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Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago |
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BIBLIOGRAFÍAEDUARDO T. GIL DE MURO. Aquella secreta luz. BURGOS, 2002 El padre carmelita Fray Eduardo T. Gil de Muro, con amplia experiencia en el mundo televisivo y editorial, ha publicado una biografía de la venerable Madre María Antonia de Jesús. la conocida como «La Monjita del Penedo», cuyos rasgos biográficos habían sido ya delineados en tiempos pasados por otros autores. El pensamiento religioso de la Madre María Antonia fue expuesto por D. Manuel Capón, Canónigo y Rector del Seminario compostelano. Pero, fieles al viejo refrán de que lo que «abundat non nocet», saludamos al libro del P. Gil con gozo y felicitación, porque está en mar cha, esperamos que llegue pronto al final, el proceso de beatificación de la que fue fundadora del convento de Madres Carmelitas Descalzas de Santiago de Compostela en el siglo XVIII.
El Padre Gil, sin dejar de hacer historia,
ya que el objetivo es la biografía de la Madre, da a su relato un aire en
cierto modo novelesco y usa un lenguaje que, a veces, parece atrevido y
menos acorde con la seriedad del asunto tratado. Quizá haya que decir, sin
embargo, que los gustos de los lectores en este momento sintonizan mejor
con el vehículo expresivo de Gil de Muro. Lo que sí habría que modificar
en otra edición, que es posible que la haya, son algunas palabras escritas
para la connotación gallega de la biografiada. Un ejemplo suficiente es el
de «filiño» en lugar de «filliño», que es el vocablo correcto. Pero antes de llegar a este final feliz, la meta que se había trazado desde el principio, fueron muchas las peripecias de Maria Antonia y diversos los escenarios en los que las vivió, o, mejor, las padeció. Estuvo en Caldas de Reis con una tía suya. en Santiago de Compostela como criada, y, en la localidad pontevedrense de Baiona, acogida a la bondad del Abad de la citada villa, en cuya casa la madre de la joven prestaba sus servicios como doméstica. Fue aquí donde María Antonia inició su primera experiencia de vida comunitaria, agrupando a algunas jóvenes que vieron en ella una excelente maestra en la vida de perfección por la que todas ellas sentían atractivo. Pero el proyecto encontró oposición, tal vez más por miedo a una desviación que a otra cosa, en el obispo diocesano, el de Tui, que lo era, a la sazón, Femando de Arango. A raíz de este tropiezo, emprende la biografiada una peregrinación por tierras portuguesas y españolas en busca de una entrevista con el Rey de España, al que fue a encontrar en Granada. Con buenas esperanzas subió a Madrid y allí entró a trabajar en casa de uno de los que serían los mayores protectores de su idea, D. Miguel de la Helguera. Del servicio doméstico pasó a integrarse en una de las comunidades de carmelitas de Alcalá y allí, llevado a cabo su fundamental deseo de abrazar la espiritualidad carmelita, siguió madurando su proyecto compostelano. Contaba en la capital del Reino con buenos apoyos, tanto en el orden civil como en el eclesiástico. Por un lado, como representante del primero de esos ámbitos, la Reina. Doña Bárbara de Braganza; por el segundo, el Obispo titular de Lares –no Larén, como leemos en el libro– que era Auxiliar del Arzobispo de Toledo y se llamaba Dionisio de Mellado. El itinerario a Compostela tuvo muchos momentos felices, unas veces por la visita de los lugares carmelitano-teresianos: otras, por la bondad de las gentes, especialmente en las comunidades religiosas. El Obispo Escalzo, de la diócesis de Astorga, acudió a visitarlas a la casa en la que se alojaban. La llegada a Santiago de Compostela propició un feliz encuentro, el del Deán D. Policarpo de Mendoza, Provisor del Arzobispado y máxima autoridad diocesana en ausencia del Arzobispo. Pero la casa que les habían reservado era un nido de ratas y lo menos apta posible para el desarrollo de la vida comunitaria, que pronto se situó en las siete monjas para pasar luego a las doce. No andaban bien económicamente las comunidades compostelanas de clausura. Abrir una nueva casa resultaba aventurado, por lo que el Arzobispo exigía la mayor prudencia antes de llevar adelante la fundación. Contaban ellas con las aportaciones de D. Miguel, el amigo madrileño, y otro mecenas de la capital del Reino. No consiguió, en cambio, cobrar nunca el legado del emigrante en Perú D. Mateo Vázquez, porque el cumplidor de éste dio siempre una serie de disculpas de mal pagador y acabó desviando la herencia hacia otra institución religiosa, pretextando que para cumplir la voluntad del donante era preciso concederle la condición de fundador, asignarle el patronazgo sobre la casa y poner como titular de la misma a un santo que no era precisamente la advocación de la Virgen del Carmen, que fue la que prosperó. Dificultades económicas y problemas de convivencia con alguna de las religiosas. A estos obstáculos hay que añadir el de la complejidad para encontrar un solar que garantizara