete a análisis es el decimoséptimo, uno de los tres cuyo relato se atribuye a S. Anselmo de Canterbury. Es el del peregrino engañado por el Diablo, del que la Virgen libera al romero jacobita. Pero la profesora Brea, al mismo tiempo, pone de manifiesto cierto aire de contrapropaganda del culto al Apóstol en algunas cantigas de Alfonso el Sabio. Por último, el equipo formado por los profesores García Oro, García Piñeiro, Oro Trigo, Pardo Gómez y Vilariño Pintos escriben acerca de la promoción bíblica llevada a cabo desde Alcalá de Henares por iniciativa del Cardenal Cisneros, el docto franciscano que no había estudiado intensamente la Biblia, porque su formación había sido sobre todo jurídica. Fruto de este interés por la Sagrada Escritura son la Biblia Políglota Complutense, un monumento literario de alto grado, y el Bienio Bíblico incluido en el programa complutense de estudios. Como estímulos de Cisneros hay que poner su convicción de la importancia fundamental de la Biblia para el cristiano, su contacto con judíos hebraístas, su apostolado ante los falsamente conversos y el deseo de dotar a la Iglesia de un instrumento de categoría para la defensa de la fe cristiana. Cisneros viene a ser por todo esto el pionero bíblico en España, y sus hermanos, los Frailes Menores, los asiduos lectores de la Biblia, con una programación para el recorrido continuo de las páginas sagradas a lo largo del año. Es de agradecer que haya en un libro de esta índole tantas referencias a temas de interés religiosos y, en algunos también, jacobeo. No hay que olvidarse de la noticia bibliográfica que la profesora Domínguez hace del maestro de todos, incluso de los que no hemos pasado por su aula, del Catedrático Díaz. A él tiene que llenarle de satisfacción esta dedicación de sus discípulos, que han aportado verdaderos, a pesar de su brevedad, nuevos caminos para el acercamiento a personajes y obras clásicas de antaño. La misma consideración que merecen lo artículos comentados hay que extenderla a otros que, por su temática, no tiene cabida en estas páginas. Por nuestra parte, una entrañable enhorabuena al profesor Díaz y Díaz. J.P.L. TRIBUNAL DE LA ARCHIDIÓCESIS DE SANTIAGO DE COMPOSTELA. Nulidad de matrimonio. Sentencia publicada en Colectánea de Jurisprudencia canónica. Universidad Pontificia de SALAMANCA, 2001.
Una vez más la revista de la Facultad de
Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que se
recogen las sentencias más relevantes por su contenido legal, acaba de
publicar una del Tribunal compostelano, de la que es ponente el Vicario
Judicial santiagués, limo. Sr. D. Manuel Calvo Tojo. Hay dos afirmaciones fundamentales en esta sentencia: la primera de ellas es ésta: «el matrimonio que nace nulo no se convierte en válido en virtud de prescripción por el transcurso del tiempo»; y la segunda suena de este modo: «la validez-nulidad del matrimonio es algo objetivo, independiente de quien y de cuando postule la declaración de nulidad». Un fundamento básico es la declaración de quien fue médico de cabecera del esposo fallecido, del que dice que era un débil mental, acompañado siempre por una o dos de sus hermanas. Respecto de las precarias condiciones físicas del individuo, los informes del médico de cabecera coinciden con los del Hospital de Lugo, lo que viene a respaldar la supuesta veracidad de la información sobre el estado psíquico del difunto en el momento de contraer matrimonio. El Juez compostelano estudia pormenorizadamente la debilidad mental en general, apelando a las obras de destacados psiquiatras, como Vallejo Nájera, Fernández Alonso y Ayuso-Salvador. Y, bajando al caso de este proceso, en el que, si bien no concreta, el médico que lo trató el coeficiente intelectual del individuo, escribe que parecía no superar la capacidad de un chico de diez o doce años. El ponente toma también en consideración el hecho de que hasta los cuarenta y siete años, edad a la que contrajo matrimonio, no hubiera tenido ninguna relación femenina. En consecuencia, escribe el Dr. Calvo Tojo: «de tal matrimonio no hubo más que la inscripción en los Registros civil y eclesiástico. Pero los asientos regístrales no hacen más que crear la publicidad del auto jurídico; pero jamás pueden validar la nulidad radical del acto inscrito. Por todo lo cual confirma la sentencia del Tribunal de Lugo "en cuanto declara la nulidad del matrimonio V-M"». J.P.L. LA GRANDE OBRA DE ATOCHA. Abriendo caminos. A CORUÑA, 2002 Ese título de «Abriendo caminos» es el que lleva la revista informativa de La Grande Obra de Atocha, la fundación del venerable canónigo D. Baltasar Pardal Vidal, cuyo proceso de canonización está en marcha. Esta publicación quiere ser también el medio de comunicación ordinario de la Asociación Baltasar Pardal, que ahora nace y tiene sus puertas abiertas a todo el que desee colaborar en la promoción del proceso canónico y del conocimiento de la figura y de la obra del canónigo Pardal. Este primer número, con sus doscientas páginas, es un recorrido literario y gráfico por la historia de La Grande Obra. Han querido aportar trabajos para este libro el Presidente de la Xunta de Galicia; el de la Excma. Diputación Provincial, institución editora de la obra; el Sr. Arzobispo y la Directora General del Instituto Secular de las Hijas de la Natividad de María. El contenido es muy amplio, como lo demuestra el índice del libro, que comprende los siguientes epígrafes: reseña bibliográfica (la biografía del fundador y su proceso de canonización). Siguen luego seis puntos sobre la personalidad de D. Baltasar: gran niño; grandes necesidades; querer es poder; grandes remedios; su cercanía humana y entrega total. De su espíritu se destaca su fe en la Providencia, su amor a los niños y a los pobres; su poder de convocatoria y organización; y la delantera que tomó en orden a la formación de la mujer. La historia de la Grande Obra en sus hitos goza de aportaciones literarias y fotográficas. Y, como colofón, el eslogan de la fundación: felicidad y alegría. Han colaborado en este número las Sitas, de La Grande Obra Celsa Boquete, Mabel Entonado, Mercedes Gómez, Rita Mosteiro, Carmen Quiñoy, Flora Rodríguez y Pastora Vega; las antiguas alumnas Pilar Cañas, profesional de radio; Marisa Prado, María Carmen Ramos, Lara Rodríguez y Maryly Vega, algunas de ellas profesoras del colegio. También miembros del APA; como D. José Manuel Álvarez. Y los antiguos alumnos y hoy profesores Sres. D. Manuel Barral y D. Juan Seijo. Por último, los antiguos alumnos D. Gerardo Mateo y D. Antonio Rey. Con ellos, el profesor D. Benito Sáez. J.P.L. |