Boletin Oficial del Arzobispado de Santiago

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1. CARTA PASTORAL EN LA FIESTA DE SAN JOSÉ OBRERO.
 MAYO 2001

Queridos diocesanos:

La Fiesta de San José Obrero me da la oportunidad de dirigirme a vosotros, a los que de manera especial vivís la compleja realidad del mundo obrero, lleno de interrogantes y consecuentemente de preocupaciones. El trabajo, la dignidad del trabajador y la causa de su defensa y promoción son fundamentales para la misión evangelizadora de la Iglesia. «Nuestro mundo empieza el nuevo milenio cargado de las contradicciones de un crecimiento económico, cultural, tecnológico, que ofrece a pocos afortunados grandes posibilidades, dejando no sólo a millones y millones de personas al margen del progreso, sino a vivir en condiciones de vida muy por debajo del mínimo requerido por la dignidad humana» (Carta Apostólica Novo Millennio iaeunte, 50).

La reflexión desde la perspectiva de la fe cristiana sobre el significado que el trabajo tiene en la vida personal, familiar y social dentro de nuestra sociedad, encuentra motivaciones, múltiples y profundas, en la actividad pastoral de la evan,-elización del mundo obrero. « Si el trabajo es una obligación, es decir, un deber, es también a la vez, una fuente de derechos por parte del trabajador que deben ser examinados en el amplio contexto de los derechos del hombre, que le son connaturales y son derechos fundamentales de la persona» (LE 16).

Principios de la doctrina social de la Iglesia

La doctrina social de la Iglesia se fundamenta en estos principios: la dignidad de la persona. la persona como protagonista del desarrollo, la humanidad concebida como una familia, el destino universal de los bienes de la creación y el bien común. Desde estos parámetros hemos de situarnos a la hora de ir avanzando propuestas en este ámbito. Cierto es que los avances tecnológicos de nuestro momento histórico están exigiendo una especialización en los trabajadores. La industria y la agricultura están siendo especialmente objeto de una amplia reestructuración. Todo lo cual conlleva una disminución de puestos de trabajo y una proliferación de contratos temporales que derivan a veces en situaciones de pobreza. El Papa en la Encíclica Laboreen exercens denuncia que «los pobres aparecen en muchos casos como el resultado de la violación del trabajo humano, bien sea porque se limitan las posibilidades del trabajo -es decir, por la plaga de desempleo- bien porque se desprecian el trabajo y los derechos que fluyen del mismo, especialmente el derecho al justo salario, a la seguridad de la persona del trabajador y de su familia» (LE 8).

Los valores de la creatividad y de la solidaridad

Ante la falta de empleo y la precariedad del trabajo en esta sociedad postindustrial no sería bueno seguir mirando al pasado aunque es preciso seguir afirmando que el trabajo es «no sólo un bien útil o para disfrutar, sino un bien digno, es decir, que corresponde a la dignidad del hombre, un bien que expresa esta dignidad y la aumenta. Queriendo precisar mejor el significado ético del trabajo, se debe tener presente ante todo esta verdad» (LE 9). En el contexto de la globalización económica y de dura competitividad, se imponen valores como la creatividad que lleva a buscar nuevos «yacimientos» de empleo, distribuyendo el empleo disponible: «trabajar menos para trabajar todos», y afrontando el espinoso problema de la flexibilidad laboral, de forma controlada y teniendo siempre en cuenta que es el trabajo para el hombre y no al revés. «Subrayar que la justicia de un sistema socioeconómico, y en todo caso su justo funcionamiento, deben en definitiva ser valorados según el modo como se remunera justamente el trabajo humano dentro del sistema; el salario justo se convierte, en todo caso, en la verificación auténtica de la justicia de todo el sistema socioeconómico y de su justo funcionamiento» (LE 19).

Por otra parte es necesario el espíritu de solidaridad que como nos recuerda Juan Pablo 11 « no es un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y de cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos» (SRS 38). Necesitamos vivir con este espíritu para romper el círculo de la degradación social del sujeto del trabajo, de las situaciones de explotación laboral y de las crecientes zonas de miseria e incluso de hambre.

La Pastoral obrera ha de introducir en la vida de nuestras parroquias esa preocupación por los problemas del mundo obrero, tratando de conocerlos desde la cercanía y buscando respuestas solidarias. Se trata de anunciar la Buena Noticia a los pobres con un estilo de vida en el que la austeridad y el saber compartir los bienes sean signo de estar abiertos a la escucha de los otros y de reconocer la necesidad que tenemos de ellos.

Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,

Arzobispo de Santiago de Compostela