Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago

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BIBLIOGRAFÍA

JOSÉ ANDRÉS-GALLEGO Y ANTÓN M. PAZOS. Archivo Gomá. Documentos de la Guerra Civil. 1º julio-diciembre de 1936. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. MADRID, 2001.

Casi seiscientas páginas comprende este primer volumen que recoge los documentos del archivo del que fue Cardenal Arzobispo de Toledo y Primado de España, Mons. Isidro Gomá y Tomás, al que uno de los escritos, firmado por un funcionario estatal, llamó José y no isidro, que era su nombre propio.

Tres personas habían manejado algunos documentos de este archivo. Una mujer, para redondear su tesis doctoral; un historiador para buscar algunos datos; y D. Anas tasio Granados, luego Obispo de Palencia, para ordenar los abundantísimos escritos archivados en el Palacio Arzobispal toledano, sin conseguir terminar su trabajo.

Un equipo numeroso de historiadores, bajo la dirección de los profesores José Andrés-Gallego y Antón M. Pazos, vienen llevando a cabo la catalogación y trascripción de los fondos del Archivo Gomá, y una primera entrega la constituye el tomo del que damos cuenta ahora. Lo primero que sorprende gratamente es el cuidado que tuvo el Cardenal, en tiempos en los que no había fotocopiadoras, en dejar duplicado de todas las cartas que escribía.

El momento histórico al que se refieren es, por sí solo, acreditativo de la importancia de este Archivo. Pero hay dos razones más para valorar muy positivamente esta entrega y las que vendrán después: la primera, que Gomá era Primado y Presidente de la Conferencia de Metropolitanos; y, la segunda, que la Santa Sede confió a Mons. Gomá el oficio puramente confidencial, sin rango diplomático, de representante inmediato del Vaticano ante el Gobierno español.

En estas páginas hemos encontrado una vez más la nómina de Prelados y datos cuantitativos sobre Sacerdotes y Laicos que fueron ejecutados por su condición de creyentes. También en el otro bando se dio muerte a algunos Sacerdotes, que Gomá lamenta por igual. Él hubo de coordinar voluntades para recibir en otras Diócesis a Sacerdotes prófugos de la persecución en la propia, para invocar la caridad en orden a la reconstrucción y reorganización de los Obispados que habían sido diezmados en sus personas y dañados en sus edificios, a lo que subvino encomendando a cada una de las Diócesis la atención de otra devastada (a Santiago. por ejemplo, le correspondió ayudar a Oviedo) y lidiar todos los problemas de entendimiento con las autoridades y de actitudes de algún clérigo que iban surgiendo.

Uno de los conflictos que aparecen más veces en estas páginas es el del activismo nacionalista, que afecta muy vivamente al Seminario de Vitoria, único centro de formación sacerdotal que tenía el País Vasco, que contaba sólo con aquella Diócesis. Las acusaciones llegaron incluso a dañar, erróneamente, según parece, al Obispo de Oviedo, Mons. Justo Echeguren, pero que para otro Obispo, Mons. Mújica, de Vitoria, fueron causa de alejamiento de España.

Algunos clérigos se dispersaron por Europa, escapando de la persecución y un número pequeño de ellos creó problemas diplomáticos que obligaron a Gomá a intervenir para apagar la polémica. Miembros de esta forzada emigración o diáspora sacerdotal dieron en Roma una visión de la Guerra española que suscitó protestas del Esta do y que requirió la diplomática bondad del Cardenal para aportar serenidad.

Gomá, que expuso su pensamiento en su carta «El Caso de España», muy elogiada por todo el mundo, alaba la pastoral de Mons. Muniz Pablos, Arzobispo compostelano, sobre la situación de España y le recomienda que remita muchos ejemplares a Roma. Ambos Arzobispos, Muniz y Gomá, zanjaron por carta de asentimiento del primero, el pleito de la primacía en favor de Toledo.

No cabe duda de que esta publicación que ahora se inicia con la salida del primer volumen, aclara algunos aspectos, hasta ahora no estudiados, del conflicto que afligió a España, pero que fue visto como solución obligada de un estado de persecución por la fe. La figura de Gomá se acrecienta, al observar su talante conciliador y su incansable actividad por llevar paz a aquel mundo de odio.

J.P.L.

ENRIQUE FERNÁNDEZ CASTIÑEIRAS-JOSÉ MANUEL B. LÓPEZ VÁZQUEZ. Gregorio Ferro, Pintor de Boqueixón. Concello de Boqueixón, 2002.

