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Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago |
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BIBLIOGRAFÍAJULIÁN BARRIO BARRIO. Frei Martín Sarmiento, monxe bieito. SANTIAGO DE COMPOSTELA, 2002 Aprovechando que la figura honrada en el Día das Letras Galegas era el monje benedictino berciano-gallego Fray Martín Sarmiento y que el Instituto de Estudios Gallegos lo tiene como titular, el Arzobispo santiagués, Mons., Barrio, fue invitado a pronunciar acerca de él la conferencia inaugural de la nueva sede del citado Instituto, en el palacete de San Roque, en la capital diocesana. El texto de la conferencia de Mons. Barrio ha sido editado ahora con un «limiar» del Director del Instituto, Dr. D. Eduardo Pardo de Guevara y Valdés, y las palabras de presentación dichas en aquel día por el investigador y profesor del Instituto Teológico Compostelano Dr. Isidro García Tato. La conferencia se divide en cinco apartados, en los que el autor, sin dejar de dar una información objetiva sobre el benedictino, procura recoger anécdotas que nos acercan al modo de ser de Sarmiento, un infatigable trabajador, que, en cambio, no gustaba mucho de la comunicación con los demás, ni ambicionaba honores y que, en vida, publicó muy poco. Admirador de Feijóo, tenían, sin embargo, personalidades diversas; pero se puede decir que, a pesar de la diferencia de edad, se complementaban mutuamente muy bien. Compaginó Sarmiento dos facetas aparentemente contradictorias: el trabajo en la celda y la labor de campo, ésta en busca del conocimiento de la flora, de la fauna y del habla de Galicia. No era partidario de entretenerse con documentos antiguos y, a pesar de ello, trabajó con mucho fruto en un número grande de Archivos, unos de la Orden, y, otros, de Catedrales e instituciones similares. Estaba convencido de que la Escolástica se había quedado desfasada. El tiempo en el que vivió le condiciona; pero no se puede asegurar que haya sido un preilustrado, o un protoilustrado o un postilustrado. De todos modos, asegura Mons. Barrio que «con Sarmiento la Ilustración entra en nuestra tierra, y, con él, Galicia entra en la Ilustración». El autor lo califica de «ilustrado sui generis». Los dos últimos capítulos de esta obra de menos de cincuenta páginas, pero muy densa en su contenido, se titulan, por este orden, «Monachus urbanus» y «Monachus ineditus». Metido en su celda madrileña, puso en orden todo lo que había recogido en sus investigaciones, y él mismo escribió que había hecho de su habitación matritense «un desierto para vivir retirado y tan gustoso como si viviese en unas breñas». En vida sólo vio publicada su «Demostración crítico-apologética del Theatro Crítico Universal». El mismo justifica su comportamiento con estas palabras: «Yo no escribo para imprimir ni para templar gustos a la moda. Cada cual escribe lo que, cuando y cómo quiera, que yo no estoy privado de hacer lo mismo». Dice en otra ocasión: «escribo para mí mismo». Tanto la reclusión como la renuncia a publicar las atribuye Mons. Barrio a la pertenencia del P. Sarmiento a la Orden Benedictina, que promovía el trabajo intelectual en el cenobio, y a la humildad del monje, quien, sólo por obediencia, dio a la imprenta su «Demostración». Encuentra Mons. Barrio en esta actitud del P. Sarmiento un anticipo, con dos siglos por medio, del ideal del monje descrito por el papa Pablo VI en el monasterio de Subiaco. J.P.L. LUIS QUINTEIRO FIUZA. Repensar la Metafísica. Desde el Realismo Trascendental de J. I. Alcorta. SANTIAGO DE COMPOSTELA, 2002 Mons. Quinteiro Fiuza hizo su tesis de doctorado en Filosofía bajo la dirección del profesor jesuita, ya fallecido, P. Nemesio González Caminero y la publica ahora, años después, revisada y perfeccionada, en el volumen n. 8 de la «Collectanea Scientifica Compostellana», del Instituto Teológico santiagués. Para su trabajo de investigación eligió el autor la obra del sacerdote D. José Ignacio de Alcorta y Echevarría, nacido en Amorebieta, que fue Catedrático de Sistemas Filosóficos en la Universidad de La Laguna (Tenerife) y, posteriormente, de Ética y Sociología en la de Barcelona, a la que siguió vinculado hasta la jubilación, D. José I. de Alcorta falleció en la Ciudad Condal en 1983. Las obras principales de Alcorta son: «El ser. Pensar trascendental». «Ser. Conocer trascendental», que es una reedición de la anterior; «El Realismo Trascendental» y «Nueva visión de la Filosofía». Tiene luego muchos artículos que el autor de este libro ha usado en su tesis y que cita oportunamente. Según el Dr. Quinteiro, el pensamiento de Alcorta «se inserta en una corriente, que, por un lado, se enfrenta con el racionalismo y con el idealismo, y, por otro, intenta superar, por insuficiente, el realismo moderado». No siempre se puede atinar con la posición de Alcorta en algunos temas filosóficos, porque, según escribe el Dr. Quinteiro, «Alcorta, tan prolijo en mostraciones, se muestra poco sistemático en una cuestión que exige la más enérgica de las clarificaciones». El libro que comentamos, de un poco más de trescientas páginas, consta de los siguientes capítulos y temas: 1. Filosofía y Conocimiento. 