Boletin Oficial del Arzobispado de Santiago

Retroceder        Continuar

2. CARTA PASTORAL en el Día del Enfermo
Mayo 2001

Dolor y sufrimiento de los inocentes: los niños enfermos

Queridos diocesanos:

Como en años anteriores también en este quiero acercarme a tantos y tantos enfermos con mi palabra de aliento y esperanza en medio de la fragilidad que siempre nos interroga y que en unos casos encierra a uno en si mismo, y en otros le abre a la dimensión trascendente de la propia existencia. La Jornada del Enfermo es una buena ocasión para defender con respeto y cariño la dignidad de todo enfermo, imagen y signo de Cristo Jesús, y ofrecer nuestra oración y apoyo a las personas que sufren y también a tantas personas e instituciones que cuidan de ellas.

El sufrimiento del inocente

Este año la Jornada se presenta con el lema: "Los Niños enfermos ...porque de ellos es el Reino". Traigo a mi memoria la impresión siempre imborrable de la visita a los niños en los hospitales. Cuanto dolor y sufrimiento transparentes como el vidrio limpio y frágil reflejados en sus ojos y en sus actitudes que como ateo tenso impulsan la flecha de la pregunta sin palabra que busca la diana de una respuesta!. Cuanto ensombrecimiento alumbrado por una ternura en los rostros de los padres que esperan siempre aunque sea a veces contra toda esperanza!. Cuanta delicadeza y actitud de búsqueda se perciben en los profesionales de la salud que ponen siempre un acento de serenidad, digno de todo agradecimiento!. E1 sufrimiento de los niños sigue siendo la punta más afilada del mal. "Se ha dicho muy acertadamente que el sufrimiento del inocente es la gran causa del agnosticismo y ateismo ilustrado. Pero no es menos cierto que,. por paradójico que pueda parecer, a otros muchos les ha ayudado esa extrema debilidad a encontrarse con el Dios de la vida, sobre todo, cuando han conectado con familias, con instituciones y profesionales que han hecho de su vida un proyecto de cuidado y de servicio"(Mensaje de los Obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral, Día del Enfermo 2001).

La luz de la fe en el misterio del dolor

No se trata de baratear las luces de la razón a la hora de tratar de dar una explicación a esta realidad, sin embargo sólo desde la perspectiva de la fe encontramos una respuesta en el marco de las Bienaventuranzas: "Bienaventurados los que sufren por de ellos es el Reino de los cielos". Una de las realidades centrales de nuestra fe es 'la misteriosa solidaridad de los inocentes con el sufrimiento de los demás, uniéndose misteriosamente a los sufrimientos de Cristo que sufrió injustamente y se ofreció al sufrimiento por nuestra salvación. La encarnación del Hijo de Dios, haciéndose en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado, nos lleva a pensar que también El percibió la fragilidad de ser niño, mostrando tal vez por ello su predilección por los niños, llegando a decir: "Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los cielos"(Mt 18,3). Jesús participa de la condición de la humanidad doliente para poder finalmente triunfar de sus males. Rechazar este rayo de luz que ninguna otra religión ofrece, es apretar más el nudo de nuestra oscuridad

Nuestro compromiso

Esta certeza no nos debe ahorrar la lucha contra el sufrimiento de los inocentes. Fácilmente vienen a nuestra mente las imágenes, unas cercanas y otras lejanas de nuestra geografía, de tantos niños a la deriva que en la impasibilidad de nuestra sociedad se ven humillados y abandonados a su propia suerte en la que la pobreza y la desgracia se unen. Niños privados del afecto al que tienen derecho en familias desestructuradas o conflictivas. Niños con enfermedades congénitas o crónicas, discapacitados flsica o psíquicamente. Niños que logran su integración en la sociedad laboral a costa de su salud. Niños vendidos o desaparecidos por razones de tráfico sexual o de venta de órganos. Ante esta realidad el hombre del tercer milenio debe aguzar su sensibilidad que tan presente ha estado en otros momentos. Nadie puede dudar de la sensibilidad y de la presencia de la Iglesia en todo lo referente a los niños, defendiéndoles desde antes de nacer, pidiendo para ellos una vida justa, exigiendo una formación integral y ofreciéndoles la luz de la fe a través de la catequesis como valor fontal de su vida.

El Día del Enfermo ha de ser una llamada acuciante a la sociedad, a las familias, a los profesionales de la salud, a las comunidades cristianas para que cada una de estas instituciones desde la competencia que le es propia, colabore al cuidado físico y espiritual del niño enfermo o que sufre por otras causas, construyendo un mundo que sea "un hogar de salud". "Seamos portadores, de consuelo y esperaza. Seamos servidores de la vida en el mundo de la salud y de la enfermedad".

Os saluda y bendice en el Señor,

> Julián Barrio Barrio
Arzobispo de Santiago de Compostela