Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago

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BIBLIOGRAFÍA

JOSÉ RÍOS GIGIREY (Coordinador). Parroquia de Santa Lucía. Centenario (1898-1998). Comunidad Parroquial. A CORUNA, 2002

La parroquia coruñesa de Santa Lucía celebró, en los años 1998 y 1999, el primer centenario de la colocación de la primera piedra para la que iba a ser iglesia de la nueva parroquia coruñesa, creada por el Cardenal D. José María Martín de Herrera en junio de 1890. Con el coordinador de esta amplia monografía. el Párroco actual, han colaborado otras personas, especialmente el abogado D. José Luis López Mosteiro y el sacerdote D. José Luis García de la Torre, dos personas que tuvieron un papel fundamental en los movimientos de apostolado en la historia parroquial. El libro nos da una visión completa de la vida de la feligresía en estos ciento y pico de años de su existencia.

Desde el año 1845 existía una capilla dedicada a Santa Lucía dentro del territorio de la parroquia de San Jorge. Este modesto edificio cambió de ubicación en el año 1884 para poder ampliar el camino que conducía a la estación del Ferrocarril y hacer más fácil el acceso a la ciudad por la ruta de Madrid. Mientras duraban las obras de traslado, apoyadas económicamente por el Gobierno, gracias a las gestiones del Ministro Linares Rivas, sirvió de lugar de culto la capilla de Santa Margarita, la que, años después, daría lugar a la fundación del Hogar que perpetúa el nombre del canónigo D. José Sardina Muiños.
Como la población iba en aumento, hasta el punto de que en 1879 ya se contabilizaban seis mil personas residentes en la zona, se tomó el acuerdo de construir un templo más amplio, y el Cardenal Martín de Herrera, once años después, procedía a la creación de la nueva parroquia. En 1898 presentaba el proyecto con su memoria el arquitecto Manuel Hernández y Álvarez Reyero, adscrito a la diócesis compostelana, después de haber trabajado al servicio de la de Astorga, que hizo en la de Santiago de Compostela otros templos, como son los de Carballo, A Estrada, Marín. Aro, Caritel y Pontecaldelas.
Dos condicionamientos encontraba el arquitecto para llevar a cabo su obra: el reducido presupuesto y el deber de emplear en la obra elementos ya labrados, procedentes de la edificación anterior. El presupuesto de contrata era de 39.998 pesetas. Los ingresos parroquiales no permitían albergar ninguna esperanza, ya que en 1898 se recibieron 2.202,10 Ptas. y se gastaron 3.273,66. De todos modos, se puso en marcha el plan.

El 20 de agosto de 1899 puso la primera piedra el Cardenal Arzobispo, y, el 28 de marzo de 1913. a las nueve de la mañana, salía de Santiago, para oficiar en la bendición de la iglesia, el mismo Prelado. La consagración la ofició, el 27 de agosto de 1993, el Arzobispo Mons Rouco Varela. Con posterioridad se hicieron diversas obras. Por iniciativa de D. José Sánchez Mosquera. Cura Ecónomo, se construyeron las Escuelas Parroquiales, que, cubierto ya satisfactoriamente el ámbito de la enseñanza, dejaron paso, en 1965, a la edificación de la Casa Parroquial, con locales para reuniones y residencias para el Clero. El proyecto fue de D. Ramón Vázquez Molezún y la dirección de D María Milagros Rey Hombre.
Altares y capillas fueron completando la iglesia de Santa Lucía. El primero de los altares fue el dedicado a la Virgen del Pilar, con cofradía propia. Ocho Capillas abrieron camino a otras devociones: Nuestra Señora del Sagrado Corazón. San Antonio, San Roque, Bautismo de Jesús y Batisterio. Nuestra Señora del Cobre, para la comunidad cubana, Perpetuo Socorro, Nuestra Señora del Carmen y la Crucifixión, así como el altar de San José.
Especial mención, por su grandiosidad, hay que hacer del retablo renacentista de la capilla mayor, promovido por el Párroco Moreira y llevado a efecto por el santiagués Parcero. Son dos series, una sobre la vida de la Patrona de la Parroquia, Santa Lucía. y la segunda, sobre la Eucaristía. La primera comprende cuatro cuadros; la segunda está formada por once. Con este retablo conjuga muy bien el sagrario, inspirado en el Apocalipsis, realizado por Talleres Granda, de Madrid.

