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DELEGACIÓN PASTORAL FAMILIAR OFRENDA AL APÓSTOL PEREGRINACIÓN ASAMBLEA 2004 |
| Delegación Pastoral Familiar de Santiago de Compostela |
Santo Apóstol Santiago, amigo y testigo de Jesús resucitado, nos encontramos hoy postrados delante de tu sepulcro en esta nuestra madre Iglesia de Compostela, catedral de la archidiócesis que se honra en llevar tu nombre.
Venimos, peregrinando hasta tu presencia, miembros de la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar de la Archidiócesis de Santiago de Compostela. Somos matrimonios y sacerdotes que salimos al encuentro de las jóvenes parejas que inician su vida en común para anunciarles la buena nueva del evangelio sobre la familia y la vida.
Hemos llegado hasta tu tumba siguiendo la llamada de una tradición secular y la invitación de nuestro Sr. Arzobispo, sucesor tuyo, como miembro del colegio episcopal, a “remar mar adentro” en la hondura de nuestro compromiso cristiano[1].
Venimos de celebrar nuestra asamblea anual en la que hemos reflexionado sobre la educación en valores de la familia y queremos ofrecer al Señor Jesús por medio de tu intercesión el trabajo de este día y el trabajo de todos los días.
Como nuevos discípulos de Emaús nos hacemos preguntas por el camino y queremos sentir la presencia y la compañía de Jesús resucitado que, al mismo tiempo que nos acompaña en nuestro caminar, nos explica el sentido de nuestra vida.
Nos preguntamos por qué el hombre y la mujer, hechos a tu imagen y semejanza para ser los dos uno solo y llenar la tierra de tu amor, encuentran tantas dificultades para ser fieles al plan que tu has diseñado para el matrimonio y la familia.
Nos preguntamos por qué se priva de la vida a tantos niños antes de que puedan abrir sus ojos a la luz y por qué se cierran los ojos, antes de que su vida termine, a tantos ancianos que todavía están viendo la luz.
Nos preguntamos por la esclavitud de la mujer convertida muchas veces en un objeto del varón, y por la esclavitud de los niños en trabajos que sobrepasan sus fuerzas para satisfacer el egoísmo de los poderosos. Nos preguntamos por los malos tratos, físicos y psicológicos, que reciben.
Nos preguntamos también por qué muchas veces el trabajo y el esfuerzo de los hombres no recibe la compensación justa que les permita ofrecer a su familia el bienestar necesario para desarrollar una vida humana y digna de la condición de hijos de Dios que gozamos todos los hombres.
Hemos buscado la respuesta a estas preguntas allí donde debemos encontrarla los creyentes, en la Palabra de Dios, en las enseñanzas de la Iglesia y en la realidad de nuestra vida en este mundo.
Hemos encontrado una primera respuesta: El mal y el dolor, presentes en el mundo, se acentúan cuando los hombres nos apartamos de Dios nuestro Creador y como unos nuevos Adán y Eva queremos ser nuestros propios dioses. En cambio el mal y el dolor son superados cuando el hombre acepta a Jesucristo como su único salvador.
Por eso venimos a Compostela para descubrir las raíces más profundas de nuestra fe en Jesucristo Salvador.
Queremos que el encuentro con el apóstol nos lleve al encuentro con nosotros mismos y con Jesús y sabemos que no hay encuentro con Jesús sin encuentro con los hermanos.
La carta pastoral “Peregrinar en espíritu y en verdad” nos recuerda que el sentido del Año Jubilar es el del perdón, es el año de la gran perdonanza.
En la familia tenemos una honda experiencia del perdón, sabemos lo que es perdonar y sentirse perdonados, hemos saboreado muchas veces la alegría de la reconciliación entre los esposos y entre padres e hijos, pero también sabemos que el perdón de Dios Padre es único porque es total y definitivo. Es el único capaz de arrancar de nosotros el mal en su raíz y de hacernos hombres nuevos, nacidos con Cristo y llamados a una vida nueva. Por eso, porque nos sentimos necesitados de salvación, venimos a Compostela para pedir perdón y para alcanzar el perdón.
Hemos enumerado algunos de los males que afectan a la vida y a la vida en la familia, pedimos perdón por ellos y renovamos nuestro objetivo de “fomentar familias cristianas con un compromiso por hacer el Reino de Dios en este mundo”.
Te pedimos, Santo Apóstol, que seamos una Iglesia samaritana y realicemos una pastoral familiar de cercanía y de encuentro, siguiendo las orientaciones de nuestro Sr. Arzobispo en su carta pastoral “confiados en la palabra del Señor”.
Que sepamos escuchar los interrogantes de las parejas que se acercan al sacramento del matrimonio para que nuestra evangelización de respuestas a las preguntas del hombre actual.
Que sepamos salir al encuentro de las necesidades que se dan a nuestro alrededor: El paro, las drogas, las rupturas familiares, el aislamiento de los hijos, el desarraigo cultural y social de los que han tenido que emigrar.
Que llevemos nuestra caridad fraterna más allá de nuestras parroquias y seamos sensibles a las catástrofes y a las injusticias que produce la insolidaridad humana y el desprecio del hombre. Intercede por la paz en las zonas del mundo que se encuentran en guerra y mueve nuestros corazones para que ofrezcamos ayuda eficaz a los desplazados de sus hogares.
Te pedimos que nos enseñes a percibir la mirada del maestro como la percibiste tu y los demás apóstoles a orillas del lago Tiberiades y que nos des fuerza para que, imitando tu ejemplo, dejemos al punto nuestras cosas y nosotros también le sigamos a El, al único Señor a quien de verdad merece la pena servir.
Que al volver de esta peregrinación podamos decir a nuestros familiares y amigos: “Es verdad el Señor ha resucitado” y en Compostela junto a la tumba del apóstol “hemos encontrado al Mesías”.
Así sea.
Fecha de última
actualización
sábado, 22 de mayo de 2004
ã Delegación de Pastoral Familiar de Santiago de Compostela