2. El espíritu y sus modalizaciones en el campo de la complexión trascendental. 3. La interconexión originaria del ser y del conocer trascendental. 4. El ser a priori mental. 5. El conformarse de la subjetividad. 6. El ser trascendental y la fundamentación de la Ética. 7. El ser trascendental y la persona. Se cierra la obra con unas conclusiones generales. Apartado este último, que, además de ser obligado en una tesis doctoral, es de agradecer para poder sintetizar el juicio y la opinión del autor de la misma. Alcorta, que critica a filósofos de ayer, como Aristóteles y más recientes, como Husserl y Heidegger, tiene como «intuición central la conexión constituyente y originaria del ser y del conocer». Aunque no comparte la posición de Heidegger, de quien esencialmente, dice que existe con él «una coincidencia temática en el sentido de que se proponen la misma cuestión». Se extiende el Dr. Quinteiro en la explicación de la conexión necesaria entre el ser y el conocer, lo que concreta diciendo «no es el ser antes de la mente, ni la mente antes que el ser», porque «ambos se necesitan de un modo existencial». Aclara conceptos, como el de alma y espíritu, conciencia trascendental y voluntad trascendental, trascendental y trascendente; se detiene en la novedad de Alcorta con respecto al «primum cognitum», en apuntar las coincidencias que en alguna cuestión existen entre Zubiri y Al corta, y en destacar la que califica de «la gran obsesión de Alcorta»: «la necesidad de empezar desde el principio a construir y fundamentar la Filosofía». Un punto ético muy importante y más en nuestros días, es el de interconexión del ser y del valor y la intuición de Alcorta de que «la Etica es ordo amoris». No comulga el autor con la totalidad de las aseveraciones de Alcorta. Aunque ve su obra como una novedad importante en una renovación de la Filosofía, le encuentra aspectos negativos. El primero de ellos, el de las palabras que emplea a veces: «los desarrollos del pensamiento de Alcorta son deudores en su casi totalidad de una terminología ajena». Tampoco está de acuerdo con el recurrente uso que hace de la palabra «trascendental»: «además de constituir su uso en exceso reiterativo un grave defecto formal, sucede que tal continuo empleo del término trascendental no viene precedido en ninguna parte de la obra de un adecuado y riguroso examen del verdadero contenido y alcance de tal expresión». Por ello el Dr. Quinteiro ofrece un claro horizonte de los matices de la palabra. Señala el autor una tercera objeción a la obra alcortiana, si bien piensa que su opinión puede ser discutible: que «el sistema propugnado por Alcorta está sustentado en un excesivo intelectualismo». En los temas tratados en esta obra se hace una historia del pensamiento filosófico al respecto. Podríamos decir que una historia de la Filosofía fragmentaria, porque hay muchos temas pertenecientes al ámbito de la evolución del quehacer filosófico que no tienen por qué aparecer en este libro, cuya perspectiva está delimitada por el título mismo. Desfilan filósofos de todos los tiempos, con especial referencia a algunos, como Aristóteles, Platón, Santo Tomás de Aquino o Escoto, y, de entre los posteriores, Kant, Husserl y Haidegger, y, de hoy, Lotz, González Caminero y Rodríguez Resma, sin faltar una cierta comparación entre Amor Ruibal y Alcorta. Ambos fueron críticos con el pasado, pero no tuvieron tiempo para delinear sistemáticamente su pensamiento. Abundan en la obra del Dr. Quinteiro los neologismos, algunos de ellos fácilmente inteligibles para cualquiera, pero otros más necesitados, para que se les pueda comprender, de unos conocimientos de lenguas clásicas sobre las cuales se forman. Basten unos ejemplos: pensatividad, primordialidad, presencializar, homoiótico, apriórico, heteroperfectibilidad, heterocoherencia, agatológica, incontrahente, perseidad y paradojal. Palabras como éstas son una razón más para la lectura reposada