Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago

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NACIONAL

CONCLUSIONES DEL SIMPOSIO SOBRE LA TRANSMISIÓN DE LA FE

EL ESCORIAL, 7 Y 8 DE FEBRERO DE 2002.

Desde un nuevo impulso

1. De cara al nuevo milenio y atentos a la invitación que el Papa Juan Pablo II nos hace, hemos celebrado este Simposio sobre la «Transmisión de la Fe», para dar un «un nuevo impulso a nuestro compromiso espiritual y pastoral».

En la misión de evangelizar

2. Este Impulso viene del mandato del Señor Resucita do: «Id y haced discípulos a todas las gentes» (Mt 28, 19). Este mandato define la misión evangelizadora de la Iglesia y, por tanto, su carácter eminentemente educativo. Conscientes de las dificultades en orden a la transmisión de la fe, la Iglesia, también hoy, quiere continuar entregando el don recibido a fin de que aquellos que la escuchan y se adentran en este misterio lleguen «al estado de hombres perfectos, a la madurez de la plenitud de Cristo» (Ef 4, 13).

Con los testigos y maestros de la evangelización

3. El estudio que hemos realizado sobre la transmisión de la fe y sus dificultades, a las que respondieron con total entrega, entre otros, S. Enrique de Ossó, el Beato Pedro Poveda, el Obispo Beato Manuel González y el sacerdote. pedagogo y educador, Andrés Manjón. nos han aportado elementos muy valiosos para la acción catequética y educativa de la Iglesia española. Todos ellos tuvieron como razón de ser de su acción apostólica, la evangelización del mundo en el que les tocó vivir. Pues, para ellos, evangelizar era, y es, conocer y amar a Cristo, mostrar a Cristo, vivir y educar en Cristo.

Ellos respondieron a una cultura determinada

4. Ante una cultura que en muchos casos presentaba antivalores erigidos como nuevos ídolos o referentes vitales para el desarrollo de niños y adolescentes, nuestros maestros en la educación de la fe supieron ser testigos del Señor con su palabra y su vida. Testigos que lucharon contra corriente confiando siempre en la acción de la gracia. Dios les concedió a algunos la corona del martirio. También hoy, la presentación del Acontecimiento de Jesucristo, anunciado por la Iglesia, se presenta contra corriente y exige una respuesta personal y comprometida.

Con unas acciones concretas

5. Ante los síntomas de debilitamiento de la fe, dudas y desorientación en el camino, los educadores que nos ocupan supieron estar a la escucha de Aquel que es palabra viva, fuerza y esperanza. La oración confiada y la acción catequética de S. Enrique de Ossó, patrón de los catequistas, la presencia siempre viva de Cristo sacramentado en el Beato Manuel González, la acción educativa y el testimonio martirial del Beato Poveda, la dedicación a la educación de los más pobres y excluidos del P. Manjón, son referentes claros para nuestra acción educativa. A través de estas iniciativas de los santos fundadores y de otras muchas que el Espíritu Santo ha inspirado y fecundan la Iglesia, se ha puesto de manifiesto que la Iglesia evangeliza educando y educa evangelizando, que el evangelio tiene capacidad para inspirar una nueva humanidad.

Hoy tenemos nuevos retos pastorales

6. La enseñanza y la catequesis se enfrentan hoy a similares y nuevos retos en la transmisión de la fe a las nuevas generaciones. Lo que se nos pide es que la catequesis y la enseñanza en esta nueva evangeliza ción no sean sólo hablarles de Cristo sino en cierto modo hacérselo ver, cada una desde su ámbito y fina- lidades propias. En este sentido. la fe y la razón deben ir unidas al testimonio, a fin de que la transmisión de la fe pueda ser personalizada y por tanto vivida. Del evangelio emerge el rostro de Cristo que hoy debe mos transmitir con la humildad y disponibilidad de aquel que sabe que el hecho revelado y recibido en la comunidad de creyentes gracia que viene del Padre.

Una nueva síntesis de la fe

7. Hoy se percibe cada vez más la necesidad de una propuesta de la fe que se mueva en el horizonte de esta gran tarea: la integración entre la fe y la vida, el diálo go entre la fe y la cultura, y el logro de una nueva sín tesis creativa de la fe que lleve a mostrar su fuerza humanizadora. Para esta tarea es imprescindible el servicio que la teología debe prestar a la catequesis y a la enseñanza. A la luz de esta dinámica, se com prende que el anuncio de la fe debe ir unido a la edu cación del ser humano, para que el mensaje de la fe pueda ser acogido en la vida, pueda generar cultura, y entre en la historia.

El anuncio de Cristo

8. Para ello la prioridad de la Iglesia debe centrarse en el anuncio de Cristo, mostrándolo con múltiples metodologías y peculiares carismas. El testimonio de estos hombres ejemplares nos ha señalado y casi allanado el camino del futuro. Dios continúa comunicándose en la historia a través de lo humano, con rostros de hombres y mujeres, que son llamadas de encuentro con El. Aquí radica la originalidad imprevisible de la pretensión cristiana: Cristo se presenta ante el corazón y la libertad de todos como una compañía humana que se puede ver, tocar y escuchar, y que nos recuerda que la vida tiene un sentido y nos llama a descubrir nuestra dignidad de hijos de Dios. La transmisión de la fe con lleva la renovación de la fe de los cristianos, redescubrir la sencillez y conquistar la verdadera libertad cristiana en un mundo que quiere imponer sus valores.

La comunión eclesial

9. Profesores y catequistas nos hemos unido estos días en la escucha de la Palabra, en la Fracción del mismo Pan, en la oración comunitaria. Esta comunión vivida y sentida en su profundidad debe hacemos capaces de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios Este sentido de comunión es imprescindible para que el mensaje de Cristo sea creíble.

Complementariedad de enseñanza y catequesis

10. La enseñanza y la catequesis son cauces complementarios para la transmisión de la fe. Reforzar el sentido de comunión en nuestras comunidades favorece la transmisión y la experiencia del encuentro con Jesucristo. Evangelizar es un reto que no podemos afrontar aisladamente. En el diálogo de la fe con la cultura que está presente en la escuela no podemos ser asépticos, como si nada nos vinculase con la persona viva de Jesucristo desde la cual el diálogo es fructífero.

Al amparo de la oración

11. Queremos responder también a una necesidad cada vez y la gracia más acuciante en nuestro mundo: la exigencia de santidad y el cultivo del espíritu. Es necesario rechazar la «tentación que insidia siempre todo camino espiritual y la acción pastoral misma: pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y programar» (NMI 38). En toda nuestra acción pastoral y en el cultivo de las dimensiones de la formación cristiana, la oración es elemento fundamental pues expresa la experiencia de la fe, que queremos transmitir, como relación con Dios. Orar es la fe en acto.

«Duc in altum»

12. «Duc in altum» Lo que hemos compartido en estos días suscita en nosotros un dinamismo nuevo, impulsándonos a traducir nuestras reflexiones y experiencias en iniciativas concretas. Éste es un momento de gracia para la misión.