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Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago |
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4. CARTA PASTORAL EN LA CAMPAÑA DE MANOS UNIDAS. FEBRERO 2002 Paz y Desarrollo Queridos diocesanos: En nuestra vida nos vemos constantemente asediados por interrogantes a los que nos da miedo dar respuesta por el compromiso personal y social que ésta conlleva. Cómo es posible que en nuestro tiempo, ensimismado en el progreso, cada dos segundos muera un niño de hambre?, que millones y millones de personas vivan en condiciones infrahumanas, siendo víctimas del hambre que causa diariamente miles de muertes, y de un cúmulo de miseria? Hay que reconocer que vivimos en un planeta hermoso pero lleno de desequilibrios. El derecho a una alimentación adecuada es parte esencial del derecho a la vida. Con frecuencia oímos comentar que la situación antes referida es debida a la escasez de alimentos, pero esto no es verdad. Tal vez nos lo repitamos muchas veces para acallar la voz profética de la conciencia. La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y alimentación acaba de manifestar que para las tres próximas décadas quinientos millones de personas pasarán hambre con las consecuencias fatales e inexorables que la desnutrición crónica origina para la salud como infecciones, anemia, insuficiencia cardíaca, malaria, etc., a pesar de que los recursos agrícolas mundiales seguirán creciendo por encima de los problemas planteados. El mundo actual produce un 10% más de los alimentos de lo necesario para alimentar a todos. Este dato no nos puede dejar impasibles. El hambre, cara de la pobreza y de la injusticia En este sentido, hay que decir que el hambre, problema grave de nuestro tiempo, es una de las caras de la pobreza y de la injusticia como también son otras el analfabetismo, la explotación de los niños, la carencia de servicios sanitarios elementales, la falta de un techo donde cobijarse, el desempleo y otras nefastas consecuencias. En buena lógica es preciso trabajar para erradicar dentro de las posibilidades la pobreza, re formando estructuras sociales y económicas, buscando una justa redistribución de alimentos y de materias primas, favoreciendo la educación y garantizando la sanidad. No podemos consentir que como algunos defienden, sea el mercado, palabra mítica, el que nos sitúe a cada uno en el lugar social que nos corresponde. Dios nos ha puesto a todos en esta tierra y es aquí donde hemos de cultivar y custodiar el jardín del mundo y de potenciar la participación y la subsidiaridad, evitando la exclusión que margina y poniendo en práctica los derechos humanos de la persona. «El Creador ha destinado el conjunto de los bienes de la Creación para beneficio de todos los hombres como bellamente nos enseñan la revelación y la tradición cristiana. De ahí resulta que el acaparamiento excesivo de los bienes por parte de algunos priva de ellos a la mayoría y así se amasa una riqueza generadora de pobreza» (Discurso de Juan Pablo II a los empresarios en Durango, Méjico 9-5-90). Combatir el hambre Es evidente que combatir el hambre, conlleva reducir la pobreza. Siempre es doloso so y desconcertante cuando viendo una necesidad no podemos hacer nada por remediar la; sin embargo, es incomprensible e inhumano que cuando podemos hacer ¡oque está en nuestras manos no lo hagamos. «decía el Papa en su Mensaje para la Cuaresma de 1991,juzgará la historia a una generación que cuenta con todos los medios necesarios para alimentar a la población del planeta y que rechazara el hacerlo por una ceguera fratricida?» Cada día hemos de trabajar para que las personas sean menos pobres, renunciando a la codicia y al interés personal propio que son causa de la desconfianza de los unos para los otros, pues sólo la confianza nos motiva a velar por el bien común y el interés general de todos para lograr una civilización que pueda definirse como humana. Compromiso para la paz En estos momentos la palabra globalización adquiere una connotación fundamentalmente económica. La multiplicación de los intercambios y las mejoras de las comunicaciones internacionales han de ayudar a integrar los agentes económicos, poniéndolos al servicio del ser humano, de la solidaridad y del bien común, cancelando o reduciendo la deuda internacional, reglamentando más justamente el comercio y ayudando al desarrollo con la entrega del 0,7% del producto interior bruto. Cuando a través de la red Internet se gestan y se realizan grandes negocios económicos no es admisible que miles de personas mueran de hambre. Es necesaria una gestión equitativa de los bienes de la creación, pues cuando no se respeta y protege debidamente la dignidad humana de los más débiles y vulnerables, las consecuencias afectan a toda la sociedad, generándose situaciones conflictivas. No pocas veces se responde a éstas con la violencia, que en ningún caso la injusticia puede justificar. Todos estamos llamados a «ser testigos y agentes de paz y de justicia» que exigen un compromiso creativo. «Si quieres la paz, rechaza la violencia». Recemos juntos por la paz y trabajemos solidaria mente por un desarrollo que tenga como fundamentos la verdad, la justicia y el amor. Os saluda y bendice con todo afecto,
> Julián Barrio Barrio Arzobispo de Santiago de Compostela |