de una obra densa y profunda que nos pone en contacto con la labor llevada a cabo por Alcorta, quien, disconforme con algunos neoescolásticos modernos, comparte con ellos el proyecto de dotar a la Filosofía cristiana de unos contenidos y de un vocabulario acordes con los nuevos tiempos. J.P.L. JOSÉ MARÍA DÍAZ FERNÁNDEZ-CARLOS VILLANUEVA. La Polifonía jacobea. Los villancicos al Apóstol de José de Vaquedano. Monumenta Gallaeciae Musicae. I-II. Xunta de Galicia. SANTIAGO DE COMPOSTELA, 2002 D. José María Díaz Fernández, Canónigo Archivero-Bibliotecario de la Catedral compostelana, y D. Carlos Villanueva Abelairas acaban de abrir la nueva colección «Monumenta Gallaeciae Musicae» con estos dos volúmenes en los que se ofrecen al público villancicos compuestos en honor del apóstol Santiago por José de Vaquedano. La iniciativa surgió de manera casual cuando el Archivero de la Catedral mostró al Catedrático de Historia de la Música de la Universidad santiaguesa, muy vinculado a Lugo, en el año 1988, tres cartapacios con originales del Maestro Vaquedano, transcritos por el músico D. Vicente García Julbe. García Julbe, nacido en Vinaroz (Castellón) en 1903, fue durante unos años Maestro de Capilla de la Catedral lucense, fundador de la Schola Cantorum y Vicerrector del Seminario. Pasó luego como beneficiado a la Catedral de Lérida; posteriormente, al Colegio del Corpus Christi del Patriarca, en Valencia, para instalarse en 1949, en Tortosa como Canónigo Prefecto de Música Sagrada en la Catedral, de la que sería posteriormente Maestrescuela. Durante años enseñó Teología Dogmática en el Seminario tortosino, además de dirigir todo lo relacionado con la formación musical. Sería después de su jubilación cuando se dedicó a transcribir las composiciones de Vaquedano de la Catedral compostelana. De su vida nos informa el profesor de la Universidad Jaime I de Castellón Antonio Ripollés, que hizo su tesis doctoral sobre García Julbe, a quien su localidad natal rindió un homenaje y le dedicó una calle. Las carpetas estudiadas contienen un motete del Maestro Romero, titulado «O beatum Apostolum»; otro motete de Vaquedano, «Iubilate Deo». y, en el apéndice, la «So nata a tres», del mismo Vaquedano. Junto a estas obras, los veintiocho villancicos al Apóstol, 13 de los cuales se editan en el primero de los volúmenes que presentamos, y, los 15 restantes en el segundo tomo. Los editores compostelanos han prescindido del motete del Maestro Romero (Capitán), próximo a aparecer en la obra de la Doctora Judith Etzion, y de la «Sonata a 3», que ya ha sido publicada por el profesor López Calo. Se han centrado en los veintiocho villancicos de Vaquedano, tomando como base el trabajo de García Julbe. No conoció éste de manera directa los originales santiagueses, sino que se valió de fotografías que le facilitó Mons. Nóvoa Fuente, el que fue Obispo Auxiliar del Cardenal Quiroga, a quien recuerda, junto al también canónigo lucense D. Daniel Sarandeses, con afecto. De todos modos, los autores consideran la labor de García Julbe excelente y el único cambio que han hecho fue el de picar de nuevo los textos de García Julbe, usando el programa «Finale». Con los originales de Vaquedano a la vista, el profesor Villanueva ha podido comprobar detalles que no vio en el microfilm usado García Julbe y. de este modo, introducir comprobaciones y correcciones. García Julbe esperaba publicar su trabajo e incluso lo incluye en su «curriculum. José de Vaquedano, estudiado en su momento por Santiago Tafall, si bien el maestro de capilla santiagués no llegó a publicar su discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes, nació en Puente la Reina (Navarra), en el año 1642. Posiblemente su apellido haya que escribirlo con B. Baquedano, como opina el profesor Villanueva. Iniciado en la Música en su localidad natal, va buscando trabajo en ese campo a diversos lugares y hasta se le sitúa en la real Capilla madrileña de la Encamación. Cuando en 1680 aparece como Maestro de Capilla de la Catedral de Santiago, era fraile trinitario calzado. Sin pasar por la pertinente oposición, fue incorporado a nuestra Catedral con el aval del Deán, que lo calificó ante el Cabildo como «muy diestro y entendido en el arte». Falleció Vaquedano en Santiago de Compostela el 27 de febrero de 1711 y recibió sepultura en el convento de las Madres Mercedarias. El tiempo que vivió Vaquedano en Santiago como responsable de la Música catedralicia condicionó su obra de creación. Como informa, D. José María Díaz en su trabajo introductorio, estamos ante la reafirmación de las