En una parroquia tienen importancia fundamentalmente las personas. En primer lugar, los Obispos, a quienes corresponde programar la pastoral general de la Diócesis. Nueve son los Arzobispos que rigieron la sede compostelana en los cien años de existencia de la iglesia de Sta. Lucía. Los Párrocos y sus colaboradores planifican sobre terreno concreto y ejecutan las directrices emanadas de la cabeza diocesana. La feligresía coruñesa ha tenido 5 Párrocos, 2 Ecónomos y un Administrador Parroquial. Han sido Párrocos D. Andrés Vilarelle Varela, D. Felipe Augusto Rivera Romero, D. Clemente Moreira Oreiro, D. Manuel Arjomil Castiñeira y, el actual, D. José Ríos Gigirey. Los Ecónomos, D. José Sánchez Mosquera y D. Avelino Platas López. El Administrador Parroquial, el canónigo D. Pedro Díaz Casteleiro. Y no se puede prescindir de los Feligreses. Todos ellos cuentan, y mucho, unas veces, colaboradores directos del Párroco; en todas, destinatarios de la acción pastoral.

Sería imperdonable olvidarse de los Sacerdotes que colaboraron con los Párrocos, los Coadjutores o simplemente adscritos a la feligresía. El libro nos da lista completa de todos ellos. Descuellan en esa relación muchas personas, que simbolizaremos en dos: D. Avelino Platas, que consagró su longevidad y su bondad a la parroquia, y D. Antonio Lago Varela. el canónigo omnipresente en la vida coruñesa. En los años más brillantes de la Acción Católica surgieron dirigentes católicos y un ramillete de vocaciones sacerdotales, las de los Sres. Peñamaría de Llano, jesuita ya fallecido; Lareo, Lois Fernández. Parrilla García y García de la Torre.

Así como Santa Lucía nació de la parroquia de San Jorge, fue aquella parroquia madre de otras, exigidas por el crecimiento de la ciudad. Fueron las siguientes: San Pedro de Mezonzo. Santa Margarita. San Pío X, Divina Pastora. San Pablo y San Francisco de Asís. Sus creadores, los Arzobispos Fray Zacarías Martínez, el Cardenal Quiroga y Mons. Suquía. El callejero comprendido en los límites de la actual parroquia de Santa Lucía tiene la memoria de personas muy ilustres; por ejemplo, los arzobispos Fonseca y Lago González; los Alcaldes Federico Tapia, Juan Flórez y Francisco Mariño; la benefactora Teresa Herrera. el escritor y político Linares Rivas. etc. Y el nombre de varias ciudades gallegas, incluida Compostela.

La parroquia tiene en la actualidad una organización en consonancia con las directrices el Concilio Vaticano II y unas estructuras responsables totalmente vivas y fecundas. A la enumeración de las actividades se añaden, como mero ejemplo, los estatutos de los Consejos Parroquiales de Economía y de Pastoral. De la actividad peregrinante de feligreses de Santa Lucía de A Coruña quedan pruebas fehacientes de tas romerías organizadas a Compostela, Roma y Tierra Santa. Recordando la clasificación de Dan te, los parroquianos de esta feligresía coruñesa son peregrinos, romeros y palmeros.

Muy significativos son los datos estadísticos que se nos ofrecen en el siglo de vida del templo central. Se han bautizado 35.663 personas. Los matrimonios bendecidos han sido 9.973; los confirmados. 17.241. y. los difuntos. 13.502. El programa desarrollado a lo largo de las celebraciones del Centenario, muy completo. con conferencias y conciertos como acontecimientos sobresalientes. En las conferencias se ha procura do mirar al futuro, intentando marcar unas líneas que responden a este interrogante: «¿Cómo va a ser la parroquia del siglo XXI?» En esa dirección apunta el prólogo que el Sr. Arzobispo ha puesto al libro. En él escribe: «esta memoria centenaria es una llamada a no quedamos en la corteza de la realidad. Ante la invasión física y mental de las cosas, que estamos padeciendo, es saludable y necesario recuperar la línea trascendente de la vida espiritual que se descubre, entre otros, en el ámbito y en el ambiente peregrinante de la parroquia, don de la Iglesia y tarea humana...». Estamos seguros de que el camino emprendido hace cien años permanece ahí como el mejor, adaptándose a los tiempos y buscando cada día nuevos estímulos. Muchas gracias por esos cien años de vida y por el testimonio que de ella nos ofrece la obra conmemorativa del primer centenario.

J.P.L.

LUIS ASOREY GARCÍA-MANUEL PEREIRO MIGUÉNS. Antropología y Transformismo. SANTIAGO DE COMPOSTELA, 2002

El título que ponemos a la cabeza de esta recensión quiere ser una abreviatura del que corresponde realmente al folleto-libro del que nos hacemos eco. Se trata no de una consideración general del tema «Antropología y Transformismo», sino del análisis de los escritos del agustino P. Zacarías Martínez Núñez, que fue Arzobispo de Santiago de Compostela desde el año 1928 al 1933.

