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Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago |
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BIBLIOGRAFÍAJOSÉ ANTONIO SOUTO. Crónica de Santa María de Iria. SANTIAGO DE COMPOSTELA, 2001 Como ya informamos oportunamente en las páginas del BOA, se hizo en el aula «San Felipe Neri», de San Martín Pinario, la presentación de la obra de Rui Vasques titulada «Crónica de Santa María de Iria», cuyo estudio y edición se debe a D. José Antonio Souto Cabo. El libro ha sido editado en colaboración entre el Excmo. Cabildo Metropolitano y el Seminario de Estudios Galegos. Forma parte de la Colección Histórico-Documental de la Iglesia Compostelana, cuya dirección se debe al Canónigo Archivero y Bibliotecario de la Basílica santiaguesa, D. José María Díaz Fernández. Este libro tiene singular importancia, más que por el contenido, por la lengua empleada por el autor, que lo hace en Gallego, lo que constituye a la obra en un ejemplo aislado del uso del Gallego-Portugués en Galicia con finalidad artística en el final de los tiempos medievales. La riqueza documental de nuestro Archivo usa las lenguas Latina, Gallega y Castellana. Desde el siglo XV las actas capitulares, importante fuente informativa, se redactan en Castellano. Y no es extraño, porque, desde Femando III el Santo, la administración gallega está supeditada a Castilla. Por otra parte, los Arzobispos en este tiempo en el que se redacta la «Crónica de Santa María de Iria», suelen ser no gallegos. López Ferreiro, nuestro primer historiador, daba cuenta de la existencia de ocho ejemplares de la obra de Rui. Pero en este momento, como lo afirma Souto Cobo, sólo hay constancia de tres copias manuscritas: una. en la Biblioteca Nacional; otra, en la Biblioteca Apostólica Vaticana; la tercera, en la Biblioteca de la Universidad de Sala manca. Souto Cabo ha elegido el texto compostelano, porque lo considera el original autógrafo, o. cuando menos la copia más antigua, de la que procederían las otras. ¿Quién fue Rui Vasques? Al final de su obra firma de este modo: «Ruy Vaasques, clérigo de Santa Vaya de Chacín». Las primeras noticias, de las pocas que hay acerca del personaje, referentes a Rui lo presentan tan como criado de Fernán Rodrígues de Leira, Canónigo de la Catedral, Juez de Villestro. Vicario del Deán, Administrador del monasterio de Santa Tasia y beneficiario de parcelas en las parroquias de San Esteban de Campo, Santa María de Paramos, Santa Baja de Pereira, Garabal en Santiago, y Mesego en Cuntis. David Mackenzie, que hizo su tesis doctoral sobre esta obra, ponía como autor, no a Rui, sino a Juan Rodríguez del Padrón; pero no anda acertado en ello. Rui escribe su obra entre abril de 1467 y marzo de 1468, y narra lo referente al Episcopado iriense, veintiocho obispos que rigieron la sede que luego se trasladaría a Compostela. Dos acontecimientos provocaron la redacción de la Crónica: la ocupación de las tierras del señorío eclesiástico por los nobles y la insurrección de la Hermandad entre 1466 y 1469. Se basa Rui en el «Cronicón Iriense» y en la «Historia Compostelana»: pero no es muy riguroso en la utilización de las fuentes literarias.