tradiciones hispanas, tras la crisis en la peregrinación causada por la repulsa protestante de las indulgencias. En el siglo XVII, en el que Vaquedano viene a Santiago, el gallego D. Mauro Castellá Ferrer defendía el patronazgo y la capitanía general de Santiago sobre España. Es el mismo siglo en el que la Ofrenda Nacional adquiere la forma actual. El triunfalismo compostelano se expresa en la Arquitectura, la Escultura, la Orfebrería y la Liturgia. Para solemnizar ésta, escribe Vaquedano sus villancicos, reflejando en ellos el tono belicoso de los himnos del Breviario Compostelano del año 1497, como subraya el Canónigo Archivero. Pero hay otro condicionamiento en la obra de Vaquedano, el de los músicos con los que cuenta para poder interpretar sus composiciones, una por año –seguramente ésa era su obligación– y, algún año, dos. Esas limitaciones, como también otros informes de carácter positivo, los descubre el profesor Carlos Villanueva en las «particellas». No siempre consiguió contar, por problemas de financiación, con los cantores de la Capilla en el número deseado, ni con instrumentistas y organistas. De todos modos, el técnico Villanueva destaca la valía de la obra de Vaquedano, de la cual hace un análisis profundo, que no puede resumirse en esta nota bibliográfica. Con la presentación de estos dos tomos se abre una nueva vía, junto a la ya avanzada de carácter histórico, de aproximación de los ricos fondos archivísticos catedralicios al mundo. Lo recuerda el Presidente de la Xunta de Galicia, entidad editora, en su presentación de la obra de Va quedano. Y lo ratifica el Conselleiro de Cultura. Sr. Pérez Varela. Con los Villancincos de Vaquedano la Xunta continúa su labor recuperadora de todo lo que engrandeció a Galicia en tiempos pasados. J.P.L. JOSÉMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER. Camino. RIALP. MADRID, 2002 El 9 de enero del año 2001 el obispo Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, decretó la creación del «Instituto Histórico Josémaría Escrivá», cuya misión fundamental es la de estudiar críticamente y publicar las obras del Fundador y, después, seguir trabajando en todo lo que vaya surgiendo en el seno de este mstituto secular. A tal efecto se ha constituido una comisión que ha de planificar y llevar adelante el trabajo científico. El programa prevé cinco series. La primera de ellas comprende las obras publicadas que llevan la firma de Mons. Escrivá, cinco de ellas en vida del autor, y, cuatro, después de su tránsito. Las primeras son las siguientes: «Camino», «Santo Rosario«, «La Abadesa de Las Huelgas», «Conversaciones» y «Es Cristo que pasa». Las póstumas son «Amigos de Dios», «Viacrucis», «Surco» y «Forja». En la segunda serie irán las obras nunca dadas a la imprenta; en la tercera, el Epistolario; en la cuarta, los autógrafos sobre vida espiritual e iniciativas apostólicas; y, en la quinta, la predicación oral. En el primer centenario del nacimiento de Monseñor Escrivá y en el año de su canonización se ha creído conveniente empezar la edición por el primer trabajo que publicó el Fundador, la obra, tantas veces editada y traducida a tantas lenguas, que es la que lleva ahora el título de «Camino». «Camino» tiene unos precedentes en las «Consideraciones Espirituales», notas personales que el joven Escrivá iba haciendo en papeles aislados, aprovechando lo que tenía a mano para plasmar por escrito un pensamiento, una reflexión; posteriormente consideró conveniente usar para estas anotaciones unos cuadernos; aunque no tenía, o, por lo menos, no manifestaba intención al respecto, propósito de imprimir aquellas consideraciones, que comienzan a escribirse en el año 1932, sin duda a petición de amigos y seguidores interesados se convirtieron, primero, en fascículos multicopiados y, luego, en el año 1934, en un libro que se imprime en la ciudad de Cuenca. Idéntico carácter personal e íntimo tuvo el libro que iba a llamarse «Camino», tomando como denominación una palabra que ya los Hechos de los Apóstoles ponen en la intención de San Pablo, que llama al Cristianismo «camino», a cuyos seguidores tenía intención de encarcelar, y al que el mismo Pablo de Tarso se incorporó y para el que se esforzó en captar secuaces por medio de su predicación, de su cruz personal y de su pluma como complemento de sus enseñanzas orales. Volviendo a los Cuadernos, hay que decir que el autor destruyó el primero de ellos y quedan ahora ocho, en los que se contienen las que Escrivá llamaba «catalinas», nombre que él mismo explica de este modo: «Son notas ingenuas —catalinas