CATEQUESIS PREMATRIMONIALES (versión Dic-2000)

Delegación Pastoral Familiar de Santiago de Compostela

 

ÍNDICE:

Presentación

Actitudes necesarias para iniciar las catequesis

Sesión primera: Presentación de los catequistas y novios. Dinámica presentación de parejas

Ø      Presentación de los objetivos, contenidos y métodos de las catequesis.

Sesión segunda: “Conocimiento de la persona y sus valores”

Ø      Tema: “La persona”

Ø      Dinámica: El muñeco

Ø      Iluminación evangélica

Ø      Introducción al tema de los valores

Ø      Cuestionario de trabajo

Sesión tercera: “Proyecto de vida en común”

Ø      Dinámica: Análisis del tema de los valores

Ø      Iluminación evangélica del tema de los valores

Ø      Tema: “El proyecto de vida en común”

Ø      Dinámica: Cuestionario sobre proyecto de pareja

Ø      Iluminación evangélica del proyecto de vida en común

Ø      Cuestionario sobre el proyecto de vida en común

Sesión cuarta: “Dimensiones internas de la pareja: El amor”

Ø      Dinámica de introducción al tema

Ø      Tema: “Amor y sexualidad”

Ø      Preguntas para el diálogo en pareja

Ø      Iluminación evangélica sobre el amor-sexualidad

Ø      Criterios de calidad en las relaciones sexuales

Sesión quinta: “Dimensiones internas de la pareja: Fecundidad-paternidad”

Ø      Dinámica de introducción al tema

Ø      Tema: “Fecundidad, paternidad responsable y roles de pareja”

Ø      Preguntas para el diálogo en pareja

Ø      Iluminación de la fe sobre “fecundidad-paternidad”

Ø      Relaciones externas de la pareja: Roles de la pareja en la casa

Sesión sexta: “Dimensiones externas de la pareja: Familia política, amistades, ocio, dinero-economía y trabajo”

Ø      Indicaciones para los catequistas

Ø      Desarrollo del tema

Ø      Dinámica: Estudio de casos prácticos sobre el tema

Ø      Iluminación de la fe sobre “dimensiones externas” 

Sesión séptima: “Dios en la pareja: la espiritualidad conyugal”

Ø      Introducción al tema

Ø      Tema: La espiritualidad conyugal

Ø      Preguntas para el diálogo en pareja

Ø      Pistas para la vivencia de la fe cristiana: La oración

Ø      Pistas para la vivencia de la fe cristiana: La comunidad

Ø      Pistas para la vivencia de la fe cristiana: El diálogo conyugal

Ø      Iluminación de la fe sobre la espiritualidad conyugal

Sesión octava: “El sacramento del matrimonio”

Ø      Introducción al tema

Ø      Tema: “El sacramento del matrimonio”

Ø      Reflexión sobre los momentos principales de la celebración

Ø      Lecturas para celebración del matrimonio

Ø      Textos del escrutinio, consentimiento y bendición de los anillos y de las arras

Sesión novena: “Finalización de las catequesis”

Ø      Propuesta de continuación del grupo

Ø      Presentación de la encuesta sobre las catequesis

Anexo: Silueta de la figura de un muñeco para la dinámica D2.1 


CATEQUESIS PARA LA PREPARACIÓN DEL MATRIMONIO

 

PRESENTACIÓN

 

            Estas catequesis son el fruto de varios años de trabajo de la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar de la Archidiócesis de Santiago de Compostela. Es un material sencillo pero que ha sido experimentado con resultados satisfactorios a lo largo de cinco años. Los testimonios de las parejas que han realizado su preparación siguiendo estas catequesis son generalmente positivos, no han faltado tampoco algunas críticas que nos han ayudado a revisarlas en algunos de sus textos y de sus dinámicas. Hemos comprobado que han ayudado a las jóvenes parejas a reflexionar juntos sobre su matrimonio y principalmente sobre su proyecto de vida como pareja. Un proyecto de vida en el que tienen que estar contempladas todas las dimensiones de la persona: religión, trabajo, amor, paternidad, afectividad-sexualidad, educación de los hijos, familias respectivas, ocio y diversiones, etc. Buscamos más potenciar el diálogo entre la propia pareja que el diálogo con el grupo, aunque éste también se da, nos parece prioritario que la pareja se inicie o madure en su comunicación profunda como pareja.

Normalmente esta forma de preparación es seguida sin dificultades por novios con diferentes niveles de preparación cultural y religiosa. No obstante suele observarse mayor identificación con los contenidos de las catequesis en aquellos novios que se manifiestan creyentes con algún tipo de compromiso eclesial o al menos con una práctica normal de su religiosidad.

            Más importante que el material que se ofrece en estas catequesis es la idea de hacer de los cursos de preparación al matrimonio una catequesis de preparación a un sacramento, en la que los matrimonios catequistas transmitan sus vivencias de fe en el matrimonio y en Cristo el Señor. Por eso los documentos de trabajo y textos utilizados pueden ser sustituidos en cualquier momento por otros que los catequistas consideren más adecuados.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Comisión Episcopal Española de Liturgia, “Ritual del Matrimonio”

Frías, I. y Mendizábal, J.C., “Cómo elaborar un proyecto de pareja”. PPC. Madrid, 1994

Iceta, M., “Vivir en pareja”. ENS, 1979

Sánchez Monge, M. “Antropología y teología del matrimonio y la familia”. Atenas. Madrid, 1987


NÚMERO DE SESIONES 

El número de sesiones puede variar. En algunos casos puede ser conveniente desdoblar una catequesis en dos o unir dos en una, según las circunstancias de tiempo y la respuesta de los asistentes. Por ejemplo, el primer día puede hacerse solamente la presentación de los asistentes y de las catequesis, o puede hacerse la presentación y el tema de la persona. El amor conyugal y su expresión en la sexualidad y la fecundidad-paternidad deben tratarse al menos en dos sesiones, pero admiten perfectamente tres y a veces hay que tratarlos en una sola sesión por necesidades de tiempo, aunque la experiencia que tenemos es que queda una sesión muy comprimida y resta tiempo para el diálogo. Igualmente ocurre con otros temas como ser creyente hoy, el sacramento del matrimonio, la espiritualidad conyugal y la preparación de la celebración que pueden ser tratados en un número diferente de sesiones. Los catequistas decidirán qué es lo mejor en cada situación. Nosotros las presentamos para realizar una catequesis semanal con una duración que puede oscilar entre las seis y las nueve semanas.

También puede hacerse una selección de temas en función del número de sesiones disponibles.

 

CATEQUISTAS 

            Siempre que sea posible deberán ser el mismo matrimonio catequista y el mismo sacerdote los que acompañen a los novios durante todas las sesiones, con ello se facilita la comunicación y la cohesión del grupo.

            En realidad lo que se ofrece es un estilo más que una forma concreta de trabajo pues ésta dependerá mucho de los catequistas.

 

ACTITUDES QUE DEBE POSEER EL EQUIPO DE CATEQUISTAS PARA INICIAR LAS CATEQUESIS DE PREPARACIÓN AL MATRIMONIO.

            Al recibir y acoger a los novios para unas catequesis prematrimoniales tenemos que desarrollar en nosotros mismos:

·        Una actitud de acogida, aceptando a las parejas tal como son y partiendo de su situación actual.

·        Un clima de diálogo, sabiendo escuchar, evitando los prejuicios, los aleccionamientos y los dogmatismos.

·        Un estilo abierto, acogedor, sencillo, valorando lo que hay de positivo en las parejas, acompañándolas en la reflexión y en la adopción de criterios conformes al evangelio de Jesús.

            Por eso los matrimonios catequistas de novios se esforzarán por adquirir las siguientes cualidades:

·        Sencillos, abiertos y acogedores.

·        Dialogantes, maestros en la escucha y liberados de prejuicios.

·        Valorar lo fundamental y distinguirlo de lo secundario.

·        Promover la reflexión y la autocrítica.

·        Actualizar constantemente su formación personal.

·        Tener siempre a Jesús de Nazaret y sus enseñanzas como punto de referencia.

            Cómo actuar en las catequesis:

·        Autenticidad, ser nosotros mismos. Actuar sin miedos y sin ansiedad.

·        Escuchar a los otros.

·        Aceptar a los otros: No prejuzgar, no tratar de moralizar: “sois aún muy jóvenes” ... “nosotros y nuestra experiencia...”.

·        Comunicarse abiertamente: Llevar el grupo, pero no dar la sensación de expertos. No utilizar términos o frases de difícil comprensión.

·        Ponerse en situación de empatía respecto de los asistentes.

Al grupo hay que ofrecerle y por lo tanto debe encontrar en los catequistas:

·        Apoyo moral a su realidad como parejas.

·        Una interpretación no tanto de su conducta como de sus ideas.

·        Preguntas que les ayuden a interrogarse por aquellas cuestiones que son objeto de la catequesis. Después vendrán las respuestas.

·        Posibilidad de expresar sus sentimientos.


TEMA 1: PRESENTACIÓN DE LAS CATEQUESIS

 

PRESENTACIÓN DE LOS CATEQUISTAS Y ASISTENTES. PRESENTACIÓN DE LOS OBJETIVOS, CONTENIDOS Y MÉTODOS DE LAS CATEQUESIS.

Objetivos de la sesión:

Contenidos:

Materiales Necesarios:

Desarrollo de la sesión:

Presentación de los catequistas

Los catequistas harán una breve presentación de quiénes son, nombre por el que desean ser llamados, años de matrimonio, actividad pastoral en la que colaboran, etc. Es importante que se presenten como catequistas, que en nombre de la iglesia diocesana quieren anunciar a los novios el mensaje de Jesús como ayuda para su vida de pareja y como preparación para la recepción del sacramento del matrimonio. No se trata de decirles cómo tienen que pensar y actuar sino de ofrecerles un estilo de vida basado en el evangelio.

 

Presentación de los asistentes: Dinámica “Tarjeta de visita”

Los catequistas presentarán la dinámica como un sistema rápido para conocerse los miembros del grupo.

 

Se hacen grupos de dos parejas, si el número de parejas asistentes es impar los catequistas forman grupo con la última pareja. Cada pareja de novios deberá presentarse a la otra pareja de su grupo y viceversa. Para ello podrán hacerse mutuamente una serie de preguntas encaminadas a poder realizar esa presentación. Las preguntas serán sencillas y evitarán obtener datos privados que no son necesarios para el encuentro de las parejas. A modo de ejemplo se sugieren: NOMBRES, AÑOS DE NOVIAZGO, CÓMO SE CONOCIERON, FECHA DE LA BODA, ALGUNA AFICIÓN, POR QUÉ ELIGIERON ESTA MODALIDAD DE PREPARACIÓN AL MATRIMONIO... Se les facilitará una cuartilla y bolígrafos para escribir. Entre cinco y diez minutos suele ser un tiempo prudente para este diálogo de parejas.

Una vez realizada esta fase cada pareja presentará a la otra pareja de su grupo a los demás participantes en las catequesis. Los catequistas actuarán de moderadores, procurando que todos dispongan del tiempo suficiente para hacer la presentación.

Ayuda a recordar los nombres el que cada pareja tenga delante de si, escrito en un folio doblado el nombre de los dos.   Ù

 

Presentación por los catequistas del proyecto de catequesis

Diálogo de los catequistas con los novios.

Despedida


TEMA 2: “CONOCIMIENTO DE LA PERSONA Y SUS VALORES”

Objetivos de la sesión:

Contenidos:

Materiales necesarios

Desarrollo de la sesión:

Introducción de los catequistas al tema de la persona

            Punto de partida: Dignidad de la persona humana, hecho aceptado hoy por todos, tanto creyentes como no creyentes.

            La persona es una realidad única, es un misterio inabarcable y no se nos da terminada, tenemos que hacerla. La persona es el punto de referencia de toda nuestra existencia.

            Es una realidad abierta. Nos descubrimos como personas en relación con los demás.

            El yo sólo se comprende a partir del diálogo, en la relación con el tú del prójimo, que también es persona. Adán se reconoce como ser personal al descubrir a Eva como persona, como sujeto de diálogo, algo que no le ocurre en la presencia de los animales (Gen. 2,23-24). Por eso podemos decir que la persona es una vocación. Estamos llamados a abrirnos al otro y a relacionarnos con él.

            La persona no se nos da hecha, ni terminada. Es una realidad original que tenemos que hacer a lo largo de nuestra existencia. Nacemos con una naturaleza común a todos los hombres y la vamos transformando en una persona única e irrepetible en la historia de la humanidad. Ni hay, ni ha habido, ni habrá otro yo idéntico al mío. En esta tarea de “realizar nuestra persona” está comprometido todo nuestro ser. La persona es la síntesis de lo somático y biológico, que recibimos en la herencia genética, de lo vital de nuestras experiencias existenciales y del yo que elabora nuestras decisiones, proyectos y compromisos. Es decir se implican lo heredado y lo adquirido por la educación y los demás agentes ambientales que influyen en nuestra realización personal. Es un proceso que no termina mientras tenemos vida. Para los creyentes en Dios este proceso alcanza su plenitud y culminación cuando nos abrimos al Absoluto, al Tú que da sentido a nuestra vida. Por eso sufrimos el dolor y la angustia de la muerte, pero la asumimos como el paso a la plenitud del encuentro con la Vida.

            En un momento de nuestra vida descubrimos que nuestra realización como persona se vincula a otro ser personal al que invitamos a formar parte de nosotros mismos. Es la vocación de la persona al matrimonio. Decidimos que nuestra vida adquiere mayor sentido si la compartimos. Esta decisión tiene que ir acompañada de un profundo respeto a la persona del otro, debe fundamentarse en el cariño y en el amor mutuo y se realiza mediante la aceptación, la confianza, el diálogo, la escucha...

            Construir la dualidad conyugal es dejar de mirarse a sí mismo para vivir juntos una vida en común. Es entregarse al otro sin perder la propia identidad, es enriquecer y enriquecerse, es partir de lo “mío” y lo “tuyo” para construir lo “nuestro”. Y esto exige esfuerzo, apertura y mucha generosidad. Supone descubrir al otro como persona y rechazar toda tentación de verlo como cosa u objeto de cuya compañía puedo obtener beneficios para mi persona. El otro es siempre un fin en sí mismo, nunca un medio o un instrumento.

Puede establecerse un diálogo sobre el tema.

 

Dinámica: EL MUÑECO

 

            Se entrega a cada uno de los asistentes un folio en el que está dibujado un muñeco. Se explica que en este ejercicio trataremos de descubrir nuestra personalidad. Qué pensamientos, emociones y deseos predominan en nosotros. Cuáles son nuestras motivaciones, por qué hacemos lo que hacemos. Qué compromisos hemos adquirido en nuestra vida. Qué hemos logrado hasta este momento. Cuáles son nuestros ideales, qué buscamos en la vida.

            La finalidad de este ejercicio es ayudarnos a conocernos un poco mejor y también darnos a conocer a nuestra pareja.

