|
Boletin Oficial del Arzobispado de Santiago |
||
3. CARTA PASTORAL EN LA VIII JORNADA DE CARITAS INTERPARROQUIAL DE SANTIAGO EN SOLIDARIDAD CON LOS PARADOS. MAYO DE 2001Queridos diocesanos: Caritas Interparroquial de Santiago a través del Departamento de Empleo Juvenil organiza el 13 de mayo la VIII Jornada de Solidaridad con los parados, como lo viene haciendo desde el año 1994. El objetivo es avivar la conciencia social ante la realidad del desempleo que genera desigualdad, pobreza y exclusión, y contribuir a buscar respuestas solidarias a esta preocupación que tiene que serlo de todos. Las parroquias de la ciudad se sienten comprometidas solidariamente, teniendo en cuenta los principios de la doctrina social de la Iglesia como son la dignidad de la persona, el convencimiento de que la persona es la protagonista del desarrollo, la humanidad concebida como una familia, el destino universal de los bienes de la creación, y la necesidad de buscar en todo momento el bien común. La Iglesia, defendiendo los derechos irrenunciables que a la persona le son inherentes, no puede dejar de mostrar su solicitud pastoral por este fenómeno amplio y complejo de quienes se ven obligados por causas ideológicas, políticas o económicas a abandonar su país. Espíritu de acogida En esta VIII Jornada la atención se fija en los trabajadores inmigrantes de los países empobrecidos. En este contexto recordamos el lema de Cáritas para la celebración del día del Amor Fraterno: «De ti depende que tengan sitio en tu mesa». Nadie debe sentirse excluido, pues todo lo que afecte a estas personas que se sienten excluidas, no nos puede ser ajeno. Comprometernos con su necesidad y ofrecerle nuestra ayuda liberadora, respetando en todo momento su dignidad, es la respuesta que debemos dar. Vemos con gran preocupación las tensiones que se están generando en nuestra sociedad con motivo del colectivo de los inmigrantes, -llamados a veces despectivamente «ilegales» -, que se ha multiplicado por tres en los últimos diez años, haciéndose una valoración negativa de este fenómeno por casi el cincuenta por ciento de los españoles -«Ififonne España 2001 » de la Fundación Encuentro-, y dando lugar a manifestaciones de rechazo individual y colectivo. Búsqueda del bienestar común Nuestra sociedad que goza de la abundancia, ha de hacer frente a los interrogantes y desafíos con una respuesta solidaria a quienes buscan nuevas condiciones de bienestar aun a costa de arriesgar su vida en no pocos casos. No puede levantar barreras que impidan compartir lo que hay en nuestra mesa de bien común universal, conscientes de que «el criterio para determinar el límite de soportabilidad no puede ser la simple defensa del propio bienestar, descuidando las necesidades reales de quienes dramáticamente se sienten obligados a solicitar hospitalidad». El prójimo es aquel de quien cada uno es responsable. No se puede construir lo propio sin velar por el prójimo. La solidaridad tras generacional contribuirá a hacer de nuestro mundo una tierra habitable, hospitalaria, no empobrecida por un uso abusivo y desordenado de los recursos y a hacer que en este desequilibrio entre países ricos y pobres las barreras vayan cayendo y las distancias acortándose. La idolatría del mercado No podemos ceder al culto del mercado. Cuando la democracia se ve sometida a esta idolatría, surge la tendencia a excluir. Por ello es necesario recuperar la dimension ética y solidaria que ayuda a jerarquizar los valores y educa en el discernimiento para la acción. Esta inquietud evitará que nos encontremos con estos problemas y si se nos presentan, será preciso buscar el camino para resolverlos. La exclusión social se manifiesta en el ámbito laboral cuando no se facilita la oferta de trabajo o se explota deshumanizadamente esa capacidad de oferta. Urge por tanto crear alternativas en una economía de comunión en la que las actividades productivas generen beneficios y nuevos puestos de trabajo, respetando siempre los derechos de las personas. Las sociedades deben compartir los bienes que tienen su origen más allá de cada hombre y nación, que son propiedad común del género humano. Por parte de todos es necesario desde las propias posibilidades prestar ayuda más solícita cuanto más difíciles sean las circunstancias y condiciones de las personas que buscan muchas veces que se les dé las migajas que caen de nuestra mesa. Os saluda y bendice en el Señor,
Arzobispo de Santiago de Compostela |