El Concello de Boqueixón, en cuya demarcación se eleva el Pico Sacro, ha querido rendir homenaje a su paisano Gregorio Ferro con una exposición sobre el artista en la parroquia que le vio nacer, la de Santa María de Lamas, y con la publicación de un libro, que prologa el Alcalde, Sr. Gacio.
Para el texto del libro se ha apelado a dos profesores universitarios, suficiente mente acreditados en el mundo de la Historia del Arte. El Dr. Fernández Castiñeiras se ocupa de la vida y la formación artística de Gregorio Ferro, nacido el 24 de diciembre de 1742 del matrimonio formado por Cayetano Ferro Casal y María Requeijo de Freiría. Siendo un niño, tal vez como consecuencia del fallecimiento de su madre y de las segundas nupcias de su padre. se viene a Santiago de Compostela y trabaja en el monasterio de 5. Martín Pinario, como «niño de sacristía», donde se habrá iniciado en el arte de la pintura.
Ayudado por un sacerdote de la familia y estimulado por su maestro benedictino, en 1759 se traslada a Madrid y se matricula en la Real Academia de Bellas Artes de 5. Fernando, en la que obtiene diversos premios. En pugna con Goya, gana por oposición una pensión económica, dejando al aragonés en la cuneta. Posteriormente, en 1975, sería Goya el que le ganaría a Ferro la plaza de Director de Pintura; pero, a los pocos meses, dimite Goya, alegando su sordera y otros motivos de salud, y le sustituye Ferro, que. sin embargo, nunca llegaría a ser pintor de cámara, una excepción entre los directores de Pintura de la Academia, que comparte con José del Castillo. La rivalidad con Goya se resolvió en favor de Ferro para la Dirección de la Academia en 1804.

Contrajo matrimonio Ferro, por poder, en la iglesia compostelana de San Juan Apóstol, en 1775, con María Benita de Castro Quintela. No tuvieron hijos y la convivencia no duró mucho tiempo, porque en 1786 Ferro ya está viudo. La muerte del pintor se produce el 23 de enero de 1812, posiblemente de manera repentina. Sus honras fúnebres habían sido previstas por él en su testamento.

Pintó Ferro Requeijo toda clase de temas, tanto retratos como cuadros destinados a iglesias. La Catedral compostelana cuenta con algunos, entre los que sobresale la composición sobre el episodio evangélico de la Mujer Adúltera y el de San Jorge, que, estuvieron destinados en su momento, a decorar el altar del trascoro de la Basílica.

El análisis de la pintura de Ferro lo ha llevado a cabo el profesor Dr. D. José Manuel B. López Vázquez, que va recorriendo toda la producción del hijo de Boqueixón, a partir de su primera obra, «Alegoría del nacimiento del Infante Carlos Clemen te». una prueba oficial de la Academia. Ve López Vázquez en Ferro la oscilación entre el Rococó y los esquemas académicos clasicistas.

Ferro, en algunos momentos, es deudor de Mengs, resaltando la figura contra un fondo oscurecido, quien. a su vez, se inspira en la escultura griega; pero se diferencian Ferro y Mengs en que éste «abandona excesivamente el estudio del natural a favor del de los grandes maestros». El Dr. López Vázquez va examinando cada una de las obras del pintor de Lamas y buscando los parecidos sugeridores de las fuentes de inspiración del artista. Añade a esas posibles influencias los condicionamientos que impone cada una de las obras y el destino que se les asigna y el momento de la vida del pintor en el que se realiza el trabajo.

Divide la obra de Ferro en cuatro momentos: el de los comienzos, o etapa de formación, en la que, entre otros cuadros, se encuentran los que representan a la familia de San Rosendo; la de la madurez, en los años 80 del siglo XVIII; los de la plenitud, en la década siguiente; y, por último, los de los años finales. En este último período se enmarcan cronológicamente los cuatro óleos destinados a la Catedral santiaguesa, que responden a devociones tradicionales en la Basílica metropolitana de Compostela.

El libro, de casi trescientas páginas, lleva 103 ilustraciones, muchas a todo color. Reproducen obras de Ferro y de autores estilísticamente relacionados con él. La portada se embellece con el retrato del escultor Felipe de Castro, encargo de la Universidad a Ferro. La memoria de este gran artista y paisano queda perfecta y atinadamente expuesta en el trabajo de los profesores Fernández Castiñeiras y López Vázquez.
 

J.P.L.

MARÍA DEL SOCORRO ORTEGA ROMERO. Temática religiosa en la pintura gallega del siglo XX. Revista «Abrente». A CORUÑA, 2001.