            (Debe aclarase que el contenido de la dinámica, lo que escriban en el muñeco, es personal, no tienen que entregarlo a los catequistas, solamente les pediremos que lo compartan con su pareja puesto que debe haber un sincero conocimiento entre ellos de quiénes son y con quién se casan).

ESCRIBIREMOS NUESTRAS RESPUESTAS AL LADO DE CADA PARTE DEL CUERPO

CABEZA...... ¿Qué pienso?......... IDEAS

CORAZÓN.... ¿Qué me mueve?....... MOTIVACIONES-SENTIMIENTOS

BRAZOS...... ¿Qué hago?........... ACTIVIDAD-COMPROMISOS

VIENTRE..... ¿Dónde estoy?........ LOGROS

PIES........ ¿Hacia dónde voy?.... IDEALES

Tiempo de realización 10-15 minutos de reflexión personal y otros 10-15 de comunicación con la propia pareja.

Después puede hacerse una evaluación global invitando a los novios a comunicar a los demás cómo han visto la experiencia.

 

 

Iluminación evangélica del tema:

Jn, 4,5-24. “En su viaje a través de Samaria llegó a un pueblo llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba también el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca de mediodía.

En esto, una mujer samaritana vino al pozo a sacar agua. Jesús le dijo: ‑ Dame agua-. Los discípulos habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana, sumamente extrañada, dijo a Jesús: ‑ ¡Cómo! ¿No eres tú judío? ¿Cómo te atreves a pedir agua a una samaritana?- (Es que los judíos y los samaritanos no se trataban.)  Jesús le respondió: ‑ Si conocieras el don de Dios, si supieras quién soy yo que te pido agua, sin duda que tú misma me pedirías a mí de beber, y yo te daría agua viva ‑. Pero Señor ‑ replicó la mujer ‑, ni siquiera tienes con qué sacar el agua y el pozo es hondo. ¿Cómo puedes darme agua viva? Jacob, nuestro antepasado, nos dejó este pozo, del que bebió él mismo, sus hijos y sus ganados. ¿Acaso te consideras de mayor  categoría que él? Jesús contestó: ‑ Todo el que bebe de esta agua volverá a tener sed; en cambio, el que beba del agua que yo quiero darle, nunca más volverá a tener sed. Porque el agua que yo quiero darle se convertirá en su interior en un manantial capaz de dar vida eterna -. La mujer exclamó: ‑ Señor, dame de esa agua; así yo no tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla -. Jesús le dijo: ‑ Vete a tu casa, llama a tu marido y vuelve acá -. Ella le dijo: ‑ No tengo marido -. Es cierto ‑ asintió Jesús ‑; no tienes marido. Has tenido cinco y ése con el que ahora vives no es tu marido. En esto has dicho la verdad. La mujer respondió: ‑ Señor, veo que eres profeta. Nuestros antepasados rindieron culto a Dios en este monte; en cambio, vosotros los judíos decís que el lugar para dar culto a Dios es Jerusalén -. Jesús le dijo: ‑ Créeme, mujer, está llegando el momento en que para dar culto al Padre no tendréis que subir a este monte ni ir a Jerusalén. Vosotros los samaritanos no sabéis lo que adoráis; nosotros sí lo sabemos, porque la salvación viene de los judíos. Está llegando el momento, mejor dicho, ha llegado ya, en que los hombres que rinden verdadero culto al Padre se lo rindan en espíritu y en verdad. Estos son, en efecto, los adoradores que el Padre quiere.  Dios es espíritu, y quienes le rinden culto deben hacerlo en espíritu y en verdad.”

Comentario:

            Jesús, cansado del camino (era alrededor del medio día), se presenta a la mujer samaritana necesitado de su ayuda: “Dame de beber”. Establece diálogo con ella y le descubre que conoce su vida: “Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho verdad”. Jesús no reprocha la conducta de la mujer. La acepta así tal como es.

La presencia de Jesús descubre a la mujer samaritana primero quién es ella, y después quién es Jesús. La mujer al sentirse tratada como persona, digna de atención por sí misma (quizás por vez primera en su vida) abre su corazón al otro que la busca por sí misma y le pide que le de el agua de la vida y que le descubra el misterio de su propia existencia. Comienza el cambio de vida para esta persona.

            Nuestra acogida del otro con el que vamos a formar pareja pasa por descubrirnos mutuamente como personas, con nuestros valores y con nuestras dificultades y junto con la alegría de ser aceptados y queridos por lo que somos nosotros mismos debe surgir el compromiso de una actitud de cambio que favorezca nuestra realización como pareja.

            Juntos tenemos que pedir a Jesús que nos dé a beber cada día del agua de la vida, que nos ayude a descubrir el misterio de nuestra existencia como personas y nos de la fuerza necesaria para aceptarnos mutuamente.

Se pueden dejar unos minutos de silencio y si el clima logrado por el grupo lo permite sería bueno que si alguien quiere aportar algo al comentario lo haga dentro de un clima de comunicación de sentimientos.

 

Finaliza esta sesión con la introducción al tema de los valores. Se trata de preparar el tema siguiente con un ejercicio para realizar en casa durante la semana.

Introducción por parte de los catequistas al tema de los valores

            Entendemos por valores las cualidades que tienen las cosas, situaciones o personas que las hacen “valiosas”, “atractivas” para nosotros y para nuestra realización personal. Solemos ordenar nuestra vida en torno a una jerarquía de valores, dando prioridad en nuestras actuaciones o compromisos a aquello que ocupa un lugar privilegiado en nuestra escala de valores.

            Es bueno que analicemos cuáles son nuestros valores en la vida, es decir aquellas cosas o verdades que nos mueven a actuar. En la próxima sesión trataremos de cómo elaborar un proyecto de pareja, y es esencial que tengamos claro qué es lo que buscamos en la vida, qué es aquello que da sentido a nuestra existencia, porque sobre ello edificaremos nuestro proyecto.

            Un modo práctico y sencillo de conocer qué es aquello que orienta nuestra vida es analizar el tiempo que dedicamos a determinadas tareas o actividades. Normalmente dedicamos nuestro tiempo, además del trabajo para ganarnos la vida, a aquello que nos llena y nos satisface.

            Se entrega el texto del cuestionario sobre los valores y se explica el modo de contestarlo.

Despedida

 

Cuestionario sobre los valores para realizar en casa durante esta semana

Forma de realizarlo:

1. Pensar y anotar los tiempos semanales que dedicamos a cada actividad (sumando   los tiempos diarios).

2. Calcular los porcentajes (horas de una determinada actividad divididas entre la suma de todas las actividades y multiplicado por 100).

3. Ordenar las actividades por tiempos.

4. Comentar con mi pareja los resultados.

5. ¿Vamos a querer poner en común algo con el grupo?

 

 

ACTIVIDADES EN TIEMPO LIBRE

HORAS/SEMANA

PORCENTAJE

Trabajo extra para casa

 

 

Ver la televisión

 

 

Salir o estar con amigos

 

 

Trabajo solidario en la Iglesia (compromiso parroquia, cáritas...)

 

 

Afición al fútbol (Tele o campo)

 

 

Ir de tiendas a mirar, principalmente...

 

 

Tiempo para algún hobby (leer, música, informática, coleccionismo...)

 

 

Trabajo solidario fuera de la Iglesia (en organizaciones no gubernamentales, sindicatos, partidos políticos...)

 

 

Otras actividades a las que sueles dedicar tiempo.

 

 

TOTAL HORAS

 

 

 

Comentario:


TEMA 3: “PROYECTO DE VIDA COMÚN”

Objetivos de la sesión:

·        Reflexionar sobre qué valores orientan nuestra vida

·        Dar a conocer el concepto de “proyecto de vida común”

·        Suscitar la necesidad de un proyecto de vida común

·        Dar pautas para saber cómo se construye el proyecto de vida común.

Contenidos:

Materiales Necesarios:

 

Desarrollo:

Análisis reflexión sobre el tema de los valores.

            Se entrega a cada pareja un cuestionario para el análisis del tema de los valores

            La forma de realizar este análisis puede ser la de comentario pausado por parte de los catequistas invitando a una participación espontánea de las parejas.

 

Cuestionario para el análisis de los valores

1. Análisis personal (por parejas) sobre si predomina el tiempo dedicado a uno mismo, “aficiones”, “nuestras cosas”, o a los demás:

¿Alguna vez habíais analizado o reflexionado sobre este tema?

¿Ha supuesto una sorpresa para vosotros este análisis?

¿Hay acuerdo en la distribución del tiempo para mi, para los demás?

¿Quizás haya que seguir revisando un poco más este tema?

Recordad que el compromiso de ser cristiano conlleva un “trabajar para los demás”, un dedicar parte de nuestro tiempo a la comunidad.

2. No sólo se trata de dedicar tiempo a los demás, sino que en el tiempo en que se está con otras personas, se tengan “actitudes positivas” (desde un planteamiento cristiano); es reflexionar sobre la “calidad” de nuestras relaciones con los demás. Esta actitud positiva con la vida puede implicar, en ocasiones, “confrontación” con otros amigos que no tienen nuestras creencias o tienen una actitud de menor compromiso con los valores sociales. Por supuesto que no se trata de que tengamos que romper con nadie, pero sí se trata de que las personas que nos rodean conozcan y respeten nuestra escala de valores.

3. Importancia de la revisión continua de esa escala de valores y de su verdadera medida: el tiempo que se dedica a cada cosa. Solemos dedicar nuestro tiempo y nuestro dinero a aquellas cosas que nos importan y nos interesan.

¿A quién y a qué actividades dedicamos nuestro tiempo?

 

 

Iluminación evangélica del tema de los valores.

            Mt 4,3-10 “Entonces se le acercó el diablo y le dijo: ‑ Si de veras eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Jesús le contestó: ‑ Las Escrituras dicen: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra pronunciada por Dios. El diablo le llevó luego a la ciudad santa, le subió al alero del templo y le dijo: ‑ Si de veras eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque las Escrituras dicen: Dios ordenará a sus ángeles que cuiden de ti y te tomen en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra. Jesús le contestó: ‑ También dicen las Escrituras: No pondrás a prueba al Señor tu Dios. Otra vez, el diablo le llevó a un monte muy alto, y, mostrándole todas las naciones del mundo y su esplendor, le dijo: ‑ Yo te daré todo esto si te arrodillas ante mí y me adoras. Pero Jesús le replicó: ‑ Vete de aquí, Satanás, porque la Escritura dice: Al Señor tu Dios adorarás y sólo a él darás culto”.

Comentario:

Jesús se plantea también el problema de los valores, de cómo orientar su vida en este mundo. El tentador le propone que opte por el valor de lo fácil, de la satisfacción inmediata de sus necesidades, que consiga los deseos que siempre han tentado al hombre: placer, poder y tener. Y, si es necesario, que “utilice” a Dios para conseguirlo, que se aproveche de su poder y convierta las piedras en pan. 

No se trata de contraponer los valores de Dios y los del hombre, se trata de descubrir, como lo descubrió Jesús, que los valores de Dios son los mismos que debe tener el hombre para ser feliz. Descubrir que en el fondo aquello que nos hace “sentirnos bien” que “nos da paz interior” no dista de lo que Dios nos pide para que seamos felices: El amor a nuestro esposo o esposa, el cariño y la dedicación a nuestros hijos, el trabajo bien hecho que nos hace sentirnos satisfechos de la acción realizada, la compañía de los buenos amigos, el tiempo dedicado a ayudar a los que necesitan de nuestro apoyo para seguir adelante en la vida, etc. Descubrir todo esto como “un tesoro escondido”  o “una perla preciosa” (Mt 13,44-45) por los que merece la pena dejar otras cosas para conseguirlos. Son los valores del reino de Dios que tenemos que ayudar a construir y hacer presente en este mundo.

            Por eso debemos interrogarnos ¿A qué dioses adoramos? ¿A quién o a qué dedicamos nuestro tiempo? Adorar es dar prioridad absoluta. Ver la televisión no es adorar la televisión,...vivir para ver la televisión, dedicarle todo nuestro tiempo libre puede ser adoración. Podemos decir lo mismo de otros ídolos o aspirantes a ídolos que nos rodean.

            Jesús nos recomienda en los evangelios valores que nos hacen felices porque son la expresión de la imagen de Dios que el hombre lleva dentro:

Y cuando la vida parece que nos cansa y nos agobia Jesús nos invita a acudir a Él y encontrar alivio en su persona Mt 11,28.

Breve silencio y posibilidad de comentario por parte de las parejas.

 

Introducción de los catequistas al tema del proyecto de vida en común

            Tener un proyecto es pensar en lo qué se quiere hacer y cómo hacerlo. Tener un proyecto de vida es pensar qué vamos a hacer con nuestra vida y cómo vamos a conseguir lo que queremos. Tener un proyecto de pareja es saber lo queremos como pareja, pensar lo que queremos hacer tu y yo juntos y de qué forma vamos a conseguirlo.

            En la catequesis anterior intentamos ver lo que era la persona y veíamos que nos realizamos como personas cuando descubrimos al otro como un tú personal que nos interroga e interpela, que nos llama y nos acompaña. Si en este encuentro con la persona del otro hemos decidido vivir con él o con ella, compartir nuestras vidas, es muy difícil que podamos realizar con éxito esta tarea si no proyectamos nuestra vida en común.

            Cada uno tenemos nuestras ideas, nuestros deseos, logros y aspiraciones, pues bien, es muy difícil que podamos participar en la vida del otro sin participar de lo que es y desea ser, sin hacer de algún modo nuestro lo suyo y si no le damos la posibilidad de hacer suyo lo nuestro. Por eso os sugerimos que sin dejar vuestro propio estilo de vida penséis en tener un proyecto en el que quepan las aspiraciones de los dos. Pero cuidado no un proyecto que sea la suma de lo que queréis hacer cada uno de vosotros, sino de lo que queréis ser los dos como pareja, de lo que vais a vivir juntos y a compartir.

            Se trata pues de tener claro qué queremos hacer con nuestra vida, qué fines o metas nos proponemos, cuáles van a ser los medios que utilicemos para conseguirlos y cuáles son nuestras posibilidades de conseguirlos. Sin confundir los fines y los medios y sabiendo que no todos los medios son adecuados para conseguir unos fines determinados. Sería buscar el “sentido de nuestra vida”.

            Para crear o elaborar un proyecto de pareja tenemos que estar dispuestos los dos, debemos crear un clima adecuado y ser conscientes de nuestra situación personal, puesto que somos las mimbres con las que hacer el cesto. Por eso debemos desarrollar una actitud positiva, querer elaborar el proyecto y querer dialogar sobre él. Si no hay esta actitud puede ser más conveniente esperar un tiempo hasta que los dos estemos convencidos de su necesidad. Pensad que hay personas que están acostumbradas a planificar, a programar objetivos o actividades y hay personas que recurren con frecuencia a la improvisación. Los diferentes modos de ser, las diferencias de carácter, pueden dificultar la elaboración de un proyecto común, pero hay que evitar que la elaboración del proyecto sea un obstáculo para la convivencia.

            Para que el proyecto merezca la pena y sea realizable debemos hacerlo y aceptarlo los dos.

