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Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago |
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1. CARTA PASTORAL EN LA IX JORNADA INTERPARROQUIAL DE SOLIDARIDAD CON LOS PARADOS (26 DE MAYO DE 2002)EL TRABAJO EN EL HOGAR Queridos diocesanos: Todavía son muchas las personas que se ven afectadas por el paro. Cuando nos planteamos la necesidad del trabajo, hay que pensar en un viejo principio tantas veces olvidado: el principal recurso de producción no es sólo el capital sino la persona humana con sus conocimientos, capacidades y aptitudes para la innovación y la organización. Este punto de partida encuentra su razón de ser en el valor inalienable de la persona humana, fuente de todos los derechos humanos y de todo orden social. El ser humano nunca debe ser considerado como un medio ni como un producto comercial. Estos presupuestos deben ser tenidos en cuenta atentamente por los dadores de trabajo para que los trabajadores accedan a niveles de empleo satisfactorios. De otro modo no puede justificarse éticamente ni se puede alcanzar la paz social necesaria para una convivencia digna, como se contempla en la Doctrina Social de la Iglesia. Valor subjetivo del trabajo Con estas premisas es preciso hacer referencia al valor subjetivo del trabajo cuyo primer fundamento es la persona misma, su sujeto, y que está siempre en función de ella. Este supuesto conlleva estimar la preeminencia del valor subjetivo del trabajo sobre el significado objetivo. La finalidad del trabajo, en cualquiera de sus objetivos, es el hombre mismo y el derecho de toda persona al trabajo exige tener en cuenta el abanico de posibilidades laborales con el fin de encontrar un empleo adecuado para todos los sujetos capaces de él. Ésta es la riqueza de la verdad cristiana del Evangelio del trabajo, no compatible con la visión materialista y economicista del mismo. Este planteamiento comporta una coordinación justa y racional en cuyo marco debe ser garantizada la iniciativa de las personas y de los grupos que ofrezcan posibilidades laborales. Por otra parte, son imprescindibles una planificación razonable y una organización adecuada del trabajo humano para facilitar el descubrimiento de las justas proporciones entre los diversos tipos de empleo ya sea en el campo, en la industria, en el sector de servicios, en el campo científico o artístico según las capacidades de los individuos y con vistas al bien de toda la sociedad. Es imprescindible un adecuado sistema de instrucción y educación para el desarrollo de una humanidad madura y una preparación específica. La educación condiciona el progreso y éste es sinónimo de paz. Cuando en el concierto de nuestro mundo vemos que son muchos los recursos y, sin embargo, hay grandes grupos de parados o subcontratados, o personas que están trabajando en una situación de irregularidad laboral, esta cruda realidad nos lleva a descubrir que existen factores generadores de desequilibrio que es urgente corregir. Las empleadas de hogar La IX Jornada de Solidaridad con los Parados plantea este año con el lema: «Por la dignificación de la situación de las empleadas de hogar», la sensibilización social ante la realidad de injusticia que padecen algunas de estas empleadas con salarios reducidos, horarios excesivos y situación de irregularidad laboral que encubren una llamada explotación «silenciosa». Esta actividad laboral de la mujer debe ser valorada en todos sus extremos como cualquier otro derecho relativo al trabajo. En este sentido, los objetivos no son otros que concienciar a las comunidades parroquiales, a la ciudadanía y a las mismas mujeres empleadas de hogar para dar una respuesta justa desde los diferentes ámbitos a través de la cual no sólo se respeten los derechos sino que también se vaya dando espacio a una solidaridad activa y comprometida. Ante las situaciones de injusticia no debemos mirar para otro lado, conscientes de que siempre podremos hacer algo más a favor de la dignidad de la persona humana. Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,
V Julián Barrio Barrio, |