Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago

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5. CARTA PASTORAL EN EL DÍA DEL CORPUS CHRISTI.
JUNIO 2002

El Evangelio de la Caridad

Queridos diocesanos:

El Día de la Caridad, vinculado a la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, es una llamada a una serena reflexión sobre la vivencia de nuestra fe y la responsabilidad de nuestro compromiso personal, derivado de nuestra identidad cristiana. «Examínese, pues, el hombre a sí mismo, escribe san Pablo, y entonces coma del pan y beba el cáliz, pues e! que come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación» (1 Cor 11. 28-29). La Iglesia mantiene vivo el memorial de la Pascua de Cristo que se entregó por nosotros. «Haced esto en conmemoración muía». En la celebración de la Eucaristía, Cuerpo entregado y Sangre derramada para el perdón de los pecados, continúa haciéndose presente la eficacia redentora de Cristo y en ella aprendemos la lección de su estilo de vida y encontramos la fuerza para que el amor verdadero en nosotros no se desvirtúe por el egoísmo. La Eucaristía es «fuente y cima de toda la vida cristiana» (LG 11).

Desde este convencimiento hemos de analizar e interpretar los acontecimientos que en el transcurso de la historia interrogan nuestra existencia y sacuden fuertemente nuestra conciencia. No es cuestión de paramos y mirar hacia atrás, sino de dejarnos impulsar por la esperanza y mirar hacia arriba y hacia delante. Hoy no podemos sen timos indiferentes a la realidad de la globalización, signo de nuestros tiempos que nos hace intuir un momento de significativa transformación de la historia y de difícil gestación de un mundo diferente. De nosotros va a depender también que el resultado sea la civilización del amor o la incivilización de los egoísmos erigidos como sistema. Éste es nuestro dilema y nuestro reto, pues «no debe olvidarse, ciertamente, que nadie puede ser excluido de nuestro amor, desde el momento que con la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a cada hombre» (NMI 49).

Exigencias del ejercicio de la caridad

Los cristianos nos proponemos ofrecer los valores del Evangelio y el ejemplo de Cristo que vino a servir y no a ser servido, y que nos dejó el mandamiento nuevo de amar a los demás como animo mismo, pues el sentido de la reciprocidad nos hace ver en el otro a uno mismo. La caridad no es un medio más o un método convencional y coyuntural, con utilidad preferente en determinados momentos o días. El ejercicio de la caridad que busca dar respuesta a las necesidades reales del hombre, es algo con- sustancial a nuestra existencia e identidad cristiana. Sólo a través del amor «activo y concreto con cada ser humano», podemos ofrecer nuestra propia identidad cristiana, acogiendo al otro, compartiendo con el otro, aceptando al otro.

El amor exige superar la superficialidad y el arribismo que aunque ofrezcan algún éxito inmediato, no constituyen el auténtico bien del hombre y de la sociedad. Conlleva purificar la memoria, eliminando de la conciencia personal y común todas las formas de resentimiento y de violencia que la herencia del pasado haya dejado. Pide consolidar una cultura del diálogo en el convencimiento de que «la fe religiosa inspira la paz, alienta la solidaridad, promueve la justicia y sostiene la libertad» como subraya el Papa. De este medo «la caridad se convertirá entonces necesariamente en servicio a la cultura, a la política. a la economía, a la familia, para que en todas partes se respeten los principios fundamentales, de los que depende el destino del ser humano y el futuro de la civilización» (NMI 51).

Evangelizar en la caridad

Lamentamos frecuentemente que no se comprende el mensaje evangélico y que nos es difícil hacemos entender en esa preocupación evangelizadora, siempre necesaria y más que nunca en nuestra sociedad indiferente al Dios revelado en Jesucristo. Esta experiencia ha sido siempre la cruz en la historia de la Iglesia. Y sin embargo la caridad siempre se hace creíble y plantea unos interrogantes que la persona necesaria mente ha de contestar. «Mirad cómo se aman», manifestaban con admiración los paganos en los primeros momentos de la comunidad eclesial. Y desde entonces la historia de la caridad se ha ido explicitando en diferentes formas. «Sin esta forma de evangelización, llevada a cabo mediante la caridad y el testimonio de la pobreza cristiana, el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en el mar de las palabras al que la actual sociedad de la comunicación nos somete cada día. La caridad de las obras corrobora la caridad de las palabras» (NMI 50).

«Protagonistas los jóvenes»

Esta actitud cristiana va generando la cultura de la gratuidad y de la comunión, de la que son protagonistas de un medo especial los jóvenes, aspecto sobre el que nos sensibiliza este año la Campaña de Cáritas. Ellos «están llamados a desarrollar actitudes básicas en la formación de su personalidad y a ser constructores de una cultura y sociedad nuevas que esté animada por estos valores. Si las relaciones humanas se van impregnando de gratitud, se creará una cultura de gratuidad en la que prevalezca la relación personal sobre la relación económica, el don sobre la deuda, el servicio sobre el comercio» (Mensaje de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, 2 de junio de 2002). Queridos jóvenes, aunque a veces os veis atrapados en las redes del consumismo, de la droga o del fanatismo, sois capaces de peregrinar por los caminos de la solidaridad y en vuestras manos y en vuestro corazón «está el darle a este siglo, que acaba de comenzar, un rostro humano, en paz yen fraternidad, en justicia yen libertad verdaderas». Sabemos de vuestra disponibilidad para buscar alternativas a todo lo que degrada la dignidad de la persona humana.

Os pido, queridos diocesanos, que en la celebración del Corpus Christi demos el culto de adoración que se debe al sacramento de la Eucaristía en nuestras calles y plazas, manifestando nuestro amor a la presencia real y verdadera de Cristo en este sacramento. En todas las parroquias de la Diócesis el Día de la Caridad es una llamada urgente a hacer nuestras las carencias espirituales y materiales de los demás y a practicar la caridad evangélica, ofreciendo nuestra aportación económica en las Cáritas parroquiales para que la Iglesia siga sirviendo a los pobres.

Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor.

V Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela