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Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago |
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5. CARTA PASTORAL EN LA CUARESMA DEL 2002«Testimonios del amor gratuito de Dios en una vida santa» Queridos diocesanos: El tiempo de Cuaresma nos evoca esa peregrinación hacia la tierra prometida que es la vida eterna, y nos convoca a la celebración del misterio pascual donde la cruz y la muerte encuentran respuesta en la resurrección que ilumina nuestras circunstancias humanas en las que la eternidad parece algo irrelevante. «Sólo si la medida de nuestra vida es la eternidad, también esta vida sobre la tierra es grande y su valor es inmenso». En la perspectiva del juicio de Dios percibimos que las injusticias de este mundo no son la última palabra de la historia. Consecuentemente este tiempo hemos de vivirlo firmemente adheridos en esperanza a Jesucristo que nos ha dejado ejemplo en su propia persona. «Él, cargado con nuestros pecados, subió al leño y no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca y por nosotros para que vivamos en él, lo soportó todo» (San Policarpo a los Filipenses). Volver a Dios Estamos necesitados de volver a Dios no por la senda de la superficialidad sino por el camino de la interioridad a través de la confesión de nuestros pecados, del perdón de las ofensas recibidas, de la oración, de las obras de caridad y de la humildad, trabajando por un mundo renovado en la fe y en el amor. La marginación de Dios pone en crisis la cultura actual. A veces tenemos la impresión de que el hombre en nuestros días vive como si Dios no existiera, pero por otra parte, día a día, manifiesta de diferentes modos la necesidad de que alguien le rescate de este vacío que percibe en lo íntimo de sí mismo, y que le lleva a hacer propias las palabras del salmista: «Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo; mi alma está sedienta de Ti». Afianzar la confianza en la vocación cristiana es ponerse en disposición de demostrar algo de la vocación humana. Testimonio en la vida diaria Los cristianos hemos de anunciar en la vida diaria nuestra fe y acompañar a los demás en la búsqueda de Dios, anunciando a Cristo, concebido virginalmente en el seno de la Virgen María, verdadero Dios y verdadero Hombre, muerto y resucitado donde debemos enraizar nuestra vida para descubrir el secreto del sentido de la misma, manifestando nuestra fe en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible; y en el Espíritu Santo. Señor y dador de vida, que con su gracia nos introduce en el conocimiento del único Dios verdadero y de su enviado Jesucristo, pues «nadie puede decir: ¡Jesús es el Señor! sino por influjo del Espíritu Santo» (1 C’or 12. 3). «La Cuaresma, como escribe el Papa en su Mensaje, que es una ocasión providencial de conversión, nos ayuda a contemplar este estupendo misterio de amor». Es momento de repensar serenamente nuestra fe bautismal y proclamarla en todos los ámbitos de nuestra vida, respondiendo a la vocación a la santidad. «Habiendo recibido gratis la vida, debemos por nuestra parte, darla a los hermanos de manera gratuita. Así lo pide Jesús a los discípulos, al enviarles como testigos suyos en el mundo: Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. Y el primer don que hemos de dar es el de una vida santa, que dé testimonio del amor gratuito de Dios». Todos somos llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad. «Para alcanzar esta perfección, los creyentes han de emplear sus fuerzas, según la medida del don de Cristo, para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo. Lo harán siguiendo las huellas de Cristo, haciéndose conformes a su imagen. y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre. De esta manera, la santidad del Pueblo de Dios producirá frutos abundantes, como lo muestra claramente en la historia de la Iglesia la vida de los santos» (LG 40). La acogida del don de la fe, el bautismo y el cumplimiento de los mandamientos de Dios nos ponen en camino para volver a la casa del Padre y recibir el abrazo de su amor misericordioso. «Si guardáis mis mandamientos, perseveraréis en mi amor, así como yo también guardé los mandamientos de mi Padre y estoy en su amor» (fn 15, 10). Los mandamientos son esa pedagogía de liberación para el hombre esclavo del temor y del egoísmo. Frutos de una vida en santidad Esta exigencia cristiana nos lleva a ver las cosas de este mundo desde la justa medida de la eternidad, siendo fermento transformador de una sociedad en la que la apertura al otro, la fraternidad y solidaridad erradiquen toda discriminación racial e intolerancia y se eliminen todas las formas de resentimiento y de violencia en favor de una paz que no puede ser ajena a la verdad del espíritu transformador de las Bienaventuranzas Este espíritu impulsa a superar el proceso del individualismo cuya cultura favorece una conducta excluyente y degrada a los desfavorecidos en nuestra sociedad. Será preciso considerar las capacidades espirituales y morales de la persona, llamada a vivir permanentemente la conversión interior que mas allá de mediocridad y de la mezquindad nos impulsa con la ayuda de la gracia de Dios a introducir en las instituciones y condiciones de vida, cuando éstas inducen al pecado, las mejoras convenientes para que aquéllas se conformen a las normas de justicia y favorezcan el bien común en lugar de oponerse a él (cfr. LG 36). Eco en nuestra pastoral La llamada de Cristo a la conversión sigue resonando en las encrucijadas de nuestra existencia, invitándonos a responder al amor de Dios que nos ha amado primero (1 fu 4, 10), este amor que encuentra su significado más pleno en el Misterio Pascual que nos disponemos a celebrar, anunciando la muerte y proclamando la resurrección del Señor mientras esperamos su venida gloriosa. La Cuaresma es tiempo propicio para la apasionante tarea de la evangelización, objetivo de nuestro plan pastoral. Esforcémonos para que nuestra Diócesis viva este espíritu a través de las charlas cuaresmales, misiones u otros medios pastorales en todas las parroquias y las demás instituciones diocesanas, cuidando con especial esmero la celebración de la Eucaristía. En este propósito pido el mayor compromiso a los sacerdotes, miembros de Vida Consagrada y laicos de esta Iglesia diocesana. Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,
V Julián Barrio Barrio, |