Se advierte en el autor un doble sentimiento
que influye en la redacción de su historia: el cariño por Iria, que parece
en algún caso ir acompañado de nostalgia, y lo que Souto llama el fervor
santiaguista, con especial simpatía por Gelmírez, si bien subraya el
precedente de los cargos de Gelmiro, el padre del que sería el primer
arzobispo compostelano, que prepararon en cierto modo el futuro brillante
del hijo. Refiriéndose a la fundación del monasterio de Conxo, destaca
cómo vino a cubrir la falta de un cenobio femenino tras la desaparición de
la comunidad de Cinis. Hoy estas catorce páginas se encuentran encuadernadas en un volumen. Posible mente el trabajo de Rui formaban parte de una obra más amplia en la que se hacía el elogio de santos de la antigüedad y que se denominaba en todo su conjunto «Flos Sanctorum». El original de la parte que se ocupa de los Obispos de Iria recibió antiguamente el título de «Cronicón Iriense», denominación que ha sido cambiada modernamente por el que ahora se le da de «Crónica de Santa María de Iria». Mackenzie hizo su tesis en 1975 y en ella una edición crítica de la «Crónica»; pero su trabajo no ha sido editado. Los que sí publicaron sus respectivas transcripciones fueron López Ferreiro, que llevó adelante a título personal la edición que cuatro años antes había pretendido la revista «Galicia Diplomática», y el canónigo compostelano eligió las páginas de «El Pensamiento Gallego» para su propósito. En el año 1951 D. Jesús Carro García la dio a conocer nuevamente como anejo al volumen V de «Cuadernos de Estudios Gallegos». El tiempo transcurrido y la especial preparación para estos menesteres hacen del libro de José Antonio Souto Cabo una novedad total, porque no sólo nos ofrece el texto sino también ese análisis exhaustivo de la obra de Rui. Aunque Souto invita a otros a investigar algún punto concreto, posiblemente sea él quien ha dicho la última palabra posible en el asunto. El Excmo. Cabildo va acercando así sus valiosos fondos al pueblo. J.P.L. MIGUEL TAÍN GUZMÁN. Dibujos históricos, epigráficos y heráldicos del Archivo de la Catedral de Santiago. A CORUÑA, 2002 No sólo los documentos escritos son fuentes de historia. Antes de que se inventaran medios de comunicación ideográficos o alfabéticos, ya dejaron los hombres huellas de su paso por el mundo en objetos de uso diario, que permiten a los estudiosos reconstruir, recurriendo, a veces, a la conjetura, el modo de vida de generaciones antiquísimas. Dibujos de obras en proyecto y reproducciones de las mismas ofrecen también un instrumento muy útil al historiador.
De ello es consciente, como otros colegas suyos, el
profesor de la Universidad compostelana Dr. D. Miguel Taín Guzmán, quien a
la anterior publicación de su obra «Trazas, Planos y Proyectos del Archivo
de la Catedral de Santiago» añade ahora un tomo no menos valioso, aunque
de diferente factura porque el objetivo del investigador no es el mismo,
que recoge toda una colección de dibujos que se guardan en el Archivo
catedralicio compostelano, cuyos fondos conoce muy bien el autor de la
obra por su quehacer como documentalista, primero, y ahora como
investigador en este departamento de la Basílica santiaguesa. Nos encontramos ante 151 fichas, en cada una de las cuales la oferta gráfica lleva una nota explicativa que comprende los siguientes elementos: «nombre del autor, lugar y fecha de su nacimiento y defunción, tema objeto del dibujo, signatura y ubicación en el Archivo, tipo de soporte y sus medidas, técnica de trazo empleada, escala métrica y notas manuscritas cuando las hay, así como bibliografía existente sobre el mismo. Le sigue –nos avanza el autor– un análisis riguroso de lo dibujado, comparándolo con la pieza representada. en el caso de que subsista». El nombre del autor no siempre es conocido. Hay algunos casos en los que consta, como iremos viendo al hablar de cada uno de los capítulos del libro. En aquellos en los que no hay noticias al respecto. el profesor Taín hace sus