El estudio lo ha hecho el santiagués, ejerciente en Lugo, Dr. D. Luis Asorey García, especialista en Endocrinología, con el fin de dictar su lección de ingreso en la Real Academia de las Ciencias en un acto que tuvo lugar en el remodelado palacete de San Roque. El móvil para la elección de este tema es el grato recuerdo de sus años de estudiante en los que el luego Dr. Asorey leyó, con entusiasmo creciente, los tres volúmenes de los «Estudios Biológicos», escritos por el P. Zacarías, profesor en El Escorial, de las materias en las que se había graduado en la Universidad Central.

Completando aquella lectura con el posterior magisterio del P. Zacarías, el Dr. Asorey nos muestra, con profusión de citas de autores que se han ocupado del problema de los orígenes humanos, cuál era la postura del sabio agustino, que mantuvo una magnífica relación con personas de la talla del profesor Ramón y Cajal y defendieron muchos puntos de vista comunes; pero, además, Ramón y Cajal fue un admirador de la sabiduría del futuro Arzobispo santiagués.

La obra del Dr. Asorey contempla, pues, un capítulo de la confrontación entre una tesis, la de la creación, y una hipótesis, la de la evolución, dos caminos que son ahora menos divergentes –debemos incluso decir que son convergentes, con algunas condiciones–, que en aquel momento, que coincide con la primera parte del siglo XX. Destaca en este estudio la concepción cristiana del hombre, que comparte el autor, Dr. Asorey. Al mismo tiempo, deja éste constancia de la idea que le ha quedado del P. Zacarías, al que califica como una persona que «demuestra agudeza, perspicacia y sutileza en la crítica, con solidez en el raciocinio y gran firmeza ideológica».

Como es protocolario en estos actos, hubo otra intervención en nombre de la Academia. Fue confiada al Dr. D. Manuel Pereiro Miguéns, profesor jubilado de la Facultad de Medicina y digno continuador de la escuela dermatológica creada por su señor padre. No se ha contentado con enjuiciar, por cierto que positivamente, el trabajo del nuevo académico, del que dice que nos «ha informado con gran detalle acerca de la opinión del Padre Zacarías y, en general, acerca de los científicos que vivieron en la primera década del siglo XX y siglos precedentes, relacionados con un tema tan actual e interesante como es el origen del Homo sapiens».

El Dr. Pereiro quiso hacer también un breve recorrido por la polémica que se produjo en el asunto del evolucionismo en los tiempos posteriores al P. Zacarías, llegando a las experiencias y estudios que se siguen haciendo sobre los fósiles hallados en Atapuerca. Como Asorey para el tiempo que comprende su estudio, también Pereiro ofrece una selecta bibliografía, en la que el magisterio pontificio aparece relacionado con el de reconocidos científicos. En resumen, dos intervenciones magníficas de sendos maestros. Después de haber tenido el honor de escucharlas, las hemos releído para confirmarnos en la gratísima impresión recibida en el decurso de la sesión académica.

J.P.L.

ARMINDO IGLESIAS DIÉGUEZ. Diez años en Brasil. SANTIAGO DE COMPOSTELA. 2002

Cuando se dispone, con sus compañeros de promoción, a celebrar sus Bodas de Oro Sacerdotales, D. Armindo Iglesias Diéguez, ha querido contamos, en este libro de casi centenar y medio de páginas, su ministerio sacerdotal-pastoral voluntario de una década en el Brasil. Una actividad misionera en tiempos en los que los países herma nos de Hispanoamérica o. mejor. de Iberoamérica, estaban más necesitados de presbíteros que los europeos.

Aunque el relato es la historia de una persona, en realidad afecta a todo el Presbiterio Diocesano. que no fue ajeno, ni lo es hoy. a los hermanos que tienen la misión de anunciar el Evangelio y de atender espiritualmente a las gentes del otro lado del Atlántico, dispersas en amplias zonas, que descomponen los esquemas parroquiales en los que seguimos pensando los que nos mantenernos en este otro lado del mar.

Las peripecias de hace unos cuantos años seguirán impresionándonos en el día de hoy. Primero, porque las distintas latitudes no encajan fácilmente en nuestros esquemas. Segundo, porque el optimismo de Don Armindo, ante situaciones complicadas es singular y porque su arte a la hora de narrarlas trae al lector una inyección de humor. Nada nuevo en el popularmente conocido como O Cura da FolIa.

Nadie queda fuera de la memoria agradecida de D. Armindo. Ni sus condiscípulos, ni sus compañeros ya fallecidos, que son bastantes, ni su familia, ni los feligreses que ha tenido en las parroquias que atendió y en las que ahora sirve. Por nuestra parte, manifestamos al autor nuestra gratitud por ofrecernos esta oportunidad de rememorar su ministerio brasileño, que forma ya parte indispensable de su biografía sacerdotal de cincuenta años. Nuestra enhorabuena al autor y a sus compañeros de promoción, ordenados hace medio siglo.

