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ORACIONES PARA LA FAMILIA CRISTIANA |
| Delegación Pastoral Familiar de Santiago de Compostela |
Señor:
Haz de nuestro hogar
un sitio de tu amor.
Que no haya injuria
porque Tú nos das comprensión.
Que no haya amargura
porque Tú nos bendices.
Que no haya egoísmo
porque Tú nos alientas.
Que no haya rencor
porque Tú nos das el perdón.
Que no haya abandono
porque Tú estás con nosotros.
Que sepamos marchar hacia Ti
en nuestro diario vivir.
Que cada mañana amanezca
un día más de entrega y sacrificio.
Que cada noche nos encuentre
con más amor de esposos.
Haz, Señor, de nuestras vidas
que quisiste unir
una página llena de Ti.
Haz, Señor, de nuestros hijos
lo que Tú anhelas:
ayúdanos a educarles
y orientarles por el camino.
Que nos esforcemos
en el consuelo mutuo.
Que hagamos del amor
un motivo para amarte más.
Que demos lo mejor de nosotros
para ser felices en el hogar.
Que cuando amanezca
el gran día de ir a tu encuentro
nos concedas el hallarnos unidos
para siempre en Ti. Amén.
Señor, nuestro Dios,
te bendecimos
por tomar en tu mano
nuestro amor.
Ayúdanos a cumplir
nuestra misión,
ven a compartir
nuestra vida.
Ayúdanos
a formar a nuestros hijos, a ser testigos de
tu amor,
en nuestra familia
y en la comunidad.
Danos fuerzas
en los desalientos.
comparte nuestras alegrías.
Señor, bendice nuestro amor. Amén
Señor, nos queremos, nos amamos mucho,
aún sabiendo que no existe nada
realizado definitivamente,
sino que el amor se construye
día a día, con silencios y palabras
y sobre todo, con mucha acogida y perdón.
Cuando nuestro amor fue madurando
te invitamos a nuestra boda.
Fue tan maravilloso como en Caná.
El sacramento permanente
de tu presencia en nosotros,
nos ha hecho descubrir
a lo largo de nuestra vida conyugal,
que el agua de nuestra rutina, se convierte
en vino de novedad,
cuando nuestro amor
es verdaderamente donación y entrega,
cuando nos olvidamos de lo mío
y aparece el nosotros,
cuando tú con tu presencia
nos conviertes verdaderamente
en comunidad de vida y de amor. Amén.
Dios, esposo fiel,
si en este mundo hay un puñado de amor
y si entre los hombres es posible una cierta
comunión,
es obra y promesa tuya.
Te rogamos que,
como esposa y esposo, como amigo y como
prójimo
podamos reflejar el respeto
con que Jesucristo amó a los hombres,
que podamos llegar a la felicidad según su
espíritu
y creamos que tú eres la fuete de todo amor,
el mismo amor,
nuestro Dios, nuestro padre. Amén
"Son verdaderamente dos en una misma
carne; y donde la carne es una, el espíritu es uno.
Rezan juntos, adoran juntos, ayunan juntos,
se enseñan el uno al otro, se soportan ambos día a día, se animan mutuamente.
Son iguales en la Iglesia, iguales en el
banquete de Dios. Comparten por igual las persecuciones, las penas, las
consolaciones.
No tienen secretos él para ella ni ella para
él; nunca rehuyen la compañía mutua, jamás son causa de tristeza el uno para el
otro…
Cristo se regocija viendo una familia así, y
les envía su paz. Donde están ellos, allí está también El presente. Y donde
está El, el maligno no puede entrar".
Tertuliano, siglo II
Gracias,
Padre bueno, por mi familia.
Gracias por mis mayores que tantas cosas
buenas me dejaron:
casa, ahorros, formación, trabajo,
costumbres, tradiciones…
Gracias, particularmente, por la fe
cristiana que también me pasaron.
Gracias por mi mujer, por mi marido, a quién
tanto amo.
como parte de mi, pero diferente,
con quien disfruto en el cuerpo y en el
espíritu,
con quien hago todos mis planes y con quien
comparto alegrías, penas y trabajos,
con quien gozo de la vida sencilla de cada
día y sueño un mañana mejor,
con quien oro y comparto mi fe, con quien
participo en la vida comunitaria.
Gracias por nuestros hijos, ¡lo mejor para
nosotros y para ti!.
