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Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago |
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BIBLIOGRAFÍAJUAN FILGUEIRAS FERNÁNDEZ. Moral Social y Comunitaria. SANTIAGO DE COMPOSTELA, 2002 El profesor D. Juan Luis Filgueiras Fernández, titular de Teología Moral en el Instituto Teológico Compostelano, acaba de publicare! tercer volumen de su obra sobre la materia que enseña y sobre la que investiga. Antes habían salido dos tomos, uno sobre el amor como base de la mora! cristiana, y otro acerca del respeto a la vida. E! tercero, que cierra el ciclo, se ocupa de la Moral Social y Comunitaria. Este libro se enmarca en la colección «Collectanea Scientifica Compostellana», que hace años creó el Instituto Teológico santiagués. El nuevo volumen preparado por el profesor Filgueiras se divide en cinco partes, que tratan, sucesivamente, de los fundamentos de la Mora! Social; la Moral Social y los Derechos Humanos; Moral Social y Economía; Moral Social y Relaciones Laborales y Moral Social y Relaciones Comunitarias. Bastarían estos epígrafes para poner de manifiesto la importancia teórica y práctica de la nueva obra teológica del canónigo y docente de nuestro Instituto Teológico. Como el lector sabe, el estudio que ahora ve la luz en forma de libro viene respaldado por las selectas fuentes en las que bebe el autor, tanto de figuras relevantes que se han ocupado en tiempos recientes o vienen haciéndolo aún ahora de esta materia moral, como, lo que debe subrayarse, en los documentos pontificios, referencia obligada, al lado y como complemento de la Sagrada Escritura, de cualquier disertación teológica. Por otra parte, es obra de madurez, sin que esa experiencia obste al cumplimiento de nuestro deseo de magisterio ampliado en el futuro. La enseñanza sugiere matizaciones y cauces expositivos para hacer más asequible a las alumnas y los alumnos los contenidos del libro. Cualquiera de nuestros lectores sabe que la exposición y enseñanza de la Teología Moral ha evolucionado mucho, al menos desde mediados del siglo pasado. De la casuística se ha pasado a la Moral de los principios, con lo que el ciudadano, porque es tos libros no se han hecho sólo para alumnos/as de Teología Moral, sino para todos los cristianos, ansiosos, como debe estarlo cada uno de los creyentes, de conocer mejor los requerimientos de la fe en el orden de la praxis. El autor, formado ya en el mundo de estas nuevas corrientes y en la más famosa Facultad de la Iglesia en Teología Moral, captó y pone en práctica las más novedosas orientaciones. Se aprecia un singular afecto por los estudios del gran maestro, ya fallecido, y al que el Dr. Filgueiras dedicó un trabajo conmemorativo, P. Haring. Arranca este libro con el capítulo dedicado a la Doctrina Social de la Iglesia, un apartado en el que analiza un concepto y una realidad tan de nuestros días, como es el de la globalización, para llevamos a una aproximación definitoria de la Moral Social como la que «trata de los actos sociales del hombre en cuanto conciernen a la glorificación temporal de Dios, al bien común de la Sociedad y al bien temporal y eterno del ser humano». Complemento de este capítulo es la acertada síntesis que nos hace de los últimos documentos sociales del Magisterio, un total de once, lista que cierra la «Centesimus annus», de S.S. Juan Pablo II. Tres capítulos configuran la segunda parte. El primero de ellos se ocupa de los derechos humanos, con explícita referencia al sustrato bíblico acerca de la igual dignidad de todos los seres humanos y la relación de las diversas declaraciones de los citados derechos. El capítulo segundo de esta parte trata de la propiedad privada, un derecho fundamental secundario, sobre el que nos ofrece unos criterios irrenunciables para su ejercicio y respeto. En el siguiente habla de un tema tan evangélico y conciliar como es el de la opción preferencial por los pobres, postura que examina bajo tres claves: la solidaridad, la justicia y la comunión. Dos capítulos comprende la tercera parte. El primero de ellos, partiendo de la doctrina del Concilio