Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago

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4. CARTA PASTORAL EN EL DÍA DE LA VIDA CONSAGRADA.
FEBRERO 2002

La Vida Consagrada, respuesta a la búsqueda de Dios

Queridos diocesanos:

La Jornada de la Vida Consagrada es una ocasión para conocer mejor esta forma de vida eclesial y valorar la riqueza humana y espiritual que suponen para nuestra Iglesia particular la presencia y la pertenencia de tantas personas que generosamente han ofrecido su disponibilidad al servicio del Reino, siguiendo la vocación de Vida Consagrada. Ellas son para todos los diocesanos ese signo clara mente legible de la Iglesia en medio de nuestra sociedad. En este sentido traigo a nuestra memoria el texto del mensaje final del último Sínodo de Obispos en el que los Padres sinodales subrayan la cooperación armoniosa de las personas consagra das en la pastoral diocesana, manifestando lo siguiente: «Nuestro reconocimiento se dirige también a todas las personas consagradas, dedicadas a la contemplación y al apostolado. Testigos privilegiados de la esperanza del Reino que viene, su presencia y acción frecuentemente permiten a nuestro ministerio apostólico alcanzar a las personas en las fronteras más alejadas de nuestras diócesis, allí donde, sin ellos, Cristo no sería conocido. Por su fidelidad al espíritu de sus fundadores y por la radicalidad de sus opciones ellos son respecto del Evangelio lo que es una partitura cantada respecto de una escrita».

Vocación distinta, no distante

Regenerados en Cristo, hemos sido llamados a la santidad y a la edificación del Cuerpo de Cristo en la diversidad de vocaciones, carismas y ministerios (Rom 12, 38ss.). A través del Bautismo y de la Confirmación somos consagrados y «todos los cristianos de cualquier clase y condición están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor» (LG 40). Pero la vida consagrada supone «una vocación distinta y una forma especial de consagración en razón de una misión peculiar» (VC 31). Son muy esclarecedoras las palabras del Papa en la Exhortación Apostólica cuando dice: «Como expresión de la santidad de la Iglesia se debe reconocer una excelencia objetiva a la vida consagrada, que refleja el mismo modo de vivir de Cristo. Precisamente por esto, ella es una manifestación particular mente rica de bienes evangélicos y una realización más completa del fin de la Iglesia que es la santificación de la humanidad» (VC 32). De esta manera las personas de Vida Consagrada que cuando acrecientan la confianza en su vocación son capaces de mostrar algo de la vocación humana, ofrecen una respuesta a quienes, sedientos de Dios. lo buscan con sincero corazón y desean vivir las exigencias de la fe.

Estilo particular de santificación y de apostolado

Con la preocupación de testimoniar el Evangelio de las Bienaventuranzas, los religiosos y religiosas dedicados a la contemplación son imagen de Cristo en oración en el monte (LG 46). Las personas consagradas de vida activa son manifestación de Cristo «anunciando a las gentes el Reino de Dios, curando enfermos y lisiados. Convirtiendo a los pecadores en fruto bueno, bendiciendo a los niños y haciendo el bien a todos, siempre obediente a la voluntad del Padre que lo envió» (LG 46). Los miembros de Institutos seculares, viviendo su consagración en el mundo y a partir del. mundo, «se esfuerzan por impregnar todas las cosas con el espíritu evangélico para fortaleza y crecimiento del Cuerpo de Cristo, tratando de ordenar según Dios las realidades temporales y colaborando en el servicio de la comunidad eclesial con el estilo de vida secular que les es propio (VC 32). En todo caso y en cualquier circunstancia la vida consagrada nos indica que la felicidad definitiva está en Dios.

En este día, de manera especial, nos unimos en comunión afectiva, oración insistente y sincero agradecimiento a todas las personas de Vida Consagrada, dando gracias a Dios por su presencia en nuestra Iglesia particular y pidiendo para que el Espíritu siga suscitando este don, pues «una diócesis que quedara sin vida consagrada, además de perder tantos dones espirituales, ambientes apropiados para la búsqueda de Dios, actividades apostólicas y metodologías pastorales específicas, correría el riesgo de ver muy debilitado su espíritu misionero, que es una característica de la mayoría de los Institutos» (VC 48).

Os saluda con afecto y bendice en el Señor.

 

V Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela