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La Iglesia Compostelana tiene en su haber una rica tradición universitaria. Su Escuela Catedralicia ya en los años medievales agregó a maestros preclaros en el saber de su tiempo. Sin ánimo de agotar el tema, lo que sería imposible, permítasenos recordar a Roberto de Salerno, médico famoso que en tiempos del Arzobispo Gelmírez profesó y enseñó en Santiago; Rainiero de Pistoia, eminente jurista, por cuyo magisterio San Atón, Obispo de esta iglesia italiana, recibió del mismo arzobispo un reliquia insigne del Apóstol y, por último, Bernardo Compostelano, cuya ciencia jurídica brilló en la curia romana por aquellos días. Es conocida también la aportación que los Metropolitanos de Santiago hicieron al Alma Mater Salmantina, como situada en un lugar más céntrico de la provincia eclesiástica de Compostela de entonces, que la capital.
Pese a todo no logró disfrutar de universidad propia hasta en siglo XVI. Fue el Arzobispo Don Alonso de Fonseca y Acevedo (III Fonseca) el que, junto a Don Diego de Muros, el fundar de la Alma Mater Compostelana. La creación de la misma tuvo efecto en Bula del Papa Clemente VII de 5 de marzo de 1525. Fue en esta universidad donde la Iglesia de Compostelana formaba a sus clérigos distinguidos. No fue otro el propósito del fundador cuando dice: Por cuanto nos ovimos erigido en la ciudad de Santiago e por bien de ella y generalmente en el Reyno de Galicia por la experiencia que tuvimos de la necesidad que en el ai de doctrina e personas doctas un colegio e Universidad donde moradores e naturales de dicho Reyno especialmente de dicha ciudad y arçobispado de Santiago pudiesen estudiar, aprender e ser instruidos en Gramática y otras facultades para ser bien instruidos en los Sacramentos, Oficio divino e otras cosas que convienen Así hasta finales del siglo XVIII el Alma Mater asumió el papel de centro de formación de la elite eclesiástica, al tiempo que mantenía una estrecha relación con la Iglesia.
Fracasado por oposición del Cabildo Catedralicio el intento
del CardenalArzobispo,
Fray Juan Álvarez de Toledo (1550-1557) de que San
Ignacio de Loyola organizase la Universidad al modo de la Gregoriana de Roma, surgió,
fundado por el Arzobispo Don Francisco Blanco, el Colegio de la Compañía de Jesús que
mantuvo una actividad intelectual intensa hasta la supresión de la orden por Carlos III.
Efecto de ella, el día 3 de abril de 1767 los padres jesuitas fueron sacados a punta de
bayoneta y llevados al destierro. Junto a este colegio vemos funcionando importantes
teologados, unidos a la Universidad, en San Martín Pinario, San Francisco de Valdediós y
Santo Domingo de Bonaval.
Consumado el divorcio institucional entre la Universidad y la Iglesia de Santiago, se mantuvo la cátedra de teología, por cierto bastante en precario, hasta que se suprimió por carencia de alumnos ya en el siglo XIX. El Seminario de Santiago, fundado en 1829 por el Arzobispo Vélez, organizó su régimen y plan de estudios de forma que tuviesen valor universitario.
A consecuencia del Concordato de 1851, fue otorgada provisionalmente, en 1853, la condición de Seminarios Centrales con capacidad de otorgar grados académicos de nivel universitario, a los Toledo, Valencia, Granada y Salamanca. Parece que Galicia quedó fuera de esta concesión por el escaso espacio del edificio de su Seminario. Ello explica que, una vez instalado en una sede capaz, el Arzobispo, Cardenal García Cuesta, se plantease solicitar la inclusión de su seminario en este grupo. No sabemos si este propósito llegó a realizarse, pero difícilmente podría llevarse a cabo en aquel momento de serias dificultades para la Iglesia y la sociedad española en aquellos años. Por ello, fue el Arzobispo Payá y Rico (1875-1886) el que materializó la petición y obtuvo el reconocimiento por diez años, o hasta la creación definitiva de Seminarios Centrales, con fecha 25 de noviembre de 1876. Transcurridos éstos el ya Cardenal Payá solicita la prórroga y le es concedida el día 2 de enero de 1886 y confirmada por Real Decreto de 15 de marzo del mismo año. La concesión fue por otros diez años, pero si antes se creasen definitivamente los Seminarios Centrales, Santiago sería incluido entre ellos.
Por fin, el 30 de junio de 1896 la Sagrada Congregación de Estudios comunica a los arzobispos de Toledo, Valencia, Granada, Santiago y al Obispo de Salamanca la erección de sus seminarios en Centrales. Para que esta erección tenga efecto les da un año y medio de plazo para poner en práctica una serie de requisitos. El Arzobispo, Cardenal Martín de Herrera, no consumió el plazo, ya que el día 16 de enero de 1897 presentaba los Estatutos, que fueron aprobados el día 7 de febrero del mismo año, quedando así erigida la Universidad Pontificia de Santiago con facultades de Filosofía Escolástica, Teología y Derecho Canónico.
Esta etapa dura hasta 1932, fecha de la publicación de la Constitución Apostólica Deus Scientiarum Dominus. En virtud de la misma se clausuró la Universidad Pontificia, quedando de nuevo el centro reducido a Seminario Conciliar Diocesano.
El Cardenal Quiroga Palacios, tras la fundación del Seminario Menor de la Asunción de Belvís, aprobó en 1971 la constitución de un Centro de Estudios de la Iglesia, independiente del Seminario, con el objeto de elevar el nivel de enseñanza teológica y preparar así la restauración de los estudios universitarios.
Su sucesor, el Arzobispo Don Ángel Suquía, obtiene la vinculación provisional de dicho Centro a la Pontificia Universidad de Salamanca con la facultad de impartir el grado de Bachillerato en Teología.
Dos años después -1980- la Sagrada Congregación para la Educación Cristiana aprueba los Estatutos del nuevo Instituto Teológico Compostelano integrado ya en la dicha Universidad.
En 1981 comenzó a funcionar el Instituto Teológico Compostelano (ITC) bajo la supervisión de la Junta Patronal integrada por los obispos de Galicia y presidida por el Arzobispo de Santiago. A tal efecto efectúan los nombramientos de profesores encargados de cátedra, el director y el Secretario General que serían los que asumieran la puesta en marcha el Instituto.