el espacio para la edificación y una huerta para solaz de las monjas y sostenimiento, gracias a los cultivos propios, de la comunidad. Por fin, apareció la propiedad que cumplía estas condiciones. Pertenecía a la comunidad de Sobrado dos Monxes y, su uso, a D. José Ozores, Conde de Priegue. A más abundamiento, tenía una buena cantidad de agua de la mejor calidad. A los monjes de Sobrado se les compensó con dos casas que eran del Cabildo y cuya entrega permitió ampliar la hospedería con la que contaban en Santiago los cistercienses. Hubo que estar a la espera de que donantes anónimos fueran aportando limosnas cuando había que pagar materiales y salarios; cubrir las vacantes de obreros atraídos por las ventajas laborales en la construcción del Astillero ferrolano, y convencer a las vecinas Clarisas de que el nuevo convento no iba a privar a su cercano edificio del sol vespertino. Se empezaron a echar los cimientos un día del Carmen y dirigieron las obras los hermanos carmelitas José de los Santos y José del Espíritu Santo. Otro día del Carmen le llegaron de modo misterioso los ocho mil reales que María Antonia tenía que pagar sin dilación. Por fin se pudo ocupar la nueva casa y hacer el traslado, casi épico, por la lluvia y lo embarrado del camino, de la comunidad. Fue un día de movilización de las fuerzas vivas compostelanas. El canónigo Penitenciario Díaz de Rábago fue un gran valedor en aquellos comienzos. La Madre María Antonia falleció el 10 de marzo de 1760, cumplido ese sueño que tanto trabajo le costó convertir en realidad. Pues la obligada brevedad de esta recensión nos obliga a silenciar otras espinas que hirieron el corazón de la que tenemos hoy como Venerable. Aquella secreta luz que había visto Flavia Antonia, la confidencia de la fundadora que ha dado pie al título del libro de Gil de Muro, lucía ahora en todo su esplendor. Dios había venido alegrando y, no pocas veces permitiendo que grandes nubarrones pretendieran entristecerlo, el corazón de la cuntiense. Ella no se amilanó nunca y gracias a ello y a la bondad de Dios, llegó a hacer realidad su ansia de tantos años. Revelaciones y visiones jalonan su vida. Milagrosamente pasó del analfabetismo a leer y escribir. Sus cartas y tratados llenan muchas páginas que hemos leído con edificación los que hemos tenido el privilegio de formar parte del grupo de asesores históricos en el proceso que está ahora en marcha. Mirando al futuro de una decisión pontificia que deseamos y que esperamos, repetiremos con el P. Gil de Muro que «María Antonia ahora mismo y por encima de cualquiera de sus vicisitudes, es una hermosa presencia de mujer en la Iglesia de este tiempo». J.P.L. JOSÉ LUIS CEBRIÁN BONÉ (Coord.). Josémaría Escrivá. Centenario 1902-2002. RIALP. MADRID, 2002 En el centenario del nacimiento del Beato Escrivá, en el mismo año en el que el Papa Juan Pablo II ha determinado proceder al acto solemnísimo de su canonización, José Luis Cebrián Boné, director de la Fundación STUDIUM, ha preparado la edición de este libro, que es un elocuente testimonio de noticias biográficas, juicios sobre el personaje e imágenes gráficas de su vida y de la historia de su Obra, el Opus Dei. Ésa es la finalidad de la Fundación que dirige el Sr. Cebrián, además de la de organizar congresos y otras actividades que den a conocer mejor al hombre y al movimiento por él fundado. La institución STUDIUM tiene preferencia por los países de minoría cató lica, porque uno de sus menesteres principales es la evangelización, que fue también compromiso del alma sacerdotal del beato Josémaría Escrivá. El Prelado del Opus Dei. Mons. Javier Echevarría, antepone una presentación del libro, cuyo objetivo nos ha marcado ya el coordinador. Monseñor Echevarría escribe que el nacimiento del Beato, en este su primer centenario, «nos invita a poner los ojos en Jesucristo, su compañero de camino, la razón de su vida. Por medio de este mensajero fiel, el Señor nos está invitando a ser –cada uno en su propio ambiente– sembradores de paz y de alegría». Siguen luego dos artículos biográficos del Beato Josémaría. El primero de ellos lleva la firma de Antonio Fontán Pérez y el título de «Un santo del siglo XX». Esta síntesis biográfica divide la existencia del personaje en tres períodos. El primero va desde el nacimiento de Escrivá en Barbastro hasta la fundación del Opus Dei, en el año 1928; el segundo comprende el apostolado dentro de España, y, el tercero, la estancia en Roma. El autor, Fontán, destaca que Escrivá, en todos sus viajes, a los que llamaba catequesis, «se dirigía a los asistentes con su peculiar estilo profundamente espiritual y humano». El teólogo José Luis Illanes, docente en la Universidad de Navarra, titula su colaboración «La proyección eclesial de un mensaje». Vida y doctrina se han hermanado en la existencia terrena del Beato Escrivá. Y. como la historia de la Iglesia es historia de santos, la biografía del Beato Josémaría es una biografía concreta de la santidad de un hombre, en la que se «ponen de manifiesto los destellos