hipótesis, guiado del conocimiento que tiene de los posibles dibujantes por otras obras de éstos. Algunos de los dibujos anónimos dieciochescos sospecha Taín que se deben a la mano de Miguel Ferro Caaveiro. El gráfico número 1 reproduce los adornos de la puerta de la iglesia prerrornánica de San Miguel de Lillo, en Asturias, construida en tiempo ramiriense. El dibujo se debe a Francisco Reiter, autor también del primer plano conocido de la ciudad de Oviedo. Su presencia en Compostela se debe a la curiosidad del Maestrescuela de nuestra Catedral D. Sebastián Álvaro Navia, posiblemente de origen asturiano. El capítulo segundo comprende cinco dibujos que se le pidieron a D. Miguel Ferro Caaveiro para aportarlos como documentos gráficos en el pleito suscitado por el duque de Arcos, valido de Carlos III, contra los Votos. Se refieren al Tímpano de Clavijo y a la inscripción de la fachada catedralicia de Platerías. También suscita la siguiente colección un pleito, el entablado por los Canónigos de la Catedral contra los Racioneros de Sancti Spiritus, porque éstos, trasladados sus cultos a la iglesia santiaguesa de la Compañía, no cumplían con las cargas de la fundación del Arzobispo D. Álvaro de Isorna en la sede catedralicia en la que se había hecho. Son autores de las ilustraciones D. Miguel Ferro Caaveiro y el Arquitecto Municipal de A Coruña, D. Fernando Domínguez y Romay. Se extienden también a las esculturas funerarias existentes en la citada capilla. Encontramos a continuación los dibujos que agrupó el Archivero e historiador D. Antonio López Ferreiro en un volumen, con el título de «Varia». Uno de ellos es del mismo López Ferreiro y la colección comprende inscripciones del exterior y del interior de la Catedral, y hay uno de la antigua Colegiata de Muros y otros de Santa María a Nova de Noia. Un dibujante anónimo se ocupó de las doce cruces de consagración de la Basílica en el año 1211. Alguna de ellas ha sido cambiada de lugar, como consecuencia de obras llevadas a cabo en la primera iglesia compostelana. Pero el autor de las ilustraciones nos da noticia exacta sobre la ubicación primitiva de cada una de ellas y nos permite leer cómodamente las inscripciones que, mirando a las cruces, no siempre pueden leerse con facilidad. También tenemos dibujos anónimos de elementos ornamentales de la iglesia coruñesa de Santiago. Posiblemente se deben a la generosidad del que fue Canónigo en Santiago y antes Rector de la citada parroquia herculina D. Robustiano Sández Otero, a quien tuvo el honor de suceder en la silla coral el que suscribe esta recensión. José Pardiñas y Villalobos fue el autor de dibujos de escudo nobiliarios de las parroquias de Treos, Vimianzo, Serantes, Soesto. Santa Mariña de Barro y Laxe. Donación del Canónigo Sández fueron los dibujos de la coruñesa Torre de Hércules, de autor anónimo. Siguiendo la sugerencia de López Ferreiro, pero a título personal, pues no hay constancia de un acuerdo capitular al respecto, el Deán Portela Pazos y el Fabriquero Sández encargaron al artista fallecido en el año 2001 D. Enrique Mayer Méndez el dibujo de las lápidas sepulcrales de Arzobispos, Canónigos y Racioneros enterrados en la Catedral. Son prácticamente la mitad de las ilustraciones de este libro y vienen a salvar inscripciones que en el original, por el paso del tiempo, el desgaste de las pisadas y el clima santiagués, van desapareciendo. En estas reproducciones ha quedado la mano detallista de esa gran persona y excepcional artista, a la vez que persona humildísima, que fue D. Enrique Mayer, un apellido ligado desde hace mucho tiempo al Arte en la Ciudad del Apóstol. Hay que agradecer al profesor Taín esta nueva aportación al conocimiento de la Catedral santiaguesa. Son documentos que no llegan a los que no acuden al Archivo de la Basílica, porque forman parte del fondo reservado a investigadores. Los dibujos que reproducen inscripciones o lápidas expuestas al público. o las Cruces de Consagración, no pueden apreciarse en su belleza