J.P.L.

JOSÉ MANUEL LISTE PÉREZ. España real frente a España eterna. Estudio en torno a las Ofrendas jacobeas de los Años Santos 1954, 1965 y 1971. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra. PAMPLONA, 2000.

El presbítero Rvdo. Sr. D. José Manuel Liste Pérez, de raíces santiaguesas y con un tío sacerdote miembro del Presbiterio Compostelano, defendió, en el año 1997, su tesis doctoral en la Universidad de Navarra y ahora nos llega el extracto de su trabajo de investigación, adelanto, sin duda, del libro que ha de recoger toda su tarea en pro de la graduación máxima universitaria.

De lo que pueda ser ese libro, que confiamos ha de llegar algún día a las librerías, da una idea muy aproximada el índice de la tesis, que se incluye ahora en esta publicación que comentamos. Aunque sus tres capítulos principales se refieren a los tres Años Jubilares que fueron materia de investigación, hay dos consagrados al estudio del con texto histórico, uno de ellos y de la historia de la devoción jacobea, el otro.

Para la elección de este tema dice que han influido tres razones: la primera, que, por tratarse de Años Santos, acudieron a realizar la Ofrenda el Jefe del Estado y los Minis tros de Justicia. En segundo lugar, el hecho de que los Años Jubilares constituyan acontecimientos relevantes para la Iglesia en Compostela y sean hitos importantes en el pontificado del Cardenal Quiroga. Y, en tercer lugar, porque en el período en el que se celebran esos Años Santos se viven momentos trascendentales para España en lo político y en lo religioso. No creemos equivocarnos si decimos que hay un motivo que es anterior a los reseñados: el tirón de la tierra paterna del autor.
En cada uno estos tres Años Jubilares, justamente los tres que tuvieron lugar duran te la regencia de la Sede compostelana por el Cardenal Quiroga Palacios, hay dos invocaciones, como las hay en cualquier año, aunque no sea especial por no caer en domingo la fiesta mayor del apóstol Santiago, dos ofrendas nacionales: la del 25 de julio, que recibió su actual formulación en tiempos de Felipe IV, en 1643, y la del 30 de diciembre, regulada por las Cortes de Castilla en el año 1646.

El día 25 de julio de los Años Santos es tradición que la ofrenda la haga personal mente el Jefe del Estado, mientras que el 30 de diciembre delega en una personalidad, que, en el tiempo estudiado por el autor, fueron, en tres ocasiones, el Ministro de Justicia D. Antonio Iturmendi Bañales; en dos. el titular del mismo departamento D. Antonio María de Oriol y Urquijo; y. en una, el Capitán General de la VIII Región Militar, D. Luciano García Marchiñena.

Como es natural, las invocaciones hacen referencia en cada momento a los problemas que afectan a la Patria, sin olvidarse de los graves acontecimientos que puedan inquietar al mundo. Las respuestas de los Prelados, todas del Cardenal Quiroga, menos una que estuvo a cargo del Vicario Capitular Mons. Cerviño, por fallecimiento del Arzobispo, tocan los puntos reseñados en las invocaciones, pero añaden otros de la máxima actualidad, que ofrecen la visión oficial de la Iglesia, enriquecida por la especial sensibilidad de cada uno de los autores.
Todo esto nos da a entender que, aunque! el tema de la tesis del Dr. Liste se concreta a tos Años Jubilares, la doctrina desborda lo que son en sí mismas las celebraciones que tienen por escenario la Catedral santiaguesa. Las relaciones entre la Iglesia y el Estado Español van marcando las pautas de los textos, que son siempre elaborados con la mayor atención. Y, por otra parte. en esos diecisiete años que comprende la investigación, hay que reseñar acontecimientos relevantes, que podemos sintetizar en tres: las variaciones en la postura de la Santa Sede con respecto al régimen del General Franco, el Concilio Vaticano II y la Asamblea Conjunta del Clero español. Todo ello le ha dado abundante trabajo al autor para decirnos muchas cosas en las páginas de su trabajo. Hay, por ello, en él acontecimientos históricos, diatribas políticas, subterfugios al margen de los acuerdos oficiales entre el Estado y la Santa Sede y sugerencias de soluciones en asuntos conflictivos.

El Dr. Liste ha hecho uso de una abundante bibliografía, que comprende fuentes primarias, entre ellas nuestro BOA, secundarias y publicaciones periódicas, con especial atención a diarios gallegos. Califica los tiempos estudiados, aceptando el juicio de Mons. Sebastián, como «de cambio». Como todo lo que tenga que ver con nuestra Diócesis y especialmente con el culto al santo Apóstol, recibimos con gozo y con gratitud el trabajo de D. José Manuel y ofrecemos a los lectores una nueva fuente enriquecedora del tema jacobeo.