las llamaba por devoción a la Santa de Siena—, que escribí durante mucho tiempo de rodillas y que me servían de recuerdo y de despertador. Creo que, ordinariamente, mientras escribía con sencillez, hacía oración». El contenido, puede agruparse en tres apartados; en el primero, las que se refieren al espíritu, misión y organización del Opus Dei; en el segundo encontramos las experiencias íntimas del trato con Dios y con los hombres; el tercero recoge notas propias de un diario personal; y. el cuarto, notas ampliatorias de pensamientos ya consignados del trato con Dios. El conjunto de los casi mil pensamientos contenidos en «Camino», son justamente 999, se habrá ido fraguando de manera lenta y, por consiguiente, no sistemática. Debe de comenzar esta tarea en los meses de refugiado, como consecuencia de la guerra y de la persecución, en la madrileña Legación diplomática de Honduras, de la que luego Escrivá y sus compañeros conseguirían marchar a Francia, y desde allí, regresar a España y establecerse en Burgos, primero en el Hostal «Sabadell» y, luego, en una pensión, en la que se ocuparon dos habitaciones. Hay un paréntesis en la estancia burgalesa, el que dedica a un viaje a Vitoria con un doble objetivo: aprovechar los fondos litúrgicos de la biblioteca del Seminario y conseguir del Administrador Apostólico de la diócesis vitoriana, Mons. Javier Lauzurica y Torralba, un prólogo para «Camino». Aunque la aportación del Obispo fue muy breve, se hizo desear, por lo que Escrivá, hubo de mandarle un ultimátum, al que Mons. Lauzurica respondió llevando él personalmente su cuartilla a Burgos. El material de «Camino» se encuentra ahora en el Archivo de la Prelatura en 45 conjuntos, escritos en papeles que, unas veces, tienen el tamaño de una octavilla, y, otras, mayores o menores dimensiones. Del mismo modo que varían las medidas de las fichas originales, hay también diversas clases de papel, siempre tirando a malo, porque eran tiempos de restricciones en esta clase de material. Escrivá llamaba a las fichas con nombres diferentes: dos, tradicionales, fichas y octavillas, otro, el de «gaiticas», una nota de humor de Escrivá, y al mismo tiempo, una muestra de su humildad, que no otorga a sus pensamientos el alto valor que tienen. Se inventó una editorial en Valencia, que no publicó más que este libro, y se le dieron las siglas de «C.I.D.», como una referencia al Cid Campeador, conquistador y gobernador de la capital del Turia. La escasez de papel condicionó las dimensiones cuantitativas de la tirada, que se quedó entre los 2.300 y los 2.550 ejemplares, sin que sea posible concretar el número exacto, pues la factura del encuadernador sólo habla de la primera cifra. La obra sale por vez primera en 1939 al precio de diez pesetas, que, al cabo de unos meses, cambian por las catorce. Como no había una distribuidora, alquilaron un par de habitaciones para almacén y, a la vez, lugar de reunión de los miembros del Opus Dei, local al que llamaron, con humor que apuntaba a su precariedad. «El Cubil». Los datos que venimos ofreciendo se deben a la amplia introducción antepuesta a la edición crítico-histórica de «Camino», preparada por el profesor de Teología en la Universidad de Navarra Dr. Pedro Rodríguez. La edición de la obra que ahora comentamos, de mil doscientas páginas, es respuesta a la demanda de muchos y también un modo de revivir la gestación de la misma en el corazón y en la pluma de Josémaría Escrivá. Sus sentencias, que él llamó, con palabras sencillas, pequeñas iluminaciones, notas, apuntes, consejos o consideraciones, deben adscribirse al género literario de los apotegmas, aforismos o proverbios. Al autor de esta recensión se le ocurre ponerlos en la línea de las sentencias recogidas por algunos de los libros sapienciales del Antiguo Testamento. No son ajenos, por otra parte, a la gran tradición cristiana de los pensamientos o sentencias de los Santos Padres, que en nuestro tiempo, por esa sana vuelta a las fuentes, se pone al alcance de todos los creyentes. Es lógico que Escrivá haya ordenado sus pensamientos con la intención de hacerlos eficaces para el lector, al que le entrega las que él llamó «confidencias de amigo, de hermano, de padre». De todos modos, no hay un esquema sistemático claro, si bien el profesor Pedro Rodríguez cree que podemos distinguir tres partes: 1) seguir a Cristo: los comienzos del Camino; 2) hacia la santidad: caminar «in Ecclesia»; y 3) plenamente en Cristo: llamada y misión. Partes que en páginas siguientes a la de esa sencilla enumeración, explica más detenidamente. ¿Cómo