Vaticano II sobre el desarrollo económico, sale al paso de los criterios meramente económicos, tantas veces convertidos en norma única, para decimos que ningún desarrollo es válido si no tiene como objetivo fundamental al hombre, a cuyo servicio ha de estar en todo momento la Economía. Completa esta parte el examen, a la luz de la Moral cristiana, de los grandes sistemas económicos de nuestra historia reciente: Liberalismo, Capitalismo, Socialismo y Marxismo. Trabajo y relaciones laborales sirven de título general a la cuarta parte del libro. En el primer capítulo se habla de la vertiente humana de la actividad laboral, que ha de tener como meta primera la realización de la persona en la comunidad en la que vive. En la consideración general sobre el trabajo en la vida de cada uno de los hombres, se de tiene en tres tipos especiales de trabajadores: agricultores, emigrantes y minusválidos. Mención especial exige el apartado en el que se ofrecen las perspectivas teóricas sobre el trabajo como título de propiedad. Un capítulo se dedica al fenómeno del paro, hecho tan doloroso, sobre el cual ofrece el autor alternativas posibles y la actitud ante esa lacra. A continuación habla de la empresa y de los modos de integración, cada vez más necesaria, del trabajador en el seno de la misma, con el fin de reconocer prácticamente lo que la empresa debe a los que trabajan en ella y la humanización de las relaciones entre empresario y productor. El capítulo cuarto y último de esta parte se ocupa de la huelga, de la que nos ofrece su historia y las clases de huelga y la moralidad de la misma, condicionada por una serie de requisitos que el Dr. Filgueiras enumera y explica. Llegamos al final del libro, en el que se habla de la Moral Social y las Relaciones Comunitarias. El capítulo primero trata de la Política como servicio al ciudadano y a la comunidad. La postura del hombre creyente ante su deber político y su actitud ante los políticos viene determinada por la posición adoptada por Jesús, que hubo de definirse acerca de la dialéctica de su tiempo entre fidelidad al Judaísmo y sometimiento político al Imperio Romano. La responsabilidad política activa de algunos ciudadanos es in dispensable para la sociedad; pero el servicio altruista a ésta ha de ser criterio básico en cada uno de los que sientan esa vocación de servicio. El capítulo siguiente nos informa sobre la Moral en las relaciones entre comunidades Políticas, la Moral Internacional, con dos consideraciones relevantes, una sobre la guerra y otra sobre la globalización. A la familia, célula básica de la sociedad, se consagra el tercer capítulo. En él se in forma sobre la creación de la unidad familiar y la debida preparación de los cónyuges, sobre los derechos de la familia, la protección que debe recibir del Estado y las situaciones familiares especiales, a las que es preciso atender para que no se rompa la unidad establecida en la constitución de cada familia y no se deterioren los objetivos que ella ha de marcarse en consonancia con la fe. Ese reto, tan actual, de la Ecología, es el último punto del que se ocupa el libro del Dr. Filgueiras. Es un movimiento que se presenta muchas veces como un descubrimiento de nuestros días, y que, sin embargo, tiene sus raíces en la Sagrada Escritura. Al estudio de los delitos contra la armonía del Universo y los que deben considerarse como pecados ecológicos sigue la contemplación de la Naturaleza como un bien premoral, un valor ético-moral y un lugar de realización humano-social. Creemos que este recorrido por el libro del Dr. Filgueiras debe ser suficiente para que el lector de la recensión advierta la importancia de la obra y su actualidad viva. Pero, antes de terminar, es obligado poner de manifiesto la esquematización de cada uno de los capítulos, con un rigor pedagógico innegable, y el acierto de cerrar cada uno de ellos con una consideración moral, que ofrece al lector en forma sintética cuál ha de ser su postura correcta, desde el punto de vista de la fe, en cada caso. Nuestra felicitación va acompañada de la obligada gratitud. J.P.L. SEGUNDO L. PÉREZ LÓPEZ (ed.). Pilar