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2. CARTA PASTORAL EN EL
DÍA DEL
APOSTOLADO SEGLAR Y DE LA ACCIÓN CATÓLICA
Mayo 2002
El Laico y la dimensión social de la fe
Queridos diocesanos:
Siempre pero de manera
especial en este tiempo de Pentecostés debemos escuchar la amonestación de
Pablo de Tarso: «No apaguéis el Espíritu» (1 Tes 5, 19). Pues también hoy
sigue teniendo toda su razón de ser la convicción profunda que fortalecía
el esfuerzo y el testimonio de los primeros cristianos: «Donde está el
Espíritu del Señor, allí está la libertad» (2 Cor 3, 17). Los laicos
manifiestan particularmente su vida según el Espíritu en la inserción de
las realidades temporales y en la participación de las actividades
terrenas.
La acción del
Espíritu
Es el Espíritu del Señor
el que nos enseña a saborear la vida en toda su hondura, a no malgastarla
de cualquier manera, a no quedamos en la superficialidad sin tener en
cuenta lo que es esencial. Nos abre a una comunicación nueva y más
profunda con Dios, con los demás y con nosotros mismos. El día de
Pentecostés los Apóstoles recibieron la fuerza del Espíritu que les hizo
salir de sí mismos, superar el miedo y dar testimonio público de Cristo
Resucitado. Es el mismo Espíritu el que actúa hoy en la Iglesia y nos
llama a todos al compromiso urgente de la «nueva evangelización»,
recordándonos que esta evangelización, responsabilidad de todos los
bautizados, comporta «inseparablemente las dimensiones del anuncio, de la
celebración y del servicio de la caridad».
La colaboración de
los laicos
Anclado en Dios y
presente en el mundo, el laico desde su condición secular está llamado a
anunciar el Reino de Dios. En este sentido tenemos que descubrir todos
—sacerdotes y miembros de Vida Consagrada— con un profundo sentido de
comunión eclesial la imprescindible colaboración laical en esta
responsabilidad. «La nueva evangelización se hará, sobretodo, por los
laicos o no se hará» (CLIM 148). Esto exige dar respuesta a la necesidad
inaplazable de la adecuada formación y del acompañamiento del laicado
organizado pues «el apostolado de los laicos, que surge de la misma
vocación cristiana, no puede faltar nunca en la Iglesia... Nuestro tiempo
no exige menos celo de los laicos. Al contrario, las circunstancias
actuales piden un apostolado mucho más intenso y amplio» (AA 1). Así lo
contempla también el tercer objetivo de nuestro Plan Diocesano de Pastoral
2000-2003: «Promover en toda la Diócesis la formación integral y
permanente de los laicos. Fomentar la participación y corresponsabilidad
de los laicos en las actividades eclesiales, sin olvidar nunca su
participación en la vida pública». Es muy importante para dar realización
a este objetivo, situar en el centro de la vida y de la acción del seglar
no las cosas sino las personas; no el hacer cosas sino el hacerlas con los
demás.
Solidaridad con los
pobres
El lema elegido este año para la celebración
del Día del Apostolado Seglar y de la Acción Católica es: «Caridad y
solidaridad frente al olvido del pobre». La Evangelización y la vida
cristiana llevan consigo una especial preferencia por los pobres de este
mundo. «Sólo una Iglesia una, solidaria con los pobres, es signo del Reino
de Dios y puede evangelizar a los que tienen deseos de fraternidad y
hambre de solidaridad» (CLIM 19). Normalmente cuando tratamos de analizar
las causas de la pobreza, fácil mente llegamos a la conclusión de que los
culpables son los otros. Suele argumentar- se que las situaciones de
pobreza son el resultado de la negligencia de los países pobres, de las
catástrofes naturales y de la fatalidad. Sin embargo un análisis objetivo
de la realidad, hecho en profundidad, nos lleva a constatar que son
fundamentalmente las acciones u omisiones de los países ricos y
desarrollados, así como las actuaciones de ciertas minorías de los países
en vías de desarrollo, las que provocan estas situaciones de indigencia.
Escandalosamente se oculta la realidad de los empobrecidos o se plantean
«solidaridades blandas» sin coste alguno, que nunca resuelven nada,
dejando las cosas como están. Se está extendiendo peligrosamente la
llamada «cultura de la evasión» que nos aleja y nos aísla de la realidad.
«La solidaridad, como afirma Juan Pablo II, es la determinación firme y
perseverante de empeñarse por el bien de todos y de cada uno, para que
todos seamos verdaderamente responsables de todos». Nadie debe inhibirse,
pues «este esfuerzo por la fraternidad y solidaridad con los pobres y
necesitados, hecho en nombre y con el Espíritu de Dios, será nuestra mejor
respuesta a quienes piensan y enseñan que Dios es una palabra vacía o una
esperanza ilusoria» (Testigos del Dios vivo. 60).
Exhortación final
El día del Apostolado Seglar y de la Acción
Católica es una urgente llamada de atención que nos recuerda que «animada
por el Espíritu porque es solidaria, la Iglesia continúa la obra de Jesús
y del Reino en la historia al servicio del hombre» (CLIM 54). En este
sentido exhorto a los fieles diocesanos laicos a asociarse en Movimientos
Apostólicos y Asociaciones de Apostolado Seglar. La forma asociada de
ejercer el apostolado contribuye a conseguir más fácilmente los objetivos
de hacer presente y visible a (a Iglesia como Comunidad, de obtener una
mayor eficacia en la labor apostólica de la evangelización y de manifestar
una necesaria presencia pública en la vida social. «He aquí al fiel laico
lanzado en las fronteras de la historia: la familia, la cultura, el mundo
del trabajo, los bienes económicos, la política, (a ciencia, la técnica,
la comunicación social, los grandes problemas de la vida, de la
solidaridad, de la paz, de la ética profesional, de los derechos de la
persona humana, de la educación, de la libertad religiosa» (CLIM 43).
Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor.
V Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela |
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