Gracias por la originalidad de cada uno de
ellos,
por su riqueza, su personalidad y su
diferencia que cuidamos con cariño
para que lleguen a ser ellos mismos
libremente,
lo que cada uno está llamado a ser, lo que
tú quieres que sea cada uno de ellos.
Gracias por el misterio de gracia y de vida
que discurre por sus cuerpos jóvenes,
abiertos al futuro en esperanza.
Y gracias, Señor, por ti mismo, Padre grande
y bueno de nuestra familia,
constructor de la hermandad grande que
formamos todos tus hijos
junto con toda la Creación, obra maravillosa
de tus manos.
Gracias por tu Hijo Jesucristo, palabra
creadora,
salvador que nos manifestó tu amor hasta el
extremo,
liberador que rompe todas nuestras cadenas.
Gracias, en fin, por tu Espíritu,
aliento permanente que nos llama cada día a
una concordia limpia y generosa,
sobre todo en las horas bajas, en los
momentos de cansancio y conflicto,
cuando mi familia deja de ser un hogar de
acogida y parece convertirse en una cárcel, cuando todo se vuelve oscuro, pero
tú sigues estando ahí como luz y aliento de vida.
Gracias, Padre siempre bueno y eternamente compasivo y misericordioso. Amén
Haz,
Señor, que en nuestra casa, cuando se hable, siempre nos miremos a los ojos y
busquemos crecer juntos; que nadie esté sólo, ni en la indiferencia o el
aburrimiento; que los problemas de los otros no sean desconocidos o ignorados,
que pueda entrar quien tiene necesidad y sea bienvenido.
Señor, que en nuestra casa sea importante el
trabajo, pero no más importante que la alegría; que la comida sea el momento de
alegría y de conversación; que el descanso sea paz del corazón y del cuerpo;
que la riqueza mayor sea estar juntos.
Señor, que en nuestra casa el más débil sea el centro de la atención; que el más pequeño y el más viejo sean los más queridos; que el mañana no nos dé miedo, porque Dios siempre está cerca; que cada gesto esté lleno de significado; que te demos gracias por todo lo que la vida nos ofrece y tu amor nos da.
Señor, que nuestra casa sea el lugar de
acogida como la casa de Marta, María y Lázaro en Betania. Amén.
Señor,
Jesús, Tú viviste en una familia feliz.
Haz de esta casa una morada de tu presencia,
un hogar cálido y dichoso.
Venga la tranquilidad a todos sus miembros,
la serenidad a nuestros nervios.
el control a nuestra lenguas,
la salud a nuestros cuerpos.
Que los hijos sean y se sientan amados
y se alejen de ella para siempre
la ingratitud y el egoísmo.
Inunda, Señor, el corazón de los padres
de paciencia y comprensión,
y de una generosidad sin límites.
Extiende, Señor Dios, un toldo de amor
Para cobijar y refrescar, calentar y madurar
a todos los hijos de la casa.
Danos el pan de cada día,
y aleja de nuestra casa
el afán de exhibir, brillar y aparecer,
líbranos de las vanidades mundanas
y de las ambiciones que inquietan y roban la
paz.
Que la alegría brille en los ojos,
la confianza abra todas las puertas,
la dicha resplandezca como un sol;
sea la paz la reina de este hogar
y la unidad su sólido entramado.
Te lo pedimos a Ti que fuiste un hijo feliz
en el hogar de Nazaret junto a María y José.
Amén.
Yo
hablo contigo como Dios Padre-Madre,
porque me siento acogida, comprometida,
acompañada por Ti;
y comprometida en el camino
que voy haciendo en mi vida
que espero que esté dentro de tu plan.
Además, tú no me dejas sola en este caminar
sino que tengo a mis padres,
mediante los cuales, Tú me alientas,
me acompañas, me aconsejas
y me ayudas a madurar.
Ellos me han ido ayudando a descubrir tu presencia
en la cosas de cada día, en el estudio,
en la relación con los demás
y en mi compromiso cristiano individual y
comunitario
dentro de la comunidad en la que estamos
integrados
y acogidos por Ti.
Por esto, te doy gracias y manifiesto mi
deseo
de que todos los jóvenes
puedan sentir lo que yo vivo. Amén.
Santísima Virgen María,
hija de Dios Padre,
madre de Dios Hijo
y esposa del Espíritu Santo.