Silva: cristiana para el siglo XXI. AS PONTES, 2002 Cinco años después de la publicación de un libro con el mismo título, la acogida que se dispensó a la obra ha hecho necesaria una segunda edición, enriquecida ahora con nuevos escritos de la protagonista. Recordamos a los lectores que lo fue una mujer sencilla de As Pontes, la población tradicionalmente conocida como Puentes de García Rodríguez, que vivió toda su existencia para Dios y para el prójimo, buscando en éste, como nos lo recomienda el Evangelio, la imagen divina. El interés suscitado por la primera noticia acerca de Pilar Silva llevó al editor a preparar la nueva edición con la mirada puesta en las personas de fuera de Galicia. Así lo escribe el Dr. Segundo Leonardo Pérez López, Director del Instituto Teológico Compostelano, que fue Párroco de As Pontes y director espiritual de la protagonista de la obra. Ahora va en castellano todo lo que no fue escrito en gallego por Pilar. Por esa razón el Dr. Segundo Pérez puede ofrecemos unas claves orientadoras para el acercamiento a los escritos y la espiritualidad de Pilar Silva. Escribió Pilar unas no tas autobiográficas, porque la dolencia reumática que la aquejaba sugirió a los médicos que le aconsejaran el ejercicio con las manos, y alguien, con muy buen criterio, le recomendó que escribiera precisamente unas notas sobre su existencia. Otros escritos son meramente ocasionales, producto del impulso del corazón en circunstancias con cretas que hicieron mella en su alma. Sus datos autobiográficos completan el perfil que trazó su hermano Francisco. La que podemos llamar obra literario-espiritual de Pilar comprende cuatro apartados: autobiografía, memoria de vida, poemas y otras narraciones, y otros escritos. En total de 280 páginas, seis séptimas partes del libro promovido por el Dr. Pérez López, al que pone prólogo Mons. Gea, Obispo de Mondoñedo- Ferrol, la diócesis de Pilar. Pilar Silva nació en 1926 y falleció en 1995. Profesionalmente ejerció como telefonista en la empresa más representativa de su localidad natal. Cuando tenía sólo siete años, falleció su madre, y ella hubo de ocuparse, ayudada de su padre, de la marcha de la casa, en la que quedaban otros tres hermanos, menores que ella. María Luisa se haría carmelita en Tarragona. En su mismo hogar tuvo, sin buscarla, la escuela que la formaría para el desempeño de dos actividades unidas por un mismo motivo, el de la fraternidad, desplegadas en favor de los niños y de los ancianos. En sus años de madurez, cuando la jubilación laboral podía ofrecerle más tiempo para consagrarlo a sus inquietudes espirituales y apostólicas, se encontró con una tarea absorbente, la atención a seis ancianos, su padre y sus tías. Sin embargo, supo sacar tiempo para la acción solidaria, en la Acción Católica, el Catecismo o cualquier otro requerimiento venido de fuera a su conciencia de mujer comprometida en aras de la caridad. Tiene razón Mons. Gea, cuando escribe que el conocimiento de su vida ha de hacer mucho bien a todo tipo de personas, especial mente a las más jóvenes, una característica de ejemplaridad que también destaca al editor del libro. J.P.L. JOSÉ ANTONIO LÓPEZ CASTRO. Unha ermida esquencida. CURTIS, 2002 Aunque este librito, de 64 páginas, no se ha editado con fines venables, merece ser recordado en esta publicación por dos razones: por ser obra de un sacerdote diocesano y por tratar de un tema que afecta a una parroquia de la Diócesis, sita en el arciprestazgo de Sobrado dos Monxes. En el momento de salir el libro, escrito por D. José Antonio López Castro, la abandonada capilla estaba en proceso de restauración, tarea que suponemos habrá concluido ya. En la parroquia de Grixalba hubo dos capillas dedicadas a San Cipriano y las dos han desaparecido ya. Una estuvo situada en el lugar que de ella recibió el nombre de Sancibrá; la otra fue trasladada y adosada a la ermita de San Roque en As Cruces. La primera debió su nacimiento a las familias del pazo de Golmar de Roade y de la casa de Eirixe de Cumbraos, ambas integradas en la de los Sánchez Barallobre. La capilla a la que se refiere este trabajo es la dedicada