            Tenemos que confiar mutuamente uno en el otro, buscar juntos para que partiendo de lo que cada uno somos podamos llegar a lo que queremos ser los dos. Y para esto es necesario quererse mucho y creer en nuestra pareja.

            Ser sinceros, jugar limpio, saber que nos necesitamos para crecer y madurar juntos, no para someter uno al otro. Si partimos del engaño pronto se descubrirá y se añadirán nuevas dificultades a la convivencia.

            Tenemos que estar abiertos a la realidad de nuestra pareja. Recordemos que no estamos “terminados”, que maduramos cada día y siempre podemos ofrecer al otro algo nuevo de nosotros mismos y recibir algo nuevo de su persona.

            Tenemos que ser realistas, debemos saber cuáles son nuestras posibilidades económicas, sociales, nuestro trabajo, nuestra disposición personal, los medios que disponemos, etc. para no hacer un proyecto demasiado utópico, que luego nos sea imposible llevar a la práctica.

            En un proyecto de pareja deben de estar contempladas las diferentes dimensiones que es capaz de desarrollar el ser humano:

            Religiosa, Afectiva, Sexual, Paternidad- maternidad, Relación con las familias respectivas, Cultural- intelectual, Trabajo, Amistades, Ocio, Utilización de los bienes y del dinero, etc.

 

Puede establecerse un diálogo sobre el tema.

Dinámica de pareja: “Cuestionario sobre las dimensiones del proyecto de pareja”

Desarrollo:

1. Dar un cuestionario a cada novio

2. Explicar que se trata de contestar si/no en cada casilla del “diálogo” y “acuerdo”, si se ha tratado alguna vez el tema y si se ha llegado a algún acuerdo sobre el mismo

3. Dejar unos 5 minutos para contestar de forma individual

4. Después del trabajo personal, comentar por parejas los acuerdos o desacuerdos en las contestaciones del cuestionario

5. Participar en el grupo

 

DIMENSIONES DEL PROYECTO DE PAREJA

DIALOGO

ACUERDO

1.- CUESTIONES SOBRE LA CASA: Hay que amueblarla, decorarla... la ropa, la comida y las compras. Quizás el coche... la casa es su hábitat, donde la pareja pasa su mayor parte del tiempo juntos, tiene que ser expresión de su querer juntos.

 

 

2.- LOS PROBLEMAS FAMILIARES: ¿Cómo se lleva la administración de la casa?, gastos prioritarios... criterios sobre ahorro. Relaciones con la familia de nuestro cónyuge

 

 

3.- DIVERSIONES Y VIDA SOCIAL: Amigos, salidas, visitas a casa de los padres, lugares de diversión.

 

 

4.- LA MUTUA VIDA SEXUAL: Dialogar sobre satisfacción o insatisfacción, conocimiento mutuo, gustos, necesidades...

 

 

5.- TRABAJO: Trabajo de la mujer fuera de la casa. Trabajo del marido en la casa. Satisfacción o insatisfacción en el trabajo. Repercusión en la dinámica de la pareja.

 

 

6.- RELATIVA INDEPENDENCIA DEL CÓNYUGE: ¿Qué grado de independencia aceptas en tu pareja? ¿Qué independencia deseo?

 

 

7.- DIMENSIÓN RELIGIOSA: Actitudes, los modos de vivir la fe, la esperanza y el amor, nuestra acción, nuestra relación con la comunidad parroquial, nuestro compromiso social.

 

 

8.- EDUCACIÓN DE LOS HIJOS: Los hijos cambian substancialmente la vida del matrimonio. Hay que dialogar sobre el tener hijos, cuántos, cómo educarlos, los estudios, el ejercicio de la autoridad, los valores.

 

 

9.- LOS HÁBITOS PARTICULARES: Las costumbres referentes a las comidas, a su vestir, sus maneras sociales, sus hobys, qué nos gusta, qué no nos gusta.

 

 

Comentarios:

 

Iluminación evangélica del tema “Proyecto de vida en común”.

            Lc 6,47-49: “Os diré a quién es semejante todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica. Es semejante a un hombre, que al edificar su casa, cavó hondo y la cimentó sobre roca. Vino una inundación, y el río se desbordó contra esa casa; pero no pudo derribarla porque estaba bien construida. Pero el que las oye y no las pone en práctica, es como el que edificó su casa a ras de tierra, sin cimientos; cuando el río se desbordó y las aguas se dieron contra ella , se derrumbó en seguida, convirtiéndose en un montón de ruinas”.

Comentario:

            Nos estamos planteando construir nuestro proyecto de pareja. Es como construir nuestra vivienda interior.          Es posible que en los trabajos de preparación del terreno se toquen fibras sensibles de nuestra personalidad, puede que se remuevan algunos de los criterios con los que hemos vivido hasta ahora porque tenemos que confrontarlos con los de nuestra pareja, compartirlos y aceptar los suyos. Puede que esto nos pida algún esfuerzo de adaptación y mucha generosidad. Nos pide que seamos sinceros, que juguemos limpio, que no hagamos trampa, al fin la persona con la que compartimos el proyecto no es nuestro “socio” en una de las varias actividades que podemos tener en la vida, es mi propia carne, y no podemos engañarnos a nosotros mismos.

El evangelio nos aconseja edificar sobre roca, para ello hay que cavar hondo, hay que sacar arena y llegar hasta los cimientos. Edificar sobre roca es llegar hasta lo íntimo de nuestras vidas. Y en el fondo de todo hombre está la imagen de Dios que llevamos dentro. Las casas se asientan sobre la piedra angular que es la que soporta el peso del edificio. Jesús debe ser “la piedra angular”(Hec.4,11) sobre la que edifiquemos nuestro proyecto de vida.

            Es posible que plantear determinadas cuestiones nos cause alguna incomodidad, a lo mejor preferimos no tocar algunos temas... dejarlo para otra ocasión... seguir como estamos...

            Hay que hacer las cosas bien y en serio porque nos jugamos que nuestra “casa”, nuestra “convivencia”, nuestro “proyecto de vida en común” sea sólido y resista las dificultades que sin duda se nos van a presentar a lo largo del camino.

            Es casi seguro que cuando nos pongamos manos a la obra encontraremos la satisfacción de que lo que hacemos merece la pena, nos gratifica del esfuerzo realizado, es una buena inversión para el presente y para el porvenir. Nos alegraremos de hacerlo y de revisarlo de vez en cuando.

            Jesús nos ofrece su palabra como criterio orientador de nuestra vida con la garantía de que si la ponemos en práctica nuestro proyecto será como casa bien construida que resiste las lluvias, los torrentes y los vientos.

Breve silencio y posibilidad de comentario por parte de las parejas.

Se entrega a cada pareja un cuestionario sobre “¿qué buscamos tu y yo juntos?” para realizar durante la semana.

Despedida

 

Cuestionario para realizar en casa durante esta semana. Orientaciones sobre “¿Queremos un proyecto de vida común?”

Cuestionario sobre ¿qué buscamos tu y yo juntos?

Os ofrecemos unas preguntas como estímulo para un diálogo de la pareja que os facilite más tarde la elaboración de un proyecto de vida en común. Buscad un momento de tranquilidad y juntos intentad responder a algunas o a todas las preguntas. Después comentáis vuestras respuestas y decidís si vais a compartir alguna con el grupo en la próxima sesión.

Os recomendamos que leáis el libro de Isabel Frías y Juan Carlos Mendizábal, “Cómo elaborar un proyecto de pareja”, Editorial PPC.

 


 TEMA 4: “DIMENSIONES INTERNAS DE LA PAREJA: LA SEXUALIDAD”

Objetivos de la sesión:

·        Descubrir y entender al ser humano como un ser sexuado.

·        Comprender que la sexualidad debe estar integrada en la persona y en el amor.

·        Ofrecer una visión positiva y cristiana de la sexualidad

Contenidos: 

·        Comentario sobre el cuestionario “¿Qué buscamos tu y yo juntos?” del día anterior.

·        Presentación del tema de la sexualidad

·         Dinámica: Preguntas para el diálogo de parejas

·         Iluminación de la fe sobre el tema de “la sexualidad”

·         Leer y dar el texto sobre criterios para una vivencia humana de la sexualidad.

Materiales Necesarios:

 

Desarrollo:

Introducción de los catequistas al tema de la sexualidad

            a) Lluvia de ideas sobre la palabra “AMOR”: Se invita a las parejas a expresar espontáneamente qué les sugiere la palabra “amor”.

b) Preguntas al grupo para responder libremente: ¿Cuáles son las experiencias más frecuentes del amor en nuestra vida? ¿Cómo notamos que nos quieren los demás?

Visión humana y cristiana de la sexualidad:

Se entiende por sexualidad el modo de ser y estar los hombres en el mundo, diversificados entre sí y en mutua atracción o tendencia hacia la complementariedad. El ser humano es desde el principio ser humano varón o ser humano mujer. Son dos versiones de la misma realidad humana. Ninguna de las dos es prioritaria sobre la otra. Y ninguna de las dos agota la riqueza del ser humano en su totalidad, por eso están llamados desde su origen al conocimiento mutuo y a la convivencia enriquecedora de los dos sexos.

Entendemos la sexualidad como expresión del amor. Por eso podemos decir que la sexualidad es comunicación, sin comunicación no hay conocimiento y sin conocimiento no hay amor. En la Biblia encontramos, a veces, la expresión “conocer” referida a la relación sexual; pero el conocimiento en la Biblia es siempre un conocimiento que supera lo intelectual para situarse en lo sapiencial, es decir en la relación existencial con la persona conocida. Es entrar en relación interpersonal con el otro, es captar su intimidad y establecer un compromiso de consecuencias profundas. Por eso la sexualidad debe situarse siempre en la esfera del amor a la persona del otro y se convierte en el signo expresivo de ese amor. “Porque nos amamos nos expresamos nuestro amor”.

Es un diálogo con el tú de la otra persona realizado a través de palabras, gestos, caricias en la intimidad del ser humano.

La sexualidad en el ser humano es un encuentro entre personas y debe intervenir toda la persona, no podemos reducirla a un encuentro de cuerpos solamente. La corporeidad sirve para expresar lo que somos, a través de ella nos damos a conocer, por eso necesitamos del cuerpo para expresar nuestros sentimientos, afectos, deseos, compromisos y nuestro cariño. Pero la corporeidad también puede servir para ocultar lo que somos. Por eso la sinceridad, es imprescindible en el diálogo conyugal. No se puede cimentar la relación matrimonial sobre el engaño y el desconocimiento mutuo. Tenemos que manifestar al otro lo que somos, lo que queremos y deseamos; lo que esperamos de él o de ella. Unido a la sinceridad está el respeto a la persona querida. Precisamente el conocimiento mutuo debe llevarnos a respetar a nuestro cónyuge, a ser solícitos con sus deseos y necesidades, a aceptarlo como es y no sólo como nos gustaría que fuese. No nos está permitido utilizar al otro, servirnos de él para su explotación en nuestro provecho, puesto que no se puede rebajar al otro, ser personal, a la categoría de objeto de consumo.

El amor y la sexualidad son también donación. Es la entrega amorosa de mi ser a la persona que quiero y deseo hacer feliz. La donación exige madurez, posesión de uno mismo, ser dueño de nuestros actos, responsabilidad para darnos a otro. No es un juego ni un pasatiempo. A la donación respondemos con la acogida del ser del otro. Lo aceptamos sin reservas. Te quiero como eres y por lo que eres tu mismo o tu misma, no por lo que tienes o por los beneficios que me puedas proporcionar.

La acogida mutua se convierte en un encuentro de personas. En el ser humano la sexualidad sirve no solo para transmitir la vida sino también para transmitir afecto y cariño, y además un cariño y un afecto absolutos y exclusivos hacia la persona con la que formamos una comunidad de vida. Por eso el encuentro genera el compromiso de realizarnos juntos como personas, compromiso que se concreta en la fidelidad como expresión de nuestra vida. La fidelidad no consiste solamente en no mantener relaciones sexuales con otras personas distintas del cónyuge, esto es la consecuencia de la fidelidad pero no su esencia. La fidelidad consiste en la permanencia en la palabra dada y en el compromiso adquirido. Es decir nos comprometemos a ser felices juntos, a no necesitar de otros para nuestra felicidad, a compartir nuestros mejores y peores momentos. Porque soy feliz contigo no necesito de nadie más.

            El amor se alimenta también del mutuo afecto que se tienen los cónyuges. Las manifestaciones de ternura: palabras, gestos, caricias, detalles, son muy necesarias en la vida de la pareja.

            En el amor y en la sexualidad tiene que haber generosidad, nos olvidamos de nosotros mismos para centrarnos en el otro, procurando hacerlo feliz y satisfacer su necesidad de ser amado o amada. Pero no puede ser solamente la satisfacción de un deseo. Cuando buscamos solamente el placer por el placer, desligado del encuentro y del compromiso lo que hacemos es encerrarnos en nosotros mismos y utilizar al otro, reducirlo a la categoría de objeto o cosa para nuestra satisfacción. Pero cuando buscamos el placer juntos, con ternura y poniendo al otro en primer lugar, la sexualidad consolida el amor de la pareja, fomenta el crecimiento personal y nos conduce a la felicidad.

            La sexualidad, igual que otras facetas del ser humano, debe ser educada. La educación debe ir dirigida a conseguir una visión unitaria e integradora de la sexualidad en la totalidad del ser humano como ser personal. Es posible que en nuestra sociedad actual haya un conocimiento pormenorizado de la actividad sexual pero falte conocer cuál es su sentido y significado para el ser humano. Al ver la iluminación cristiana del tema trataremos de apuntar algunas ideas sobre lo que debe ser una visión cristiana y positiva de la sexualidad.

 Puede establecerse un diálogo sobre el tema

Se entrega el cuestionario con las preguntas para el diálogo de parejas y se da un tiempo para el mismo.

 

Preguntas para el diálogo de pareja:

¿Cuál es nuestro nivel de información sexual? ¿Sabemos distinguir entre sexo, genitalidad y sexualidad?

¿Nuestros conocimientos sobre el tema provienen de lecturas, de conversaciones con personas que tienen cierta preparación sobre el tema, de los medios audiovisuales? ¿Los libros que hemos leído son meramente informativos o podemos considerarlos formativos por contener alguna valoración ética o moral?

El ambiente, principalmente algunas películas y cierta publicidad, suele presentar al otro como mero objeto de consumo sexual, ¿cuál es nuestra postura en este caso?

¿Somos capaces de revisar aquello que nos sorprenda del otro, referente a la sexualidad?

¿Qué deberíamos hacer si encontramos problemas en nuestra adaptación sexual?

¿Somos capaces de ver en la satisfacción sexual una forma plena de comunicación entre nosotros o pensamos que solamente consiste en conseguir el mayor grado de placer?

¿Aceptamos que la sexualidad, como todas las dimensiones de la persona, debe ser educada puesto que tiene que recorrer un proceso de aprendizaje y de maduración y que por lo tanto es posible que experimente cambios a lo largo de nuestra vida?

¿Qué lugar ocupa la sexualidad en nuestra relación personal?