y en su mensaje sin un libro como éste, que es un verdadero regalo para el amante del dato histórico y del fenómeno estético. J.P.L. MARÍA BELÉN BERMEJO LÓPEZ. El Camino de Santiago como bien de interés cultural. SANTIAGO DE COMPOSTELA, 2001 La Doctora en Derecho D María Belén Bermejo López ha trabajado, para alcanzar la máxima graduación en Ciencias Jurídicas, sobre lo que concierne en el campo jurídico al Camino de Santiago como bien cultural. El subtítulo de la obra indica la intención de la autora: «Análisis en torno al Estatuto Jurídico de un itinerario cultural». La tesis fue elaborada en el Departamento de Derecho Administrativo de la Universidad Compostelana, área integrada en el Derecho Público y Teoría del Esta do. Dirigió la investigación el profesor Enrique Gómez Reino y Carnota. La obra viene precedida de palabras de presentación del Presidente de la Xunta de Galicia, profesor Fraga Iribarne; del Conselleiro de Cultura, Comunicación Social y Turismo, D. Jesús Pérez Varela; y del profesor José Manuel García Iglesias, Director de la edición. Al desarrollo del estudio antepone la autora una introducción, en la que justifica la elección del tema del trabajo y hace una síntesis de los que vamos a encontrarnos después en las trescientas páginas de la obra. Para orientación del interesado en leer este trabajo, indicamos el contenido de cada uno de los capítulos: el primero es una aproximación histórica al tema, en el que la Dra. Bermejo habla del hecho jacobeo que da lugar al Camino. Como es el que nos resulta menos novedoso, vamos a decir que nos parece completo en la información, si bien es deficiente en el recurso a fuentes, escasez nada extraña, ya que el móvil de la investigación no es histórico, sino jurídico. Esta vertiente han de juzgarla los especialistas, aunque nos parece que el refrendo del tribunal universitario es garantía sobrada para que se mire con respeto la paciente labor de la autora. El título del capítulo segundo es éste: «La naturaleza jurídica del Camino de Santiago como camino público». El tercero, «La naturaleza jurídica del Camino de Santiago como Bien de Interés cultural». El cuarto, «El régimen jurídico de tutela del Camino de Santiago como Bien de interés cultural». El quinto, «La protección del Camino de Santiago a través de los instrumentos de planificación urbanística». El sexto, «El reparto de competencias en torno al Camino de Santiago». El séptimo. «Las medidas de fomento», y el octavo, «El derecho sancionador». Como es lógico, la legislación estatal y de las comunicaciones autonómicas afecta a muchos individuos y grupos que poseen bienes en las cercanías del Camino, porque hay que distinguir tres niveles de protección: el del entorno, y los elementos históricos, el de las vías declaradas de dominio público, las zonas laterales de protección y del entorno, y los elementos históricos vinculados a la ruta. Entran, por consiguiente, en liza también las administraciones locales correspondientes. A ellas concierne la elaboración de un plan especial, que afecta también a todo lo relacionado con la urbanística. Aunque en los últimos tiempos las administraciones autonómicas han ido convergiendo en un interés compartido por el Camino de Santiago, no existe uniformidad en las Autonomías, si tenemos en cuenta la disposición legal estatal de protección del Camino de la peregrinación jacobea. La Dra. Bermejo se pronuncia sobre «la necesidad de establecer un marco único en el que llevar a cabo la protección de dicho bien», creando los mecanismos de cooperación y de coordinación. También entra en la consideración del fomento del Camino. No se queda en su defensa, sino que analiza también lo relacionado con el fomento del Camino y de la Peregrinación, tomando como precedente que debe marcar el futuro lo que se ha venido haciendo en los Años Santos de 1993 y 1999. Por último, previendo los atentados que, por negligencia o mala voluntad, pueden cometerse contra este bien cultural, desciende al estudio del