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2. CARTA
PASTORAL EN LA
JORNADA DEL ENFERMO. PASCUA 2002
Orar en la enfermedad
Queridos diocesanos:
La Jornada del Enfermo, que tiene lugar en el VI Domingo de
Pascua, es una llamada en medio (le nuestras prisas y agobios a fijar
fraternalmente nuestra mirada en los enfermos y en los que sufren. En los
caminos entrecruzados de nuestras vidas no podemos dar rodeos, olvidando
en la cuneta de nuestra existencia a tantas personas que esperan de
nosotros nuestra solidaridad, compasión y bondad, expresadas en las
diferentes formas de atención, cuidado y acompañamiento. Si como alguien
ha dicho, no debemos agobiarnos porque adonde tenemos que llegar es a
nosotros mismos, nuestra condición humana nos indica que adonde tenemos
que acercarnos es a los demás. No es fácil romper el círculo cerrado de
nuestros temores y egoísmos. y sin embargo sólo así tenemos la posibilidad
de situarnos en ese horizonte en el que podemos ver la situación de los
otros y ofrecerles nuestra ayuda material y espiritual, dejándoles los
denarios de nuestra solicitud fraternal, sabedores de que nada que afecte
a los otros a nosotros nos puede ser ajeno.
La Cruz de Cristo, respuesta al dolor
«Porque estuve enfermo y me visitasteis» (Mt 25, 36). Al
dolor, expresión de la fragilidad y caducidad humana, no debemos
acercarnos desde la prepotencia sino des de la misericordia que nunca hace
ruido y siempre es gratificante como todo fruto de un amor gratuito y
fiel. Nuestra presencia de consuelo y de esperanza ayuda a dar res puesta
a tantos interrogantes que se agolpan y a veces aplastan a la persona que
sufre. «Aunque la Iglesia considera que en las interpretaciones no
cristianas del sufrimiento se hallan muchos elementos válidos y nobles, su
comprensión de este gran misterio humano es única. Para descubrir el
sentido fundamental y definitivo del sufrimiento tenemos que volver
nuestra mirada a la revelación del amor divino, fuente última del sentido
de todo lo existente. La respuesta a la pregunta sobre el sentido del
sufrimiento ha sido dada por Dios al hombre en la cruz de Jesucristo»1.
No deberíamos dejar que nadie sufriera solo. Bien es verdad que la
contemplación del Hijo de Dios en la Cruz nos da respuesta a nuestros
sufrimientos pero esa respuesta no la percibimos si no nos abrimos al
misterio de Dios en nosotros que nos descubre esa dimensión trascendente y
solidaria del sufrimiento humano cuyo sentido es la participación en la
obra redentora de Jesucristo. El misterio de Cristo es de muerte y
resurrección, de dolor y de gloria como es el de todo cristiano. «A quien
sufre le resulta difícil comprender que también se cumple en medio de la
enfermedad un gran bien, ya sea en él ya sea en los corazones de todos los
que están a su lado». Hay que tener presente que en la resurrección de
Cristo se demuestra que Dios había estado presente en el sufrimiento de su
Hijo en la cruz.
La oración en la enfermedad
Hoy damos gracias a Dios por los avances técnicos y
científicos en la lucha contra la enfermedad y también por la labor
asistencial de las diferentes instituciones y sus miembros en el
acompañamiento de los enfermos. Pero no podemos olvidar la dimensión
religiosa de la enfermedad. Con frecuencia oímos comentar que la
experiencia de la enfermedad aleja a algunos de Dios mientras que a otros
les acerca más profunda mente a Él. En estas circunstancias, unos buscan
sentido, otros esperan una respuesta. Para todos la enfermedad ha de ser
un tiempo de gracia que ayude a despertar la fe y a acoger la salvación
del Dios de la Vida que sana y salva. El enfermo necesita del apoyo de los
demás y de la ayuda de Dios. Aunque a veces se tenga la impresión de que
la oración no es «útil», ésta «encuentra su modelo y su aliento en la
oración de Jesús en el desierto, en Getsemaní y en la cruz, cuando la
tentación o la sensación de abandono era la experiencia humana de sus
relaciones con el Padre»2. El enfermo puede
ser testigo de fe que expresa su relación filial con Dios agradeciendo,
suplicando, estremeciéndose ante la fragilidad manifestada en la
enfermedad y confiando en la providencia divina. La comunidad cristiana ha
de acompañar también al enfermo con la oración en sus diferentes formas.
«¿Está enfermo alguno de vosotros? Que llame a los responsables de la
comunidad y que recen sobre él, por él» (St 5, 14). Esta oración encuentra
una referencia especial en el sacramento de la Unción de los Enfermos «que
tiene por fin conferir una gracia especial al cristiano que experimenta
las dificultades inherentes al estado de enfermedad grave o de vejez» (CIgC
n° 1527). Son diferentes los testimonios evangélicos que podríamos traer a
nuestra memoria: entre otros, el de la mujer cananea pidiendo por su hija
enferma: «Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David; mi hija vive maltratada
por un demonio» (Mt 15, 22); el de un padre intercediendo por su hijo
epiléptico (Lc 9, 3 8-39); el de Jairo suplicando la salud de su hija: «Mi
niña está agonizando; ven a poner las manos sobre ella para que se cure y
viva» (Mc 5, 23); el de Marta y María dando la noticia de la enfermedad de
su hermano: «Señor, mira que tu amigo está enfermo» (Jn 11, 3). La oración
tiene un valor insustituible en la experiencia personal de la enfermedad y
en la preocupación entrañable por los enfermos. «Orar es una forma
estupenda de servir, un medio indispensable para el acompañamiento
pastoral, para el ejercicio de la profesión sanitaria, para el reencuentro
y la comunión con el Dios de la vida»3.
Esta Jornada además de recordar con el corazón a las
personas que sufren y enfermas, es ocasión para dejar constancia de
nuestro agradecimiento a tantas instituciones y personas: médicos,
enfermeros, celadores y voluntarios que están ofreciendo su ciencia, su
tiempo y su disponibilidad en esa lucha contra el dolor, fruto de nuestra
limitación humana. Que imitando el ejemplo del Buen Samaritano que es
Cristo, seamos samaritanos para los enfermos, poniéndonos bajo el amparo
de María, salud de los enfermos. Os saluda con todo afecto y bendice en el
Señor,
V Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela
1. Mensaje del papa Juan
Pablo II en la Jornada Mundial del Enfermo 2002. nº 2
2. Mensaje de la
Comisión episcopal (le Pastoral en la Jornada Mundial del Enfermo 2002, nº
5.
3. Ibid., n. 8. |
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