 

Puede establecerse un diálogo sobre el cuestionario y sus preguntas

Iluminación evangélica sobre el tema de la sexualidad

            “Dijo Dios hagamos el hombre a imagen nuestra, según nuestra semejanza,... Y creó Dios el hombre a imagen suya: a imagen de Dios le creó; macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: 'Sed fecundos y multiplicaros, y llenad la tierra y sometedla'“ Gen.1, 26-28.

            “Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz un halito de vida , y el hombre se convirtió en un ser viviente. Después el Señor pensó: No es bueno que el hombre esté solo; voy a proporcionarle una ayuda adecuada. Entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un letargo, y mientras dormía le sacó una costilla y llenó el hueco con carne. Después, de la costilla que había sacado al hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. Entonces éste exclamó :  - Ahora sí; esto es hueso de mis huesos y carne de mi carne; por eso se llamará varona, porque del varón ha sido sacada. Por esta razón deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos se hacen uno solo”. Gén 2,7.18.22-24.

Comentario:

            Estos textos nos dan la clave para interpretar la sexualidad humana como una realidad creada y querida por Dios para el hombre. Dios le da a la pareja humana un mandato: Dominar la tierra, procrear, ser fecundos, realidades que son participación del mismo ser de Dios.

            Dios va a asociar al hombre desde el principio a su actividad creadora. Pero lo que Dios puede hacer solo, el hombre tiene que hacerlo en la dualidad sexual. Desde el mismo momento de la creación el hombre y la mujer están llamados a realizar un proyecto común que da sentido a su existencia. Los dos juntos van a ser la “imagen, el sacramento de Dios”.

            En el segundo relato de la creación (Yavista), que es más antiguo que el primero, el colorido catequista del yavista nos presenta a Yavé haciendo una figura de barro a la que insufla su aliento de vida para que resulte el hombre un ser viviente.           Pero vio Yavé que “no es bueno que el hombre esté solo”. Y decidió darle una ayuda adecuada. El varón y la mujer son la misma realidad humana en dos versiones. El diálogo entre ellos es posible porque ambos tienen la misma dignidad. Son seres que se complementan. La sexualidad es vista ahora no tanto como una forma de propagar y conservar la especie humana sino como un modo de garantizar una calidad de vida humana a través del diálogo y de la comunicación.

            Por eso nuestra postura ante la sexualidad ha de ser siempre positiva. Es una realidad humana querida y creada por Dios que, al mismo tiempo que nos asemeja al Creador, nos recuerda nuestra limitación; necesitamos del otro y el otro nos necesita. Por eso la sexualidad, desde una perspectiva humanizadora y cristiana, tiene que darse dentro del amor, es expresión del amor, es donación gratuita de nuestra persona a la persona a la que amamos.

            Así como Cristo se entregó a la Iglesia hasta la muerte los esposos deben entregarse mutuamente el uno al otro, por que “no hay amor más grande que el que da la vida por la persona amada” Jn 15,13.

            La sexualidad es una expresión de la vida y no cabe duda de que el que se busca a sí mismo y su satisfacción personal en ella es posible que no la encuentre, pero el que viva su sexualidad como donación y búsqueda de la felicidad de la persona amada encontrará la felicidad del otro y su propia felicidad.

Breve silencio y posibilidad de comentario por parte de las parejas.

 

Isabel Frías y Juan Carlos Mendizábal en el libro ya citado “Cómo construir un proyecto de pareja” nos ofrecen estos criterios para que nuestras relaciones sexuales tengan la calidad que les corresponde como actos humanos y humanizadores. (Entregar a cada pareja una copia de estos criterios).

Criterios para crear una relación sexual de calidad:

Respeto profundo al ser del otro.

Gradualidad, adecuación a cada momento y circunstancia.

Ofrenda de uno mismo y acogida del ser del otro.

Iniciativa compartida, no impuesta por uno a costa del otro.

Creatividad, diversión, que sea gratificante para ambos.

Que tenga en cuenta la riqueza de la dimensión sexual

Todos estos elementos deben conjugarse, de alguna forma, en nuestro proyecto para enriquecer esta dimensión.


 

TEMA 5 DIMENSIONES INTERNAS DE LA PAREJA: FECUNDIDAD-PATERNIDAD RESPONSABLE Y ROLES DE PAREJA”

Objetivos de la sesión:

Contenidos:

Materiales Necesarios:

Desarrollo:

Introducción de los catequistas al tema de la fecundidad-paternidad

            a) Lluvia de ideas sobre la palabra “FECUNDIDAD”

b) Preguntas al grupo para responder libremente:

·        ¿Cuáles son nuestras experiencias de fecundidad? ¿Qué realizaciones hacia fuera de mi persona han llenado hasta ahora mi vida?

·        ¿Sentimos la necesidad de que nuestra vida se realice proyectándose hacia fuera de nosotros haciendo posible la existencia de otros seres?

·        ¿Somos conscientes de que una dimensión fundamental de la sexualidad es precisamente la de ser fecunda y posibilitar la transmisión de la vida?

En las preguntas introductorias al tema hay una que habla de nuestras experiencias de fecundidad. Queremos enfocar el tema haciendo hincapié en que la fecundidad no se agota en la paternidad ni se expresa exclusivamente a través de ella. Hay muchas parejas que no tienen hijos y no por eso podemos concluir que no son fecundas.

El Papa Juan Pablo II nos dice que “El amor conyugal fecundo se expresa en un servicio a la vida que tiene muchas formas, de las cuales la generación y la educación son las más inmediatas, propias e insustituibles. En realidad, cada acto de verdadero amor al hombre testimonia y perfecciona la fecundidad espiritual de la familia, porque es obediencia al dinamismo interior y profundo del amor, como donación de sí mismo a los demás.

En particular los esposos que viven la experiencia de la esterilidad física, deberán orientarse hacia esta perspectiva, rica para todos en valor y exigencias.

Las familias cristianas, que en la fe reconocen a todos los hombres como hijos del Padre común de los cielos, irán generosamente al encuentro de los hijos de otras familias, sosteniéndoles y amándoles no como extraños, sino como miembros de la única familia de los hijos de Dios. La fecundidad de las familias debe llevar a su incesante “creatividad”, fruto maravilloso del Espíritu de Dios, que abre el corazón para descubrir las nuevas necesidades y sufrimientos de nuestra sociedad, y que infunde ánimo para asumirlas y darles respuesta. En este marco se presenta a las familias un vasto campo de acción; en efecto, todavía más preocupante que el abandono de los niños es hoy el fenómeno de la marginación social y cultural, que afecta duramente a los ancianos, a los enfermos, a los minusválidos, a los drogadictos, a los excarcelados, etc.

            De este modo se ensancha enormemente el horizonte de la paternidad y maternidad de las familias cristianas; un reto para su amor espiritualmente fecundo viene de estas y tantas otras urgencias de nuestro tiempo. Con las familias y por medio de ellas, el Señor Jesús sigue teniendo “compasión” de las multitudes.” F.C. 41

            Como vemos el Papa nos propone una consideración amplia de la fecundidad que debe ser tenida en cuenta por los matrimonios cristianos.

Los hijos

            Aunque la fecundidad no se agota en la procreación, todos hemos “soñado” e imaginado cómo serán nuestros hijos. Ellos también deben formar parte de nuestro proyecto de pareja. Es casi seguro que han sido objeto de nuestras conversaciones y en algún caso puede que hasta motivo de desacuerdo entre nosotros. Es frecuente preguntarse ¿cuántos niños vamos a tener? ¿cuándo los vamos a tener? ¿los tendremos enseguida o esperamos a desahogarnos de la hipoteca del piso? (hay que tener en cuenta que ya no somos unos críos y los niños necesitan unos padres, no unos abuelos) ¿qué nombres les pondremos? ¿quiénes serán los padrinos?

            Isabel Frías y Juan Carlos Mendizábal en el libro citado “Cómo elaborar un proyecto de pareja” sintetizan con gran acierto qué es tener un hijo cuando dicen: “Realmente tomar la decisión de tener un hijo es embarcarse en una aventura maravillosa, de final desconocido, y además, “para siempre”. Es una decisión irrevocable, sin arrepentimiento, y en nuestras manos está el hacerla fructífera, creando personas felices, valiosas y capaces de dar un sentido a su vida”.

Criterios de la Iglesia sobre la paternidad responsable:

            El Concilio Vaticano II pide a los esposos que cumplan su misión de transmitir la vida con responsabilidad humana y cristiana. Los hijos deben ser fruto del amor maduro y responsable de los cónyuges. Corresponde, pues, a los esposos decidir con responsabilidad sobre su fecundidad. Para ello deben esforzarse personalmente de común acuerdo y ante Dios por formarse un juicio recto. El concilio señala los siguientes criterios que deben tener en cuenta los cónyuges para decidir sobre su paternidad:

            Atender a su propio bien personal.

            Atender al bien de los hijos, tanto de los ya nacidos como de los que pudieran nacer después.

            Discernir sobre las circunstancias de los tiempos y del estado de vida tanto materiales como espirituales.

            Tener en cuenta el bien de la comunidad familiar, de la sociedad temporal y de la propia Iglesia.

            Como la paternidad responsable no está reñida con la generosidad el Concilio alaba como dignos de mención especial a los esposos que de común acuerdo, bien ponderado, aceptan con magnanimidad una prole más numerosa para educarla dignamente.

Puede establecerse un diálogo del grupo sobre el tema

 

Diálogo entre parejas

            Ahora dedicaréis un rato a reflexionar y dialogar en pareja sobre este tema. Se le entrega a cada pareja un cuestionario con las preguntas sobre la fecundidad-paternidad.

Preguntas que podemos y debemos plantearnos con cierta profundidad:

En primer lugar unas preguntas básicas:

·        ¿Qué nos mueve a tenerlos? ¿Hemos hecho algún plan sobre el número de hijos, o lo iremos decidiendo en función de las circunstancias de nuestra vida?

·        ¿Cuándo vamos a tenerlos? ¿Cuáles serán los criterios que regulen nuestra decisión?

En segundo lugar unas preguntas relativas al modo de asumir la paternidad y la maternidad:

·        ¿Somos conscientes de que al decidir tener hijos pasamos de un proyecto de pareja a un proyecto de familia?

·        ¿Qué implicaciones vamos a tener cada uno de nosotros como personas al aceptar la responsabilidad de los hijos?

·        ¿Tenemos claro que la responsabilidad es de los dos y que no podemos dejarla solamente en manos de uno, generalmente la mujer?

En tercer lugar preguntas relativas a su educación:

·        ¿Nos damos cuenta de que traer un hijo al mundo es comprometernos en su educación? ¿Sentimos alguna necesidad de prepararnos como padres?

·        ¿Qué valores pensamos transmitir a nuestros hijos? ¿Estamos de acuerdo nosotros sobre esos valores?

·        ¿Somos conscientes de que al casarnos en la Iglesia nos comprometemos a educar a nuestros hijos en la fe católica y que deberemos darles ejemplo con nuestra vida?

Finalmente:

·        ¿Plantearnos estos temas, nos anima o nos desanima a aceptar nuestra paternidad?

·        ¿Pensamos que a pesar de que sea “difícil” y “complicado” ser padres es una “tarea” ilusionante y que merece la pena?

 

Iluminación de la fe sobre el tema de la fecundidad-paternidad responsable.

            “Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo Dios: Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla... y vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno”. Gén1,27-28.

            “El llamó a un niño lo puso en medio y dijo: Os aseguro que si no os hacéis como niños no entrareis en el Reino de los Cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los Cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre, a mí me acoge “ Mt 18,2-5.

Comentario:

            Como creyentes debemos saber que la transmisión de la vida es el mejor modo que tenemos los casados de colaborar en el plan creador de Dios. Dios nos da la vida para que la regalemos, no para que la guardemos para nosotros. “El que quiera salvar su vida la perderá y el que diere la vida la salvará” Mt, 16,25.

            Es cierto que dar la vida puede suponernos algún sacrificio o incomodidad, pero también es la fuente de mayores satisfacciones para la pareja.

            Jesús nos ayuda a interpretar el mensaje de la creación y nos aclara que dar la vida, acoger a un niño en nuestro seno familiar, es acogerlo a El mismo. Vemos qué fácil es tener a Jesús en nuestra casa, basta con tener a un niño, y además, ese niño es nuestro propio hijo.

Breve silencio y posibilidad de comentario por parte de las parejas.

Introducción por parte de los catequistas al tema “roles de pareja en la casa”

            Se plantean en este momento una serie de cuestiones que no podemos tratar con mayor profundidad en estas catequesis, pero que creemos conveniente insinuar y proponer a las parejas para una reflexión en casa durante la semana. Están referidas a los roles que poco a poco se asumen en una relación de pareja. Son cuestiones de índole práctico, si se quiere un tanto banales, pero que pueden indicarnos de un modo bastante claro cómo asumimos la masculinidad y feminidad en las tareas domésticas. Algunas veces el desdén con que se afronta este tema está indicando que no deseamos comprometernos con estas tareas rutinarias pero necesarias.

Desarrollo:

Se entrega a las parejas el siguiente cuestionario indicándoles que a lo largo de la semana sería bueno dedicar un tiempo a  analizar la experiencia personal de cada uno en estas cuestiones:

Cómo se reparten los roles en sus propias familias: quién en tu familia, generalmente:

friega

cocina

plancha

hace mantenimiento coche

hace reparaciones en casa

decide cuando se pone una lavadora

realiza la compra

decide la comida del día siguiente

se encarga de la gestión del papeleo oficial

hace la limpieza del hogar

atiende o atendió a los pequeños de casa

Habla con tu pareja de cómo veis el tema de los roles de la pareja en casa.

¿Estáis los dos de acuerdo? ¿Pensáis que es un tema que deberías llegar a un acuerdo? Comenzad a llegar a ese acuerdo.

 


TEMA 6: “DIMENSIONES EXTERNAS DE LA PAREJA: FAMILIA POLÍTICA, AMISTADES, OCIO, DINERO / ECONOMÍA Y TRABAJO”

Objetivos de la sesión:

Contenido:

Materiales Necesarios:

Desarrollo:

            Comenzamos esta sesión comentando si contestaron al cuestionario sobre los roles de pareja que se les dio al finalizar la sesión anterior. Si el ambiente lo permite podemos iniciar un pequeño diálogo sobre este tema, pero de corta duración.

            Después del comentario sobre la reflexión de los roles de pareja pasamos a introducir el tema de hoy: DIMENSIONES EXTERNAS: FAMILIA POLÍTICA, AMISTADES, OCIO, DINERO / ECONOMÍA Y TRABAJO.

            Se les da a cada pareja uno de los cinco casos preparados para esta sesión (Familia política, amistades, etc.), (si hay más de cinco parejas se repiten los casos) y se les pide que cada pareja o cada dos parejas trabajen sobre el caso que les ha tocado de la forma siguiente: lo leen y analizan intentando llegar a alguna conclusión sobre el caso. Estas u otras preguntas pueden ayudarles a centrar la discusión. ¿Por qué han llegado los protagonistas de esta historia a esa situación? ¿es normal lo que les ocurre? ¿cómo podría haberse evitado ese desenlace? ¿qué haríamos tu y yo en esa situación?

