Boletin Oficial del Arzobispado de Santiago

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BIBLIOGRAFÍA

Agustín Filgueiras Pita. Hablar con Jesús. Orar con... Un pan para cada día. Desclée de Brouwer. BILBAO, 2000

 Iniciamos las reseñas bibliográficas del nuevo año con un libro de un miembro de nuestro Presbiterio diocesano, que viene avalado por el prestigio de la empresa editorial que lo respalda. Esa sería ya una buena tarjeta de presentación, si la necesitara. Pero es el contenido, lo que cuenta en cualquier publicación, lo que lo acredita.

Don Agustín Filgueiras Pita, que acaba de cerrar una larga etapa de relación con niños y con gente joven, a través de su misión ministerial en el campo de la docencia, nos ofrece una meditación para cada día del año fruto de la experiencia formativa y, sobre todo, de su oración y reflexión personales, base imprescindible de todo apostolado.

El título es largo, quiere, en tres breves frases, decimos cuál ha de ser nuestra vinculación fundamental, Jesús; la obligada relación con Dios por medio de la plegaria en todas sus modalidades o fines; y, finalmente el carácter de alimento que la plegaria debe representar para el ser humano. Es verdad incontrovertible que no sólo de pan vive el hombre; pero el pan que Jesús nos invitó a pedir cada día a Dios es magnífica imagen para poner de manifiesto que el alimento insustituible del hombre es la conversación con Dios para darle gloria, adorarle, pedirle y agradecerle.

La alegoría de la oración como pan en este libro tiene una connotación muy concreta en la reflexión escrita para el día 9 de junio, titulada «La gran Panadera», título mariano deducido del hecho milagroso que se encuentra en la biografía de S. Juan Bosco. El fundador de los Salesianos celebraba la Misa para seiscientos muchachos en la fiesta de María Auxiliadora. El encargado de la sacristía se olvidó de poner en el altar el copón con las formas necesarias. El santo recurrió a María Auxiliadora y las sagradas formas se multiplicaron para poder alimentar sacramentalmente a los participantes en la celebración eucarística. Don Agustín ha querido llamarle a María «La gran Panadera», que multiplicó los panes consagrados como lo había hecho su Hijo con los panes y los peces.

Cada uno de los días del año tiene una anéctoda y una breve meditación; más que otra cosa, una sugerencia para que el lector pueda hacer su oración mental. Muchas de las historias que dan pie a la contemplación pertenecen a hechos protagonizados por diversos personajes. Algunas de ellas lo fueron por gentes sencillas y anónimas, como es el caso del hombre de la gasolinera, en la página 159. Una de ellas, referida en la página 150, responde a un episodio experimentado por una joven de Bomelle, en la diócesis compostelana, en el año 1977.

Sigue cada día un comentario, a la luz de la historia relatada. Esas sugerencias nunca superan la docena de líneas y la mayor parte de ellas quedan en las siete u ocho. Son sintéticas acotaciones que le inspiran al autor los hechos narrados. Bastan para un tiempo de retiro diario en diálogo con Dios; pero en todos los casos con unas consecuencias prácticas para la vida del lector, al que siempre conducen al encuentro agradecido con Dios.

Al comienzo de cada mes se indican los temas que se tratan en los días que siguen. Ha procurado Don Agustín dar unidad temática a cada uno de los meses para que haya continuidad entre las meditaciones insinuadas. Al concluir el libro, el usuario del mismo habrá hecho un curso individual de Teología sin pretender directamente otra cosa que rezar. Y habrá llegado al final a través de unas formulaciones sencillas y, al mismo tiempo, profundas. Dos índices, de temas mensuales y alfabético de materias, le facilitan al lector volver sobre una idea que le apetece más o que necesita especialmente en esa ocasión, porque la oración no debe estar nunca separada de las circunstancias que configuran cada jornada e incluso cada momento de nuestra vida.

Don Agustín se movió al escribir este libro, por tres motivos: su misión sacerdotal, su experiencia personal, que, por ser gratificante, pide compartirla con los demás; finalmente, para rendir un homenaje a su señora madre, que le enseñó a llamar a Dios «Padre nuestro». Que el Señor le pague este servicio a los demás.

 J.P.L.

 Manuel De Castro, Ofm. Biografías de franciscanos galaicos del siglo XVI en las Indias. Separata de «Estudios Mindonienses». MONDOÑEDO, 2000

El historiador gallego y franciscano P. Manuel de Castro y Castro, suficientemente acreditado con importantes trabajos a lo largo de su vida de incansable investigador, nos ofrece en la revista diocesana mindoniense, a la que respalda «Caixa Galicia», unas cuantas biografías de hermanos suyos de carisma franciscano, que dejaron huella profunda en las Indias en el siglo XVI.

No se ha ocupado de los misioneros tradicionales, a los que América tanto debe, sino sólo de algunos que han destacado por una labor cultural añadida. Sobre todo, de aquellos que hicieron del cultivo de las lenguas indígenas un instrumento, a la vez misionero y enriquecedor de un idioma que se basaba únicamente en el uso tradicional, al que ellos dotaron de medios impresos de fijación y de divulgación.

Hubo entre ellos algunos nacidos en la diócesis compostelana. Tal es el caso de Fray Martín de Jesús de La Coruña; Fray Pedro Alonso de Betanzos, ilustre lingüista; Fray Francisco de la Parra; Fray Juan Calero, coruñés como el primero de los citados; Fray Alonso Rengel; el vigués Fray Antonio Rodríguez y el P. Fernando de Sotomayor, que había venido al mundo en la localidad pontevedresa de Bayona. Algunos tuvieron mucho que ver en la mejora de la condición social de los naturales de las tierras en las que predicaron el Evangelio. Y no podemos olvidar al beato Fray Sebastián Aparicio, que edificó a las gentes con la humildad de quien supo santificarse como carretero.

Estos recuerdos contribuyen a enriquecer nuestro conocimiento de la tarea misional y educativa de la Orden Franciscana en las tierras hermanas de América. A la historia de los países que fueron surgiendo a lo largo del tiempo aportaron hombres como éstos impagables servicios.

JPL