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Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago |
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4. CARTA PASTORAL EN EL OCTAVARIO DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS, 2003«Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro» (2 Cor 4, 7) Queridos diocesanos: El ecumenismo es un camino, lleno de dificultades, que hemos de recorrer en el respeto a la pluralidad de las diferentes tradiciones y de los distintos modos de expresión, y con la esperanza de quienes se sienten guiados por el Espíritu de Dios. pues sólo su acción y su poder nos llevarán a lograr la meta deseada. La inquietud ecuménica y la oración por la unidad plena y visible de la Iglesia son una súplica y un mandato a los que debemos responder siempre los cristianos, si bien con una mayor concienciación e intensidad en el OCTAVARIO que celebramos del 18 al 25 de enero. Este año un grupo ecuménico de Argentina ha elaborado el proyecto de Oración del Octavario, por encargo del Consejo Pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos y Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de Iglesias. El tema y el pasaje de la Sagrada Escritura escogidos como base son el fruto de una reflexión y lectura creyente de la historia y realidad actual de Argentina, formada por un mestizaje de diferentes pueblos, culturas y creencias, receptora generosa durante mucho tiempo de inmigrantes y hoy con algunos sectores de población obligados a emigrar en busca de nuevas condiciones económicas de vida. En este sentido la propuesta es que nuestra oración por la unidad de los cristianos tenga presentes a las comunidades de emigrantes que son consecuencia de las divisiones y exclusiones dolorosas de una sociedad muy alejada del ideal del Reino de Dios, hacia el que todos estamos llamados a peregrinar como hermanos en Cristo e hijos del mismo Padre que nos espera siempre. Todas nuestras fuentes están en Dios (cfr. Sal 86. 7). Un mundo fracturado El mundo creado por Dios es ofrecido como don y tarea al hombre para que las personas y los pueblos, que comparten la misma dignidad e igualdad, alcancen su plenitud y felicidad. Y lo que era bello y muy bueno en un principio está actual mente trastocado por el pecado que se manifiesta, entre otras cosas, en el egoísmo y la injusticia, en la insolidaridad y la guerra y en toda clase de situaciones de marginación que sacrifican millones de vidas. Esto conlleva que toda la realidad crea da espere pacientemente ser implicada por el hombre en la glorificación de Dios. «Pues sabemos que la creación entera hasta ahora gime y siente dolores de parto, y no solo ella, sino también nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos suspirando por la adopción, por la redención de nuestro cuerpo» (Rom 8, 23-24). Para recrear el mundo y anunciar el Reino de Dios ha venido Cristo que introduce en el corazón de la humanidad la fuerza liberadora de su Espíritu que actúa en la historia. El grito de los oprimidos por cualquier clase de esclavitud se hace llamada urgente e inapelable de conversión que compromete nuestra existencia. La vida cristiana en la debilidad humana Cristo ha hecho brillar su luz entre las tinieblas, ilumina los caminos de esperanza y amor para la humanidad y ha encendido esa luz en nuestros corazones para que la manifestemos en las obras sirviendo a los hermanos por amor a Jesús (2 Cor 4, 5-6). Así Dios misericordioso nos reconcilió en Cristo, y nos confió el ministerio de la reconciliación, ya que en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo con sigo, no tornando en cuenta las transgresiones de los hombres, Sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación (2 Cor 5, 18-19). La fe en Cristo es nuestra esperanza. Este tesoro de gracia que recibimos al estar bautizados en Él, y que nos compromete en la trascendente tarea de realizar en el mundo de hoy la reconciliación para construir la fraternidad de todos los hombres, lo llevamos en vasijas de barro. Nosotros mismos gemimos con la creación entera ante los fracasos de los procesos de su humanización y abrigamos la esperanza de compartir, libre de toda corrupción, la espléndida libertad de los hijos de Dios (cfr. Rom 8, 19-22). Somos conscientes de nuestra debilidad, incrementada por las divisiones y descalificaciones recíprocas todavía existentes entre los mismos cristianos; pero también como san Pablo experimentamos que la gracia se manifiesta en la fragilidad, a fin de que nadie ponga en duda que la fuente de este poder extraordinario está en Dios y no en nosotros (2 Cor 4, 7). La Iglesia unida al servicio de todos los pueblos Somos peregrinos de la unidad como meta a alcanzar. No puede decaer nuestro compromiso ecuménico, porque éste no es invención de los hombres sino obra del Espíritu. Las Iglesias, tanto desde su propio interior como desde los grandes problemas sociales apuntados, deben sentirse interpeladas por la llamada a la re conciliación y a la unidad, para presentarse ante el mundo como signo convincente de la unidad y de la convivencia fraterna de todos los pueblos. «Los avances que esta unidad realice en la verdad y en la caridad bajo la poderosa virtud del Espíritu Santo serán otros tantos presagios de la unidad y de la paz para el universo mundo» (Gaudium et Spes, 92). El clamor de los sin pan, sin techo, sin patria nos pide a todos los cristianos unidos, siguiendo la luz orientadora del Evangelio, un compromiso ineludible a cooperar «fraternalmente para servir a la familia humana, que está llamada en Cristo Jesús a ser familia de los hijos de Dios» (ibid.). Al saludaros con todo afecto y bendición en el Señor, me uno a vosotros en oración diciendo: «Dios, Padre nuestro, tu Hijo ha conocido el exilio en Egipto. Acompaña a la muchedumbre de emigrantes de nuestra época. Permite que el Espíritu Santo toque a todo corazón humano: que se derrumben las fronteras que nos separan, que desaparezcan los prejuicios, que cesen los odios. Que tu Espíritu sople sobre las Iglesias y las vivifique en su camino hacia la unidad. Que nos ayude a superar nuestras divisiones, y nos conceda avanzar en la justicia y la paz. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén» (Oración del primer día del Octavario).
V Julián Barrio Barrio, |