            Este análisis requiere un tiempo de 10 a 15 minutos.

            Después pasamos a la puesta en común de la forma siguiente:

            Los catequistas hacen la introducción al tema de “las familias respectivas” y la pareja o parejas que han tratado ese tema exponen sus conclusiones, después se da opción a que las demás parejas también opinen sobre el tema.

            Seguidamente se tratan los demás temas, amistades, ocio, etc. siguiendo el mismo método: introducción de los catequistas y exposición de las conclusiones por la pareja que lo ha trabajado.

            Esta parte requiere bastante disciplina y saber hacer por parte de los catequistas para evitar que se derive hacia discusiones en el grupo que impedirían exponer su trabajo a los últimos en hablar por falta de tiempo.

            Cuando todos los casos han sido analizados se les entrega una copia de cada caso a cada pareja para que trabajen en casa durante la semana los casos de sus compañeros.

            Finaliza la sesión con la iluminación cristiana del tema por parte de los catequistas.

 

Introducción de los catequistas al tema de las familias respectivas

            Es bonito constatar que partiendo de dos familias vais a crear otra nueva. La ciencia pedagógica nos dice que cuando iniciamos una tarea solemos hacerlo en función de las experiencias personales que tenemos respecto de esa tarea o actividad. Así al crear vuestra familia hay un porcentaje muy elevado de posibilidades de que toméis como modelo de referencia vuestra propia familia y esto puede ocurrir aún en el caso de que la forma de actuar de vuestra familia no os acabe de gustar u os hayáis prometido que vosotros no haréis lo mismo. Esto quiere decir que vuestras respectivas familias serán un punto de referencia importante y estarán de algún modo presentes a la hora de iniciar vuestra andadura.

            Pero el que estén presentes en vuestra intención no quiere decir que vuestro matrimonio sea una continuación del de vuestros padres ni vuestra familia una prolongación de la suya. Debéis ser cuidadosos con las injerencias o intromisiones de los padres respectivos en vuestro proyecto de familia. Seguramente lo harán con la sana intención de ayudaros en los primeros pasos del matrimonio, puesto que también os ayudaron en los primeros pasos por la vida. Pero no es lo mismo; ahora sois adultos y es vuestra felicidad la que está en juego. Son muchos los casos de separación matrimonial que tienen su origen precisamente en la intromisión de los padres en la vida de la nueva pareja.

            ¿Cómo abordar entonces esta delicada situación? ¿Los excluís totalmente de vuestra vida?, ¿Os resignáis a que intervengan y a seguir sus “instrucciones” del estilo a: “yo nos os digo nada, haced lo que queráis, pero deberíais hacer…, deberíais comprar…, el jarrón que tenéis a la derecha quedaría mucho mejor a la izquierda…, etc.? Es un tema delicado porque os quieren de verdad, e incluso puede que os estén ayudando con el préstamo del piso con lo cual no os atrevéis a tomar algunas decisiones que deberíais tomar.

            Podemos decir, no a modo de receta, sino como sugerencia experimentada que cualquier decisión que toméis en este campo, como en otros muchos, debe ser de los dos. Debéis mantener una unidad de criterios en la pareja. Presentaros los dos unidos dejando claro a vuestras dos familias que sabéis lo que queréis para vuestra vida, y diciendo esto con cariño y serenidad, aceptando al mismo tiempo alguna de sus propuestas o deseos que no vayan en contra de lo que habéis decidido, puede facilitaros el camino de esa independencia que todos deseáis y necesitáis. Pero para ello debéis estar de acuerdo los dos y haber hablado ampliamente sobre el tema.

Nuevamente el diálogo se presenta como la mejor medicina en las relaciones de la pareja. Debéis hablar con serenidad de vuestras familias, teniendo en cuenta que posiblemente no sean tan fantásticas como cada uno de nosotros tendéis a verlas ni tan poco agraciadas como pueden parecerle a vuestro cónyuge. En todas las familias hay “manías” y “cosas raras”, pero también hay cosas interesantes. Lo importante es conocerlas y aceptarlas como son. Tratar de imitar lo positivo de ellas y evitar lo negativo. En esta mirada a vuestras familias respectivas puede ayudaros mucho la mirada de vuestro cónyuge que ve desde fuera, sin el apasionamiento de creer que lo nuestro es lo único bueno, y así al mismo tiempo que mostráis vuestra familia la redescubrís vosotros desde la óptica de los dos. En esta tarea no deben faltar ni el cariño ni el buen humor.

            Así poco a poco iréis logrando el equilibrio necesario entre la familia de origen y vuestra propia familia. Una pareja que ha logrado ser independiente en los primeros años de su matrimonio, que ha creado su propia familia y ha educado a sus hijos sin interferencias familiares, está en mejores condiciones de acercarse nuevamente a los padres cuando las circunstancias de la vida lo hagan necesario. No debéis olvidar que siempre necesitamos a nuestros padres (el influjo de los abuelos es beneficioso para los nietos) y ellos pueden necesitarnos algún día en su ancianidad y debemos estar dispuestos a acogerlos llegado el momento.

Desde esta perspectiva podéis haceros las siguientes preguntas:

¿Cómo vamos a enfocar las relaciones con nuestras respectivas familias? ¿Qué actividades, criterios o decisiones vamos a reservarnos exclusivamente para nosotros y cuáles podríamos compartir? ¿Qué tiempo les vamos a dedicar? Tengamos en cuenta que no se trata de cuantificar, ni especificar días de visita, sino de crear espacios de encuentro con ellos.

Exposición de conclusiones por parte de las parejas que han tratado este tema y diálogo general sobre el mismo.

 

Introducción al tema de las amistades

            Que vosotros os hayáis descubierto “como el uno para el otro” no debe suponer que abandonéis vuestras amistades. Al contrario podéis enriqueceros incorporando los amigos de cada uno a los dos y haciendo nuevos amigos juntos.

            No podemos vivir encerrados en nosotros mismos sino abiertos a los demás. En un primer momento podéis necesitar estar solos para iros haciendo como matrimonio, pero pronto veréis que vuestro crecimiento como pareja es más profundo si os abrís a las demás realidades que os rodean que si os encerráis en vosotros mismos.

            Por eso podemos preguntarnos: ¿Tenemos amigos? ¿Cómo es nuestra relación con ellos? ¿Son amigos de verdad, de los que puedes compartir alguna experiencia o secreto? ¿Solamente salimos con ellos de vez en cuando para no aburrirnos? ¿Si en un momento necesitamos algún tipo de ayuda, podríamos acudir a algún amigo? ¿Seríamos capaces nosotros de ayudar a un amigo que lo necesitara?

Exposición de conclusiones por parte de las parejas que han tratado este tema y diálogo general sobre el mismo.

 

Introducción al tema del ocio

            Necesitamos tener un ocio y un tiempo libre para nuestra realización personal. Muchas veces tenemos que realizar un trabajo que no es el que habíamos deseado ni el que mejor satisface nuestra vocación pero que es el tenemos y nos permite vivir y realizar nuestro proyecto. En esta situaciones el ocio y el tiempo libre son el camino ideal para realizar nuestros deseos y aspiraciones. Y cuando el trabajo responde a nuestra vocación el tiempo libre viene a ser el complemento ideal para no agotarnos en ese trabajo que, precisamente porque nos gusta y nos llena puede llegar a dejarnos sin tiempo libre para nosotros y para los demás. No olvidemos que desde una perspectiva cristiana el ocio y el tiempo libre deben servirnos para nosotros y para ayudar a los demás. Dar nuestro tiempo es una manera de darnos nosotros mismos.

            El ocio debe estar dirigido al perfeccionamiento de la propia personalidad, a cultivarnos, a desarrollar nuestras posibilidades y de esta manera enriquecer a nuestra pareja y a los que nos rodean.

            Es bueno intentar algún tipo de actividad en común, de disfrutar juntos o al menos ampliar la gama de intereses, intentando conocer y participar de lo que hace el cónyuge, en vez de reducirla porque al otro no le gusta lo que hace su pareja. Tenemos que aprender a repartir bien el tiempo libre porque, curiosamente el hombre está logrando altas cotas de bienestar, la jornada laboral es más reducida, pero cada vez disponemos de menos tiempo. ¿Cómo organizarnos? ¿Cuáles son mis aficiones? ¿Son compatibles con la tuyas? ¿Tenemos alguna en común?.

Exposición de conclusiones por parte de las parejas que han tratado este tema y diálogo general sobre el mismo.

 

Introducción al tema de la economía

            Este es otro de los temas inevitables en una conversación de pareja. Aunque sea de manera informal hacemos números y nos planteamos cuál será nuestra situación económica. Este tema puede influir en decisiones importantes como son la fecha de la boda, el momento de tener los niños, etc.

            La economía familiar se ha visto modificada favorablemente con el trabajo de la mujer fuera de la casa, pero esto puede suponer un esfuerzo mayor para la esposa, que no siempre encuentra su compensación en el aprecio y comprensión que se merece. Por eso es recomendable que en el proyecto de pareja se tengan en cuenta estos aspectos y se les de un enfoque destinado a compartir todo, los beneficios y el esfuerzo. Ya es frecuente que una pareja se plantee un reparto equilibrado de las tareas domésticas y tomen decisiones juntos sobre los gastos de la casa y de la familia. Este nuevo estilo de vida exige mayor diálogo y comunicación entre la pareja para llegar a acuerdos y compromisos sobre lo que es necesario, conveniente y lo que puede ser prescindible en determinadas situaciones.

            Pero lo más importante en este tema es preguntarnos por las actitudes que debemos adoptar frente al dinero. Qué prioridades vamos a tener en cuenta. Va a ser para nosotros solos o vamos a ayudar a otros. Tenemos que ser conscientes de que hay necesidades en el mundo que debemos socorrer con nuestra aportación económica.

Por todo ello, es bueno planearse las siguientes preguntas:

¿Existe lo tuyo y lo mío entre nosotros? ¿Disponemos cada uno de lo suyo o todo es nuestro? ¿Qué finalidad le damos al dinero? ¿Pensamos que es un medio para satisfacer nuestras necesidades y obtener ciertas comodidades y seguridades o se convertirá en un fin en sí mismo que nos lleve a idolatrarlo cada vez más? ¿Estará por encima de nuestro amor y del amor a Dios y al prójimo? ¿Entra en nuestros cálculos compartir algo de lo que tenemos con otros que no tienen? ¿Además de hacernos socios de un club, nos haremos socios de cáritas de o de alguna otra entidad de ayuda al prójimo?.

Exposición de conclusiones por parte de las parejas que han tratado este tema y diálogo general sobre el mismo.

 

Introducción al tema del trabajo profesional

            La incorporación de la mujer al trabajo fuera de la casa además de repercutir directamente sobre la economía familiar plantea algunas cuestiones nuevas que tendrán que abordar los jóvenes esposos para que no sea la mujer la que tenga sobre si la responsabilidad de las tareas domésticas y del cuidado y educación de los hijos.

            El trabajo de ambos cónyuges debe servir para procurar un desarrollo armónico de su personalidad, de forma que los dos puedan ver realizadas sus aspiraciones profesionales. Pero esto que puede y debe ser positivo para la pareja no debe ser un obstáculo en sus relaciones personales y familiares. El trabajo no debe separar a la pareja, y si los horarios de ambos les dificultan la comunicación y el diálogo, deben hacer un esfuerzo común para superar ese inconveniente del mejor modo posible en vez de resignarse a que “como tenemos estos horarios apenas nos vemos y apenas hablamos”.

            Como creyentes tenemos que buscar un sentido al trabajo, y podemos encontrarlo si lo vemos como nuestra aportación y colaboración al plan creador de Dios. En el relato de la creación (Gén.1,26-27) se nos dice que Dios hizo a los hombres a su imagen y semejanza, para que dominen sobre la tierra y la sometan. Pues bien ese “hágase” del comienzo sigue resonando todavía porque Dios quiso asociar al hombre a su obra creadora. Y cuando con nuestro trabajo colaboramos a producir algo nuevo o a transformar lo ya existente estamos continuando la obra creadora de Dios. Pero la obra más preciada de la creación es el propio hombre, por lo que ningún trabajo debe dificultar la realización de la persona humana, sino que debe contribuir a su plena realización. El trabajo no es un fin en si mismo, la persona sí lo es, por eso debemos procurar que nuestro trabajo contribuya al bien nuestro y de nuestra familia, pero debemos evitar que el éxito profesional sea un obstáculo para la felicidad y convivencia familiar.

            Por eso es bueno que dediquemos algún tiempo a reflexionar sobre este tema preguntándonos: ¿Hemos descubierto el sentido del trabajo en nuestra vida? ¿Consideramos el trabajo como un medio para desarrollar nuestra personalidad? ¿Trabajaríamos en algo si no tuviésemos necesidades económicas? ¿Intentamos ser buenos profesionales, procurando que la calidad de nuestro trabajo sea fiel reflejo de la calidad de nuestro ser personal? ¿Consideramos que el trabajo de casa es trabajo para los dos?.

            No es fácil responder a estas cuestiones pues muchas veces las circunstancias nos obligan a aceptar un tipo de trabajo, unos horarios o unas condiciones que no concuerdan bien con nuestras aspiraciones en el ámbito familiar. De todos modos si estamos alerta ante estas dificultades podremos ir encontrando algunas soluciones que aminoren las consecuencias negativas para nuestra convivencia conyugal o familiar.

Exposición de conclusiones por parte de las parejas que han tratado este tema y diálogo general sobre el mismo.

 

Casos hipotéticos sobre los que trabajaremos en pareja o grupo de dos parejas

Matrimonio de recién casados: Mª Teresa y Juan (Familias respectivas)

Juan: Tiene una panadería en su familia y él trabaja en el negocio familiar.

Mª Teresa: Es economista y lleva buscando trabajo desde hace dos años.

El matrimonio reside con la madre de Juan, viuda desde hace doce años.

Maritere no hace nada a derechas, según la opinión de la suegra. Si acude a una entrevista de trabajo, la suegra la critica, diciendo que lo que quiere es salir de paseo; que debería bastarle con el trabajo de la casa.

Al principio, eran discusiones normales. Juan le daba la razón a su mujer; pero con el tiempo (llevan cinco meses de casados) las discusiones son más frecuentes y Juan cada vez está más a favor de su madre. Llegó a amenazar y maltratar a su mujer.

Maritere está actualmente en casa de sus padres.

 

Matrimonio: José y Esperanza (Amistades)

José pertenece a una peña del equipo de fútbol de su ciudad desde antes de casarse. Esperanza nunca le dio importancia, creyendo que al casarse lo dejaría.

Al principio de casados a veces dejaba de ir con los amigos. Han transcurrido diez años y cada vez vive más entregado a su peña, sobre todo desde que el equipo ascendió a primera.

Los fines de semana son un calvario para los dos: discusiones, llegadas a deshora, etc.

