Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago

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4. CARTA PASTORAL EN EL DÍA DEL DOMUND. OCTUBRE 2002

Nuestro compromiso misionero

Queridos diocesanos:

La Jornada Mundial de Misiones, el día 20 de octubre, es un acontecimiento que año tras año nos ayuda a reavivar, como bautizados, nuestro compromiso de dar res puesta al mandato de Jesús: «Id y haced discípulos a todas las gentes, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28, 19).

En esta ocasión se nos presenta como motivo de reflexión el sugerente tema: «La misión es anuncio de perdón». Aún están vivos los ecos de los dramáticos acontecimientos del 11 de septiembre del pasado año, y otros a los que podemos referirnos como consecuencia del misterio del mal. «Los pilares de la paz verdadera son la justicia y esa forma particular del amor que es el perdón»*. Son las actitudes que necesita un mundo en el que puedan colmarse las aspiraciones más nobles del corazón humano. Todos en la Iglesia estamos llamados a proclamar la salvación que Cristo ha realizado. De hecho, la misión evangelizadora de la Iglesia es esencialmente el anuncio del amor, de la misericordia y del perdón de Dios revelados a los hombres mediante la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, nuestro Señor.

Llamada a la misión evangelizadora

Cooperar juntos en la misión misma de Cristo es preocuparnos para que no falten obreros con múltiples funciones en el amplio horizonte de la evangelización que no es solamente la simple promoción humana, la ayuda a los pobres o la liberación de los oprimidos. Mediante la evangelización «los creyentes ayudan a los hombres a reconocerse hermanos y como peregrinos en la tierra, aunque por sendas diversas, todos encaminados hacia la patria común que Dios no cesa de señalarnos a través de caminos que sólo él conoce».

No debemos olvidar la dimensión humana del hombre, pero tampoco la trascendente, devolviéndole la experiencia de Dios y recordando que «para devolver al hombre el rostro del Padre, Jesús no sólo debió asumir el rostro del hombre, sino cargarse incluso del rostro del pecado. Quien no conoció pecado, se hizo pecado por nosotros para que viniésemos a ser justicia de Dios en él (2 Co 5, 21)» (NMI 25). Esto comporta descubrir a Cristo en todo hombre pero especialmente en los más necesitados de nuestra ayuda material y espiritual. Hay muchas personas que no sólo tienen hambre de pan y de libertad, sino que también tienen hambre y sed de Dios.

Memoria agradecida

Nuestra diócesis cuenta con más de doscientos misioneros. Con ellos recordamos hoy a tantos obispos, sacerdotes, miembros de Vida consagrada y laicos, que sostenidos por la gracia de Dios, están entregando su vida en tierras lejanas en medio de dificultades, incomprensiones, peligros y persecuciones que en no pocos casos comportan ser mártires y testigos de la fe, y que son un estímulo para todos a servir el Evangelio con plena dedicación. A todos se nos pide un verdadero testimonio evangélico y una vida vivida en santidad y justicia es la mejor actitud misionera que podemos tener en nuestro entorno. Nos damos cuenta de que hay otras personas comprometidas en el trabajo profesional, en la enseñanza, en la vida cívica, personas muy estimables la mayoría de las veces y que no piensan en absoluto como nosotros, al menos eso es lo que creemos y creen ellas, no piensan en cristiano. Estamos en una sociedad heterogénea y mezclada que no tiene certidumbre religiosa. Esta sociedad es la nuestra y a ella debemos aportar el testimonio de la fe y de la caridad de Jesucristo con nuestro espíritu misionero, extendiendo las exigencias de la fe a la realidad humana de la vida del mundo y a la toma de responsabilidades en él. La Iglesia necesita tener testigos fuera de su ámbito si queremos alcanzar y encaminarnos hacia los que no comparten la fe en Jesucristo que se ha solidarizado con la suerte y situación de cada hombre.

Oremos especialmente por todas aquellas personas que están entregando sus vidas en la acción misionera y colaboremos con nuestra aportación económica para que la Iglesia siga desarrollando las actividades que realiza en todo el mundo al ser vicio material y espiritual del hombre, testimoniando la adhesión a Jesucristo y a su Evangelio. Os bendice con todo afecto en el Señor,

Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor.

V Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

* JUAN PABLO II. Mensaje para Jornada Mundial de la Paz 2002. n2.