régimen sancionador, que ha de tener en cuenta la voluntariedad, porque nos encontramos ante hechos de responsabilidad subjetiva. Por último, toma en consideración la aplicación del principio de «non bis in idem», que, como escribe la Dra. Bermejo, «impide la iniciación de varios procedimientos sancionadores por la comisión de una misma infracción y por un mismo individuo». Hemos de agradecer desde estas páginas del BOAS a la autora el que se haya ocupado de la vertiente jurídica del Camino en la actualidad. De las disposiciones legales en otros tiempos nos informan otros autores, que han dejado claras las consecuencias que la peregrinación tuvo siempre, por lo que se refiere la uso del hábito de peregrino, a la exención de impuestos, a la tutela del romero durante su viaje a Compostela y el retorno, y los problemas de la defunción en el tiempo de la romería jacobita. Nos parece un estudio exhaustivo, que, además de proponemos con claridad y ajustado lenguaje jurídico el estado de la cuestión, señala derroteros que hay que seguir en el futuro para llenar vacíos, aclarar conflictos y coordinar voluntades legislativas. Se trata de un excelente servicio a la cada día creciente bibliografía jacobea que no ha venido cultivando asiduamente el horizonte del Derecho, aunque ya existe una colección de disposiciones publicada por la Xunta de Galicia, que ha querido ofrecer a los interesados en el tema la colección legal que afecta al Camino. MANUEL SÁNCHEZ MONGE. Vivir bajo la mirada de la Trinidad. BURGOS, 2002 Desde hace unos años atienden la Catedral compostelana religiosas Auxiliares Parroquiales de Cristo Sacerdote. Cuando se llevó a cabo la fundación de este instituto religioso, en el año 1927, se le dio el nombre de Pía Unión de Hijas de la Unión Apostólica. El fundador fue el hoy Siervo de Dios D. José Pío Gurruchaga Castuariense, un sacerdote nacido en Tolosa (Guipúzcoa) el 5 de mayo de 1881 y que falleció en Bilbao el 22 de mayo de 1967. En 1993 se cerró el proceso diocesano para su canonización. Ordenado Sacerdote en 1905, tuvo su primer destino en la parroquia de Santa María del Juncal de Irún. Sintió deseos de ingresar en la Compañía de Jesús, pero no llevó a cabo esta vocación. Sus actividades fueron numerosas, destacando entre ellas la dedicación a la Acción Católica; la fundación de sindicatos católicos y de una caja de socorro para los parados; la implantación en España de la Obra Pontificia de San Pedro Claver, de la que fue primer Director Nacional, etc. Cuando se creó la diócesis de Bilbao, el Obispo de la misma, Mons. Morcillo, nombró al Sr. Gurruchaga primer Deán de la Catedral bilbaina de Santiago. Hace seis años que se publicó la primera biografía de D. José Pío, la que lleva la firma de María Rosa Martínez Ciges. Y, en el año 2000, salió a la luz la obra «Pensamientos», que recoge enseñanzas y reflexiones del Sr. Gurruchaga. En estas obras y en los fondos del Archivo de las Auxiliares Parroquiales de Cristo Sacerdote tiene su apoyo esta síntesis de la espiritualidad de D. José Pío, escrita por el Rvdo. Sr. D. Manuel Sánchez Monge. Contiene estas nuevas dimensiones de la espiritualidad del Siervo de Dios: trinitaria, cristocéntrica, eclesial, contemplativa, evangelizadora, mariana, eucarística, sacerdotal y litúrgica. Sigue un capítulo acerca de las virtudes teologales y concluye con el perfil diseñado por el fundador para las Auxiliares Parroquiales, en el que se pone de manifiesto el talante espiritual del Sr. Gurruchaga. El obispo de Palencia. Mons. Palmero, a quien se debe el prólogo de este libro, no ahorra calificativos a la hora de describir al Siervo de Dios: infatigable catequista, experto director de conciencias, bueno en el confesionario con hombres que lo frecuentan poco, enamorado de su sacerdocio, etc. Pero el prologuista quiere resumir y nos ofrece, siguiendo la obra de Sánchez Monge, estas tres ideas fundamentales en el pensamiento del Sr. Gurruchaga: sacerdocio, espiritualidad e Iglesia Madre. J.P.L. |