|
Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago |
||
2. Santiago, «Memoria» de EuropaEstos días nuestra ciudad, a la que siempre se llega como peregrino, acoge el encuentro de los Sres. Ministros europeos de Justicia e Interior. Vienen de una Europa que, como nos recordaba el Papa, «se ha encontrado a sí misma alrededor de la memoria de Santiago en los mismos siglos en los que ella se edificaba como continente homogéneo y unido espiritualmente». Esta Iglesia particular compostelana les ofrece como a todos los peregrinos, su hospitalidad en la «Casa del Señor Santiago», deseando que su presencia deje tina impronta de esperanza que ayude, en el decir de Salvador de Madariaga. a reavivar la conciencia europeísta cuyo primer contenido, previo a los tratados y reglamentos políticos económicos, sería el logro de la solidaridad moral y activa. Esta ha de ser la verdadera médula de Europa cuyas raíces hay que encontrarlas en la común cultura de todos los pueblos europeos, iluminada con la luz del Evangelio. En esta encrucijada entre civilización e historia hemos de orientar nuestros pasos hacia el futuro, apoyados en la esperanza. Esta se presenta como impulso innovador, como capacidad de vislumbrar el futuro y dejar huellas duraderas en el tiempo a través del servicio a la dignidad del hombre, y como capacidad de dar sentido a la historia, asumiendo la responsabilidad en cada momento y concretamente en el presente de esta «nueva» Europa, llamada a reconstruir la unidad espiritual y moral. En la complejidad de este proyecto no caben actitudes ni silencios que generen desconfianzas y ensombrezcan la realidad de nuestra convivencia. La pobreza, la violación del derecho a la vida, el olvido de algunos derechos humanos y el subdesarrollo son otras tantas situaciones de sufrimiento y de falta de esperanza. Es preciso descubrir al hombre de hoy sus cumbres y sus posibilidades, su capacidad para superar la trivialización de la vida y caminar hacia lo alto y hacia adelante. «Eultreia» (adelante, ea!) y «Esuseia» (arriba, ea!) aclamaban y aclaman los peregrinos que vienen a la Tumba del Apóstol. Acompasar la cultura del realismo y la cultura de la esperanza ha de ser nuestro reto en esta Europa que ha de mirar más allá de sí misma si quiere seguir siendo «faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo». Toda búsqueda de alguna manera es ya un encuentro, y la búsqueda siembra ya en la entraña humana el sabor de los frutos del futuro. «Podemos pensar con razón que la suerte futura de la humanidad está en manos de aquellos que sean capaces de transmitir a las generaciones venideras razones para vivir y para esperar» (GS 31). En esta perspectiva este encuentro es una ocasión propicia para reconocer la herencia europea y, desde la dimensión que les compete a nuestros Ministros europeos, colaborar a una pedagogía de configuración ética de Europa a través del diálogo,. aceptando las diferencias, cultivando la propia identidad y «globalizando» la solidaridad y la justicia sin dejar a nadie al margen. lo que tiene una viva actualidad en la compleja problemática de las migraciones. La defensa de los derechos humanos y los esfuerzos por la paz son inseparables. «Para que cada hombre cumpla más cuidadosamente su deber de conciencia, tanto respecto a sí mismo como a los diferentes grupos de que es miembro, debe ser diligentemente educado en una cultura espiritual más amplia, aplicando los enormes recursos que están hoy al alcance del género humano… Pero el hombre difícilmente puede llegar a este sentido de la responsabilidad si las condiciones de vida no le permiten llegar a ser consciente de su dignidad y responder a su vocación entregándose a Dios ya los demás» (GS 31). Hacer memoria de la tradición jacobea, escuchando el eco de tantos y tantos peregrinos que han llegado a Santiago a través de un camino de fe y esperanza, es fortalecer la conciencia de Europa. ¡Dios no ayuda, y también Santiago!
Julián Barrio Barrio, |