Esperanza comenzó a salir con las amigas y, a veces, llega también tarde los días que su equipo juega en casa. Esto último ha molestado mucho a José sobre todo a partir de un día en que ella llegó a casa más tarde que él. Ese día hubo bronca.

Desde entonces las relaciones se han deteriorado y su matrimonio corre peligro.

 

Matrimonio: Teresa y Ramón (Ocio)

No tienen hijos. trece años casados.

Teresa es ama de casa. Realiza las tareas de la casa pero es muy devota de la T.V., podía considerarse una teleadicta.

Cuando Ramón llega del trabajo Teresa no le hace caso.

El quiere salir, necesita dar una vuelta de vez en cuando y relajarse, pero ella prefiere quedarse en casa viendo la tele.

Compran un perro que Ramón saca a pasear. Conoce a otras personas... y a una mujer...

Están tramitando el divorcio.

 

Matrimonio: Carlos y Mª Rosa (Dinero-economía)

Trabajan los dos en la enseñanza. Llevan cinco años de casados.

Al principio habían decidido evitar tener descendencia.

Actualmente Carlos cree que ya es hora de tener un hijo aunque no está muy convencido.

María Rosa pone disculpas con el piso que todavía no han terminado de pagar; que tendría que dejar el trabajo para cuidar el niño o pagar una niñera, etc., etc. Además dice que no está a gusto en este piso y que deberían cambiarse a otro más céntrico o a un chalet en una urbanización de moda a las afueras de la ciudad.

Carlos por su parte no quiere ni oír hablar de moverse del piso; piensa que están bien donde están, pero que quizás deberían cambiar de coche y realizar un viaje al extranjero en las próximas vacaciones ahora que todavía no tienen niños. María Rosa insiste en el chalet.

En estos tira y afloja los ánimos de ambos se van enfriando y las discusiones son cada vez más frecuentes.

 

Matrimonio: José y Julia (Trabajo)

Nadie entiende a Julia...

El marido, José, es un alto ejecutivo de una multinacional asentada en España.

Se conocieron en Madrid y en Madrid ingresó José en la multinacional.

Una pareja ideal: Dos hijos, chalet en la Moraleja y un trabajo de alto nivel de relaciones, de funciones y de remuneración.

Julia feliz cuidando los niños. José trabajando a destajo para terminar de pagar el chalet.

Los hijos crecen y Julia empieza a comparase con algunas amigas de la infancia y empieza a sentir una soledad profunda... Depresión.

José, loco,: ¿qué te pasa? ¿qué quieres? Yo ya no puedo hacer más.

Julia: Que estés más tiempo conmigo.

José: Claro y vas tu a trabajar...

Las amigas no entienden a Julia.

 

Iluminación de la fe sobre el tema de las relaciones externas de la familia

            Mt 7,1-6: “No juzguéis, para que Dios no os juzgue; porque Dios os juzgará del mismo modo que vosotros hayáis juzgado, y os medirá con la medida con que hayáis medido a los demás. ¿Cómo es que ves la mota en el ojo de tu hermano y no ves la viga que hay en el tuyo? O ¿cómo dices a tu hermano: “deja que te saque la mota del ojo”, si tienes una viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver para sacar la mota del ojo de tu hermano”.

Comentario

            En este tema hemos tratado de examinar cómo son nuestras relaciones hacia fuera de la pareja, y en algunos casos hemos tenido que emitir juicios, hacer valoraciones, usar varas de medir y quizás hasta hayamos visto “vigas en el ojo ajeno”.

            No está de más que nos dejemos guiar por los sabios consejos de Jesús en el evangelio y que seamos prudentes a la hora de enjuiciar a los demás.

            Cuando seamos conscientes de nuestras “vigas” y permitamos a nuestra pareja que nos ayude a sacarlas de nuestro ojo estaremos en condiciones de valorar la conducta de los demás, pero entonces tendremos ya una visión limpia y lúcida por que nuestro ojo estará sano y “el ojo es la lámpara del cuerpo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo está iluminado” Mt 6,22.

            Para tener una referencia de lo que nos pide Jesús en nuestra vida de cristianos relativo a los temas tratados en esta sesión de catequesis para el matrimonio (familia, amistades, ocio, dinero, economía y trabajo) podemos leer juntos y comentar de vez en cuando los capítulos 5, 6 y 7 del evangelio de S. Mateo.


TEMA 7: “DIOS EN LA PAREJA, SER CREYENTE CRISTIANO HOY”

Objetivos de la sesión:

Desarrollo:                          

Materiales Necesarios:    

 

Introducción al tema ser creyente cristiano hoy

            También en el campo de la fe llegamos al matrimonio con una historia personal propia que vamos a compartir, de forma que a partir de ahora nuestra vivencia religiosa ya no es sólo personal: también hay una parte “a dos”, porque mi vida ya no es sólo mía, somos dos los que estamos en ello.

            La dimensión religiosa, por ser una opción de vida, nos compromete personalmente y pertenece de tal modo a nuestra intimidad que muchas veces resulta complicado mostrarla a los demás, principalmente cuando no estamos seguros de que el otro sepa entender bien nuestra vivencia religiosa. Sin embargo es sumamente gratificante el poder compartir esta experiencia con los demás y especialmente con las personas a las que quieres; no debemos olvidar que Dios es amor y el matrimonio y la familia son una escuela privilegiada de aprendizaje del amor.

Dinámica de participación sobre nuestras experiencias de fe

            Porque la fe cristiana debe ser comunitaria os invitamos a compartir con el grupo cuáles son nuestras experiencias de fe, actividades religiosas en las que participamos, podríamos llamarlo nuestro “currículo eclesial”. A modo de ejemplo podríamos expresar cómo nos consideramos en cuestiones religiosas: Me considero creyente… participo en la comunidad parroquial… soy catequista… pertenezco a algún movimiento cristiano… voy a misa sólo de vez en cuando… la verdad es que no tengo mucho interés por estos temas… etc.

            Os estamos invitando a compartir, es decir a ofrecer a otros lo que nosotros somos o hacemos. Por eso lo hacemos desde la verdad de nuestra vida. Y los demás recibimos esa participación como se recibe un don: no se juzga, se acepta y se agradece. No se trata de ver cuántas cosas hace uno o qué pocas hace otro, sino de reconocer y compartir lo que está haciendo Dios en nuestras vidas.

 

            Esta participación puede resultar a veces un tanto embarazosa, por eso los catequistas estarán muy atentos para detectar cuando se debe seguir y cuando puede ser conveniente no forzar la participación y comenzar el tema. De todos modos recomendamos hacerla o al menos intentarlo pues a veces basta que alguna pareja comience su participación para que las demás les sigan de modo natural. Hay que tener en cuenta que ya llevan varios días juntos y ha debido crearse un clima de confianza entre los catequistas y el grupo y entre las parejas entre si. Además nos permite conocer o al menos intuir cuáles son las experiencias de fe del grupo y enfocar de un modo u otro la charla sobre ser creyente hoy y dar respuesta a preguntas reales.

 

Presentación del tema ser creyente hoy

“A Dios no lo ha visto nadie nunca” nos dice el apóstol San Juan (IJn.4,12), pero Dios se hace presente y visible al hombre que tiene ojos para Dios. Ser creyente es descubrir a Dios en los signos de la vida. Hoy puede resultar algo más difícil creer en Dios porque el hombre actual está perdiendo el sentido del misterio, está acostumbrado a verlo todo, a medirlo todo, a calcularlo todo. Todo lo representa por imágenes, vive a un ritmo acelerado, apenas dispone de silencio y de tiempo para encontrase consigo mismo y con el prójimo, para saborear realidades íntimas como el amor y la amistad. Cada vez encuentra más dificultad para captar las realidades profundas. Y Dios no se puede ver, ni tocar, ni medir, no cabe en el disco duro de nuestro ordenador… y sin embargo está muy cerca de nosotros, esperando que lo descubramos. Pero hoy no podemos seguir viendo a Dios como a ese ser mágico que soluciona las cosas que no tienen solución, al que acudimos solamente en los momentos de peligro o de necesidad para que nos saque de apuros.

El hombre actual ha de descubrir a Dios en la gratuidad. Dios nos ama por nosotros mismos, no por lo que tenemos o por lo que podemos darle y quiere que le amemos a El del mismo modo. Dios puede dar sentido a nuestra vida, puede ayudarnos a entender lo que es amar de verdad. No debemos tener miedo a Dios, ni pensar que Dios quiere nuestras cosas, nuestro dinero o aquello que poseemos. Dios nos quiere a nosotros no a nuestras cosas. Si descubrimos esto encontraremos que amar a Dios nos hace felices y descubriremos que amar a Dios exige amar también al prójimo porque Dios es Padre y nosotros, sus hijos, somos hermanos. Y poco a poco comprenderemos que compartir con los demás lo que tenemos no nos empobrece sino que nos enriquece. Pero todo esto no puede imponerse así sin más. Hay que descubrirlo. Dios es como una perla preciosa y solamente el mercader entendido en perlas está dispuesto a vender lo que tiene por comprarla, puesto que sabe que tener esa perla compensa el dejar otras cosas (Mt 13,45-46). La fe en Dios no se puede imponer, se ofrece para ser descubierta y aceptada.

Por eso os invitamos a recorrer juntos el camino de descubrir los signos por los que Dios se nos manifiesta cuando estamos abiertos a la posibilidad de su existencia.  

            El primero de los signos es la creación. Del mismo modo que descubrimos la genialidad del pintor al ver sus cuadros los creyentes vemos a Dios en la obra maravillosa del universo; pero si resulta fascinante contemplar el equilibrio, el ritmo y la armonía de la creación, donde verdaderamente descubrimos la huella de Dios es en el hombre creado a imagen y semejanza de Dios, capaz de pensar, desear, amar y ser amado. Y principalmente capaz de abrirse a la trascendencia y de saberse amado por Dios. A veces no vemos a Dios por que lo buscamos donde no está, allá en la estratosfera y lo tenemos muy cerca, al lado nuestro, dentro de nosotros mismos.

            El signo visible más auténtico de Dios es Jesucristo, el propio Dios hecho hombre en Jesús de Nazaret. El Dios de los cristianos es un Dios que no se queda tranquilo allá en los cielos, en su mundo, sino que le interesamos tanto los hombres que no dudó en hacerse uno de nosotros y compartir nuestra vida, “tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único” (Jn.3,16). Adán y Eva, el hombre, la mujer, pensaron que era poco ser hombres y quisieron ser dioses. Dios sin embargo sí quiso ser hombre y desde ese momento tenemos en la humanidad al Hombre que es la verdadera y auténtica “imagen del Dios invisible” (Col.1,15).

            Ser creyente cristiano, por lo tanto, es creer en Jesús de Nazaret, muerto y resucitado. Es creer que Jesús está vivo y cercano a nosotros, y que El es el único camino para conocer a Dios Padre.

            Jesús nos enseña a ser hombres. Tenemos en Él un modelo de existencia. Nos enseñó a ver la vida con los mismos ojos del Dios que la ha creado. Nos enseñó que la vida vale más que el alimento y el cuerpo más que el vestido. Nos manifestó el valor del trabajo trabajando con sus manos; nos enseñó a relacionarnos con los demás, a descubrir la profundidad del ser humano, la dignidad de la persona, a valorar al hombre por lo que es y no por lo que tiene, manifestando especial predilección por los pobres, pecadores y necesitados de amor. No nos dio ningún discurso sobre el dolor y la muerte pero sufrió con intensidad y nos enseñó a soportar el dolor y la injusticia y a aceptar la muerte como necesaria para la plenitud de la vida: “si el grano de trigo no muere no da fruto” (Jn 12,24). Le devolvió al hombre su dignidad de hombre como hijo de Dios que había perdido por el pecado.

            Jesús nos enseña cómo es Dios que hace salir el sol todos los días sobre buenos y malos, viste a los lirios del campo y da de comer a las aves del cielo. Es el buen pastor que busca a la oveja perdida y hace más fiesta en el cielo por un pecador arrepentido que por noventa y nueve justos que no necesitan penitencia. Pero sobre todo Dios es el padre amoroso que espera todos los días el regreso del hijo pródigo para hacerle un banquete porque ha vuelto a la casa paterna. A Dios le gusta que sus hijos vuelvan a la casa del Padre. No olvidemos que Dios espera siempre.

            Jesús nos enseña que a Dios le gusta que lo llamemos Padre, padre nuestro, de todos los hombres, lo que nos constituye a todos en hermanos y nos enseña que no podemos decir que queremos a Dios a quien no vemos sino queremos al hermano al que sí vemos. Para ver a Dios tenemos que mirar a Jesús de Nazaret y para encontrarnos con Jesús tenemos que encontrarnos con nuestros hermanos los hombres, con nuestro prójimo.

            Jesús sigue vivo y presente entre los hombres a través de su Iglesia. La Iglesia somos Jesús resucitado y sus amigos, los bautizados, reunidos en torno a la mesa de la eucaristía. Jesús quiso seguir con nosotros y lo hace a través de signos o señales que llamamos sacramentos. Todo sacramento actualiza la acción salvadora de Jesús y es señal de su presencia entre nosotros.

            Uno de los sacramentos es el matrimonio. El amor que se tienen los esposos entre si, sin perder ninguna de las características del amor humano se constituye en señal del amor de Dios a los hombres y del amor con el que Cristo se entrega a su Iglesia.

            Creer en Dios es orientar nuestra vida hacia Él. Creer en Dios como pareja es creer juntos, compartir una misma fe, buscar juntos a Dios y orientar hacia Él nuestra vida de casados. Es meter a Dios en nuestro “proyecto de pareja”. Es encontrar a Dios en el amor que nos tenemos como marido y mujer; tratar de remover aquellos obstáculos que dificultan nuestra convivencia; ser guía para el otro en su búsqueda de Dios; acompañarnos mutuamente en las dudas y desánimos que podamos encontrar en nuestra fe; saber reconocer a Dios en nuestros hijos y en las personas que nos rodean y hacerlos más felices. Y todo esto juntos. Descubrir juntos cómo amó Jesús a Dios, su Padre, y a sus amigos y cómo fue fiel hasta entregarse y cumplir lo que nos había enseñado, que “nadie ama más que el que da la vida por la persona amada” (Jn.15,13).

Puede establecerse un diálogo sobre el tema

 

Preguntas para el diálogo en pareja: Orientación del catequista:

            Estas preguntas son para que las respondáis con tranquilidad en un clima de sosiego y de diálogo entre vosotros.

            Ahora vais a echarles una ojeada y anotar aquellas sugerencias que os parezcan convenientes para que después os resulte más fácil responder. Por ejemplo: ¿Cuáles os parecen más complicadas? ¿Quitarías alguna? ¿Cuál añadirías? ¿Necesitaríais alguna explicación sobre alguna de ellas? Etc....

            Se entregan las preguntas para el diálogo en pareja.

            Preguntas para el diálogo en pareja:

            1) Sobre la orientación de nuestra vida:

            ¿Vamos a admitir a Dios en nuestra vida? ¿Será una cuestión personal de cada uno de nosotros, o formará parte de nuestro proyecto?