Desde el año 1865 hasta 1910 nacieron en Galicia numerosos hombres y mujeres, más varones que hembras, que. con el tiempo habrían de dedicarse a la pintura y elegirían para sus trabajos. en algunas ocasiones, temas religiosos. Hay alguno que no nació en Galicia; pero vivió la madurez artística en nuestra tierra.

No fueron pintores de motivos religiosos exclusivamente; pero cultivaron este campo cuando la propia decisión o el encargo concreto los llevó a él. En nuestra diócesis compostelana existen decoraciones de templos que llevan la firma de artistas nacidos entre esos dos años, aunque al término «ad quem» hay que darle una flexibilidad mayor y concretarlo en los tres primeros decenios del siglo XX.

La iglesia parroquial de la feligresía coruñesa de Rutis-Vilaboa; el templo compostelano de San Félix de Solivio, los santuarios de la Esclavitud, en el ayuntamiento de Padrón, y de los Milagros de Amil en el de Moraña; el Colegio de Nuestra Señora de los Remedios, en Santiago de Compostela, y algunas casas particulares guardan obras de pintores que se adscriben a la llamada Pintura Religiosa Gallega del siglo XX, según el título que ha querido darles la Profesora María del Socorro Ortega Romero, de la sección de Historia del Arte, en un trabajo publicado en «Abrente», boletín de la Real Academia Gallega de Bellas Artes «Nuestra Señora del Rosario».

Es una visión conjunta de los temas religiosos tratados por los pinceles en Galicia en el tiempo indicado arriba. La autora no hace un simple catálogo de autores y de obras, sino que sigue a cada uno de los artistas en su trayectoria formativa, analizando las posibles influencias o, por lo menos, concomitancias, y fijándose, sobre todo, en el enfoque personal de cada uno de ellos al ponerse a componer el tema elegido o encargado por el mecenas. Juzgamos muy interesante este trabajo de la Dra. Ortega, con el que nos ofrece un capítulo valioso de la historia del arte religioso en la región gallega.

J.P.L.

ISIDRO GARCÍA TATO / ANA MARÍA SUÁREZ PIÑEIRO.
Frei Martín Sarmiento
. TOXOSOUTOS. OBRE, 2001.

El profesor del ITC García Tato y la Dra. García Piñeiro se unen para recordar la figura del benedictino Fray Martín Sarmiento, berciano de nacimiento y pontevedrés y gallego de corazón. La mayor parte de su vida transcurrió en la soledad de su celda monástica madrileña, sumido en el estudio, alejado de tertulias y de reuniones socia les, y abierto a toda inquietud investigadora.

En sus salidas no desaprovechaba el tiempo. Acudía a archivos para empaparse de las noticias de los fondos en ellos guardados, procuraba formar conciencia de los accidentes geográficos y recogía la diversidad de la flora, especialmente de la gallega, para su estudio científico y sus aplicaciones prácticas.

En Oviedo se encontró con otro benedictino, también gallego, el orensano Benito Jerónimo Feijóo. Era el año 1723. Feijóo tenía cuarenta y siete años, y, Sarmiento, veintiocho. Se convierten desde entonces, respectivamente, en maestro y discípulo. Feijóo no empezó a publicar nada hasta los cincuenta años; pero editó mucho más que Sarmiento. Éste se convirtió en defensor de Feijóo, cuando el franciscano Soto Mame o Mañet, atacó, con severas críticas, el tomo primero del «Teatro Crítico» de Feijóo. El franciscano tiene el mérito de haber sido el primer periodista profesional de España.

Conjugó perfectamente Sarmiento dos caminos de conocimiento: el teórico a través de libros y documentos; y el experimental en los trabajos de campo. Los autores lo hacen integrar una tema de grandes figuras de la Ilustración española, con Feijóo y Jovellanos. No por ello dejó de ver con simpatía la labor controladora de los libros que se publicaban, llevado sin duda de su ortodoxia; pero, al mismo tiempo, criticaba el escolasticismo y exigía de los predicadores una mayor entrega a la transmisión de la verdad, aunque fuera en detrimento del deleite literario.

Si la figura no tenía una estética destacable, en lo que le ganaba Feijóo, su obra es digna de encomio, y a ella dedican los autores el último capítulo de este libro. Le califican como alguien que escribía como hablaba, por lo que su estilo puede calificarse de «oralismo», y que seguía el método de las ciencias modernas, el empírico, basado en la influencia matemático-geométrico-físico. Una vez más conviene recordar a este paisano de corazón, que cultivó todos los campos del saber, al que Galicia dedica el Día das Letras Galegas. La obrita que comentamos nos da una visión suficiente para reconocer lo merecido que tenía Sarmiento este reconocimiento público.

J.P.L.