A Ti acudimos
para que nos ayudes a dar gracias a Dios
por el don de la familia.
Bajo tu protección y amparo
queremos poner a nuestra familia cristiana.
Ayuda a los esposos,,
da fortaleza a los padres,
protege y guía a los hijos.
Que con tu esposo San José
y tu hijo Jesucristo
seáis para la familia cristiana
luz y aliento en las dificultades,
esperanza y alegría en los momentos de
felicidad
Que este año de la familia y todos los días
de nuestra vida
sirvan para bendecir a Dios
y darle gracias por su Hijo
y hermano nuestro. Jesucristo. Amén.
Carlos Amigo Vallejo. Arzobispo de Sevilla.
Señor,
bendice la tierra que se oscurece;
bendice a la ciudad y a los suburbios,
a los ricos, para que sean justos,
a los pobres, para que se amen entre sí.
Sobre todo a los pobres, Señor:
Envía al encuentro del padre que vuelve
a los hijos que le hagan sonreír,
aparta la discordia entre los esposos,
pon paz entre los hermanos,
haz feliz, para todos, esa hora única en que
están juntos
los pequeños y los mayores,
para que ninguno de ellos te maldiga, sino
te bendigan todos.
Te pedimos por los que no orarán esta noche.
Que la vida de todos los hombres sea mejor,
menos dura. Amén.
(R. Bazín)
Estamos
aquí, Señor, en familia,
en torno a ti
que nos has convocado,
como siempre, a vivir en ti.
Si tu no eres presencia,
todo se quedará en nada,
todo sería como
querer detener el agua
entre las manos.
Danos la fuerza del Espíritu,
el gozo de la amistad,
la alegría desbordante
de sabernos hermanos,
hijos de un mismo Padre,
familia de Dios.
Si tú no vienes
y acudes enseguida,
todo quedará en palabras,
en proyectos,
en ideas sin vida.
Cuando tú vienes,
cuando contamos contigo,
hasta las horas difíciles
se convierten
en gozosa espera
de que lo que sembramos con lágrimas,
lo cosecharemos entre cantares.
Junto a María,
ayúdanos a ser perseverantes,
a vivir el optimismo de la esperanza,
la desbordante realidad
de que el Señor vive
y hace de todos nosotros
una sola familia, un solo corazón. Amén.
Estamos aquí, Señor, en familia, en torno a
Ti que nos has convocado, como siempre, a vivir en Ti, unidos en tu cuerpo que
es la Iglesia.
Danos la fuerza del Espíritu, el gozo de la
amistad, la alegría de sabernos y sentirnos hermanos, hijos de un mismo Padre,
familia de Dios.
Junto a María enséñanos a ser perseverantes,
a vivir el optimismo de la esperanza, la desbordante realidad de que el Señor
vive y hace de nosotros una sola familia, un solo corazón. Amén.
Queremos,
Señor,
ser tus testigos,
luz en medio del mundo,
sal que sazone la tierra.
Ser tus testigos
para llevar a los hombres tu amor,
tu esperanza verdadera,
tu gozo de ser amor en medio de los hombres.
Haznos testimonios
de un amor
que nunca pasa de moda,
de una luz en un mundo a oscuras,
de una paz en una tierra en guerra.
Sabemos, Señor,
y por eso pedimos tu ayuda,
que ser testigo
es tener tus sentimientos,
es tomarse en serio tu evangelio,
es sembrar los caminos de tu amor.
Gracias, Señor,
por tantos testigos
como hemos conocido
y que nos hacen continuar en la tarea,
aun en medio de las dificultades,
sabiendo recoger la antorcha
y llevándola por las calles de nuestro
mundo. Amén.
Sagrada Familia de Nazaret;
enséñanos el recogimiento,
la interioridad;
danos la disposición de
escuchar las buenas inspiraciones y las palabras
de los verdaderos maestros.
Enséñanos la necesidad
del trabajo de reparación,
del estudio,
de la vida interior personal,
de la oración,
que sólo Dios ve en los secreto;
enséñanos lo que es la familia,
su comunión de amor,
su belleza simple y austera,
su carácter sagrado e inviolable. Amén
Señor, Dios nuestro,
tu nos has elegido
paras ser tus santos
y tus predilectos.
Revístenos de sentimientos
de misericordia
de bondad, de humildad,
de dulzura, de paciencia.