es esta edición crítica? Apenas hay restitución del texto, como sucede en ediciones críticas de otros libros. Tan solo la reparación de alguna errata que se haya colado en ediciones anteriores y casi ninguna reposición del texto. Las que se hacen dependen siempre de la historia textual de «Camino». Esta historia textual tiene unas fuentes: la primera de ellas, las correcciones que el mismo Escrivá consideró oportuno hacer; luego, todos los escritos posteriores del Fundador del Opus Dei que ayudan a conocer más a fondo su pensamiento. Caracteres en negrilla reproducen cada uno de los 999 proverbios. Sigue luego la explicación de cada uno de ellos. Cuando es posible, se dan indicaciones cronológicas de la formulación de aquellas sentencias de las que se conoce su connotación temporal, dato que no aportó de manera general el autor. Al pie de página, en tipos de imprenta de menor tamaño, las notas de referencia, abundantísimas, de las aclaraciones doctrinales que se han ofrecido en los apotegmas. Como ejemplo de esta tarea, queremos remitir al lector a la sentencia en la que se dice que «el matrimonio es para la clase de tropa...», una aseveración que ha dado mucho que hablar y que, en algunos casos, han convertido ciertas personas en una condena de la totalidad de «Camino», como si por unas palabras, que tienen clara explicación, se pudiera juzgar un libro tan amplio. Es el pensamiento número 28, al que precede otro de exaltación de ese hecho social, calificándolo de «sacramento santo». Es la sentencia número 26. Nadie puede interpretar un pasaje de cualquier libro sin tener en cuenta el contexto próximo y remoto de ese fragmento literario. Pero es obligado también tener presente que es frecuente en toda producción literaria exaltar algo, minusvalorando aparentemente lo que se le contrapone, en nuestro caso hablando del celibato como opción que permite eliminar cualquier reserva a la hora de servir a Dios. Por otra parte, es imprescindible tener que fijarse en la ocasión en la que se formula la sentencia a la que nos referimos, una conversación en la que Escrivá invitaba a un amigo a una renuncia mayor. No hacía otra cosa que recordar la doctrina del Concilio de Trento, que juzga objetivamente al matrimonio como inferior al celibato. Pero desde el punto de vista subjetivo, del modo como se viva el matrimonio y el celibato ya no se puede establecer la misma preferencia. Por ello Escrivá dijo a su interlocutor que no hablaba del «celibato sacerdotal» en general, sino del suyo, de cómo él lo vivía. Posteriores enseñanzas de Escrivá dejan bien diáfano su pensamiento, sin que haya lugar a las suspicacias, nacidas más bien de un espíritu de caza de brujas. El libro se completa con apéndices y anexos. Entre los primeros, tenemos el prólogo de Mons. Lauzurica, que titula sus líneas como «introducción». Vienen luego las notas del autor, Escrivá, a algunas de las reediciones de «Camino» y las notas editoriales a otras reimpresiones; un índice de conceptos, que permite consultar rápidamente cualquier tema: se enumeran ciento treinta y cuatro entradas; otro índice de citas bíblicas, siguiendo el orden canónico de los libros sagrados, índice que se completa con un anexo de citas bíblicas en los comentarios añadidos al texto original de «Camino». Los anexos comprenden igualmente una relación de nombres de personas, lugares e instituciones citadas en la edición. Hay que mencionar también las palabras erróneas y sus correcciones que se deslizaron en las «Consideraciones Espirituales», en las publicaciones multicopiadas de 1932 y 1933 y en la impresa de 1934 en Cuenca, y, por último el índice cronológico de los puntos de «Camino». Como no podía ser menos, al comienzo del libro se nos ofrece una breve biografía de Escrivá, junto a la cronología de su vida, en la que hay persecución, incomprensiones, juicios negativos, pero siempre tesón en la realización de un proyecto en el que el autor de «Camino» veía la voluntad de Dios. La edición de la obra que presentamos concluyó el 2 de febrero de 2002, fiesta de la Presentación del Señor y aniversario del día en el que Escrivá terminó la redacción de «Camino». Juzgamos que se ha hecho justicia al autor y un magnífico servicio espiritual a los que quieran leer y entender «Camino» en su integridad y en su intención de ser oferta espiritual al hombre de toda condición. J.P.L. PARROQUIA DE SAN LUIS GONZAGA. 