de esa verdad cristiana de ¡a que no sólo su generación, sino también las sucesivas pueden y deben continuar viviendo». Bajo el epígrafe «Firmas», en la segunda parte del libro, diecisiete personalidades opinan sobre el nuevo Beato. Abre la serie el cardenal Rouco Varela, que recuerda que el Beato tiene su capilla en la Catedral madrileña de la Almudena por méritos propios. El músico Frühbeck destaca la importancia que se dio a la Música en la Universidad de Navarra, precisamente por iniciativa del Beato Josémaría y recuerda una significativa anécdota al respecto. La escritora y periodista Covadonga O’Shea, obsequiada con una reliquia de santa Catalina de Siena por el fundador del Opus Dei. perfila la «herencia de un santo». El Presidente de la Real Academia de las Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Martín Municio, habla de los amigos suyos en el Opus Dei y hace una semblanza del profesor Albareda, que fue docente en Compostela. El profesor Ponz describe el innovador y, a la vez, fiel a la tradición, modo de entender y enfocar a la Universidad que tuvo Escrivá. María Teresa Álvarez, periodista, pone de manifiesto el principal objetivo del Opus Dei: formar cristianos para dar vida al mundo. El magistrado Mendizábal escribe sobre el perfil jurídico del Beato, puesto de manifiesto en e! ensayo de éste sobre el matrimonio y luego en la tesis doctoral. Montserrat Caballé confiesa el bien que le hizo la lectura temprana de «Camino». José Antonio Samaranch describe que son acertadísimas las orientaciones que reglamentan la Escuela Esportiva Brafa, de Barcelona. El catedrático Jesús Ballesteros destaca, en el magisterio del beato Josémaría, el deseo de promover la «unidad de vida basada en la conversión de la vida cotidiana en oración«. El arquitecto Heliodoro DoIs. autor del proyecto de Torreciudad, del que trató con el Beato, nos recuerda el acertado concepto que, dejando libertad al especialista, tenía Escrivá de lo que había de ser un santuario.
Destaca la visión de futuro que distinguió al Fundador del
Opus Dei la catedrática Díaz-Trechuelo. Mercedes Salisachs sintetiza su
pensamiento sobre el biografiado en estas palabras: «El Beato Escrivá
recoge el testigo de Jesucristo y, con su mensaje, invita a todos los
hombres a encontrar el quid divino que encierran todas las realidades
materiales y cotidianas». El profesor Cervós, que enseñó en Berlín y en
Barcelona y que rigió la Universidad Libre de Cataluña, evoca la
conversación que sobre la virtud de la esperanza tuvo en su última visita
a Mons. Escrivá, que se desarrolló, en parte, paseando por una galería de
Villa Tevere. La Catedrática de Música María Antonia Virgili diserta sobre
el arte y la espiritualidad en el Beato. Por último, el economista Velarde
Fuertes incorpora una parte de un estudio que hizo sobre la santificación
del trabajo profesional. J.P.L.
RAFAEL TABOADA
VÁZQUEZ. Galicia, una gran esmeralda. Este nuevo libro del Abad de la R. e 1. Colegiata de Santa María del Campo en la ciudad de A Coruña, D. Rafael Taboada Vázquez, es un canto poético a Galicia. Juega con la alegoría, presente ya en el título del libro, y con la tradición sobre el valor simbólico, que en algunas culturas se completa con la creencia en la producción de efectos reales de la presencia de la esmeralda, esa variedad de berilo noble, que debe su color verde al óxido de cromo.
Es, efectivamente, el color verde el punto de encuentro, el
«tertium comparationis», que relaciona a Galicia con la esmeralda. Lleva,
sin embargo, nuestra región una ventaja importante sobre la esmeralda en
lo que se refiere a la estética, porque no alcanza la piedra preciosa
citada la variedad de matices que ofrece la superficie verde de la región
noroeste de España. El color verde ha sido visto históricamente por los semiólogos como signo de esperanza, y ese valor representativo tiene en los usos litúrgicos cristianos, cuya fe es inseparable de la esperanza y del amor. Alguien escribió que el verde de la Tierra se sitúa entre el rojo vivo del fuego del Infierno y el azul del Cielo. Abandonando, porque se trata de condicionamientos culturales ya superados, la localización de ambas realidades escatológicas, podemos. no obstante, mantener que el verde es impulso interior hacia el azul, tras el que se esconde la vocación a la felicidad eterna. Don Rafael Taboada ha sido galardonado a nivel herculino por su cariño práctico a la ciudad en la que ejerce su ministerio desde hace muchos años: desde el punto de vista cultural y artístico por la creación del Museo de la Colegiata y la promoción del Archivo Colegial, tarea en la que cuenta con el saber eficaz del canónigo Velo, y, desde el punto de vista regional, con la Medalla Castelao. Ahora, con esta nueva publicación, rinde homenaje a la patria gallega, dentro de la que descuella su Mellid natal, no lejos de las fuentes de uno de nuestros grandes ríos, el Tambre. Muchas gracias por este canto a Galicia en una prosa que tiene desde el principio al final una inagotable vena poética. J.P.L. |