            ¿Contaremos con Él cuando tengamos que tomar decisiones importantes? ¿Nos pararemos a pensar qué quiere Dios de nosotros? ¿Enseñaremos a nuestros hijos a querer a Jesús y a tenerlo presente en su vida como el hermano mayor que nos lleva hasta el Padre?

            2) Sobre la forma de vivir nuestra fe:

            ¿Rezaremos juntos? ¿Nos cogeremos de la mano y le diremos a Dios “¡Padre nuestro!”?

            ¿Participaremos juntos en la celebración de la eucaristía del domingo?

            ¿Cuándo hablemos con otras personas, familiares, amigos, y salga en la conversación el tema de Dios y la religión sabremos transmitir nuestras vivencias religiosas o consideraremos que es algo que no debe participarse a los demás?

            3) Sobre la vida de fe en comunidad:

            ¿Pensamos que podemos vivir solos nuestra fe o nos planteamos vivirla en la parroquia o en alguna comunidad eclesial?

            ¿Conocemos algún grupo que pueda ayudarnos en este campo de la vivencia y experiencia de la fe? ¿Estaríamos interesados en participar en algún grupo?

 

 

 (Los catequistas controlarán cómo se desarrolla la sesión en cuanto al tiempo y la participación de los asistentes, y si lo creen conveniente pueden omitir o dejar esta parte para otra sesión)

 

            Pistas de vivencia cristiana: Orientación del catequista:

            Vamos a detenernos en tres pistas de la vivencia de la fe y de la espiritualidad cristiana en la pareja como son: La oración, la comunidad y el diálogo conyugal.

            Leeremos lentamente estas orientaciones y al final de cada una podemos compartir aquella idea o comentario que la lectura del texto nos sugiera a cada uno.

            Pistas de vivencia cristiana: La oración

            Oración conyugal: Sin oración no se progresa en el conocimiento y en el amor de Dios. De la misma manera que tenemos que hablar entre nosotros, encontrarnos con el otro, con el amigo, con el hermano, también hay que hacerlo con el Señor Jesús. De no ser así la relación se apaga.

            La oración nos da la certeza profunda de sabernos amados y esperados. No es un asunto de especialistas. Todos los cristianos debemos de vivir esta relación con Dios de persona a persona, durante nuestra vida. Es un don de Dios y una obra del hombre.

            Es casi seguro que cada uno de nosotros se dirige alguna vez a Dios en busca de ese encuentro y comunicación personal, incluso podemos tener una forma propia y personal de hacerlo.

            Ahora hemos tomado la decisión de compartir nuestras vidas y para un creyente en Cristo una de las dimensiones más importantes de su vida es la fe, por eso vamos a hacer de nuestro amor un sacramento, una señal o signo de la alianza, del amor de Dios a los hombres y de Cristo a su Iglesia. Y por eso tenemos que compartir nuestra vida de fe expresada en la oración. Es bueno que sin dejar nuestra oración personal demos el paso a una oración conyugal. Vivimos juntos y oramos juntos.

            La oración conyugal tiene una razón de ser: alabar a Dios juntos, pedirle perdón, interceder por los que amamos y por el mundo entero y, sobre todo, buscar juntos su voluntad sobre nosotros.

            Podemos tener dificultades provenientes de nuestra resistencia a mostrar al otro nuestra intimidad, pero podemos superarlas si somos comprensivos y pacientes y no imponemos nuestro ritmo al otro.

 

            Pistas de vivencia cristiana: La comunidad

            Jesús quiso que viviésemos la fe en comunidad. De hecho él eligió a doce de sus discípulos para que le acompañasen y viviesen con él. Los primeros cristianos llamaban la atención de sus conciudadanos porque formaban comunidad, se ayudaban mutuamente, se reunían para la fracción del pan y ponían su vida en común, decían de ellos al verlos: “mirad cómo se aman”.

            La Iglesia a la que pertenecemos es la comunidad de los bautizados, creyentes en Jesús. Esa gran comunidad está compuesta de pequeñas comunidades, de características muy diversas, grupos parroquiales, movimientos apostólicos, etc., en los que el creyente vive su fe. Cada uno de esos grupos es también la Iglesia.

            Porque somos débiles y necesitamos que los demás nos ayuden debemos creer en la eficacia de la ayuda mutua fraterna.

            Un matrimonio ya es en sí mismo una comunidad cristiana, una iglesia doméstica, pero la experiencia nos dice que necesitamos de los demás, del otro que está próximo y cercano a nuestra vida, un grupo donde podamos sentir la cercanía del hermano que me ama y a quien amo, alguien con quien compartir mi fe y experimentar la fuerza de las palabras de Jesús en el evangelio: “También os aseguro que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, la obtendrán de mi Padre celestial. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” Mt,18,19-20.

 

            Pistas de vivencia cristiana: El diálogo conyugal

            Al hablar del proyecto de pareja veíamos la necesidad de que estuviese edificado sobre roca para que los vientos y las tempestades no le hiciesen daño. Aún estando bien edificado conviene repasarlo de vez en cuando, para ir tapando grietas y arreglar pequeños deterioros antes de que vayan a más.

            La grieta más peligrosa es la rutina. Se apodera de las costumbres familiares, de la vida en común, de las manifestaciones de afecto, de la vida religiosa.

            Hay un medio, contrastado por la experiencia de muchas parejas, que puede ayudaros a superar la rutina. Consiste en dedicar un tiempo periódico, cada mes o cada dos meses, a tener una entrevista con nosotros mismos. Debe ser un tiempo “especial”, es una cita importante que hemos concertado de antemano y que no debemos dejar si no es por una causa verdaderamente importante.

            Y, ¿qué hacer en esa entrevista? ¿De qué hablaremos? Podemos empezar por relajarnos, por no tener prisa, por leer un trozo de algún libro que nos guste para ese momento, poner un poco de música que invite a la intimidad. Podemos ponernos en la presencia de Dios, recordad... “cuando dos están reunidos en mi nombre allí estoy yo”...

            Podemos hablar de nosotros, ¿Me quieres un poco más que el primer día? ¿Hay algo que te gustaría decirme y no encuentras momento? Es un buen momento para perdonarnos porque nos queremos. Debemos alabarnos mutuamente por todo lo bueno que tenemos y que a veces nos cuesta tanto reconocer. No nos olvidemos de darnos las gracias por lo que eres y significas para mi. Es también un buen momento para ofrecerse al otro, ¿qué deseas que haga por ti? y para suplicar: necesito tu ayuda.

            ¿Qué decimos de nuestros hijos?

            También hablaremos de nuestro hogar ¿Cómo es? ¿Es acogedor? ¿Cuando vienen los amigos o familiares se sienten a gusto?.

            Podemos hablar de Dios y de Jesús el señor, ¿Qué lugar ocupa en nuestra vida de casados? ¿Somos sacramento el uno para el otro?

            Alguna vez podemos revisar nuestro proyecto de vida.

            Este encuentro, como vemos, es especial, no es lo mismo que cuando una pareja dice “nosotros siempre hablamos de todo y lo comentamos todo”. Es una diálogo realizado en un clima propicio, con una actitud positiva. Acogemos sin reticencias las sugerencias que pueda hacernos el otro, pero no nos aprovechamos de la situación de acogida para descargar todo aquello que no nos atrevimos a decir en otro momento. Somos valientes y sinceros pero jugamos limpio, no nos damos golpes bajos. Tiene que servir para fomentar nuestra comunicación y nuestro afecto. Por eso tenemos que tener cuidado de no ser rígidos y encorsetar nuestro encuentro. Si hemos pensado hacerlo en un día determinado y nos parece que en ese momento no estamos en buena disposición lo dejamos para otro día.

 

Iluminación de la fe: 1 Cor 13

“¿De qué me sirve hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles? Si me falta el amor, no soy más que una campana que repica o unos platillos que hacen ruido. ¿De qué me sirve comunicar mensajes en nombre de Dios, penetrar todos los secretos y poseer la más profunda ciencia? ¿De qué me vale tener toda la fe que se precisa para mover montañas? Si me falta el amor, no soy nada. ¿De qué me sirve entregar toda mi fortuna a los pobres, e incluso mi cuerpo a las llamas? Si me falta el amor, de nada me aprovecha.

El amor es comprensivo y servicial: el amor nada sabe de envidias, de jactancias, ni de orgullos. No es grosero, no es egoísta, no pierde los estribos, no es rencoroso.

Lejos de alegrarse de la injusticia, encuentra su gozo en la verdad. Disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites.

El amor nunca muere… Ahora subsisten estas tres cosas: la fe, la esperanza, el amor, pero la más excelente de todas es el amor”.

Comentario:

El texto que hemos leído es mejor no comentarlo, dejemos que siga resonando dentro de nosotros, que nos empape y nos llene: “Si no tengo amor nada soy”, “el amor es paciente y bondadoso”, “encuentra su alegría en la verdad”, “todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta” . Podemos preguntarnos cómo sería nuestra vida de pareja y nuestra vida familiar si nos queremos con  este amor. Cómo sería la vida de agradable y llevadera si los hombres nos quisiéramos de esta manera.

Breve silencio y posibilidad de comentario por parte de las parejas.

Despedida


 TEMA 8: “EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO”

 Objetivos de la sesión:

Desarrollo:

Materiales Necesarios:

 

Dinámica de participación sobre “compartir ideas y vivencias del matrimonio y de los sacramentos”

Los catequistas animarán a las parejas a compartir ideas y vivencias sobre los sacramentos. Se trata de conocer qué piensan de los sacramentos y cómo los valoran para tenerlo en cuenta a la hora de enfocar el tema. Puede que haya que “llenar lagunas” o que se pueda profundizar en el significado y vivencia de los sacramentos.

Podemos contestar por partes:

·        ¿Qué sabemos de los sacramentos? Repasamos brevemente los que hemos recibido y el recuerdo que han dejado en nosotros.

·        ¿Qué idea tenéis del matrimonio como realidad humana? ¿Qué requisitos mínimos creéis que debe reunir una persona para casarse?

·        ¿Por qué habéis decidido casaros en la Iglesia? ¿Qué esperáis de este sacramento ?

            Podemos contestar en turno libre a estas preguntas.

            No os preocupéis si de momento no podéis aportar alguna experiencia al grupo, pero no permanezcáis pasivos, que vuestro silencio sea acogedor de las respuestas de los demás.

 

            Presentación del tema del sacramento del matrimonio

            Las celebraciones cristianas están estructuradas en torno a las acciones sagradas que denominamos sacramentos.

La trascendencia de Dios necesita mediaciones visibles o sensibles, signos, para comunicarse con el hombre. Estas mediaciones son los mitos, relatos que nos narran la acción de Dios y su intervención en la historia de los hombres, los ritos, acciones que reproducen la intervención de Dios en la vida de los hombres, la oración, que nos comunica con Dios y la moral, que nos indica cómo vivir de acuerdo con lo que Dios quiere de nosotros.

Los sacramentos son ritos que hacen presente a la divinidad. Hay muchos signos o señales, sacramentos, que nos hablan de Dios, que lo hacen presente para el creyente, como pueden ser la naturaleza, el hombre, el amor y sus expresiones, la vida comunitaria, etc.

            Los sacramentos cristianos son signos de la acción salvadora de Dios. Celebramos la intervención de Dios en nuestra vida para salvarnos.

            La vocación al matrimonio la instituyó Dios al mismo tiempo que creó al hombre. “Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo Dios: Creced, multiplicaos...” Gen. 1,26-28. “El Señor Dios se dijo: No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude... Y el Señor Dios trabajó la costilla que le había sacado al hombre haciendo una mujer, y se la presentó al hombre. El hombre dijo: ¡Esta si que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será mujer , porque ha salido del hombre. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne” Gen. 2, 18 y 22-24. La primera vocación del hombre es el diálogo y el encuentro con la mujer.

            Dios no necesita al mundo ni al hombre pero quiere que otros seres participen de lo que es El. Y crea el mundo y da la vida al hombre y en ese momento llama (vocación es llamar) al hombre a ser semejante a Dios. Y ¿cuándo se parece el hombre a Dios? Cuando hace lo mismo que hizo El. Cuando movido por el amor es creador y es dador de vida; cuando toma conciencia de que la vida no se puede vivir de forma aislada y en soledad, por que el hombre está hecho para la comunicación y para el diálogo; “no es bueno para el hombre estar solo”.

El amor conyugal es en sí mismo un sacramento natural. Reúne unas características que Manuel Sánchez Monge describe en su libro “Antropología y teología del matrimonio y de la familia”, como son:

            Es un sentimiento que termina convirtiéndose en una decisión y en un compromiso. Exige una donación plena, sin reservas. Es fecundo en un doble sentido: da la vida a nuevos seres humanos y crea posibilidades nuevas en los que aman.

            Es trascendente: El amor siempre pide más, siempre podemos amar algo más y siempre podemos aspirar a que nos amen algo más. Hay personas que descubren que su amor puede ser trascendente y que los convoca a descubrir juntos la fuente del amor, el Amor que no se termina. Y en este caso el tú de la otra persona se convierte en signo, señal o sacramento del Tu Trascendente. Es Dios el origen y la fuente de su amor. Por eso el matrimonio desde su origen es sagrado, tiene una dimensión religiosa, simbólica, de signo o sacramento.

            El amor conyugal de los bautizados es un sacramento cristiano. Este amor del hombre y la mujer fue elevado por Jesús a la categoría de sacramento, de señal del amor de Dios por los hombres y del amor y entrega de Jesús por su Iglesia.

            M. Iceta habla del matrimonio sacramento como “una posibilidad del encuentro con Dios, porque causa la presencia de Dios. Hay muchas realidades que nos hablan de Dios, son los sacramentos de la vida. Pero hay signos o sacramentos que de modo privilegiado, no sólo nos hablan de Dios si no que causan su presencia. El matrimonio es uno de esos sacramentos, porque no sólo nos habla del amor que Dios nos tiene, sino que causa su amorosa presencia en nosotros. De forma que el esposo es para la esposa sacramento, la posibilidad de su encuentro con el amor de Dios, y la esposa es sacramento para el esposo. Es El quien en mí te ama, te comprende te perdona... y es a El a quien encuentro cuando me acerco a ti”.[1]

            La tradición eclesial, manifestada en la Sagrada Escritura, ha interpretado el sacramento del matrimonio como la expresión viva del amor de Cristo a la Iglesia y de la Iglesia a Cristo, significado precisamente en el amor de los esposos. Y así como Cristo quiere a la Iglesia hasta la muerte y la Iglesia le sigue siendo fiel desde el comienzo hasta el fin de los siglos, de igual manera los esposos cristianos permanecen fieles en su amor mutuo a través de los años y de las dificultades de la vida.

            Y tu y yo, marido y mujer, somos sacramento para nuestros hijos. Es el primer lugar desde donde Dios se les va a acercar y se les va a hacer presente.

            Y nuestro hogar deberá ser para todos los que vengan a él lugar de encuentro con Dios. Lugar en el que se sientan acogidos, escuchados, comprendidos. Para ello necesitamos descubrir en el evangelio cómo acogía, escuchaba y comprendía Cristo a los que se acercaban a él.