25 Anos camiñando xuntos. A CORUÑA, 2002. Como ya dimos cuenta en su momento, la parroquia coruñesa de San Luis Gonzaga, con otras feligresías herculinas, cumple, en este 2002, los primeros veinticinco años de su historia. El día a día de cada parroquia tiene siempre interés; pero el nacimiento y la construcción material y humana de una nueva feligresía le dan a esa primera etapa un significado especial. El Párroco de San Luis Gonzaga ha querido recordar a sus feligreses el devenir de estos cinco primeros lustros, en los que el Rector, Rvdo. Sr. D. José del Río Senra, y todos ellos sin distinción han tenido parte, sin que importe la proporción, aunque haya de destacarse la valía de algunas aportaciones, como la de la familia Gómez González, donante del solar, a la que la gratitud de la familia parroquial ha querido expresar su profunda gratitud en la placa que se descubrió el día de la conmemoración de las Bodas de Plata. Don Benito Paz Trelles ha realizado la tarea de coordinación de este libro, abundante en datos y con muchas ilustraciones que le ponen imagen al relato histórico. Des de el local provisional de la calle Baldaio hasta la iglesia actual y el complejo parroquial que acoge los diversos servicios no pasaron muchos años, y la brevedad del tiempo empleado es indicio de lo que hubo de batallar para llevar adelante el proyecto, obra del arquitecto D. Jacobo Rodríguez Losada, que puede considerarse como un ejemplo válido para nuevas parroquias urbanas o de villas de cierto número de habitantes. La financiación del libro se debe a la Excma. Diputación Provincial, cuyo presidente, D. José Luis Torres Colomer, ha escrito unas líneas de presentación de la obra impresa en las instalaciones de la institución que dirige. En la serie de prólogos figuran también los de los Arzobispos Suquía, Rouco y Barrio; del Obispo de Bilbao, que fue Auxiliar de Santiago, Mons. Blázquez, y del actual Obispo Auxiliar, Mons. Quinteiro. En breves líneas el Párroco da gracias a todos. El libro se divide en tres partes. La primera se dedica a la historia de la parroquia desde su creación, el 2 de octubre de 1976, hasta el día de hoy. Destacan las primeras gestiones para poder atender a los feligreses, pertenecientes hasta ese momento a la feligresía de San Rosendo, pero a lo que el crecimiento de la ciudad de A Coruña, como destaca en su colaboración el Alcalde, D. Francisco Vázquez, exigía facilitarles un mejor contacto con el corazón de la parroquia, que es la iglesia parroquial. Antes de nada se constituye el consejo parroquial, el cual, como representación de los feligreses, iba a colaborar asiduamente con el Párroco para los trámites posteriores. Lo primero que se inauguró fue el templo y, posteriormente, en mayo de 1988, el complejo parroquial-social. Este segundo adjetivo sirve para ilustramos acerca de los servicios a los que se atiende: vivienda parroquial, salón de actos, club juvenil, lugares para actividades y biblioteca, club de la tercera edad y jardín-terraza. Ningún sector de la parroquia queda fuera de esta distribución de espacios, de modo que así se pueda intensificar el sentido familiar de la parroquia. El segundo apartado, dedicado a la acción pastoral, se divide en varias secciones: familia, catequesis, juventud, Semana Santa, colaboraciones sacerdotales. Como conclusión de esta sección, algunas cifras que concretan lo expuesto teóricamente: los 400 bautizados del primer año de vida parroquial; 100 confirmados como promedio anual; matrimonios celebrados o tramitados en la parroquia son 145 de promedio anual. Las defunciones, entre los años 89 y 99, fueron en tomo a las 50 anuales. Los primeros bautizados están ahora ya en edades juveniles. Donde se bautizaron se confirmaron, recibieron la primera Comunión y, algunos de ellos, se han casado. Son generaciones que en el libro de la parroquia encontrarán una parte importantísima de su biografía personal, en muchos casos completada con la información gráfica, lo que da lugar al gozo y, sin duda, a la nostalgia. En la tercera parte, actividades socio-culturales, se da cuenta del movimiento en cada uno de los sectores, de las excursiones y peregrinaciones, de las actividades tea trales y de una muy especial, la visita, en plan romero, al sepulcro de S. Luis Gonzaga, en la ciudad de Roma, reiterada cuantas veces feligreses de la parroquia coruñesa viajaron hacia la Ciudad Eterna. La infancia y la juventud cuentan con cursos de folklore, preparación profesional e informática; la tercera edad, con programas de alfabetización, iniciación al dibujo y a la pintura y asistencia sanitaria. En la fiesta inaugural del servicio de los mayores, la coral de la casa interpretó un himno que recoge el pro grama de actividades.