a la Virgen del Socorro en los montes de Codesoso o Codesoso do Monte, como subtitula el autor en la portada del libro. Fue fundada por el sacerdote residente en Codesoso D. Andrés Ares Barallobre, que unió a la titular las devociones de San Antonio de Padua y del apóstol San Andrés. Constituyó el fundador un Patronato con fecha de 25 de agosto de 1699 ante el escribano D. Antonio de Espiñeira. Le quedó una dotación en aquel momento que permitía que un sacerdote se ordenara tomando como base de sustentación las rentas de la capellanía, y así accedieron al sacerdocio algunos miembros de la familia funda dora. La fundación hecha por D. Andrés tenía doble finalidad: asegurar sus propios sufragios y facilitar a la gente vecina de Codesoso el cumplimiento del precepto dominical. La fundación quedó grabada con cincuenta Misas al año. En el año 1800 hubo problemas entre el capellán, que lo era D. Victorio Bermúdez de Castro, que residía en Santiago de Compostela, y los pagadores de las rentas. El Arzobispado sentenció contra el Capellán, al que obligó a reintegrarse a la capellanía y a celebrar las Misas. Pero, en 1815, vuelve a instalarse en Compostela y el Arzobispado encarga al Párroco del cumplimiento de las obligaciones fundacionales por medio de otros sacerdotes. El territorio de esta fundación, abundante siempre en aguas, fue también pródigo en animales salvajes, hasta el punto que varios Arzobispos compostelanos autorizaron batidas para reducir el número de lobos, zorros y jabalíes, que constituían una plaga para los sembrados y las cabañas de los vecinos. Cruzaban la parroquia algunos caminos importantes, como el de Herradura, llamado también Francés, sin duda por el Camino de Santiago, y «de Feira», porque conducía a las que tenían lugar en As Cruces el 13 y el 17 de cada mes. D. José Antonio López Castro ha rescatado la memoria de este santuario y ha recogido notas interesantes que dan vida a tan estimable relato. J.P.L. CONSEJO DE PASTORAL PARROQUIAL Don José Ramón Cascón Raposo. XXV Años al servicio pastoral de la parroquia de Santiago de Pontedeume. SANTIAGO DE COMPOSTELA, 2002. El Párroco de Santiago de Pontedeume ha cumplido los veinticinco años al servicio de la feligresía que dio un Arzobispo a Compostela en la persona de Rajoy y Losada. El rector ponteumés, Rvdo. Sr. D. José Ramón Cascón Raposo, que llegó a la Villa de los Andrade para hacerse cargo de su atención pastoral después de ejercer unos años idéntico ministerio en la parroquia del Divino Salvador de Maniños, se hizo acreedor al cariño agradecido de los ponteumeses, que ahora han querido rendirle un homenaje con ocasión de sus cinco primeros lustros de dedicación generosa a los feligreses. Además de los actos ya reseñados en otro apartado del BOA, han dejado como re cuerdo de esta efeméride un libro de cerca de cien páginas, que han contado, para su edición, con el patrocinio de Caixa Galicia. Responsable de la publicación ha sido la Comisión creada para el homenaje, que nació de la iniciativa del Consejo de Pastoral de la parroquia. La edición de este libro coincide con la publicación de una Instrucción de la Sagrada Congregación para el Clero que trata precisamente del Presbítero como Pastor y Guía de la comunidad parroquial. Y en esa función hace hincapié el Sr. Arzobispo en el prólogo que ha escrito para el libro de Pontedeume. En él colaboran también el Alcalde de Pontedeume, Sr. Freire Bujía; los sacerdotes nacidos en la villa y ahora profesores del Instituto Teológico Compostelano Sres. López Calvo, Director del Secretariado Diocesano de Catequesis, y Filgueiras Fernández, Canónigo Prefecto de Ceremonias de la Catedral santiaguesa y Párroco de la Corticela; Dña. Carmen Pérez Sardina, Decana de las Catequistas, y D. José Freire Ares, Secretario del Consejo de Pastoral Parroquial. La Comisión organizadora del homenaje se ocupó de redactar una biografía del Sr. Cascón, en la que describen su actividad en todos los campos a lo largo de su vida sacerdotal, iniciada, como Coadjutor, en la feligresía compostelana de San Juan Apóstol. El título de la colaboración del Sr. Freire Ares acierta