            El sacramento es el fundamento de la espiritualidad conyugal. Porque creemos y amamos a Dios queremos hacer de nuestro amor una señal de su presencia entre nosotros. Debemos esforzarnos en superar los obstáculos que se oponen a su presencia entre nosotros y hacer que El crezca en nosotros para dárnoslo el uno al otro y dárselo a los demás, a nuestros hijos, a nuestros amigos.

Diálogo sobre el tema

 

Reflexión sobre los momentos principales de la celebración del matrimonio:

            (Esta reflexión la hacen los catequistas pero deben dar posibilidad de intervenir en cualquier momento a las parejas de novios. El tema por ser de tipo práctico se presta al diálogo).

            1. Os aconsejamos que realicéis vuestro matrimonio dentro de la celebración de la eucaristía, puesto que la eucaristía es la fuente de donde manan los demás sacramentos. La eucaristía simboliza y realiza la entrega de Jesús a su comunidad. Si vosotros con vuestro compromiso vais a ser signo del amor de Dios a los hombres y del amor de Jesús a su Iglesia, ¿qué mejor forma de testificarlo que participando en el banquete de la eucaristía? Jesús estará siempre con vosotros acompañándoos en vuestra vida matrimonial y familiar.

Para la participación en la eucaristía y para recibir el sacramento del matrimonio, debéis prepararos, si lo necesitáis, con el sacramento de la reconciliación. El pecado es la ruptura con el Amor, es el abandono de la casa del Padre y por lo tanto es también ruptura con los hermanos. En el sacramento de la penitencia al ser perdonados de nuestros egoísmos recuperamos y potenciamos nuestra capacidad de amar y de perdonar. El día de vuestra boda es día de alegría y de júbilo que no debe estar empañado con la sombra del egoísmo.

            2. El Ritual del Matrimonio aconseja que haya un canto de entrada mejor que unos compases musicales. El sentido de este canto es que vamos al encuentro del Señor que se nos manifiesta en la celebración. De esta forma ponemos el acento no en un acto social sino en un acontecimiento religioso. Si hay alguien de la parroquia o de vuestro entorno con posibilidad de dirigir el canto, pedidle que lo haga.

            3. Estructura de la celebración:

v     Manifestación del Consentimiento: Es la parte principal del rito del matrimonio. Se ofrecen tres fórmulas. La primera y la segunda permiten una participación más explícita de los contrayentes, mientras que en la tercera se limitan a contestar a las preguntas del sacerdote. Os aconsejamos la primera o la segunda.

v     La presencia del sacerdote y de la comunidad indican que el acto, del cual sois vosotros los ministros celebrantes, se verifica ante la iglesia, convocada y presidida por él.

v     Los anillos son el signo visible de la alianza matrimonial.

v     Las arras son expresión de los bienes que se van a compartir y expresan la función providencial de Dios sobre el matrimonio.

v     Los esposos pueden participar en la presentación de ofrendas.

v     Hay una plegaria especial de bendición de los esposos, que recoge la bendición inicial del Génesis sublimada en el misterio de unidad y de amor entre Cristo y la Iglesia.

v     Comunión bajo las dos especies: Resalta la significación del matrimonio como expresión de la nueva alianza.

 

LECTURAS PARA LA CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO

ANTIGUO TESTAMENTO:

*Gén 1, 26-28. 31a: “Hombre y mujer los creó.”

*Gén 2, 18-24: “Y serán los dos una sola carne.”

*Gén 24, 48-51. 58-67: “Isaac con el amor de Rebeca se consoló de la muerte de su madre.”

*Tob 7, 6-14: “El Señor del cielo os ayude, hijo, y os de su gracia y su paz.”

*Tob 8, 4b-8: “Haznos llegar juntos a la vejez.”

*Pro 31, 10-13. 19-20. 30-31: “La mujer que teme al Señor merece alabanza.”

Cant 2,8-10. 14. 16a; 8, 6-7a: “Es fuerte el amor como la muerte.”

*Eclo 26, 1-4. 16-21: “El sol brilla en el cielo, la mujer bella, en su casa bien arreglada.”

*Jer 29, 5-7: “Tomad esposas para vuestros hijos, dad vuestras hijas en matrimonio.”

Jer 31, 31-32a. 33-34ª: “Haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva.”

NUEVO TESTAMENTO:

Rom 8, 31b-35. 37-39: “¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?.”

Rom 12,1-2. 9-18 (larga); o bien: 1-2. 9-13 (breve): “Presentad vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios.”

Rom 15, 1b-3ª. 5-7. 13: “Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió.”

1Cor 6,13c-15a. 17-20: “Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo.”

1Cor 7, 10-14: “Que la mujer no se separe del marido; y el marido que no se divorcie de su mujer.”

1Cor 12, 31-13, 8ª: “Si no tengo amor, de nada me sirve.”

Ef 4, 1-6: “Un solo cuerpo y un solo Espíritu.”

*Ef 5, 2a. 21-33 (larga); o bien: 2ª. 25-32 (breve): “ Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.”

Flp 4, 4-9: “El Dios de la paz estará con vosotros.”

Col 3, 12-17: “Por encima de todo, el amor, que es ceñidor de la unidad consumada.”

Hb 13, 1-4ª. 5-6b: “Que todos respeten el matrimonio.”

*1Pe 3, 1-9: “Todos un mismo pensar y un mismo sentir, con afecto fraternal.”

1Jn 3, 18-24: “Amemos de verdad y con obras.”

1Jn 4, 7-12: “ Dios es amor.”

Ap 19, 1. 5-9ª: “Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero.”

EVANGELIOS:

Mt 5, 1-12a. “Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.”

Mt 5, 13-16: “Vosotros sois la luz del mundo”.

Mt 7, 21. 24-29 (larga); o bien: 21. 24-25 (breve): “Edificó su casa sobre roca”

*Mt 19, 3-6: “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”

Mt 22, 35-40: “Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él.”

*Mc 10, 6-9: “No son dos, sino una sola carne.”

*Jn 2, 1-11: “En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos.”

Jn 15, 9-12: “Permaneced en mi amor.”

Jn 15, 12-16: “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros.”

Jn 17, 20-26 (larga); o bien: 20-23 (breve): “Que sean completamente uno.”

Se elegirá siempre por lo menos una lectura que hable explícitamente del Matrimonio. Estas lecturas están señaladas con un asterisco (*).

 

 

TEXTOS DEL ESCRUTINIO, CONSENTIMIENTO Y BENDICIÓN DE LOS ANILLOS Y DE LAS ARRAS

Escrutinio:

Sacerdote:

- N. y N. ¿venís a contraer matrimonio sin ser coaccionados, libre y voluntariamente?

R: Sí, venimos libremente

- ¿Estáis decididos a amaros y respetaros mutuamente, siguiendo el modelo de vida propio del matrimonio, durante toda la vida?

R: Sí, estamos decididos.

-¿Estáis dispuestos a recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos, y a educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia?

Sí, estamos dispuestos.

Consentimiento:

Sacerdote: Así, pues, ya que queréis contraer santo Matrimonio, unid vuestras manos, y manifestad vuestro consentimiento ante Dios y su Iglesia.

(El) Yo, N., te recibo ti, N., como esposa y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida.

(Ella) Yo, N., te recibo ti, N., como esposo y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida.

O bien:

El esposo: N., ¿quieres ser mi mujer? La esposa: Sí, quiero.

La esposa: N., quieres ser mi marido? El esposo: Sí, quiero.

El esposo: N., yo te recibo como esposa y prometo amarte fielmente durante toda mi vida.

La esposa: N., yo te recibo como esposo y prometo amarte fielmente durante toda mi vida.

O bien:

El esposo: Yo, N., te recibo a ti, N., como legítima mujer mía y me entrego a ti como legítimo marido tuyo, según lo manda la santa Madre Iglesia católica.

La esposa: Yo, N., te recibo a ti, N., como legítimo marido mío y me entrego a ti como legítima mujer tuya, según lo manda la santa Madre Iglesia católica.

O bien el sacerdote solicita el consentimiento de los contrayentes:

N., ¿quieres recibir a N., como esposa, y prometes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la adversidad, y así amarla y respetarla todos los días de tu vida?

El varón responde: Si, quiero.

N., ¿quieres recibir a N., como esposo y prometes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la adversidad, y así amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?

La mujer responde: Si, quiero.

Bendición de los anillos:

Sacerdote: El Señor bendiga estos anillos que vais a entregaros uno al otro en señal de amor y fidelidad. R: Amén.

El esposo pone el anillo a la esposa diciendo: N., recibe esta alianza, en señal de mi amor y fidelidad a ti. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu santo.

La esposa pone el anillo al esposo diciendo: N., recibe esta alianza, en señal de mi amor y fidelidad a ti. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu santo.

Bendición y entrega de las arras:

Sacerdote: Bendice, Señor, estas arras, que N. y N. se entregan, y derrama sobre ellos la abundancia de tus bienes.

El esposo toma las arras y las entrega a la esposa diciendo: N., recibe estas arras como prenda de la bendición de Dios y signo de los bienes que vamos a compartir.

La esposa toma las arras y las entrega al esposo diciendo: N., recibe estas arras como prenda de la bendición de Dios y signo de los bienes que vamos a compartir.

 

 


TEMA 9: “FINALIZACIÓN DE LAS CATEQUESIS”

Objetivos de la sesión:

Contenidos:

 Desarrollo:       

En la sesión anterior comentábamos que la fe debe ser compartida y vivida en grupo o comunidad.

            Al finalizar estas catequesis queremos animaros a que participéis o sigáis participando, ya como matrimonio, en vuestras parroquias, asistiendo a sus celebraciones, colaborando en las distintas actividades que se organicen en la misma, etc.

            También queremos ofreceros la oportunidad de formar parte de un grupo de matrimonios jóvenes que quieran compartir entre ellos sus vivencias como pareja, sus ilusiones y sus dificultades. La finalidad es que no os encontréis solos, que podáis tener un punto de referencia en vuestro caminar.

            En este grupo reflexionaríamos juntos y profundizaríamos en nuestra vida de pareja, en nuestro crecimiento como matrimonio. Podríamos tratar de las dificultades más frecuentes en una pareja para lograr una convivencia en armonía y felicidad. También podríamos plantear en el grupo nuestra maduración como creyentes y la vivencia del sacramento del matrimonio. En fin, los temas a tratar serían propuestos por el grupo según sus necesidades.

Lo haríamos en encuentros parecidos a los que hemos tenido durante la preparación al matrimonio. La frecuencia de las reuniones podría ser, en principio, mensual, en este mismo lugar y acompañados en el primer año por un matrimonio, quizás vuestros catequistas, que actuarían de moderadores del grupo.

            Pensamos que el grupo debe ser abierto, tanto en sus componentes como en su contenido. Es decir, que no es para continuar estas catequesis, sino, como ya se indicó antes, para profundizar en el sentido de la maduración como pareja, en la preparación para ser padres, en la vivencia de la fe, etc. Por eso cabe la posibilidad de que se incorporen al mismo otras parejas procedentes de otros grupos de catequesis de preparación al matrimonio anteriores o posteriores al vuestro.

También podéis incorporaros a alguno de los movimientos eclesiales de familia que existan en nuestra ciudad (los catequistas informaran de cuáles son esos movimientos y sus características de un modo objetivo) y pueden crearse grupos de reflexión sobre temas de valores o de antropología de la pareja.

            Si a algunos os interesa la idea podemos concretar cuándo y cómo comenzar.

            (Es conveniente abrir un turno de sugerencias y pedir una dirección o teléfono de contacto de cada pareja, sobre todo de los que muestren interés por formar un grupo, para llamarlos al comienzo del curso siguiente. Pueden entregarse unas fichas de recogida datos para ser rellenadas por los interesados).

 

PRESENTACIÓN DE LA ENCUESTA SOBRE LAS CATEQUESIS

            Si los responsables de la catequesis lo creen conveniente puede hacerse una encuesta en la última sesión que nos permita evaluar los distintos aspectos de la preparación al matrimonio: Temas y sus contenidos; catequistas y su testimonio de fe; desarrollo de las sesiones; organización, etc. o bien orientar la encuesta al conocimiento de la vivencia de la fe y de los valores cristianos entre las parejas que se acercan a recibir el sacramento del matrimonio. Esta opción puede ser de gran utilidad para revisar los contenidos de las catequesis.  No sea que estemos dando respuestas a preguntas que no se nos han hecho.

            Presentación de la encuesta

            Nos gustaría que antes de finalizar las catequesis contestaseis de forma individual y anónima a las preguntas de una encuesta sobre algunos aspectos relativos a la vivencia de la fe y de los valores cristianos entre los jóvenes de vuestra edad.

            Os agradecemos vuestra sinceridad y vuestra colaboración. Con vuestras respuestas podéis orientarnos en la revisión continua de estas catequesis.

Celebración de la palabra

Esta sesión novena incluye una propuesta de celebración de la palabra. Creemos que es muy importante para un buen final de las catequesis celebrar juntos nuestra fe. También es posible tener una eucaristía o acudir juntos a la eucaristía de la parroquia del lugar de las catequesis. Sin embargo puede ocurrir que por determinadas circunstancias de los asistentes no sea posible realizar ningún tipo de celebración. Los catequistas son los que deben valorar según la composición del grupo y su respuestas a lo largo de las catequesis lo que crean más conveniente. Si no hay celebración la sesión terminará con la despedida de los novios o con un pequeño ágape si existen posibilidades de realizarlo.

 

            Proponemos un esquema de celebración solamente como indicativo, cada grupo con sus catequistas y sacerdote presidente de la celebración decidirá sobre la celebración y su forma más conveniente.

            Iluminación de la fe: Celebración de la Palabra

            Introducción:

            En toda catequesis, además de un anuncio del mensaje evangélico, debe haber una celebración de la fe. Durante estas semanas hemos compartido ideas, opiniones y experiencias en torno al matrimonio, como realidad humana y como sacramento. Normalmente ha habido una referencia al evangelio para que la palabra de Dios nos iluminara sobre el tema que estábamos tratando.

            Ahora la palabra no va a ser invocada como iluminación de un tema, sino que va a ser ella, la palabra de Dios, la que nos convoque a nosotros para proclamarla y celebrarla.

            Escuchemos el texto seleccionado para esta celebración, hagámosle un sitio en nuestro corazón y compartamos con los demás lo que la Palabra de Dios nos sugiere.

            Finalizaremos la celebración con una oración de acción de gracias a Dios por habernos reunido en su nombre.

Celebración de la palabra:

Esquema:

            Monición

            Lectura Bíblica

            Homilía.

            Oración compartida.

            Oración final: Padre Nuestro.

 

            Ágape

            Si es posible puede ser muy conveniente finalizar las catequesis con un pequeño ágape en el que se puedan compartir la alegría, la mistad nacida durante estas sesiones, las ilusiones para el futuro, etc. 

 

 

 


Fecha de última actualización lunes, 10 de enero de 2001

ã Delegación de Pastoral Familiar de Santiago de Compostela

 

 

 



[1] Iceta, M., “Vivir en pareja” p.11