Destacaremos, finalmente, la doble memoria
sacerdotal de este libro. Una, para los Sacerdotes colaboradores, que son
los siguientes, en diversos momentos: D. Femando Ledo González; D. Manuel
Castelo Costa, lucense, ya fallecido; D. Luis Ángel Mazaira Salgado; D.
José Antonio Castro Lodeiro y el actual Vicario Parroquial, D. José Manuel
Hermida Abad. La otra, para los miembros de la promoción del Párroco, la
del año 1965, que en el año 2001 celebraron su convivencia anual en la
parroquia de S. Luis, acogidos a la hospitalidad de D. José del Río Senra. J.P.L. 18° Encontro de Música Relixiosa en Pontevedra. Texto, partituras y compacto. PONTEVEDRA, 2002. Los Encontros de la Música Relixiosa de Pontevedra. que tienen su sede en el Cen tro Diocesano de Espiritualidad «Raíña da Paz», han llegado a su décimaoctava edi ción, a su «mayoría de edad», como escribe su promotor, el Rvdo. Sr. D. Jaime Vaa monde Souto, en el prólogo al folleto correspondiente a esta edición. En tal circunstancia hemos de enviar nuestra felicitación al equipo, doblemente motivada, tanto por la efeméride, como por el servicio magnífico que vienen prestando a la Mú sica para uso de la Iglesia en Galicia. Un acontecimiento como éste se presta a un balance, y lo hace el Sr. Vaamonde, dándonos las cifras siguientes, correspondientes a los 18 años: 252 canciones fueron editadas y grabadas; otras no pudieron seguir el mismo camino, por las limitaciones de las cintas; intervinieron 55 compositores, de los cuales siete son los más prolíficos, apuntando en su haber el 40% de las obras. En esta nueva oferta intervinieron los Sres. Fernández León, García, Otero Padín, Portas Ferro, Espinosa Bote, José Luis Míguez e Irma. Para una canción a Nuestra Señora con melodía polaca hizo la letra el Sr. Fernández León. La composición en honor de la Virgen del Carmen, con música de Míguez, lleva letra de Ramón Cabanillas, a la que añadió una tercera estrofa de su autoría el Sr. Portas Ferro. El Sr. Fernández León hace un análisis del contenido de cada una de las catorce composiciones de esta entrega, destacando su contenido espiritual y pastoral y sugiriendo el lugar que pueden encontrar cada una de ellas en la Liturgia. Hay una rica variedad a este respecto: desde un canto de entrega para la celebración eucarística hasta el recuerdo-sufragio de las Ánimas del Purgatorio, referencia ésta que añade Portas al texto original de Cabanillas. La Eucaristía y la Virgen son los destinatarios principales de las nuevas composiciones; pero hay una, la titulada «Samaritanos de amor», que tiene un lugar muy apropiado en las reuniones de Agentes de Pastoral Sanitaria. Como nos hemos acostumbrado a que cada verano nos traigan noticias de este acontecimiento musical, ya empieza a dejar de tener resonancia este proyecto, que ha superado con creces otras iniciativas de otras regiones, que no han superado cortos espacios de vigencia. Es una razón suficiente para que el Sr. Vaamonde nos haga unas consideraciones que es preciso tener en cuenta: la necesidad de que poetas y compositores trabajen por mantener esta tensión por una constante innovación de la Música en nuestra tierra; que, escapando de la tentación de recurrir a triquiñuelas, facilitadas por los medios modernos de informática y de grabación, adquirieran los productos (la dirección es Avda. de Sta. María, 24, 36002. Ponte vedra. Tel. 986-866 185) y contribuyan a la financiación de los Encontros y de la publicación de sus productos y que hagan uso de tan bellas composiciones. Por cierto que una de ellas, en honor de María, ha sido preparada para el milenario de la Real Basílica de Santa María la Mayor, la pequeña iglesia románica sustituida por la actual del siglo XIV, promovida por el Gremio de Mareantes y enriquecida posteriormente con la gran fachada en la que trabajaron Cornelius de Holanda y Juan Noble. Nuestra enhorabuena por la conmemoración milenaria y, especial mente, por esta nueva entrega de los Encontros. J.P.L. |