en la definición de la personalidad del presbítero Cascón, al considerarlo como «un espíritu inquieto y emprendedor». Pero, con nuestro reconocimiento, que es de justicia, para todas las colaboraciones, hemos de hacer especial mención de las palabras escritas por la madre del Sr. Cascón, cuando éste y sus compañeros de promoción celebraban, en 1981, sus Bodas de Plata Sacerdotales. Eran expresión del corazón de una madre, agradecida a Dios por la vocación de su hijo y de los otros que se ordenaron con él; pero, al mismo tiempo, ponen de manifiesto su largueza de espíritu, que dice a los presbíteros que los felicita de corazón y besa sus manos sacerdotales. Con esta lección de Da Ascensión Raposo cerramos la reseña bibliográfica de esta publicación eumesa. J.P.L. ISIDRO GARCÍA TATO. La Casa de Outarelo de Valdeorras. SANTIAGO DE COMPOSTELA, 2001 El Dr. García Tato, profesor de nuestro ITC, es también un historiador incansable desde su puesto oficial en el Instituto de Estudios Gallegos «Padre Sarmiento». En la colección «Trevinca» nos ofrece una nueva monografía, centrada ésta en la Casa de Outarelo de Valdeorras, de cuya formación y del desarrollo de su patrimonio nos da todos los datos que ha encontrado en su indagación. Estamos totalmente de acuerdo con el autor en que son indispensables estas microhistorias. Gracias a ellas se puede enriquecer la visión histórica general de un país o de una comarca. La Casa de Outarelo tiene su punto de partida en una familia asturiana, la de los Prada, que marcharon a Valdeorras a finales del siglo XIV. Fueron los tres hermanos Diego, Alonso y Andrés Vázquez de Prada, acusados de haber dado muerte a su hermana Elena, al marido de ésta, el notario de Tuñón y a otras nueve personas, adictas al notario. El hecho ha pasado al mundo de la historia, adornado, como es lógico, por la leyenda, como el Crimen del Notario de Tuñón. Junto a este borrón hay que poner en la biografía de los Prado muchos hechos positivos. Por ejemplo, que una nieta de Alonso, Juana de Prada, entroncó, por matrimonio, con la familia de San Rosendo. Oque otro Prada, Andrés de Prada y Gómez San talla, llegó a ser secretario de Felipe II para asuntos de guerra, algo así, entiendo, como ministro de Defensa, y luego, con Felipe II, secretario de Estado. Antes había sido un es forzado defensor de la honradez de D. Juan de Austria. Los Prada, como los nobles de todos los tiempos, buscaron nuevos honores en las Órdenes Militares, a las que era tan difícil como honroso acceder. De los nobles de Outarelo nueve llegaron a ser caballeros de la Orden Militar de Santiago, alguno acredita do como tal por D. Francisco de Quevedo y Villegas. Uno de ellos fue precisamente Andrés de Prada. Otro vástago, Juan Francisco Suárez de Deza y Prada, fue canónigo cardenal de la Catedral de Santiago y alguacil mayor del Santo Oficio de la Inquisición en Galicia. Y no dejaron de aumentar sus signos externos de poder, procurándose el derecho de presentación de parroquias. En la diócesis compostelana presentaban cuatro feligresías. Isabel Pardo de Ribadeneira y Suárez de Deza llegó a profesar en el monasterio compostelano de San Paio de Antealtares, pero luego pidió la secularización y contrajo matrimonio. La capilla de Nuestra Señora del Prado de Outarelo, mandada construir por Andrés de Prada, sirve de relicario para los restos del mártir franciscano San Francisco Blanco, nacido en Tameirón y martirizado el 5 de febrero de 1596 en Japón. El octavo señor de Outarelo, Tomás de Santa Catalina Suárez de Deza, fue miembro de la Academia de Agricultura de Galicia, un movimiento ilustrado en pro del desarrollo de la región. Ildefonso Segundo Flórez de Losada, que buscó esposa en la casa de Outarelo, fue un diputado a Cortes que, de una tacada, en un viaje a Madrid, consiguió colocar a seis personas, unas de ellas, el sacerdote Juan Ramón Guitián, como profesor de Moral y Religión en el Instituto de Ourense. Sirva como detalle del peso social de esta casa que ahora debe a la pluma de García Tato el descubrimiento y la difusión del poder que llegó a alcanzar en sus tiempos gloriosos. J.P.L. |