Ayúdanos a comprendernos mutuamente cuando
tenemos algún motivo de queja
lo mismo que tú Señor,
nos has perdonado.
Sobre todo, danos esa caridad,
que es vínculo de perfección.
Que la paz de Cristo
brille en nuestros corazones.
Esa paz que debe reinar
en la unidad de
tu cuerpo místico.
Que todo cuando hagamos
en palabras o en obras
sea en nombre del Señor Jesús
por quien sean dadas las gracias
a ti Dios Padre y Señor Nuestro
Amén.
En mi corazón, Señor, se ha encendido
el amor por una criatura
que tú conoces y amas.
Tú mismo me la haz hecho encontrar
y me la has presentado.
Te doy gracias por este don
que me llena de alegría profunda,
me hace semejante a Ti, que eres amor,
y me hace comprender el valor de la vida que me has dado. Haz que no malgaste
esta riqueza que tú has puesto
en mi corazón: enséñame que el amor es don y que no puede mezclarse
con ningún egoísmo;
que el amor es puro
y que no puede quedar en ninguna bajeza; que el amor es fecundo
y desde hoy debe producir
un nuevo modo de vivir en los dos.
Te pido, Señor, por quien me espera
y piensa en mí; por quien camina
a mi lado; haznos dignos el uno del otro;
que seamos ayuda y modelo.
Ayúdanos en nuestra preparación
al matrimonio, a su grandeza,
a su responsabilidad, a fin de
que desde ahora nuestras almas
dominen nuestros pensamientos
y los conduzcan en el amor.
Señor, Padre santo,
Dios omnipotente y eterno,
te damos gracias y bendecimos
tu santo Nombre: tú has creado
al hombre y a la mujer
para que el uno sea para del otro
ayuda y apoyo. Acuérdate hoy de nosotros. Protégenos y concédenos
que nuestro amor sea entrega
y don, a imagen de Cristo y de la Iglesia.
Ilumínanos y fortalécenos en la tarea
de la formación de nuestros hijos,
para que sean auténticos cristianos
y constructores esforzados de la
ciudad terrena. Haz que vivamos
juntos largo tiempo, en alegría y paz,
para que nuestros corazones
puedan elevar siempre hacia ti,
por medio de tu Hijo en el Espíritu Santo,
la alabanza y la acción de gracias. Amén.
Oh Dios, Señor del universo,
que al principio creaste
al hombre y a la mujer
e instituiste el vínculo conyugal;
bendice y confirma nuestro amor,
para que expresemos siempre
en nuestra vida el sacramento
que celebramos en la fe.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén
Oh Señor, Padre nuestro,
te damos gracias por el don maravillosa
con el cual nos haces partícipes
de tu divina paternidad.
En este tiempo de espera, te pedimos:
protege este hijo nuestro,
lleno aún de misterio,
para que nazca sano a la luz del mundo
y al nuevo nacimiento del bautismo.
Madre de Dios, a tu corazón maternal confiamos nuestro hijo. Amén.
Señor, ilumina la mente
de nuestros hijos para que
conozcan el camino que tú
has querido para ellos,
para que te puedan dar gloria
y alcancen la salvación.
Sostenlos con tu fuerza,
para que alienten en su vida
los ideales de tu Reino.
Ilumínanos también a nosotros,
sus padres, para que les ayudemos
a reconocer su vocación cristiana
y a realizarla generosamente,
colaborando con tus inspiraciones
interiores. Amén
Señor, nos estamos volviendo viejos; los jóvenes
nos hablan con respeto y temen que les contemos anticuadas historias.
A veces no comprendemos nada del mundo de hoy y sentimos el vacío en torno
nuestro. Sabemos que tú no eres un Dios tranquilo para viejos achacosos, sino)
el Dios vivo, inagotable siempre en su novedad, contemporáneo de la actual
transformación del mundo.
Comulgando tu pan vivo nos sentimos rejuvenecer: de él sacamos vigor para no ser
ancianos de aquellos que se pierden en los recuerdos del pasado.
Concédenos, Señor, el preparar dignamente nuestra vejez, dar sentido a nuestros
días actuales. Que sepamos ofrecer cariño a los nietos y vivir en el afecto de
nuestros hijos. Amén.
Fecha de última
actualización:
miércoles, 12 de enero de 2005
ã Delegación de Pastoral Familiar de Santiago de Compostela